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	<title>cuarentaydos.org &#187; La Famiglia</title>
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	<description>Historias de la Famiglia</description>
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		<title>Ah, qué fiesta</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Dec 2009 07:19:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Éstas son las fiestas que me hacían falta. Allá en Vancouver para tener buenas fiestas los Canucks tienen que haber llegado a la final, mientras que aquí en Guadalajara basta que se junten tres autos para tener un embotellamiento.

Llegamos hace apenas tres noches y nos pusimos a trabajar. Es impresionante lo mucho que mi casa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Éstas son las fiestas que me hacían falta. Allá en Vancouver para tener buenas fiestas los Canucks tienen que haber llegado a la final, mientras que aquí en Guadalajara basta que se junten tres autos para tener un embotellamiento.<br />
<span id="more-1642"></span><br />
Llegamos hace apenas tres noches y nos pusimos a trabajar. Es impresionante lo mucho que mi casa sigue pareciéndose a mi casa a pesar de no haber vivido en ella durante un año. El hecho de que mi televisión se haya desvanecido de mi sala y hubiere aparecido en la sala de mi compadre sólo implica que la mecánica cuántica es verdad, o mi compadre un gandalla. Como sea me da lo mismo a estas alturas.</p>
<p>La cosa es que no bien había desembarcado yo del avión cuando ya estábamos Tomoka, Yubi, Holi y yo comprando alimentos. Tomoka se encargó de las frutas, mientras que Yubi hacía lo propio con las verduras, Holi con el pescado y yo con la carne. Curiosa separación que puede entenderse por las aficiones de cada uno a cierto tipo de alimentos. Incluso Floppy, la maltesa de mis hijos que ahora vive con mamá, es aficionada a las verduras: le encantan las zanahorias y las uvas, ignoro por qué. También le encanta tenderse en el piso de mármol en la sala, pero eso se explica porque está siempre fresco. Total, terminé con material suficiente para cocinar nada más y nada menos que 5 platos fuertes, 10 acompañamientos, y 5 postres. Sin contar las bebidas. Accedí a cocinarle bacalao a la vizcaína a Holi y a su prometido justo cuando me enteré de que Holi y su prometido atarán el dulce yugo, tras algo así como 14 años de noviazgo, este julio. Al preguntarle por qué en julio, la respuesta fue que quieren que esté de vacaciones, porque tener un padrino a control remoto no es muy conveniente. Me siento honrado, así que accedí, consiguiéndome un par de guantes de latex y una mascarilla por si las dudas. No es que el contacto con el pescado me vaya a matar, pero prefiero mantener una sana distancia entre cualquier cosa que haya estado en contacto con él, para evitar la contaminación.</p>
<p>En la cocina, olvidé mencionarlo, sólo éramos tres: Yubi, Holi y quien esto escribe. Yubi me sorprendió agradablemente la primera vez que cocinamos juntos y Holi, ya de regreso, es mi mano derecha en la cocina; pues bien, con tres a la vez tuvimos tiempo de cocinar de todo y nos coordinamos tan bien que la experiencia será digna de repetirse. Es admirable que Yubi, aunque me esté mal el decirlo, cocine tan bien algo cuya cultura es completamente opuesta a sus tradiciones. A estas alturas del partido me parece reconocer la razón por la cual Katzi quiere matrimoniar &#8211;o por lo menos arrejuntar&#8211; a mi compadre y a la chica: es inteligente, bonita, educada y amable. Claro está que el matrimonio no se hizo para mi compadre; de otra forma le hubiera hecho caso a aquella excompañera suya con la que salió un par de años: hacían buena pareja pero eran tercamente independientes los dos.</p>
<p>Ahora, si me permiten, debo sacar a Katzi de mi cabeza. Permítanme un segundo. Listo, gracias. Continúo. Mientras preparábamos la Gran Cena debíamos hacer las demás comidas, y en una de ésas Holi, que adora los mariscos, preparó ostiones a la Rockefeller para los demás, mientras que Yubi y yo permanecíamos en la cocina. La cena transcurrió sin incidentes, salvo por el hecho de que Tomoka casi se parte un diente al comerse una ostra que contenía una perla. Esto provocó un poco de alarma en la población médica de la casa, dado que las ostras que producen perlas por lo general no son comestibles, además de que es extraño el hecho de que se haya colado una ostra en un cargamento de ostiones y que Holi no se hubiera dado cuenta de la diferencia, siendo que la ostra estaba preparada de la misma manera que los ostiones. Este caso para La Araña es tan interesante que me encantaría contar con todos los pormenores. De cualquier manera, tras escupir tanto la ostra como la perla, y lavar la perla, observé que Tomoka tiene una perla malformada de al menos cinco milímetros de diámetro, y la chica inmediatamente la identificó como una perla keshi, que en japonés significa amapola. No es tan raro como pudiera pensarse, pero sí más raro de lo que a mí me hubiere tocado jamás. Durante todos los años que acompané a mi familia a comer a &#8220;El Delfín Sonriente&#8221; desde que nos instalamos en Guadalajara hasta que cerraron el restaurante (ubicado casi en la esquina de Unión y Niños Héroes, en lo que en ese tiempo era todavía la parte lejana de la ciudad) jamás me tocó ver que les tocara una perla, y con mi alergia galopante a los pescados y mariscos no podía yo comer otra cosa que quesadillas, que los cocineros preparaban en la única sartén que no cocinaba pescados o mariscos en ese lugar. Pero me pierdo en mis memorias y a pesar de todo no me la pasaba tan mal siendo el único que no comía lo que era natural comer ahí.</p>
<p>Mientras mi familia comía, Yubi y yo seguíamos cocinando. Terminamos el día metiendo al horno lo que debíamos hornear y nos preparamos algo ligero para cenar, que fue finalmente piadina, y aproveché para hablar con ella en privado. Finalmente me enteré de que la chica está muy a gusto en México y que si no sucede nada con su visa, se quedará aquí. También le agradece a la menor de mi hermanas que la haya convencido de venir a México, y además que le quitara el temor a los perros. Todo esto mientras Floppy brincaba debajo de la mesa para que le diéramos algo de comer. Que una perra fina, educada y con pedigree haya decidido que era más importante comer que los modales me da una idea clara de que la Famiglia te asimila. Los Maybrick somos como los Borg, y la resistencia a ser asimilados es fútil.</p>
<p>A la mañana siguiente ya teníamos todo listo, desde el famoso bacalao hasta la Pierna Pelancha, pasando por un jamón Virginia que nada más de verlo alimentaba, milanesas de Napoli (que son argentinas y no italianas) y una lasaña a la boloñesa que, no es por nada, pero se me da bastante bien. En total calculé que teníamos comida para 30 personas, y me falló: sobró para el recalentado. Mi compadre, a manera de ejemplo, recibió un trozo de jamón, uno de pierna, un poco de lasaña y una milanesa. No alcanzó bacalao, pero tampoco lo hubiera comido: odia el pescado casi tanto como yo odio al Bovril. Durante la cena aproveché para preguntarle a mi futuro cuñado si ya tenía planes para después de la boda, a lo que me sorprendió conocer que tenía trazados planes para antes, durante y después de la boda, la cual, por cierto, será sólo civil. La razón es que mi cuñado también es ateo, y no ve la razón por la cual deba darle gusto a nadie para celebrar una boda religiosa.</p>
<p>Como sea, es hora de dormir. Lilith insiste en que ya cierre la pantalla de la portátil, bajo el argumento de que es la una y cuarto de la mañana. Para mí apenas son las once de la noche, pero yo no logro acostumbrarme tan rápido a los cambios de horario. Así que publico esto como constancia de que estamos aquí de regreso, y que nos quedaremos por un par de semanas antes de regresar a nuestro nuevo hogar en Vancouver. Y para dentro de seis meses, a mudarse de nueva cuenta, esta vez a Victoria.</p>
<p>Hasta la vista.</p>
<p>Su amigo:</p>
<p>Jack</p>
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		<title>Funeral por una amiga</title>
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		<pubDate>Sat, 24 May 2008 04:28:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[La última vez que comenté algo sobre mi familia, fue hace dos años. Una de mis tías más jóvenes, con quien llevara yo una relación más de primos que de tíos, había sido declarada deshauciada. Un cáncer maligno se la llevó. Resistió un año más de lo esperado, y al final, perdió la batalla.
Para nosotros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La última vez que comenté algo sobre mi familia, fue hace dos años. Una de mis tías más jóvenes, con quien llevara yo una relación más de primos que de tíos, había sido declarada deshauciada. Un cáncer maligno se la llevó. Resistió un año más de lo esperado, y al final, perdió la batalla.</p>
<p>Para nosotros siempre fue la Flaca. La Flaca estuvo con nosotros en las buenas y en las malas. Nosotros estuvimos con la Flaca en las buenas y en las malas. Hace dos noches el sufrimiento de mi querida amiga terminó por fin. Era justo que terminara, pero ella siempre se negó a morir. &#8220;Voy a llegar a mi cumpleaños,&#8221; decía, y lo cumplió. Cumplió los cuarenta años y un día de edad. No pudo celebrarlo como le hubiera gustado. Pero no importó. Al cumplir los treinta y nueve hizo la festa para acabar con todas las fiestas. Previendo que pasaría lo que pasó. Estuvimos con ella todo lo que pudimos. Arreglamos todos sus asuntos. No dejamos ni un cabo suelto. Y, cumpliendo su último deseo, no la vimos morir. Nos dijo que saliéramos. Su último deseo: que la recordáramos siempre viva. Y esperamos. A las cuatro horas el médico pronunció las palabras. Y supimos que la Flaca ya estaba en paz.</p>
<p>La Flaca tenía, aún antes de morir, sentido del humor. &#8220;No quiero ir al Cielo. Debe ser muy aburrido. Quiero ir al Infierno porque ahí está toda la gente interesante.&#8221; También era una atea irreverente. Incontables viejas beatas sufrieron las preguntas incómodas que la Flaca les hacía. Si decían que Dios le enviaba su enfermedad como una prueba, ella decía &#8220;Prefiero reprobar y repetir el año.&#8221; Tampoco entendía por qué un dios tan poderoso no podía convencerla a ella y a otros tres mil millones de personas que era el chipocludo, el jefe de jefes, y mejor aún que el pan en rebanadas. Y sabía de lo que hablaba. Conocía la biblia al derecho y al revés y podía citar con precisión un versículo que contradecía a otro. Escucharla discutir con un Testículo de Jehová era algo para apreciar con palomitas de maíz recién hechas.</p>
<p>La Flaca deja una herencia, A mí y a mi esposa nos deja una hija, mi ahijada.  Ella ya sabe por lo que pasó su madre. Ella sabe que es parte de la familia. Ella se quedó sola en este mundo. pero nosotros estamos aquí para ayudarla. Para velar por ella el tiempo suficiente como para que ella lo haga por su cuenta.  Porque  la Flaca deja  en su hija una parte de sí. La mejor parte: una mente inquisitiva y libre. Una mene que no tiene miedo de preguntar y de investigar, con sed de conocimeintos y ansias de aprender. Hay grandeza en su destino, sí, si ella lo sabe aprovechar. Y lo hará, porque ella es hija de su madre y de su padre. Porque la familia la ayudará a cumplimentar su destino, y ella forjará su destino. Caminará por el sendero que ella elija. Y lo caminará sola por desición propia. Ella no quiere ayuda. La tendrá si la pide. La ayudaremos cuando haga falta. Mas quien sabe a dónde dirigirse es ella.<br />
Adiós, Flaca. Te vamos a extrañar. Te vas, pero no te vas. Te fuiste, pero te quedaste. Mientras tu hija viva, tú estarás con nosotros.<br />
Adiós, Flaca. Nos veremos más pronto de lo que crees.</p>
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		<title>Decisiones, decisiones</title>
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		<pubDate>Thu, 01 May 2008 00:31:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahí estábamos  a la puerta de la embajada, cuando escucho una voz conocida, curiosamente conocida, que me llama por mi nombre.

Ya he dicho yo que por alguna razón me encuentro con personas raras en lugares raros e ninsospechados, y esta vez fue con Ella Alouette y su marido, Pierre Nodoyuna, y el hijo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ahí estábamos  a la puerta de la embajada, cuando escucho una voz conocida, curiosamente conocida, que me llama por mi nombre.</p>
<p><span id="more-1293"></span></p>
<p>Ya he dicho yo que por alguna razón me encuentro con personas raras en lugares raros e ninsospechados, y esta vez fue con Ella Alouette y su marido, Pierre Nodoyuna, y el hijo de ambos, Phillip Nodoyuna Alouette, que por alguna extraña razón debían ir a otro lado en la olla de grillos que es la ciudad de México nos encontraron el mismo día a la embajada del Canadá por asuntos completamente diferentes a los que nos llevaron a Lilith y a mí a ese antro de vicio y perdición. Me sorprendió especialmente que llevaran a Phillip, que ya está muy crecido el niño, y muy bronceado a pesar de las cantidades industriales de bronceador que su madre (la de Phillip) le pone (a Phillip) para convertirlo en el niño más blanco de México, Canadá y el Mundo Entero.</p>
<p>Evidentemente el niño habla mejor el español que sus padres, pero tras un año viviendo en estas tierras Ella y Pierre ahí la llevan. Después de todo el francés no es tan distinto del español como pareciera a primera vista. Aunque Ella tiene la costumbre de intercalar sus frases en español con abundantes &#8220;mon cher&#8221; y &#8220;mon cherìe&#8221; y Pierre  maldice todavía en  quebecoise. Aparentemente iban a cumplir algún trámite en alguna secretaría que requería la presencia de ellos, y por alguna marcha y una vuelta a la izquierda en un lugar equivocado terminaron en donde estábamos nosotros.<br />
Quedamos de vernos en un Vips que está cerca y tras cumplir con nuestros trámites nos fuimos a desayunar. Nos pusimos al corriente de nuestra vida y obra y tras pagar la feroz cuenta Lilith y yo regresamos a la embajada mientras que Ella, Pierre y Phillip se iban a otro lado. Le regalé a Phillip un libro para que se entretuviera en el camino y los dejamos ir.</p>
<p>Mientras tanto, en la embajada, enfrentábamos Lilith y yo por enésima vez una entrevista para verificar las razones por las cuales migrábamos a Canadá, dado que esta vez no entráramos con permiso de trabajo. Dimos los contratos, especificamos condiciones, metí la pata como suelo meter la pata, Lilith me dijo &#8220;idiota&#8221; varias veces con esa mirada que sólo ella sabe poner tras quince años de matrimonio (en realidad menos, pero redondeamos el número para que sea más fácil recordarlo durante una década) y terminamos convenciendo al oficial de que nuestro propósito, más que conquistar Canadá un chilito serrano a la vez, era aislar a los gringos en una especie de sandwich y aplastarlos en el momento menos pensado. Eso y aprovechar las oportunidades para acercar a dos pueblos diferentes, muy diferentes.</p>
<p>La cosa es que eso fue hace mucho tiempo. Hoy, hoy, hoy, me confirmaron que sí, sí, sí, efectivamente, me aprobaron mi solicitud de migración. La aprobaron muy rápido, y me pregunto si los universitarios no habrán tenido nada que ver con el proceso, porque metí mi trámite a principios de febrero y apenas estamos a 30 de abril. Como sea, damas y caballeros, lectores que me quedan, amigos todos, los Maybrick Mitkas se van a conquistar Canadá. Allá los espero en las olimpiadas.</p>
<p>Ahora es cuestión de ver quién se queda con mi casa mientras no estoy.</p>
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		<title>Y siguiendo con el tren de pensamientos</title>
		<link>http://cuarentaydos.org/2008/04/15/y-siguiendo-con-el-tren-de-pensamientos/</link>
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		<pubDate>Tue, 15 Apr 2008 19:38:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Estuve pensando seriamente qué fue lo que me impulsó a solicitar el permiso de migración, si la verdad es que no quiero migrar y no me considero material de migración. Además de todo, vivo muy bien aquí y tengo todo lo que un hombre pudiera desear, excepto, tal vez, un seguro médico contra accidentes más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estuve pensando seriamente qué fue lo que me impulsó a solicitar el permiso de migración, si la verdad es que no quiero migrar y no me considero material de migración. Además de todo, vivo muy bien aquí y tengo todo lo que un hombre pudiera desear, excepto, tal vez, un seguro médico contra accidentes más barato.  Si yo no quería migrar, y no quiero migrar, ¿qué o quién me convenció de migrar? La respuesta, aunque usted no lo crea, fueron mis hijos.</p>
<p><span id="more-1292"></span></p>
<p>Fue un viernes en la tarde de enero. Ya había hablado yo largo y tendido con mi compadre hace unos días alrededor de una pizza y unas cervezas sobre la posibilidad de regresar a Canadá con mi familia, y mis dudas al respecto. Mi compadre me lanzó un discurso no con lo que debía hacer sin con el cómo moverme en la embajada de Canadá  para darme más importancia de la que tengo y agilizar los trámites. Pero yo no me decidía.</p>
<p>El factor desencadenante fue un día que mi compadre cayó por sorpresa en la casa. Me sorprendió mucho ver a mi compadre en casa. Más me sorprendió ver a mis hijos y a sus amigos alrededor de mi compadre. Mucho más me sorprendió ver que todos estaban viendo una película. Y mucho más aún me sorprendió ver que todos, sin excepción, estaban viendo la película en inglés. Por tanto, para no interrumpir el proceso, hablé en el mismo idioma:<br />
&#8211;Hey&#8230;<br />
&#8211;Hey&#8230; &#8211;respondió mi compadre, sin despegar los ojos de la pantalla. Estaban viendo V for Vendetta, la película favorita de mi compadre, que es un anarquista de primera línea.<br />
&#8211;Whatcha doin&#8217; &#8211;pregunté en mi mejor acento de los barrios bajos de Manhattan.<br />
&#8211;No&#8217;in&#8217;. Whatching the movie, having a bud. &#8211;respondió entre dientes mi compadre.<br />
&#8211;True, true&#8230;<br />
&#8211;Now, either you take a seat over there and shuddefudgeup, or geddafudgeout. &#8211;respondió mi compadre.<br />
Los ninos se rieron pero no despegaron los ojos de la pantalla, donde V estaba ocupado bailando con Evey. Opté por callarme. Un rato después, cuando la película terminó, mi compadre dijo:<br />
&#8211;Okay, kids, now you are more mature than yesterday but less than tomorrow. So I want you to fly away and play some nice games while we the adults have a nice chat, all right?<br />
&#8211;Yes, Mr. Quoth&#8230; dijeron todos los niños, y se fueron a lugares más interesantes mientras mi compadre se acomodaba a sus anchas en el sillón.<br />
&#8211;¿Qué pasó aquí? &#8211;fue lo único que pregunté. Y lo pregunté en español, puesto que siempre regreso a mi idioma original.<br />
&#8211;Que tus hijos hablan inglés mejor que tú. Carajo, hablan inglés mejor que yo, que lo estudié durante un chingo de tiempo, y yo no tengo antecedentes de angloparlantes en al menos tres generaciones mientras que tu familia no ha dejado de hablarlo desde que tu bisabuelo descendió del Mayflower.<br />
&#8211;Mi bisabuelo&#8230; &#8211;empecé a decir&#8230;<br />
&#8211;Ya lo sé, cabrón, ya sabes a lo que me refiero.<br />
&#8211;Pues, a decir verdad&#8230;<br />
&#8211;Ay, güey&#8230; &#8211;suspiró mi compadre&#8211;, a que tus hijos necesitan mundo. ¿Sabes cuántos idiomas hablan tus hijos?<br />
Me quedé callado. Primero, porque me sorprendió la pregunta, después, porque no conocía la respuesta. Español, obvio, y yo hablo en inglés bastante seguido, al menos por teléfono, así que probablemente pudieran haber aprendido algo&#8230;<br />
&#8211;Mi ahijado habla inglés y sabe algo de francés. Mi ahijada sabe moverse en inglés, griego y francés. Los gemelos hablan una mezcolanza de francés, inglés, griego, alemán, japonés, italiano, español y lengua viperina. Ichuel habla con tu madre en francés y con tu suegra en griego. Tu señora habla griego, francés, inglés y español. Tú mismo conoces los rudimentos del portugués, italiano, inglés, francés, español, alemán y nahuatl. En tu familia, compadre, son diplomáticos por naturaleza porque saben hablar un montón de idiomas.<br />
Ligeros detalles que yo no había tomado en cuenta, más que nada porque siempre los dí por sentados. Mi compadre continuó:<br />
»¿Qué chingados haces aquí? Ahorita tus hijos podrían estar en un ambiente internacional de poca madre, aprendiendo un chingo de idiomas, y si no se convierten en diplomáticos como tu abuelo y tu padre, por lo menos como traductores se ganarán la vida. Carajo, cabrón, tienes los medios, la oportunidad y la ventaja, aprovéchala.<br />
&#8211;A ver, cabrón, para tu carro &#8211;dije yo, que ya me había cansado de que me sermoneara mi compadre&#8211;, ¿me quieres decir por qué te metes en lo que no te importa?<br />
&#8211;Ah, que no me importa, cabrón, nomás eso me faltaba. A mí en realidad me importa más bien poco lo que hagas o dejes de hacer tú, pero me importa mucho lo que hagas o dejes de hacer con tus hijos, que además de todo son mis ahijados. Los cuatro. A tí no te gusta viajar porque te pasaste toda tu infancia viajando. Incluso de adulto te pasaste toda la vida viajando. Pero terminabas regresando a tu casa porque sabías que era un lugar a dónde regresar, nomás que ya se te olvidó dónde es tu casa.</p>
<p>»Tus hijos, en cambio, te han visto viajar pero se han quedado aquí siempre. Viajas solo porque te da miedo llevarte a tus niños contigo. Te fuiste a Canadá solo porque no quisiste que tus hijos sufrieran un shock cultural. Te los llevaste de vacaciones a que pasaran las fiestas juntos, pero los regresaste con tu hermana porque no querías que perdieran ni un día de escuela. ¿Nunca se te ocurrió, cabrón, que ellos querían sufrir ese shock cultural? Tú pensabas que tus hijos estaban felices porque te iban a ver cuando te los llevaste a Montreal, y que estaban tristes porque te iban a dejar de ver,  pero la verdad es que estaban felices porque iban a conocer Montreal y estaban tristes porque iban a dejar de ver Montreal. Tus hijos quieren viajar porque tienen envidia de que tú conoces todo el puto mundo y saben que le diste la vuelta al mundo en ochenta cantinas, ¿y ellos qué conocen? Florida, California y Texas.<br />
»O sea,  ¿Tú sabes que Jay lee en inglés porque quiere ser astronauta? ¿Tú sabes que Nirvana quiere ir a Francia para poder hablar frances como su abuela? ¿Tú sabes que Ichuel cree que Grecia está aquí cerquita, porque al fin y al cabo su abuela es griega y siempre llega rápido cuando le habla y quiere que venga a casa? Nomás me falta saber qué quiere Tobi, pero no habla porque no quiere, aunque entiende todo en todos los idiomas y responde si haces preguntas directas bien hechas. Yo hacía lo mismo de chico, pero a su edad yo estaba más interesado en la química que en la física, aunque en ambas actividades no hay nadie con quién hablar. Ahorita tus hijos son como esponjas, cabrón. Si te los llevas a Canadá por un par de años, que no alteren el flujo de su educación aquí y allá, los cabrones van a ser más cabrones que tú y yo juntos, cabrón. Y ya me encabroné, yo ahorita necesito más bien unas chelas, no te me vayas que voy a la cocina.</p>
<p>Más o menos eso es lo que recuerdo que me regañó mi compadre, que efectivamente se fue a la cocina, se trajo una cerveza (sólo una, porque no es gran bebedor), la destapó, se la bebió de Hidalgo y continuó con su diatriba.<br />
&#8211;¿En qué iba?<br />
&#8211;En que mis hijos son unos cabrones.<br />
&#8211;h, gracias, no sé qué haría sin tí.  Iba yo. Ustedes, la familia Maybrick Mitkas, son la única célula de multiculturalidad que conozco en Guadalajara, lo que no habla muy bien de mis habilidades sociales pero eso no viene ahora al caso. El caso es que a ustedes no puedo más que imaginármelos haciendo chuza en lugares donde la multiculturalidad sentó sus reales, y ya estuviste en esa ciudad. Es el lugar donde, si bien no me los imagino viviendo per sécula seculorum o tal vez más tiempo, sí me los imagino pasando un buen rato. Aprovecha, cabrón. Aunque no lo quieras ver eres material de migración y les estarás dando una ventaja a tus hijos que a mí me hubiera gustado tener de chiquillo. Cabrón, estás en mejor posición económica que yo y te puedes dar el lujo de irte. Te envidio, cabrón, y más voy a envidiar a mis ahijados si se van. Yo no sé si su lugar está en México, pero de que merecen algo más y de que se los puedes proporcionar, pues ya estuvieras haciéndolo, cabrón. Y sin peros, que la oportunidad que te dieron la hubiera aceptado yo de haber sido tú, sin rechistar.<br />
&#8211;A ver a ver a ver, ¿quieres que me vaya y que deje aquí todo lo que tengo?<br />
&#8211;Sí, pero no. Dejas aquí cosas materiales, y no te vas para siempre. Te vas creo que por cinco años. Ese es tiempo más que suficiente como para que tus hijos aprendan que no todo en la vida son calles con el pavimento lleno de baches: que también hay banquetas llenas de chicles en el primer mundo. Mira, fíjate bien. Te vas como historiador. ¿No fue lo que siempre quisiste ser, cabrón? ¿Un historiador cabrón? Ahí estás, en la UBC, y además te pagan. Apenas arriba de la línea de pobreza pero te pagan. Luego, te llevas a Lilith. ¿No podrá encontrar un empleo allá? ¿En el barrio griego, por ejemplo, para practicar su lengua materna? Apuesto que le dan chamba en la UBC, y aún si no se la dieran, eres rico y te puedes dar el lujo de pagar el curso que necesites para que revaliden estudios. Y ganan un chingo los médicos allá. Tu hermana pudo. Tus hijos están en la primaria.  ¿Crees que no pueden tomar la primaria allá? El plan de estudios es igual pero en inglés y podrán hablar más idiomas con sus amigos. Es más, los gemelos se la pasarían pipa allá, y me dejo colgar un huevo si no logras que les hagan válidos los estudios aquí en las escuelas que dependen de Canadá.  Es más, &#8211;dijo, bajando la voz&#8211;, mi ahijado hasta más contento va a estar porque se va a despegar un rato de la niña esa de los moños, que es más bien asfixiante aunque eso puede ser por mi particular punto de vista.<br />
&#8211;Bueno, pues la verdad es que visto así&#8230;<br />
&#8211;Nomás tienes que pagar tus deudas, que ni son muchas porque la neta pagas todo en efectivo. Pagamos los carros, que ya ni falta mucho para que los termines. Los vendemos y te giro el dinero. O me lo quedo, en su caso. Tu casa se queda. Mientras estás fuera yo te la cuido, y sirve que cambio tu pinche tubería de agua que la verdad está más allá del bien y del mal. Mientras tanto, te largas con tus hijos y tu esposa y vives una aventura de cinco años que te va a reportar, veamos, si mis cálculos no me fallan, cincuentamil dólares de ganancias. ¡¿Qué más quieres?! Si no te vas tú me voy yo, cabrón. Voy por otra chela, ya me encabroné&#8230; &#8211;dijo mi compadre y me dejó confundido, como suelo quedarme cuando no hablo mucho.</p>
<p>Mas mi compadre no regresó. Fui a la cocina, donde noté que la cerveza seguía, cerrada, en la mesa, pero que estaba hablando con Moños sobre Vancouver. De hecho, entré yo y Monos me preguntó:<br />
&#8211;¿Es cierto que se van a Vancouver, señor?<br />
&#8211;No sé todavía&#8230; &#8211;respondí, mientras abría yo la cerveza de mi compadre y me la bebía de un solo trago.<br />
&#8211;¿Los puedo ir a visitar?<br />
&#8211;No veo por qué no&#8230; &#8211;dije, tras acabarme la cerveza.<br />
Mi compadre se paró, me dio un apretón en el hombro, y me dijo &#8220;Me saludas a mi comadre&#8221; antes de cerrar la puerta.</p>
<p>Yo me quedé ahí, meditando sobre el regaño que mi compadre me había recitado. Más tarde lo platiqué con la Famiglia.  Incluso me comuniqué con Holi, cuando la diferencia de horario entre México y Alemania lo permitió. La respuesta fue unánime. Incluso Uno, que no entendía muy bien la conversación pero la seguía lo mejor que podía, dijo que era una oportunidad que no podía desperdiciar. El siguiente lunes hablé con mi compadre, que ya tenía toda la información y los formatos necesarios llenos a mi nombre, listos para firmar y adjuntar fotografías.<br />
&#8211;¿Cómo sabías que te iba a decir que sí?<br />
&#8211;Te conozco, puto, te conozco. Además quiero que estés allá y compres los boletos para las Olimpiadas.</p>
<p>Y así será.  Compadre, desde aquí, y públicamente, te agradezco lo mucho que haz hecho por mí en todos estos años. Y nos veremos en Vancouver a tiempo para las Olimpiadas.</p>
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		<title>Felices fiestas</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Dec 2007 17:41:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[A mis estimados lectores (los que me quedan):
Me largo, finalmente, de la Columbia Británica. Me voy con tres huesos rotos pero sin tornillos en el brazo, y me voy a celebrar Navidad con mi domadora a Montréal. Los veo en Enero, cuando regrese a mis tierras.
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			<content:encoded><![CDATA[<p>A mis estimados lectores (los que me quedan):</p>
<p>Me largo, finalmente, de la Columbia Británica. Me voy con tres huesos rotos pero sin tornillos en el brazo, y me voy a celebrar Navidad con mi domadora a Montréal. Los veo en Enero, cuando regrese a mis tierras.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Â¿tiene tiempo para comentar algo con usted?</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2007 01:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Largo tÃ­tulo, pero igualmente largo fue el complejo tema que abordÃ© en esta ocasiÃ³n en mis clases. Aprovechando que acabo de llegar a casa, voy a explicar brevemente las razones por las que no he escrito como es usual en este mi abandonado blog.

Cuando uno es estudiante y no tiene nada quÃ© hacer, uno se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Largo tÃ­tulo, pero igualmente largo fue el complejo tema que abordÃ© en esta ocasiÃ³n en mis clases. Aprovechando que acabo de llegar a casa, voy a explicar brevemente las razones por las que no he escrito como es usual en este mi abandonado blog.</p>
<p><span id="more-1025"></span></p>
<p>Cuando uno es estudiante y no tiene nada quÃ© hacer, uno se puede dar el lujo de escribir toneladas de idioteces sin que a nadie le importe un pepino. Mas cuando uno es profesor, hay que preparar la clase del siguiente dÃ­a a alumnos que generalmente no han oÃ­do hablar de HernÃ¡n ColÃ³n y mucho menos de CristÃ³bal CortÃ©s. Hay que buscar los nombres franceses de algunos de esos ilustres personajes, ya que hace mucho tiempo se tenÃ­a la sana costumbre de hispanizar los nombres de los personajes que no eran hispanos (asÃ­, yo conocÃ­ a Fernando de Magallanes en lugar de a FernÃ£o de MagalhÃ£es o a Ferdinand Magellan, o a Ferdand de Magellan). En cambio, mis alumnos conocerÃ¡n siempre quiÃ©n cuernos fue Fernando CortÃ©s Monroy Pizarro Altamirano y su feroz consorte, Catalina XuÃ¡rez Marcayda, a quien CortÃ©s mÃ¡s que miedo le tenÃ­a pÃ¡nico. Ya contarÃ© esa historia cuando tenga oportunidad. Mientras tanto, en QuÃ©bec-ville, bajo un aguanieve que cala hasta los huesos, un alumno me detiene al finalizar la Ãºltima clase y me pregunta si sÃ© cuÃ¡l es el punto mÃ¡s probable en el que CortÃ©s hubiera podido fallar en su proyecto de conquistar MÃ©xico.</p>
<p>Hay una enorme cantidad de puntos en los que CortÃ©s pudo haber metido la pata ( o en que la metiÃ³, pero alguien oportunamente logrÃ³ salvarlo) y fallar en su proyecto. Puedo citar no menos de seis ejemplos que hubieran cambiado el curso de la historia (probablemente en lugar de escribir en espaÃ±ol escribiera en nahuatl, o en lugar de estar em MÃ©xico estuviera en Inglaterra, o multitud de cosas asÃ­) y al momento de citarlos (porque los citÃ©) se congregÃ³ a mi alrededor una muchedumnde de alumnos de otras clases anteriores que vieron que discutÃ­a al respecto.</p>
<p>SÃ³lo un historiador puede decirles la clase de conversaciones que un historiador sostiene con un historiador. Como ya no estoy yo para esos trotes, que lo diga otro. En mi caso bÃ¡steme decir que dos horas despuÃ©s yo seguÃ­a exponiendo ejemplos de las diferentes historias alternativas que hubieran podido surgir y la mayor parte de los alumnos estaban tomando notas. </p>
<p>SÃ­. Dije tomando notas.</p>
<p>Cuando me dÃ­ cuenta de lo que pasaba se me cortÃ³ la inspiraciÃ³n, dije que tenÃ­a mucha hambre, que estaba cansado, que tenÃ­a frÃ­o y que por si fuera poco esto no iba a venir en el examen, de manera que era hora de marcharnos a casa. Para los muchachos la cosa era sencilla: viven en el campus. Yo no, vivo mÃ¡s bien lejos y aunque el sistema de transporte quebecuÃ¡ es mucho mejor que el mexicano, no me gusta usarlo. Prefiero caminar, pero tan tarde y con tanto frÃ­o ya no podÃ­a hacerlo. AsÃ­ que me marchÃ©. Los muchachos se quedaron discutiendo un poco mÃ¡s y me parece que fueron por un cafÃ© pero yo me dirigÃ­ directo a la sala de profesores, dejÃ© mis cosas y me puse en camino a mi departamento.</p>
<p>En el camino vine haciendo esta anotaciÃ³n en mi fiel portÃ¡til, y la envÃ­o justo al conectarme a internet para descargar las noticias del dÃ­a. Me enterÃ© de la masacre de ayer en Virginia hasta hoy, para que se den una idea de lo atareado que estoy. Sean felices, y descansen. Yo tengo que revisar ensayos en francÃ©s macarrÃ³nico.</p>
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		<title>De vuelta a las andadas</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Apr 2007 23:12:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Tengo un poco (quÃ© un poco, un mucho) abandonados a La Respuesta MÃ¡xima y a Historias de la Famiglia, pero recuerden que ha sido por una buena causa. Ahora que es dÃ­a de fiesta en CanadÃ¡ (good friday anglÃ³fono, vendredi saint francÃ³fono) me darÃ© el lujo de relatar una pequeÃ±a historia familiar que ocurriÃ³ ayer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo un poco (quÃ© un poco, un mucho) abandonados a La Respuesta MÃ¡xima y a Historias de la Famiglia, pero recuerden que ha sido por una buena causa. Ahora que es dÃ­a de fiesta en CanadÃ¡ (good friday anglÃ³fono, vendredi saint francÃ³fono) me darÃ© el lujo de relatar una pequeÃ±a historia familiar que ocurriÃ³ ayer por la noche.</p>
<p><span id="more-1024"></span></p>
<p>Como sabrÃ¡n ustedes (y si no se van a enterar ahora) estoy viviendo en QuÃ©bec por un tiempecillo. Y en QuÃ©bec vive la mia sorelle CataclÃ­smica, de quien soy il suo fratello James, lo que nos convierte en i fratelli Maybrick (hoy ando de vena poÃ©tica&#8230; casi de arteria dirÃ­a yo&#8230;) y ayer nos reunimos en la noche para ir a cenar a algÃºn lado.</p>
<p>Eran algo asÃ­ como las 7 de la tarde noche cuando llegÃ³ el jovenazo que ahora es internacionalmente conocido como Uno acompaÃ±ado por CataclÃ­smica. Hay una diferencia de estaturas como de una cabeza pero al par por ahora le importa mÃ¡s bien poco, en especial cuando Cata usa zapatos de tacÃ³n alto. Cata me saludÃ³ muy efusivamente como si hubiera pasado cuatro meses sin verme (aunque la verdad es que ya nos habÃ­amos visitado con anterioridad) y me informÃ³ que el departamento que la universidad puso a mi disposiciÃ³n mide ligeramente un poco mÃ¡s que su closet en Guadalajara. Me importa mÃ¡s bien poco, supongo que lo mismo que le importa a mi compadre V vivir en una habitaciÃ³n de hotel del tamaÃ±o de una celda, porque al fin y al cabo no la pago y no me voy a quedar aquÃ­ por siempre. Tras este breviario cultural nos subimos al maltratado Toyota de uno y nos encaminamos a un  intento de restaurante que a Cata le gusta mucho, y tomando en cuenta los precios, me figuro que a Uno tambiÃ©n porque mi hermana es de muy buen diente.</p>
<p>Tras platicar durante una hora sobre el hecho de que los Ã¡nimos separatistas en QuÃ©bec han quedado mÃ¡s o menos conjurados (aunque exigen una mayor autonomÃ­a, lo que puede reavivar los Ã¡nimos en las prÃ³ximas elecciones) Cata le exigiÃ³ literalmente a Uno que nos llevara a su casa para que este humilde narrador conociera &#8220;su&#8221; cerezo. Dado que el San Lorenzo ya no tiene tÃ©mpanos, me dije, no veo motivo para no acceder al deseo de Cata. Y allÃ¡ fuimos.</p>
<p>Y vÃ­ el cerezo de Cata. Y con toda mi sabidurÃ­a le dije, en un francÃ©s que hubiera puesto verde de envidia a MoliÃ©re:<br />
&#8211;Querida hermana mÃ­a, esto no es un cerezo.<br />
Hubieran visto la cara de decepciÃ³n que puso. CÃ³mo me hubiera encantado tener una cÃ¡mara a la mano. Fascinante. AcercÃ¡ndome al Ã¡rbol en cuestiÃ³n, y dÃ¡ndole unas palmaditas en el tronco, le dije a mi hermana con voz de profesor universitario y todavÃ­a en francÃ©s, para que Uno me entendiera:<br />
&#8211;Si lo que me enseÃ±Ã³ mi abuelo es correcto, el cerezo tiene bandas horizontales en la corteza mientras que el ciruelo no. Y dado que este Ã¡rbol no tiene bandas horizontales, debe ser un ciruelo. Que tambiÃ©n florece. Y sus flores son mÃ¡s fragantes.<br />
&#8211;Pero parece un cerezo. &#8211;me dijo Cata en espaÃ±ol.<br />
&#8211;SÃ­ &#8211;continuÃ© en mi francÃ©s estropajoso de siempre&#8211; pero no lo es. Lo cual no va a importar cuando estÃ©s debajo del ciruelo oliendo las flores y bebiendo sake con tus amigas. AdemÃ¡s siempre puedo estar equivocado. Soy historiador, no botÃ¡nico.<br />
Uno estaba casi a punto de soltar la risa de ver la cara de mi hermana, pero asÃ­ es la vida: si suelta la risa muere de inmediato. Pero entonces a Cata le saliÃ³ lo Ruiz que lleva en el ADN mitocondrial y dijo:<br />
&#8211;Pues a mÃ­ me importa un cuerno. Yo igual voy a celebrar mi haruna con cerezo o con ciruelo.<br />
&#8211;Me parece muy bien, corazÃ³n&#8230; &#8211;dije yo.<br />
&#8211;Ciertamente&#8230; &#8211;dijo Uno, sÃ³lo por decir algo.</p>
<p>Y nos metimos al departamento con el propÃ³sito de conocer a las compaÃ±eras de habitaciÃ³n de Cata, que siguiÃ³ planeando su Haruna particular como si lo hubiera hecho desde siempre.</p>
<p>QuÃ© cosas&#8230;</p>
<p>Nos vemos en la prÃ³xima oportunidad.</p>
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		<title>Movin&#8217; right along</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2007 23:49:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Quienes estÃ©n al tanto de las vicisitudes de la Famiglia sabrÃ¡n que su seguro servidor (que para los efectos del caso soy yo) se muda a CanadÃ¡ por un tiempo. Pues bien, el tiempo casi llega y yo sigo aquÃ­ en Guadalajara, preparÃ¡ndome. Por tanto, hay noticias.

La primer noticia es que, aunque me mudo, todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quienes estÃ©n al tanto de las vicisitudes de la Famiglia sabrÃ¡n que su seguro servidor (que para los efectos del caso soy yo) se muda a CanadÃ¡ por un tiempo. Pues bien, el tiempo casi llega y yo sigo aquÃ­ en Guadalajara, preparÃ¡ndome. Por tanto, hay noticias.</p>
<p><span id="more-999"></span></p>
<p>La primer noticia es que, aunque me mudo, todo seguirÃ¡ igual. Me mudo de paÃ­s por un aÃ±o pero no me mudo de sitio web, que atenderÃ© mÃ¡s o menos como siempre aunque con sus bemoles (ya que la mayor parte del tiempo me la pasarÃ© muy ocupado en la UniversitÃ© Lavat) y me temo que los primeros dÃ­as no tendrÃ© tiempo ni para sonarme la nariz.</p>
<p>La segunda noticia es que, a pesar de que me mudo a QuÃ©bec, a continuaciÃ³n, a eso de agosto, me mudo a Vancouver, donde darÃ© clases en el equivalente a la maestrÃ­a de la Free University.</p>
<p>La tercera es que mi seÃ±ora, que para todos los efectos legales es Lilith, se muda a Ottawa en julio, donde pasarÃ¡ seis meses en calidad de investigadora en el Children&#8217;s Hospital. Lo cual nos deja con el problema de dejar a los crÃ­os con alguien, y dado que las Ãºnicas personas mÃ¡s o menos disponibles son mis hermanos, ellos le van a atorar en la crianza de mis hijos (aunque la educaciÃ³n se la van a dar mis hijos a mis hermanos).</p>
<p>La cuarta es que, en enero, Lilith, Cata y Jack (o sea yo) regresarÃ¡n a tierras aztecas en parejas. Es decir, Lilith conmigo y Cata con Uno, si es que lo que me ha dicho el pobre de Uno es cierto. Porque el pobre franchute canadiense estÃ¡ dispuesto a mudarse de casa unos meses con tal de seguir junto a mi hermana. Lo cual sÃ³lo viene a comprobar que la gran mayorÃ­a de los Maybrick no sÃ³lo naciÃ³ en un paÃ­s equivocado, sino que las notas de Cupido se transpapelaron, lo cual puede explicar el hecho de que Cata no ligara en MÃ©xico y pusiera el ojo (y me supongo que todo lo demÃ¡s tambiÃ©n) sobre el primer francÃ©s que viÃ³.</p>
<p>La quinta es que para septiembre HolocÃ¡ustica se larga a Alemania, en calidad de investigadora, en un hospital que me niego a pronunciar o a transcribir, por temor en un caso de que se me enrede la lengua y en el otro a que se me hagan nudo los dedos. Aunque de Ã©sta sÃ­ dudo que se traiga un alemÃ¡n a casa. Probablemente a un espaÃ±ol o a un turco, pero no a un alemÃ¡n.</p>
<p>La sexta es que llevo cinco noticias, lo cual es interesante, porque sÃ³lo harÃ­a falta una sÃ©ptima noticia para completar un nÃºmero mÃ¡gico, el siete, que tiene propiedades astringentes y ademÃ¡s sirve para adelgazar, segÃºn me dicen que dicen los numerÃ³logos.</p>
<p>Y, finalmente, quÃ© diablos, la sÃ©ptima noticia&#8230; Â¡se sigue buscando al puerco volador! El antedicho cerdo, de tres metros y medio e inflado con helio, fue visto por Ãºltima vez en direcciÃ³n norte volando desde el Estadio 3 de Marzo, donde Roger Waters lo elevÃ³ sobre el pÃºblico como parte de su espectacular concierto del 4 de marzo pasado, que fue un concierto del que realmente extraÃ±Ã© que nadie hubiera tenido la delicadeza de filmarlo y venderlo en DVD pirata al finalizar. QuÃ© concierto, seÃ±ores, quÃ© concierto&#8230; Y con respecto al puerco, hay recompensa por parte de OrganizaciÃ³n Zeppelin: 20000 pesos si aparece inflado y 5000 si aparece ponchado. Si no aparece no hay recompensa.</p>
<p>No me queda otra cosa quÃ© decir que: Â¡Nos vemos luego!</p>
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		<title>Back in black</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Feb 2007 22:17:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[El sÃ¡bado pasado fui a que me revisara mi veterinario&#8211;digo&#8211; traumatÃ³logo de cabecera, con el propÃ³sito de que me examinara para saber si es cierto que mi cadera va en buen camino o si mÃ¡s bien voy preparando una silla de ruedas. Y tambiÃ©n para que me revisara un molesto dolor en la parte baja [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El sÃ¡bado pasado fui a que me revisara mi veterinario&#8211;digo&#8211; traumatÃ³logo de cabecera, con el propÃ³sito de que me examinara para saber si es cierto que mi cadera va en buen camino o si mÃ¡s bien voy preparando una silla de ruedas. Y tambiÃ©n para que me revisara un molesto dolor en la parte baja de la espalda que se propagaba por toda la zona. Nada mÃ¡s entrar, tuve el siguiente intercambio cultural con mi compadre:<br />
&#8211;Doctod, Â¿quÃ© padezco?<br />
&#8211;Puedquito&#8230;<br />
Y pasamos a su consultorio ante la mirada divertida de la concurrencia.<br />
<span id="more-971"></span><br />
Apenas entrar mi compadre me dio una paleta de cajeta Coronado.<br />
&#8211;Se supone que Ã©stas se dan al final de la consulta&#8230;<br />
&#8211;SÃ­, pero tengo muchas, asÃ­ que te chingas&#8230; Â¿QuÃ© no te duele esta semana?<br />
&#8211;La cartera, pero presiento que dentro de una hora me vas a extirpar una tarjeta de crÃ©dito&#8230;<br />
&#8211;Ya vas aprendiendo, compadre&#8230; pero ya en serio, Â¿Alguna molestia?<br />
&#8211;Un dolor molesto entre la cuarta y la quinta lumbares.<br />
&#8211;A la altura del clavo, supongo&#8230;<br />
&#8211;Supones bien..<br />
RÃ¡pidamente me tendiÃ³ sobre la mesa de autopsias que hace las veces de camilla en su consultorio y me revisÃ³ concienzudamente el Ã¡rea comprendida entre la primera vÃ©rtebra cervical y el coccis. Nada de problemas nuevos aunque sigo teniendo desviado ligeramente un disco intervertebral en la tercera cervical, la sexta y sÃ©ptima dorsales me siguen haciendo &#8220;Snap&#8221;, la cadera izquierda me sigue haciendo &#8220;Crackle&#8221; y la rodilla derecha me sigue haciendo &#8220;Pop&#8221; en los mismos tonos y con la misma intensidad, lo cual significa que no he empeorado aunque tampoco mejorado. Un rÃ¡pido escaneo de las extremidades indicÃ³ que las fisuras en los cuatro huesos de mis antebrazos estÃ¡n ya sanas y que el dedo medio del pie izquierdo soldÃ³ satisfactoriamente. Mis dedos de las manos siguen igual de chuecos. Pero cuando comenzÃ³ con el anÃ¡lisis detallado del sacro me quejÃ© de un dolor tan grande que parecÃ­an dos. Mi compadre sacÃ³ su ultrasonido y revisÃ³ el Ã¡rea lumbar. Y entonces dijo esa frase que ningÃºn paciente quiere escuchar pronunciar a su mÃ©dico:<br />
&#8211;Ah, chingÃ¡&#8230;<br />
Y luego confirmÃ³ que habÃ­a un problema bastante grave, porque dijo:<br />
&#8211;Ah, chingÃ¡ chingÃ¡&#8230;<br />
AhÃ­ yo sÃ­ me asustÃ©. PreguntÃ© quÃ© pasaba y me dijo que para estar totalmente seguro me iba a tomar un par de placas radiogrÃ¡ficas, ya que si me sometÃ­a a una resonancia magnÃ©tica lo mÃ¡s seguro es que no pudiera contar la historia en este momento. Por fortuna en la clÃ­nica mi compadre y sus socios tienen su propia mÃ¡quina de rayos equis, asÃ­ que me desplacÃ© en boxers y calcetines a la cÃ¡mara de torturas esa y un par de placas despuÃ©s regresÃ© en calcetines y boxers al consultorio de mi compadre. Y mi compadre dijo:<br />
&#8211;Nevermore&#8230;<br />
No, perdÃ³n, Ã©se fue el cuervo de Edgar Allan Poe. Mi compadre dijo:<br />
&#8211;Ah, chingÃ¡&#8230;<br />
Y yo pensaba ya en quÃ© podrÃ­a vender para pagar la feroz cuenta&#8230; Y mi compadre dijo:<br />
&#8211;Ah, chingÃ¡&#8230; Oye, compadre, se moviÃ³ el remache&#8230;<br />
&#8211;Â¿Y?<br />
&#8211;Que ahora sÃ­ vamos a tener que sacarlo a gÃ¼evo&#8230; estÃ¡ presionando el nervio y acercÃ¡ndose peligrosamente a la mÃ©dula espinal&#8230;<br />
&#8211;No succiones&#8230;<br />
&#8211;Lo Ãºnico bueno es que estÃ¡ en una posiciÃ³n Ã³ptima para sacarlo por endoscopio para no tener que abrirte en canal. Voy a reservarte quirÃ³fano el lunes&#8230;<br />
&#8211;No chingues&#8230; exijo una segunda opiniÃ³n&#8230;<br />
&#8211;Okey. TambiÃ©n estÃ¡s muy feo&#8230; Â¿cÃ³mo sientes la espalda?<br />
&#8211;Como si me estuvieras encajando tu dedo&#8230;<br />
&#8211;Â¿DÃ³nde estÃ¡ tu domadora?<br />
&#8211;En el hospital.<br />
&#8211;Pos de aquÃ­ no te me mueves hasta que venga por tÃ­&#8230;</p>
<p>Y allÃ­ me quedÃ© hasta que, una hora despuÃ©s, llegÃ³ Lilith, que con cara de preocupaciÃ³n mirÃ³ las radiografÃ­as, repasÃ³ el ultrasonido, me dijo que efectivamente necesitaba la operaciÃ³n (y si lo dice una ginecÃ³loga debe de ser muy obvio) y me llevÃ³ a casa, bastante molesta porque ese diagnÃ³stico se le pasÃ³.</p>
<p><center>********</center></p>
<p>Quien mÃ¡s o menos conozca mi historia mÃ©dica sabrÃ¡ que este humilde narrador y servidor de ustedes solÃ­a tener una pieza de metal encajada entre la cuarta y la quinta lumbar, que no valÃ­a la pena ser extirpada aunque se encontraba muy cerca de la mÃ©dula espinal. Es un recuerdito que me quedÃ³ de la explosiÃ³n de una caldera, donde su seguro servidor recibiÃ³ la fuerza de la explosiÃ³n y ademÃ¡s una enorme esquirla de metal que me dejÃ³ un profundo corte en la pierna derecha, a una altura tal que por un momento temÃ­ haber perdido las joyas de la familia, que por fortuna permanecieron en su lugar e intactas. Por fortuna la esquirla era relativamente pequeÃ±a, pues no tocÃ³ ningÃºn Ã³rgano vital en el perineo. Pues bien, la fuerza de la explosiÃ³n me mandÃ³ a volar un par de metros por los aires y aterricÃ© sobre un regulador de presiÃ³n, mÃ¡s esquirlas y algunas otras cosas.Esa noche, en el hospital, conocÃ­ a quien se habrÃ­a de convertir en mi compadre, que en ese momento era un simple interno. Me dijo que la operaciÃ³n para cerrar la herida de la pierna habÃ­a sido un todo un Ã©xito y que habÃ­an retirado un clavo de mi espalda sin mayor complicaciÃ³n. En ese momento yo no tenÃ­a ni la mÃ¡s pÃ¡lida idea de quÃ© clavo estaba hablando y me limitÃ© a decir algo asÃ­ como &#8220;el pueblinsky minsky se estÃ¡ morrinsky de hambrinsky&#8221; gracias a la anestesia y me volvÃ­ a quedar dormido.</p>
<p>A los tres meses fui a que me checaran la cicatrizaciÃ³n y similares. El doctor que me atendiÃ³ encontrÃ³ un quiste sebÃ¡ceo donde se suponÃ­a que habÃ­a estado un clavo, me sacÃ³ una placa radiogrÃ¡fica, y yo identifiquÃ© el objeto que apareciÃ³ como la cabeza del clavo que habÃ­a retirado mi compadre. Evidentemente, no habÃ­a sido retirado completo, pero como no habÃ­a ningÃºn peligro inmediato, y el clavo ya estaba encapsulado, no habÃ­a necesidad de retirarlo en ese momento, y ahÃ­ se quedÃ³ mi pieza de metal. De vez en cuando producÃ­a algÃºn diagnÃ³stico equivocado (Lilith, en un momento de debilidad, pensÃ³ que tenÃ­a una hernia una vez que me estaba dando un masaje en la espalda) pero no mayores problemas, hasta que, hace unas semanas, sentÃ­ un dolor agudo al tratar de mover un coche reciÃ©n chocado,  pretendiendo moverlo para que dejara de estorbar. El coche, por cierto, sÃ­ se moviÃ³. Cuando lleguÃ© de la ciudad de MÃ©xico el dolor era prÃ¡cticamente insoportable, asÃ­ que decidÃ­ hacer cita con mi compadre para que me examinara.</p>
<p><center>********</center></p>
<p>ResultÃ³ que era tiempo de operar para retirar de una vez por todas la esquirla de marras. El procedimiento elegido fue el endoscopio, lo que me garantiza la menor cicatriz y el menor tiempo de hospitalizaciÃ³n. De hecho, ya estoy en casa, desde ayer, todavÃ­a medio apendejado aunque dudo que eso tenga algo que ver con los medicamentos. SegÃºn mi compadre, la operaciÃ³n fue todo un Ã©xito: sÃ³lo tuvo que hacer un par de cortes, para meter el endoscopio y sacar la pieza, el sangrado fue mÃ­nimo, y el corte fue tan breve que sÃ³lo necesitÃ© una puntada y eso por seguridad. Como ademÃ¡s cuento con mi factor de recuperaciÃ³n mutante, para cuando llegue a QuÃ©bec ya estarÃ© sano, o por lo menos eso espero. La piececilla de metal, que sigue viÃ©ndose sospechosamente similar a la cabeza de un clavo, pero con mÃ¡s aÃ±os, no es la cabeza de un clavo.Es un remache. PequeÃ±o, pero un remache al fin y al cabo.</p>
<p>DebiÃ³ encajarse junto con el clavo de marras que retirÃ³ mi compadre, y como nadie pensÃ³ en que un remache pudiera haberse colado por la misma herida, nadie se preocupÃ³ por revisar a mayor profundidad. Pero ahÃ­ se colÃ³ el remache. Lo tengo guardado en un frasquito y probablemente lo mande encapsular en resina para mi colecciÃ³n de objetos aliengÃ­genas implantados por medios artificiales. Con un poco de suerte logro colÃ¡rselo a MaussÃ¡n y me hago millonario.</p>
<p>Como es de esperar, en este momento cuento con vigilancia mÃ©dica constante, cortesÃ­a de Lilith, mi madre, mi hermana Holi y mi hija Nirvana, que ha reforzado su decisiÃ³n de estudiar medicina para curar al inÃºtil de su padre cuando se accidente. Jay, que ya sabe que si no me preocupo yo por mÃ­ menos se debe preocupar Ã©l, se limitÃ³ a conectar una extensiÃ³n para mi Axim, que es donde he estado tecleando esto con el reconocimiento de caracteres, letra a letra. Ichuel y Tobi se limitan a jugar con los gatos.</p>
<p>Espero que cuando llegue a QuÃ©bec no la armen de pedo, no hagan escÃ¡ndalo y no me digan nada por no hacer menciÃ³n de esto en el examen mÃ©dico&#8230;</p>
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		<title>Schiller 529</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Feb 2007 22:29:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Por causas que quedan fuera de mi control hube de transladarme a la infernal ciudad de MÃ©xico para arreglar algunos asuntos en la Embajada de CanadÃ¡, secciÃ³n  de inmigraciÃ³n, Schiller 529, Polanco, esquina RubÃ©n DarÃ­o. La causa principal radica en que los canadienses me cambiaron la pichada y estuve a punto de poncharme por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por causas que quedan fuera de mi control hube de transladarme a la infernal ciudad de MÃ©xico para arreglar algunos asuntos en la Embajada de CanadÃ¡, secciÃ³n  de inmigraciÃ³n, Schiller 529, Polanco, esquina RubÃ©n DarÃ­o. La causa principal radica en que los canadienses me cambiaron la pichada y estuve a punto de poncharme por tercer strike.</p>
<p><span id="more-962"></span> Yo ya tenÃ­a perfectamente arreglado mi permiso de trabajo para QuÃ©bec. Los quebequenses, no me cansarÃ© nunca de decirlo, son una sociedad diferente por iniciativa propia. <a href="http://cuarentaydos.org/?p=961" title="ArtÃ­culo en Cuarentaydos.org: SÃ³lo con tu pareja">Uno, el nuevo y sufrido novio de Cata</a>, insiste en que los quebequenses son canadienses pero los canadienses no son quebequenses. (Le quebecoise est canadien, mais le canadien n&#8217;est pas quebecoise.) Yo tenÃ­a todo listo y preparado para irme este marzo a QuÃ©bec a dar un semestre de clases en el BaccalaurÃ©at en Histoire du Mexique dans le SiÃ¨cle XIX en la Universidad Lavat (Cuantas MayÃºsculas) cuando me avisan hace cosa de dos semanas que la University of British Columbia at Vancouver quiere mis servicios por otro semestre. Con lo cual, como es evidente, se trastocaron totalmente los planes que tenÃ­a para mi viaje.</p>
<p>Porque si bien ya tenÃ­a todo listo para ir a QuÃ©bec, tras haber visitado anteriormente Schiller 529 y ademÃ¡s Taine 411, ya que los quebecuÃ¡s tienen su propia DÃ©lÃ©gation gÃ©nÃ©rale du QuÃ©bec Ã  Mexique, supongo que para compensar algÃºn complejo de inferioridad por no ser independientes (y me dicen las malas lenguas que en las siguientes elecciones, si ganan los independentistas, puede reunirse el quoÃºrum necesario para convocar un nuevo referendum al respecto; mÃ¡s informaciÃ³n despuÃ©s de unos mensajes). AsÃ­ pues, si bien yo tenÃ­a mi visa de trabajo en QuÃ©bec, ahora debÃ­a solicitar una nueva visa de trabajo para CanadÃ¡ (porque QuÃ©bec no es CanadÃ¡&#8230;)  y ahÃ­ fue donde la puerca torciÃ³ el rabo.</p>
<p>Supongo que de haber tenido contactos en el mundo diplomÃ¡tico como antaÃ±o no hubiera tenido ningÃºn problema, pero como ya no los tengo (y la Ãºnica de la Famiglia que quedaba con pasaporte diplomÃ¡tico era Cata, y se le venciÃ³ a mediados del aÃ±o pasado) tuve que entrevistarme con el cÃ³nsul de inmigraciÃ³n en persona para desfacer el entuerto, ya que era sumamente raro que tuviera dos propuestas de trabajo en esas condiciones. IntentÃ© entrevistarme con el cÃ³nsul el lunes, pero la Ãºnica hora que tenÃ­a disponible era a las 8:45 de la maÃ±ana y yo no estaba en condiciones de llegar lÃºcido en ese momento: por puro amor a la ciencia (puÃ±eta mental, le dicen en los cÃ­rculos en que me desenvuelvo) pensÃ© que si me iba el lunes en el vuelo de las 5:45 del lunes, llegase a las 6:35 al DF, tomase el metro a las 7 de la maÃ±ana, y tomando en cuenta todos los problemas para transbordar hasta Polanco, incluyendo un eventual cambio de direcciÃ³n por culpa de alguien que tampoco conociera la ciudad, llegarÃ­a a la embajada a las 9:30 con un triste portafolios a manera de equipaje, si me iba bien. AdemÃ¡s la desmaÃ±anada no tenÃ­a sentido. PensÃ© en irme el domingo anterior, pero hubiera sido un desperdicio de tiempo, dinero y esfuerzo en un dÃ­a inÃºtil y perdido (ademÃ¡s de una noche de hotel adicional). DecidÃ­ irme por ETN en el camiÃ³n de las 11:59 del domingo. AterricÃ© (es un decir) en la Terminal del Norte a eso de las 6:50, tomÃ© el metro a las 7:00, transbordÃ© a las 7:25, me sentÃ­a yo esperanzado de llegar a tiempo a la cita, tomÃ© el metro a las 7:40, lleguÃ© a Polanco a las 8:20, pedÃ­ informes sobre la calle Schiller a las 8:40, volvÃ­ a pedir informes sobre Schiller a las 9:00, y me enterÃ© de que me habÃ­an enviado al lado equivocado de Polanco. Para cuando lleguÃ© a la embajada eran las 9:15 y llamÃ© a la secretaria del cÃ³nsul para confirmar mi cita, por si de pura casualidad el cÃ³nsul tampoco habÃ­a llegado. Y para mi fortuna me contestÃ³ que el cÃ³nsul no habÃ­a llegado (serendipias, serendipias) y entrÃ© justo a tiempo (tras haber depositado mi portafolios en el casillero correspondiente) para verlo entrar en cuanto me sentÃ© en el mullido sillÃ³n de cuero (en realidad una silla de sala de espera tapizada en tela). Apenas entrÃ³ me pidiÃ³ perdÃ³n por haberme hecho esperar, dsculpas que aceptÃ© graciosamente (me reÃ­ y le confesÃ© que yo tambiÃ©n habÃ­a llegado tarde) y hablamos sobre mi caso en particular. Del otro lado de su oficina alrededor de 10 personas esperaban que les otorgaran visa de trÃ¡nsito, visita, estudio o trabajo, no necesariamente en ese orden y mandaron llamar a uno de los inspectores, una gorda muy buena gente que casualmente me habÃ­a atendido la vez pasada. Un par de llamadas telefÃ³nicas de larga distancia despuÃ©s se resolviÃ³ mi problema con relativa facilidad: debÃ­a iniciar todo el procedimiento de nuevo pero esta vez con el conocimiento de que ya habÃ­a estado empleado por una universidad canadiense y de que irÃ­a yo como parte de un intercambio entre profesores.</p>
<p>Para cuando terminÃ³ mi entrevista ya no era hora de que pudiera entrar a la secciÃ³n de inmigraciÃ³n,  y tal vez lo que era mÃ¡s importante, yo tenÃ­a hambre, asÃ­ que quedÃ© con la gorda que llegarÃ­a maÃ±ana a las 8:45 de la maÃ±ana para ser el primero y que llevarÃ­a exactamente los mismos documentos que la vez anterior, exceptuando mi nuevo tÃ­tulo que todavÃ­a no me ha llegado (se supone que llegarÃ¡ hasta el 2008, porque los espaÃ±oles hacen las cosas muy lentamente para no equivocarse. Eso me dijo una de las sinodales en mi titulaciÃ³n&#8230;).</p>
<p>ComprÃ© un cheque de caja en un banco de la zona, desayunÃ© en una cafeterÃ­a de la calle  Presidente Masaryk y me dÃ­ a la tarea de buscar un hotel cercano entre mis recuerdos de la ciudad de MÃ©xico (muy cambiada, por cierto: yo la recordaba siempre con el cielo gris y ahora el cielo estaba azul). No pude. Apenas me habÃ­a sentado a la mesa escuchÃ© una voz a mis espaldas.<br />
&#8211;Perdone, Â¿No es usted Leonardo DiCaprio?<br />
&#8211;Oiga, quÃ© pasÃ³, ya nos llevamos asÃ­ de feo&#8230;<br />
&#8211;Jack, carnal, quÃ© milagro que te dejas caer por estos rumbos&#8230;<br />
Era uno de mis primos, a quien llamarÃ© Alex. Les digo que debe ser una especie de maldiciÃ³n egipcia&#8230;<br />
&#8211;Compadre, cÃ³mo estÃ¡s&#8230;<br />
&#8211;Vente para acÃ¡, acabamos de llegar&#8230; Â¿Vienes con tu seÃ±ora y tus chilpayates?<br />
&#8211;No, venÃ­a de ida y vuelta a la embajada canadiense&#8230;<br />
&#8211;Â¿Y dÃ³nde estÃ¡s hospedado?<br />
&#8211;En ningÃºn lado, acabo de llegar&#8230;<br />
&#8211;Perfectamente, entonces, hospÃ©date con nosotros, tengo un cuarto libre&#8230;<br />
&#8211;Â¿No se enojarÃ¡ tu seÃ±ora esposa?<br />
&#8211;Por favor, no es ninguna molestia. Eres familia&#8230;<br />
&#8211;Eso me temo&#8230; &#8211;me dije a mÃ­ mismo. Por fuera sÃ³lo dije &#8220;Bueno&#8230;&#8221;</p>
<p>El desayuno llegÃ³, me enterÃ© de la vida y obra de aquel par de chichimecas (&#8220;es que ya aguantamos un chingo de imecas, primo&#8221;)y cuando intentÃ© pagar la feroz cuenta no me dejÃ³. Salimos, acompaÃ±Ã© a mi primo en sus actividades cotidianas para no entorpecerle el dÃ­a (ademÃ¡s no tenÃ­a otra cosa quÃ© hacer) y me saquÃ© cada susto con la forma de manejar de los capitalinos que me jurÃ© a mÃ­ mismo no volver a esa infernal olla de grillos a menos que mi psiquiatra me declare mentalmente incompetente. Creo yo que la causa principal de los problemas de trÃ¡fico de la ciudad de MÃ©xico se debe a que los conductores piensan que los semÃ¡foros y la cortesÃ­a son meros formulismos. Pero divago. A eso de las cinco de la tarde mi primo fue a hacer un retiro bancario (su seÃ±ora, a quien llamarÃ© Laura, trabaja en un importante banco azul) y el trÃ­o fuimos a su casa. En teorÃ­a, al menos, porque antes me llevaron a concer un centro comercial con nombre bancario que antes era una factorÃ­a papelera, y yo no quise decirles que ya lo conocÃ­a para no arruinarles la experiencia. AllÃ¡ Laura viÃ³ unos zapatos que le gustaron, y yo, con la excusa de entrar a comprarme otros (encontrar zapatos de mi medida es bastante complicado, y casualmente entre los remates estaban dos pares que entraron, asÃ­ que los comprÃ©) le dije al dependiente que le mostrara los zapatos. Laura se los probÃ³, viÃ³ la etiqueta con el precio, suspirÃ³, dijo algo sobre el dÃ­a de quincena, y yo le dije al dependiente que los cargara a mi cuenta. Alex y Laura protestaron, a lo cual contraprotestÃ©, con la excusa de que si de por sÃ­ nunca los veo, y en cuanto me largue al Norte Verdadero (asÃ­ dice el himno canadiense en inglÃ©s) menos los voy a ver, y ademÃ¡s me iba a hospedar en su casa una noche, lo menos que podÃ­a hacer era regalarles algo por las molestias causadas. Alex y Laura siguieron protestando, pero Laura dejÃ³ de protestar cuando firmÃ© el voucher de la tarjeta.</p>
<p>Era hora de ir a casa. Tras una hora de camino (y un principio de infarto) llegamos a su departamento, que estÃ¡ hasta la quinta chin&#8230; no, un momento&#8230; hasta la carretera libre a Cuernavaca, sÃ­, ahÃ­ estÃ¡. Mi primo, que es arquitecto, vive en una rebanada de aire ubicada en un quinto piso, rebanada que apenas mide 55 metros cuadrados y de la cual Laura es ama y seÃ±ora. Yo me sentÃ­a claustrofÃ³bico en ese ambiente, pero supongo que para ellos estÃ¡ bien, dado que no tienen hijos (&#8220;Ni los tendremos, primo, no mientras sigamos viviendo en el DF.&#8221;) Bravo por ellos.</p>
<p>Laura se desviviÃ³ preparando una cena pantagruÃ©lica a base de pasta italiana para pagarme los zapatos (y yo pensÃ© que en mi vida comprarÃ­a un par de zapatos de 800 pesos&#8230; por lo menos los puedo deducir gracias a que la factura no especifica si son zapatos de ante rojo o botas industriales reforzadas) que consumimos con gran avidez mientras Adela Micha daba las noticias y yo platicaba mi vida y obra y le volvÃ­a a sugerir a mi primo que se regresara a Guadalajara; con el auge de la construcciÃ³n y mi reciente jubilaciÃ³n entrecomillada podÃ­a hacer negocio con gran facilidad. Vi en Laura un brillo en los ojos, como diciendo quiero pero no me dejan, y Alex prometiÃ³ que lo va a pensar, como dice cada vez que lo contacto.</p>
<p>Finalmente llegÃ³ la hora de domir. Y casi igual de rÃ¡pido llegÃ³ la hora de despertar. Eran las 7 de la maÃ±ana cuando aquel par ya estaba en total actividad para que yo pudiera llegar a mi cita de las 9 de la maÃ±ana (confieso que se me habÃ­a olvidado que estaba hasta la goma de lejos) y a eso de las 8 de la maÃ±ana ya estÃ¡bamos preciosamente atorados en el trÃ¡fico a la altura de Ciudad Universitaria. Me despedÃ­ de Alex, que se quedÃ³ con el coche mientras Laura y yo nos Ã­bamos al metro. Llegamos antes que Alex al mismo punto. Me despedÃ­ de Laura, que tomÃ³ su metro con rumbo desconocido, y yo tomÃ© el metro con rumbo a Polanco. Tras dibersos transbordos (incluyendo uno porque me habÃ­a equivocado de direcciÃ³n) lleguÃ© a la avenida Horacio a las 9 en punto. DecidÃ­ tomar un taxi para no llegar tan tarde (y lo tuve que guiar) y 10 pesos despuÃ©s ya estaba listo para entrar a la secciÃ³n consular. Un rÃ¡pido escaneo (los guardias me reconocieron y me saludaron cordialmente) y ya estaba yo frente a la gorda, que estaba atendiendo a una chica china que querÃ­a una visa de turismo. Cinco minutos despuÃ©s la chinita se sentÃ³, frustrada, mientras la gorda me mandaba llamar por mi nombre y recogÃ­a mis papeles y mi cheque de caja por valor de 1400 pesos. EntreguÃ© mis papeles, me diÃ³ cita para la una de la tarde, y me preguntÃ³ si yo, que habÃ­a viajado tanto, no entendÃ­a mandarÃ­n&#8230; Le dije que no, pero que harÃ­a el intento.</p>
<p>La chinita, a quien llamarÃ© Lin, estaba estudiando espaÃ±ol e inglÃ©s, vivÃ­a en MÃ©xico porque habÃ­an transferido a su familia gracias a que su padre era algo muy importante de una empresa manufacturera china, y querÃ­a ir a conocer Vancouver y a su familia allÃ¡, aparentemente un primo lejano o algo asÃ­. Hablaba un inglÃ©s y un espaÃ±ol muy bÃ¡sicos, y si le hablaba lentamente y con tÃ©rminos sencillos podÃ­a entenderme y viceversa. Como la gorda me viera platicando con Lin, nos llamÃ³ a los dos y me explicÃ³ a mÃ­ quÃ© es lo que hacÃ­a falta para que le dieran a Lin su visa, y yo a mi vez tomaba los papeles de Lin y los introducÃ­a en la ranura correspondiente, para que la gorda los revisara.  Cuando llegamos a la forma migratoria 3 parecÃ­a que todo iba viento en popa. La gorda le dio cita a Lin a la una, y yo decidÃ­ acompaÃ±ar a Lin a desayunar algo. Siempre he sido muy caballeroso.</p>
<p>En el desayuno, que tuvo lugar en el mismo restaurante de ayer, pero sin mi primo, descubrÃ­ que Lin llevaba apenas un aÃ±o en MÃ©xico y que la mayor parte de ese aÃ±o se lo habÃ­a pasado encerrada en su casa de acuerdo a las costumbres chinas de no salir a la calle en una ciudad que no conoces o algo por el estilo. HacÃ­a cosa de tres meses habÃ­a entrado a un curso de espaÃ±ol y a uno de inglÃ©s, que llevaba al mismo tiempo, y le gustaba mucho el paÃ­s, y hasta la ciudad, porque sÃ³lo se movÃ­a a piÃ© por la zona en la que vivÃ­a. En la plÃ¡tica me enterÃ© de que al inÃºtil del padre lo iban a regresar a China a fin de aÃ±o pero ella no querÃ­a irse porque aquÃ­ estaba muy a gusto, y como ya era mayor de edad (iba a cumplir 19 aÃ±os en marzo) se querÃ­a quedar. Yo le ofrecÃ­ ayuda (ya me veo a fin de aÃ±o, pero en fin&#8230;) y ella me agradeciÃ³ mucho. Si puedo hacer de celestino, yo dirÃ­a que mi compadre Grillermo estarÃ­a encantado de conocer a esta chica.</p>
<p>Entre plÃ¡tica y plÃ¡tica dieron las doce y media, paguÃ© la cuenta, le regalÃ© a Lin un libro en espaÃ±ol que vÃ­ en la torre de libros junto a la caja (y yo me comprÃ© otro, para aprovechar) y  emprendimos el camino con rumbo a la embajada.</p>
<p>A la una, tras una revisiÃ³n igualmente exhaustiva que la anterior por parte de los guardias (hablarles como amigos y preguntarles cÃ³mo les va da buenos resultados en todos lados excepto en los Estados Unidos de AmÃ©rica)  Lin y este humilde narrador reingresamos a la secciÃ³n de inmigraciÃ³n. La gorda nos llamÃ³, me entregÃ³ mi sobre de exÃ¡menes mÃ©dicos (otra vez) y le dijo a Lin que se le habÃ­a otorgado una visa de una sola visita, entre abril y mayo, por 15 dÃ­as. Lin se alegrÃ³, dijo algo acompaÃ±ado de muchas inclinaciones de cabeza que yo le traduje a la gorda como &#8220;Te estÃ¡ muy agradecida&#8221; y ambos procedimos a retirarnos. En Presidente Masaryk parÃ© un taxi para Lin, que me agradeciÃ³ (pronunciando &#8220;gacias&#8221;) y se fue a donde queda su casa.</p>
<p>Yo decidÃ­ caminar por Homero y tomar el metro para ir a la terminal del norte. Dado que mi equipaje consistÃ­a en el mismo portafolios con el que lleguÃ©, y que no habÃ­a nada mÃ¡s que me detuviera, me larguÃ© cual viento fresco a eso de las 4 de la tarde. 7 horas despuÃ©s, ETN me depositaba en la nueva central camionera de Guadalajara, y Lilith pasÃ³ por mÃ­ a las 11:00 de la noche, justo despuÃ©s de que ella saliera de su turno en el hospital civil.</p>
<p>Y se supone que no tenÃ­a nada quÃ© contar&#8230;</p>
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		<title>Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (y ix)</title>
		<link>http://cuarentaydos.org/2007/01/24/dr-maybrick-ph-d-aftermath-y-ix/</link>
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		<pubDate>Wed, 24 Jan 2007 21:59:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Apenas haberme sentado en el shuttle desde el Best western hasta el aeropuerto, miré hacia mi izquierda&#8230; y me encontré con una sorpresa.
 Una gorra. Una gorra de un concierto de Toto. Igualita a la que había usado yo la noche anterior. Incluso tenía una marca en forma de JM estilizada igual a la que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Apenas haberme sentado en el shuttle desde el Best western hasta el aeropuerto, miré hacia mi izquierda&#8230; y me encontré con una sorpresa.</p>
<p><span id="more-911"></span> Una gorra. Una gorra de un concierto de Toto. Igualita a la que había usado yo la noche anterior. Incluso tenía una marca en forma de JM estilizada igual a la que yo dejo en mis gorras. Y es que, claro, era la misma gorra que había usado la noche anterior.</p>
<p>Carajo&#8230;</p>
<p>Me pregunto cuántos pasajeros pudieron haber tomado la gorra y no lo hicieron simplemente porque estaba en el asiento de hasta atrás y ellos no se suben a esos lugares.</p>
<p>En fin. Me bajé, deposité un par de billetes a manera de propina para el conductor (no todos los días un chofer negro me lleva al aeropuerto; les digo que me salió el racista que todos llevamos dentro), y en lugar de dirigirme a la terminal internacional, como ya se encaminaba Lilith, me dirigía la estación del MARTA. Lilith me siguió con esa docilidad que sólo tiene cuando no sabe dónde está, mientras yo compraba un par de boletos del MARTA de ida y vuelta. Llegamos a la terminal, me trepé al primer tren que vi y Lilith me siguió. Acto seguido me preguntó si sabía hacia dónde íbamos.</p>
<p>No es que hubiera mucho problema. El MARTA, el metro de Atlanta, sólo tiene dos ramales y medio: este-oeste, y norte-sur A y B, y todos llegan al centro, que es a donde yo quería llegar. Asíque el tren se movió a su debido tiempo y en cosa de 6 estaciones ya estábamos en el downtown de Atlanta. Con toda la autoridad que me fue posible obtener, dije: &#8220;Vamos  por aquí&#8221; y salimos de la estación con rumbo a un centro comercial subterráneo muy interesante y lleno de negros donde, maravilla de las maravillas, encontré por fin a dos blancos, una latina y a un chino. Ya esperaba yo que tales cosas no existieran en Atlanta pero por fortuna estaba yo equivocado. Siguiendo el mapa mental que me había trazado gracias al internet, me dirigíhacia lo que yo esperaba que fuera el Museo de la Coca Cola, en el número 55 de la avenida Martin Luther King. Y afortunadamente lo era. Ahí estaba el símbolo del imperialismo yanqui en todo su esplendor, y allá fuimos raudos y veloces Lilith y yo, cual chiquillos (por eso no habíamos llevado a nuestras crías, caramba&#8230;). Pagué la admisión, cuando el tipo de la entrada se enteró de que éramos mexicanos nos felicitó efusivamente, diciéndonos que gracias a nosotros la Coca Cola era lo que era (no en vano México es el primer lugar en consumo de dicho brebaje en el mundo, con los EUA en tercer lugar. Curiosamente, el segundo lugar lo ocupa Islandia&#8230;). No tuve el valor para decirle que yo soy bebedor habitual de Pepsi&#8230;</p>
<p>La cosa es que entramos y, como chiquillos que éramos, Lilith y y nos pasamos visitando todo el museo. Yo traducía al español en tiempo real (o algo así) mientras veíamos películas, anuncios, afiches y propaganda varia. Hasta me díel lujo de traducirle a otros compatriotas en la reproducción auténtica de una fuente de sodas en la cual se preparaba Coca Cola a la manera tradicional de los inicios del siglo XX. Eso sí, me temo que fallé una pregunta. Cuando el tipo me preguntó si sabía cuál era el sabor preferido por los americanos para agregarle a sus bebidas, dije yo que vainilla&#8230; y el tipo se me quedó viendo con cara de &#8220;Carambolas, usted no es americano ni de casualidad.&#8221; Entonces dije &#8220;Ah, usted se refiere a los americanos de los Estados Unidos&#8221; y movió la cabeza en sentido afirmativo, como diciendo &#8220;Duh&#8230;&#8221; tras lo cual dije &#8220;Cereza&#8221; y al tipo se le iluminó el rostro. Procedió a mostrar cómo se preparaba la cocacola con extracto de cereza (un sabor al que no creo poder acostumbrarme) y nos dijo que lo mejor era probar la cocacola envasada en cristal, como en México. Yo estuve de acuerdo. Un rato después ya estábamos en el siguiente piso, donde nos informaron que podríamos catar todas y cada una de las variedades de cocacola existentes en Estados Unidos y además, una selección de los mejores sabores de bebidas fabricadas por The Coca Cola Company o sus subsidiarias en el mundo. México está orgullosamente representada por la Manzana Lift.</p>
<p>Lo diré de esta manera. Si alguien me hubiera apretado la panza, la espuma me hubiera salido por las orejas.</p>
<p>Descendimos a la planta baja, donde aprovechamos para pasar por la tienda de regalos (porque no había forma de no pasar por la tienda de regalos). Lilith compró una enorme cantidad de chucherías y varios objetos navideños que, por fortuna, tenían descuento. Ya estaba pensando yo en el sobrepeso que iba a pagar en el avión. Terminé comprándome (para no dejar) un mousepad en forma de corcholata, un paquete de cartas, una pluma y un llavero. Si Hugo Chávez me viera&#8230;</p>
<p>Vi entonces el reloj. Ya era peligrosamente tarde (la una de la tarde, y el vuelo salía a las 5, por lo que habría que estar en el aeropuerto a las 2:30 a mas tardar) asíque nos fuimos al MARTA y tomamos rumbo al aeropuerto. Retiramos las maletas del portaequipaje y fuimos a Delta a documentar (y caray, me alegré de haber llegado tan temprano, porque había una cola tan grande que parecían tres).</p>
<p>Y esperamos.</p>
<p>Y esperamos.</p>
<p>Y luego esperamos un poco más.</p>
<p>A las 4:25 de la tarde pudimos documentar las cuatro maletas, por fortuna sin pagar sobrepeso. También nos indicaron que el avión saldría a tiempo. No pudimos entrar al food court a comer algo porque no teníamos tiempo, asíque entramos directamente a migración y aduanas. Pasamos sin problemas, aunque yo me tuve que quitar los zapatos, el chaleco, la gorra, los lentes, el reloj, la cartera, el fajo y si no me hicieon quitarme los pantalones fue porque no querían ver miserias. Para cuando llegamos a la sala que nos tocó (la última sala de la última sección, hasta el fondo) faltaban 5 minutos para que saliera el vuelo. Pero todo estaba muy calmado&#8230;</p>
<p>&#8211;¿Ya salió el vuelo? &#8211;pregunté en mi mejor inglés británico.<br />
&#8211;Acaba de partir uno. ¿cuál era el suyo?<br />
&#8211;El número tantos con destino a Guadalajara.<br />
&#8211;El que salió fue el número equis con rumbo a México. El suyo tiene una hora de retraso.</p>
<p>Albricias. Dejamos las maletas en un asiento disponible y literalmente corrimos hasta el food court, donde la cola más breve y rápida era la que estaba en un Wendy&#8217;s. Terminamos comiendo esas hamburguesas de carne cuadrada. Regresamos a las 5:30 a la sala. Apenas poner un pie en ella y anunciaron que el avión iba a salir. Perfecto. Tomamos las cosas, nos subimos al avión, y disfrutamos de la comodidad del sillón&#8230; cuando el piloto anunció que el despegue se retrasaría porque, caray, porque alguien había subido las maletas equivocadas.</p>
<p>Esperamos una hora hasta que el piloto por fin nos dijo que íbamos a despegar. A las 6:30 tomábamos posición de espera&#8230; y (carajo) nos avisaron que tendríamos que esperar a que la torre nos diera permiso de acercarnos a la pista. A las 7:12 el avión por fin despegaba las ruedas del suelo.</p>
<p>Seguramente el piloto tenía ganas de llegar a Guadalajara, poque llegamos a las 9:15 hora local, cuando el vuelo duraba 3:45 horas. Se vino en línea recta el avión, caray&#8230; Total que desembarcamos con un mínimo de problemas y pasamos migración con menos problemas aún. Al pasar aduanas nos tocó semáforo verde, por lo que pasamos como Pedro por su casa. Evidentemente, con tantos problemas, no esperaba que nadie fuera por nosotros al aeropuerto (en especial porque les había dicho que llegábamos hasta el día siguiente) y contraté una camioneta para que nos llevara a la casa.</p>
<p>Llegamos a las 10:30, y me sorprendió un tanto ver la luz de la cocina prendida. Entré dando un grito de &#8220;¡Pónganse todos los pantalones que ya vine!&#8221; y para mi sorpresa se me aventó encima Holi entre gritos de alegría. Tanto grito terminó por despertar a los gemelos y a atraer a Jay y a Nirvana, que ya estaban cabeceando. El sueño se les espantó, evidentemente, y tuve que entregarles sus regalos.</p>
<p>Tras todo eso, me acosté para quitarme los zapatos en posición más cómoda&#8230; y me quedé dormido. Lilith hizo lo mismo, a juzgar por el hecho de que ambos nos levantamos al día siguiente con la misma ropa con la que llegamos. Para nuestra sorpresa, de la cocina llegaba un olor muy agradable. Conociendo que las habilidades culinarias de Holy y de Cata son más bien nulas por falta de práctica, supuse que en la cocina debía estar la troupé Ruiz cocinando. Y sí, efectivamente, estaban cocinando mis tías, mi madre y mi prima la Manzana algo que en otras latitudes podría pasar como buffet mientras que en casa era sólo el desayuno. Era para atender a los dos doctores que habían llegado de conquistar tierras extrañas, uno como historiador y otra como médico.<br />
Así terminan mis andanzas por aquellas risueñas tierras madrileñas, pero, como siempre en las grandes narraciones, ésta historia continuará. De una u otra forma, pero continuará.</p>
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		<title>Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (viii)</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Jan 2007 00:59:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Iba yo tranquilamente caminando por el Paseo de la Castellana cuando de pronto llegué al Pequeño Manhattan y de ahí, al Santiago Bernabéu. Y me dije a mímismo, &#8220;Mímismo, aunque no haya juego, puedes decir que ya estuviste en el Bernabéu.&#8221; La tienda de regalos estaba abierta y me traje una gorra para mi colección. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Iba yo tranquilamente caminando por el Paseo de la Castellana cuando de pronto llegué al Pequeño Manhattan y de ahí, al Santiago Bernabéu. Y me dije a mímismo, &#8220;Mímismo, aunque no haya juego, puedes decir que ya estuviste en el Bernabéu.&#8221; La tienda de regalos estaba abierta y me traje una gorra para mi colección. Regresé al aparthotel, no sin antes zamparme en el camino un bocata de chorizo y una coca-cola (símbolo del imperio, que diría Chávez).</p>
<p><span id="more-910"></span> Lilith me esperaba. Tenía la intención de celebrar mi doctorado, a juzgar por el hecho de que había puesto a enfriar una botella de vino espumoso baratón y había comprado una charola de carnes frías y quesos selectos. Básteme decir que todavía hasta hace unos días tenía yo el temor de que la Famiglia aumentara, pero la Diosa Fortuna nos sonrió por una vez.</p>
<p>A la mañana siguiente nos levantamos temprano y nos dirigimos, en medio de una agradable temperatura de 8 grados sobre cero, con rumbo a Barajas. Yo tenía la firme intención de vender mi boleto de avión si se daba la oportunidad, pero ¡Caray! Air Madrid despegaba de otra terminal. En el camino una curiosa congregación de chiquillas de diversos pelajes, colores y tamaños nos recibió, preguntándome en un inglés tan bueno como un burro en bicicleta si les podía ayudar a contestar una tarea para el cole. Supongo que nos vieron cara de guiris, asíque aprovechamos para ayudarles y reirnos un rato. Contesté yo que sí, entonces, y me preguntaron mi nombre.<br />
&#8211;James Maybrick&#8230;<br />
&#8211;¿An jau du yuspél it?<br />
&#8211;jota a eme e ese eme a yé be erre i ce ka.<br />
&#8211;ah, vale&#8230; ¿güer ar yúfron?<br />
&#8211;South Park, Colorado.<br />
&#8211;¿Du yu laik or contri?<br />
&#8211;Yeah &#8211;y con tono de maestro de ceremonias de &#8220;Cabaret&#8221;&#8211; It&#8217;s Beauuutiful.<br />
&#8211;¿Uat uas yur favorit fud?<br />
&#8211;Paella, but of course&#8230;<br />
&#8211;¿Uil yu com aguéin?<br />
&#8211;Will you invite me?<br />
&#8211;¿Yes?<br />
&#8211;Okay, I&#8217;ll be back.<br />
&#8211;¿Mai ai teik a picshur uityú?<br />
&#8211;Yeah, why not?<br />
&#8211;¡Gracias!<br />
&#8211;¡De nada!<br />
&#8211;¡Ah! ¿habla castellano?<br />
&#8211;¡Claro! Y ustedes necesitan mejorar su inglés, pero van muy bien. Me saludan a su miss en el cole, ¿vale?<br />
&#8211;¡Vale! &#8211;y se fueron a buscar a otra víctima.<br />
A continuación llegó una nube de chiquillos a proponer lo mimso. Como supongo que eran de la misma escuela, les propuse a ellos que entrevistaran a Lilith, pero les advertíque como ella hablaba en griego yo les iba a traducir.<br />
&#8211;Vale. ¿Cómo se llama?<br />
&#8211;Lilith Miktas Palatinaikos.<br />
&#8211;Vaaaale, qué nombre tan guay&#8230; ¿De dónde es?<br />
&#8211;Atenas, Grecia.<br />
&#8211;¿Le gustó España?<br />
&#8211;Kala Christougenna Kieftihismenos&#8230; (Feliz Navidad)<br />
&#8211;¿Qué dijo?<br />
&#8211;Que le gustó mucho vuestro país.<br />
&#8211;Ah, vale&#8230; ¿y qué fue lo que más le gustó?<br />
&#8211;Kala Kenourios Chronos&#8230; (Feliz año nuevo&#8230;)<br />
&#8211;El jamón serrano&#8230;<br />
&#8211;Ah, vale&#8230; ¿y piensa volver a España?<br />
&#8211;Kyrie Eleison, koina glossa&#8230; (Señor, ten piedad&#8230; en lengua común)<br />
&#8211;Que espera volver, y muy pronto.<br />
&#8211;Ah, vale&#8230; ¿puedo tomarme una foto con ustedes?<br />
&#8211;Elenchi (refutable)<br />
&#8211;Claro&#8230;<br />
Y nos tomamos la foto con el niño. Por fortuna, antes de que llegara el tercer grupúsculo de colegiales a pedirnos una entrevista, pasamos al mostrador de Delta.</p>
<p>Claro estáque en España las cosas son diferentes. Al contrario que en los Estados Unidos, aquíuna maleta llevaba sobrepeso, mientras que otras dos no lo llevaban. Pues en el mostrador nos ayudaron a acomodar el contenido de las maletas para que ninguna llevara sobrepeso, y ya está. Las cuatro maletas se fueron perfectamente documentadas (yo aún me asombro del hecho de que llegamos con DOS maletas y se fueron CUATRO) tomamos nuestro equipaje de mano y nuestros boletos y nos lanzamos con rumbo al punto de embarque. Lo malo fue que, justo en el punto donde nos verificaron nuestros pasaportes (y de nueva cuenta no me dijeron ni pío ni por mi cara ni por mi nacionalidad ni mucho menos por mi nombre, lo cual agradezco infinitamente), dimos vuelta a la derecha cuando resultaba que el punto de embarque estaba justo enfrente de la puerta. Bueno, un error lo tiene cualquiera.</p>
<p>De cualquier modo entramos a un duty free a ver cosas que ni necesitamos ni queremos comprar, con una excepción: vinos y licores. Claro está que lo que siempre busco nunca aparece. Me refiero al vino de hielo, que por ser fino, caro y escaso no aparece ni de casualidad en la mayor parte del mundo excepto en Alemania y Canadá. Un rato después, en la puerta de embarque, cómodamente sentados, yo tratando de obtener una conexión gratuita a internet y Lilith comprando una botella de agua en una máquina despachadora, nos dijeron que el vuelo tendría un ligero retraso mientras se le cambiaba un filtro de aceite o algo asía uno de los motores. Finalmente logré conectarme (aunque brevemente) desde el aeropuerto, envié cuatro correos, publiqué mi despedida de tierras madrileñas y justo en ese momento, se cortó la comunicación, le tiraron el agua a Lilith, y anunciaron que el vuelo iba a ser abordado.</p>
<p>Y abordamos, Lilith enojada porque le habían tirado su botella de agua de medio litro y un euro y medio, y yo enojado porque no alcancé a comprar otra botella para mícuando nos tocó entrar. Por cierto que una niña de la ciudad de México se me acercó a preguntarme asícomo quien no quiere la cosa (y en inglés) si no era yo Michael Moore. Era evidente que ya me hacía falta una afeitada y bajare la panza&#8230;</p>
<p>El vuelo partió sin contratiempos a eso de las dos de la tarde. Le tomé una foto final a un avión de Air Madrid que estaba cubriéndose de polvo en las inmediaciones y acto seguido apagué el celular. Del vuelo ya no me acuerdo gran cosa. Estaba yo muy ocupado contando las veces en que un chiquillo suizo iba de adelante para atrás a gatas por el piso del pasillo (48 veces) buscando un zapato que él mismo aventaba por debajo de los asientos. Y no había forma práctica de regañar al niño, que hablaba en alemán (idioma endemoniado del cual sólo se decir sauerkraut y Deustche Welle). Hasta que un pasajero, enojado, tomó el zapato y lo lanzó al otro pasillo del 767. Aquello fue el acabose, y el pasajero y los padres del niño se enfrascaron en una discusión al respecto en el cual ninguno de los dos lados pudo comprender a su interlocutor. Creo que hasta pude identificar al flight marshall, y de no ser porque estábamos a mitad de la nada, porque el chiquillo del demonio ya traía hartos a todos, seguramente nos hubieran hecho descender en algún aeropuerto para desalojar a los suizos. La neutralidad suiza y la carabina de Ambrosio es lo mismo, yo sé lo que les digo.<br />
Como venganza, cuando el avión descendió en Atlanta los suizos fueron cuidadosamente escoltados con rumbo a la zona de aduanas. Ignoro si los habrán regresado o si los admitieron (supongo esto último) pero el resto de los pasajeros casi aplaudimos.</p>
<p>La llegada a Atlanta fue sin contratiempos y a una temperatura agradable de 18 grados. Pasamos aduana muy fácilmente y sin problemas, el vista incluso trató de practicar su español conmigo, y me preguntó si era bueno visitar España, a lo cual yo le indiqué que pidiera vacaciones y se fuera allá a conocer mundo. En cinco minutos ya estábamos oficialmente dentro de Gringolandia. Y entonces sucedió algo curioso, que nunca me había sucedido en mi vida: apenas recogimos las maletas tuvimos que volver a depositarlas para que se las llevaran.</p>
<p>Debo decir que era mi primera vez en Atlanta, y por tanto desconocía el funcionamiento de esa estructura que llaman aeropuerto. Resulta ser que aterrizamos en el último bloque, y que para poder llegar a la salida debíamos ingresar a un tren ligero subterráneo y automatizado. Evidentemente, el tren es para las personas, no para las maletas, asíque las maletas se entregaban en un lado para que se fueran en otro tren con rumbo a la terminal, y allá nos encontraráamos.</p>
<p>Y efectivamente, allá nos encontramos. El vuelo a Guadalajara salía al día siguiente, asíque hice la opción obvia: deposité las maletas en un guardaequipaje (previo desembolso de 48 dólares) y con sólo el equipaje de mano Lilith y yo fuimos a buscar un hotel. Y entonces apareció la opción obvia: el tablón de anuncios del aeropuerto. Una llamada nos indicó cómo salir y a dónde ir, qué shuttle tomar y cuánto nos iba a costar la noche. Y allá fuimos.</p>
<p>El shuttle del hotel Days Inn, que era el que me había llenado el ojo porque el anuncio era el más despejado, ya había partido. Y me senté a esperar al siguiente &#8220;vuelo&#8221; mientras Lilith veía anuncios en inglés y me preguntaba qué significaba alguna palabra que no entendía. En eso estábamos cuando llegó una negra descomunal. Yo creo que era más fácil brincarla que darle la vuelta. Me acordé de doña Eufrosina, la mamá de Memín Pinguín. Con el más puro acento de un negro que ha salido en el Show de Maury Povich, me dijo:<br />
&#8211;What are you waiting for, honey?<br />
&#8211;The Days Inn Shuttle.<br />
&#8211;Which one? There are four o&#8217;them, north, south, east, west&#8230; Why don&#8217;t you come with me to the Best Western, hon? It&#8217;s cheaper, it&#8217;s nearer, it has free breakfast and free internet access for just 38 bucks a night&#8230;<br />
&#8211;Okay, let&#8217;s go then&#8230;<br />
Me convenció lo del desayuno gratis. Y allá fuimos. Nos subimos al shuttle, saludamos a otras dos pasajeras japonesas (me dijeron konbanwa, y yo respondíde igual manera junto con una inclinación de la cabeza), dejé mi gorra y mi maleta de mano en un asiento, tomé la maleta de Lilith y la puse en otro asiento, besé a Lilith, y Aunt Jemima cerró la puerta del shuttle y nos fumos por esas calles que sólo quienes trabajan en un aeropuerto conocen.</p>
<p>Y llegamos al Best Western, y bajé todo, y luego bajé a Lilith, y me despedíde las japonesas con un oyasuminasai.</p>
<p>De verdad, me salió el racista que todos llevamos dentro. Al mío lo llamo Adolf. Estar rodeado de tantos negros (y negros negros, de esos que más que personas parecen negativos fotográficos) en pleno Sur norteamericano, y que todos me obedecieran (aunque fuera con billetes de por medio) siendo yo blanco y barbado, me hizo sentirme como esclavista. Qué asco me doy a veces. Total, que pagué mis 38 dólares, nos dieron una habitación en el quinto piso, pedíde cenar vía telefónica (es lo que tienen los hoteles gringos, que Pizza Hut y Domino&#8217;s Pizza tienen servicio a la habitación) y nos acostamos a ver la BBC America (pasaban Who&#8217;s Line is it Anyway, con la actuación estelar de Stephen Fry).</p>
<p>A la mañana siguiente despertamos temprano. Eran las 8 de la mañana y ya estábamos desayunando (gratis) en el mini restaurant del hotel, de donde partimos temprano con rumbo al aeropuerto cargados de maletas. El Shuttle llegó a las 8:45, y partimos sólo Lilith y yo.</p>
<p>Me senté en el mismo asiento que había utilizado la noche anterior (era donde mejor cabía yo) y me encontré con una sorpresa&#8230; la cual contaré mañana.</p>
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		<title>Feliz cumpleaÃ±os, Flaca</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jan 2007 21:59:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Donde quiera que estÃ©s, recuerda que te queremos y tu hija te extraÃ±a horrores.

Y para quienes llegaron tarde a la noticia, aparentemente la Flaca se encuentra varada en Schiphol, donde perdiÃ³ un aviÃ³n por culpa del mal clima. Y parece ser que se lo estÃ¡ pasando estupendamente bien&#8230;
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Donde quiera que estÃ©s, recuerda que te queremos y tu hija te extraÃ±a horrores.</p>
<p><span id="more-906"></span></p>
<p>Y para quienes llegaron tarde a la noticia, aparentemente la Flaca se encuentra varada en Schiphol, donde perdiÃ³ un aviÃ³n por culpa del mal clima. Y parece ser que se lo estÃ¡ pasando estupendamente bien&#8230;</p>
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		<title>Dr. Maybrick, Ph. D., aftermath (vii)</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jan 2007 22:37:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[La costumbre en la San Pablo CEU es que Ãºnicamente el graduado, el jurado y el director de tesis vayan al festÃ­n en honor al nuevo doctor.

Por tanto, Lilith y la coordinadora del doctorado se fueron por su cuenta a celebrar en mi honor (supongo que a un lupanar de esos que por estos lados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La costumbre en la San Pablo CEU es que Ãºnicamente el graduado, el jurado y el director de tesis vayan al festÃ­n en honor al nuevo doctor.</p>
<p><span id="more-898"></span></p>
<p>Por tanto, Lilith y la coordinadora del doctorado se fueron por su cuenta a celebrar en mi honor (supongo que a un lupanar de esos que por estos lados les llaman chippendales) mientras yo me encaminaba junto con mi director del tesis al Cuatro Estaciones. De los colados no supe mÃ¡s. La coordinadora del doctorado, por cierto, es una niÃ±a tapatÃ­a y abogada ella, muy agradable y de la UdG, que estÃ¡ estudiando dos doctorados al mismo tiempo. No tiene vida social y le hace mucha falta. Y no es porque no tenga con quiÃ©n: simplemente no quiere. El primero de los dos colados la saludÃ³ con una familiaridad que Ãºnicamente he visto entre Ed y su novia, caray&#8230;<br />
Pero esto no es para hablar de mi coordinadora, no. Es mi blog y por tanto voy a hablar sobre mÃ­. DecÃ­a yo que este humilde narrador y sus seis alegres colegas nos fuimos al Cuatro Estaciones a disfrutar de la buena mesa. Bueno, el Ãºnico que no la disfrutarÃ­a plenamente serÃ­a yo, y no me refiero precisamente a la cuenta. Mi director de tesis y yo nos fuimos en su automÃ³vil (no en el de usted, lector, en el de mi director de tesis), y enfilamos rumbo a  la calle del general IbÃ¡Ã±ez , en un trayecto que se me antojÃ³ mÃ¡s rÃ¡pido caminarlo que conducirlo.<br />
El Cuatro Estaciones es un restaurante al que en circunstancias normales no hubiera entrado ni de casualidad, pero al que ahora acudÃ­a guiado por el instinto de manada. Cuando entramos la mesa ya estaba reservada y nos atendiÃ³ un camarero con un acento espaÃ±ol tan cerrado que por las maÃ±anas debÃ­a abrirlo con llave inglesa.</p>
<p>Nos sentamos a la mesa (tomÃ© rÃ¡pidamente un asiento en una esquina que me permitiera extender mi brazo y mi pierna derechas en caso de emergencia) y el resto de mis nuevos colegas se sentaron entre risas, bromas, chanzas y chistes. Las conversaciones eran de una profundidas que me aterraba, y sÃ³lo recuerdo que cuando alguien me preguntÃ³:<br />
&#8211;Â¿Y quÃ© opina de la bolsa, mi amigo?<br />
Y yo respondÃ­:<br />
&#8211;Ah, ni me lo recuerde. Ayer, para mÃ¡s seÃ±as, se me rompiÃ³ Ã©sta&#8230;</p>
<p>En eso llegÃ³ el camarero con la carta. EmpecÃ© a sospechar algo cuando vÃ­ que el menÃº decÃ­a &#8220;Especial San Pablo CEU&#8221; pero lo dejÃ© pasar. Y entonces comenzÃ³ mi horror. El Cuatro estaciones es comida mediterrÃ¡nea, y abundan los pescados y mariscos en la carta. Lo cual plantea un curioso problema en mi caso: yo soy alÃ©rgico a los mariscos. Cuando estoy especialmente sensible, me lleno de unas curiosas pÃºstulas rojas que recuerdan al sarampiÃ³n. Y la carta especial estaba llena de esas cosas, caray. Ensalada de bogavante, merluza, atÃºn rojo&#8230; vi un filete tÃ¡rtaro y estuve a punto de pedirlo pero tuve una mejor idea. Le preguntÃ© al mesero (que tras escucharlo hablar perdiÃ³ la categorÃ­a de camarero) y le preguntÃ© si tendrÃ­an, de pura casualidad, algÃºn suculento solomillo. Al escuchar la respuesta afirmativa, le dije que me lo trajera bien hecho. Me dijo que ese platillo no estaba incluÃ­do en el menÃº que nos habÃ­an traido, tras lo cual le dije que me importaba un carajo porque yo era el que habÃ­a pagado. aunque lo dije de manera un tanto distinta y en voz mÃ¡s bien baja:<br />
&#8211;Caballero, soy quien hizo la reservaciÃ³n y quien va a pagar la feroz cuenta, y ademÃ¡s soy alÃ©rgico a los mariscos, por lo que me considero en el derecho de obtener la atenciÃ³n que se espera de un restaurant de Ã©sta categorÃ­a. AdemÃ¡s, su ayuda serÃ¡ recompensada.</p>
<p>Creo yo que la palabra operativa fue &#8220;recompensa&#8221; porque el mesero se moviÃ³ con una velocidad inusitada y confirmÃ³ el platillo con el chef (con el cocinero, pues, sÃ³lo que de alta categorÃ­a). y en poco tiempo disfrutaba yo de un suculento solomillo con un sufle de papas. Los dos estaban para morirse. Yo veÃ­a pescados y mariscos por todos lados y yo realmente no sÃ© cÃ³mo agradecerles a ustedes, devoradores de frutos del mar, que dejen libres para los carnÃ­voros solomillos tan exquisitos como Ã©ste. Mis respetos al chef y al ganadero.</p>
<p>El pantagruÃ©lico banquete estuvo abundantemente regado con vinos de dudosa procedencia, cortesÃ­a del mesero (le dije que de las botellas que le pidiÃ©ramos se reservara una para Ã©l y sirviera una de calidad bastante inferior), y a los doctos doctores les importÃ³ mÃ¡s bien una chingada que la Ãºltima botella fuera producto de los viÃ±edos de ChatÃªau Radiateur y tuviera ese sabor a Ã¡cido de baterÃ­a que sÃ³lo las personas mÃ¡s exigentes y los paladares mÃ¡s finos y educados solicitan en su bebida. De paso el mesero quedÃ³ muy contento con su botella de vino fino y yo me evitÃ© darle propina.</p>
<p>Mientras tanto las conversaciones sobre lo parecidos que Ã©ramos los mexicanos y los espaÃ±oles continuaban. En una de esas el cuarto doctor me preguntÃ³ cuÃ¡ndo me nacionalicÃ© mexicano, y yo le dije que nunca.<br />
&#8211;Â¿Entonces no es usted mejicano?<br />
&#8211;SÃ­ lo soy, doctor.<br />
&#8211;Â¿Pero no era usted inglÃ©s?<br />
&#8211;No que yo sepa, doctor. Siempre he sido mexicano.<br />
&#8211;Â¿En dÃ³nde dice usted que naciÃ³?<br />
&#8211;En Palermo, Sicilia.<br />
&#8211;Entonces es usted italiano, no inglÃ©s.<br />
&#8211;No, doctor. Soy mexicano.<br />
&#8211;Pero si usted no naciÃ³ en MÃ©xico&#8230;<br />
&#8211;Pero mis padres son mexicanos.<br />
&#8211;Estoy un poco confuso.<br />
&#8211;No se preocupe, doctor, yo lo estoy desde que nacÃ­. Soy un mexicano nacido en el extranjero pero soy mexicano de pura cepa&#8230;</p>
<p>Los demÃ¡s doctores nada mÃ¡s veÃ­an al cuarto doctor tratando de hacer cuentas con los dedos y la quinta doctora me confiÃ³ que el doctor ya chochea.</p>
<p align="left">Finalmente me llegÃ³ la feroz cuenta. SaquÃ© el recibo para ver la cifra: 560 euros incluyendo impuestos y vinos. Estuve a punto de comentar si alguien habÃ­a roto una vajilla, pero me mordÃ­ la lengua y depositÃ© mi tarjeta de crÃ©dito negra en la ranura correspondiente de la terminal, que para mi desilusiÃ³n la aceptÃ³ sin rechistar.
</p>
<p align="left">Salimos del Cuatro Estaciones cuando ya oscurecÃ­a y mi director de tesis se ofreciÃ³ a llevarme al aparthotel. AceptÃ©. Llegamos con mucha rapidez a pesar de tanta obra (y conocÃ­ partes de la ciudad que no existÃ­an cuando era niÃ±o, con eso les digo todo) y procedÃ­ a desprenderme del uniforme de doctor para colocarme el de turista.</p>
<p align="left">Y me lancÃ© a caminar por el paseo de la Castellana simplemente para ver a dÃ³nde llegaba&#8230;</p>
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		<title>Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (vi)</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jan 2007 01:57:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[LlegÃ³ el gran dÃ­a. El dÃ­a cuchicuchesco. El dÃ­a de la verdad. El dÃ­a en que entraba el maestro James Maybrick y, en caso de defender con Ã©xito las posturas expuestas en su tesis, saldrÃ­a el Doctor James Maybrick, doctor en Historia Iberoamericana.

Nos levantamos a las 8 de la maÃ±ana y desayunamos en Rodilla porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LlegÃ³ el gran dÃ­a. El dÃ­a cuchicuchesco. El dÃ­a de la verdad. El dÃ­a en que entraba el maestro James Maybrick y, en caso de defender con Ã©xito las posturas expuestas en su tesis, saldrÃ­a el Doctor James Maybrick, doctor en Historia Iberoamericana.</p>
<p><span id="more-895"></span></p>
<p>Nos levantamos a las 8 de la maÃ±ana y desayunamos en Rodilla porque no tenÃ­a Ã¡nimos de desayunar en Starbucks y no habÃ­a un Vip&#8217;s a la mano. DebÃ­a estar en la San Pablo CEU a las 10 de la maÃ±ana, y allÃ¡ fuimos Lilith y su servidor por medio del Metro madrileÃ±o. Yo cuidÃ¡ndome de no tocar ninguna obra ni ninguna pared, porque iba Ã­ntegramente vestido de negro. Negros los zapatos, negros los calcetines, negro el pantalÃ³n, negra la camisa, negra la corbata, negro el saco, y negra la conciencia. Diversos tonos de negro, sÃ­, pero Â¿quÃ© hombre en su sano juicio es capaz de diferenciar entre negro grafito, negro medianoche, negro eclipse, negro perlado y hasta negro claro? (dije hombre: los gays no cuentan em este caso). Yo me limitÃ© a ponerme lo que Lilith me dijo y ya.<br />
Llegamos un poco adelantados, asÃ­ que aprovechÃ© para comprar El PaÃ­s y El Mundo (si hubiera periÃ³dicos llamados La Ciudad y La Provincia tambiÃ©n los hubiera comprado) en el quiosco que estaba a dos cuadras de la universidad. Como era de esperarse, que fue la razÃ³n fundamental por la cual comprÃ© los periÃ³dicos, mi director de tesis, los sinodales y el presidente del jurado llegaron inmediatamente despuÃ©s que yo, sin darme tiempo de leer mÃ¡s que el nombre de cada diario. Aprovechando que ya estÃ¡bamos todos reunidos, ingresamos al salÃ³n correspondiente, que estaba junto a la capilla, que a su vez estaba junto a la tienda de regalos, lo que no me deja de parecer algo extraÃ±o. Yo siempre con mi palillo de dientes en la boca, entrÃ© penÃºltimo y mi director de tesisi cerrÃ³ la puerta detrÃ¡s de Ã©l. Me acomodÃ© en el escritorio ubicado a la izquierda del presidium, junto con una pila de papeles sumamente impresionante que habÃ­a llevado sÃ³lo para apantallar (1500 pÃ¡ginas tamaÃ±o A4, la mayor parte provenientes de tres resmas de papel en blanco que comprÃ© especialmente para la ocasiÃ³n), la copia de mi tesis empastada en imitaciÃ³n autÃ©ntica de falsificaciÃ³n genuina de copia original de fina piel de Rusia a base de vinilo, una botella de agua mineral (que en MÃ©xico es simple agua embotellada, lo que no deja de sorprender a mis compatriotas cuando piden agua mineral y les traen una botellita de agua comÃºn y corriente, sin minerales ni burbujas) y un cronÃ³metro.</p>
<p>El presidente se sentÃ³ al centro, los cuatro sinodales a sus lados (dos a la derecha, dos a la izquierda), a su izquierda una cruz grande con una cruz mÃ¡s pequeÃ±a que representaba&#8230; dos cruces una sobre la otra, creo&#8230; (ejem&#8230;)  y a su derecha un retrato chiquito del Rey Don Juan Carlos I de EspaÃ±a.  Todos estuvieron hablando un poco entre ellos hasta que el presidente del jurado dijo que iniciaba la sesiÃ³n.</p>
<p>Y, evidentemente, diÃ³ inicio la sesiÃ³n.</p>
<p>Tras pontificar un rato sobre el hecho de que la historia era esto y aquello y que MÃ©xico y EspaÃ±a tenÃ­an mucho mÃ¡s en comÃºn que la lengua castellana y las corridas de toros, el presidente del jurado me cediÃ³ la palabra para que expusiera el tema central de mi tesis. Le dÃ­ un leve toque al cronÃ³metro para ponerlo en marcha, porque pretendÃ­a no excederme de los diez minutos. DebÃ­ haberme grabado. No es por falsa modestia, pero estuve genial. Como todas las cosas que hago, claro estÃ¡. Y comencÃ© con algo que sonaba mÃ¡s o menos asÃ­:</p>
<blockquote><p>ExcelentÃ­smo doctor presidente del jurado. Honorables miembros del presidium. [etc.] Estimados amigos. La relaciÃ³n entre EspaÃ±a y sus colonias en AmÃ©rica fue tranquila y sin sobresaltos durante prÃ¡cticamente trescientos aÃ±os. La llegada de los conquistadores espaÃ±oles al continente americano introdujo un cambio fundamental en el orden establecido. DerribÃ³ imperios, arrasÃ³ con ciudades, y trajo enfermedades desconocidas para los pueblos de las AmÃ©ricas. Mas tambiÃ©n trajo cultura, orden y ley, algo en conjunto tan disÃ­mil a lo hasta entonces conocido que terminÃ³ por forjar una cultura distinta en todos los aspectos. A diferencia de los ingleses o los franceses, que sometÃ­an u obligaban a la poblaciÃ³n de sus colonias por la fuerza, los espaÃ±oles (no exentos de soberbia y vanidad en sus primeros aÃ±os de conquista) se mezclaron con la poblaciÃ³n y forjaron, desde adentro, una sociedad, una cultura que no era ni espaÃ±ola ni indÃ­gena, sino cien por ciento americana. Inspirada en los cambios europeos, la sociedad hispanoamericana veÃ­a a la metrÃ³poli no como un amo sino como a una madre, una especie de modelo a seguir. Y a la llegada del siglo XIX, EspaÃ±a se viÃ³ obligada a hacer lo que todas las madres desearÃ­an que nunca sucediera: dejar libres a sus hijos para que vivieran su propia vida.</p></blockquote>
<blockquote><p>Mas Ã©ste sÃ­mil, puramente romÃ¡ntico, dista mucho de ser lo que en realidad sucediÃ³. Un anÃ¡lisis detallado nos hace entender que fue una serie de errores sucesivos, cada uno insuficiente para derribar al vasto imperio espaÃ±ol, mas en conjunto capaz de minar los cimientos en que reposaba la frÃ¡gil estructura que era el orden colonial. Cuando Ã©sto sucede, y las colonias se liberan, la AmÃ©rica espaÃ±ola entra en una etapa tal de anarquÃ­a que los intentos por implantar el orden dan por resultado esquemas muy distintos de leyes. Los ataques que recibieron algunas colonias por parte de otras potencias contribuyeron a la forja de caracterÃ­sticas legales destinadas a proteger aquellos pilares dÃ©biles o a reforzar los pilares fuertes de la sociedad. La diferencia entre estas corrientes de pensamiento llevÃ³ a la diferenciaciÃ³n de la AmÃ©rica EspaÃ±ola que conocemos hoy en dÃ­a como AmÃ©rica Latina.</p></blockquote>
<blockquote><p>Como historiador, era para mÃ­ de sumo interÃ©s analizar este perÃ­odo desde una perspectiva histÃ³rica diferente que me permitiera comprender las circunstancias que moldearon a los paÃ­ses latinoamericanos. EstÃ¡ claro que debÃ­a concentrarme en un sÃ³lo paÃ­s y en un sÃ³lo perÃ­odo de tiempo, y decidÃ­ centrar mi tesis en la formaciÃ³n del gobierno y el cuerpo de leyes de MÃ©xico hasta culminar con la formaciÃ³n actual del Estado Mexicano. Mas un anÃ¡lisis tan detallado de un paÃ­s tan grande con una historia tan rica era tarea titÃ¡nica. El esfuerzo deberÃ­a ser enfocado a un Ã¡rea clave. Y Ã©sa Ã¡rea clave se encuentra tras la pÃ©rdida de la mitad del territorio mexicano ante los Estados Unidos de AmÃ©rica, en una guerra injusta y cruel de la que nuestro paÃ­s nunca se ha podido recuperar. Tras la pÃ©rdida de las amplias extensiones de tierra que hoy forman los estados de Texas, Nevada, Nuevo MÃ©xico, California, Utah, Colorado y OregÃ³n, y de las cenizas de un par de fallidos imperios mexicanos, emergiÃ³ un MÃ©xico renovado con todas las caracterÃ­sticas del MÃ©xico actual, con excepciÃ³n de la estabilidad polÃ­tica y nacional. Resulta imposible desligar este estudio de todos los aspectos sociolÃ³gicos, econÃ³micos y legales de aquellos aÃ±os en que mi paÃ­s estuvo sumido en la incertidumbre, donde las revoluciones y levantamientos eran el pan de cada dÃ­a, y donde para romper la frÃ¡gil paz social bastaba  la presencia de un caudillo reclamando, con apego a derecho o sin el apoyo de la Ley, su parte del premio por haber expulsado a los franceses de MÃ©xico, y derribado a un frÃ¡gil imperio dirigido por un mexicano, Maximiliano I, a quien condenaron a ser incomprendido por todas las generaciones del presente.</p></blockquote>
<blockquote><p>Y todo esto puede ser rastreado hasta sus orÃ­genes en manos de tres personas. Carlos III, que desperdiciÃ³ una oportunidad de oro que hubiera convertido a las colonias en provincias; Fernando VII, cuyas ansias de poder hicieron trizas el frÃ¡gil equilibrio entre los colonos leales a la corona y los colonos independentistas; y NapoleÃ³n III, a quien su afÃ¡n de dominaciÃ³n del mundo lo cegÃ³ ante lo evidente e inevitable: que las AmÃ©ricas eran diferentes. En este trabajo se analizan estos temas hasta su conclusiÃ³n, inevitable, que ha convertido a MÃ©xico en lo que es hoy en dÃ­a. Este trabajo se centra en los aspectos legales que forjaron dos constituciones mexicanas, la ConstituciÃ³n de 1857, en vigor durante la RepÃºblica Restaurada, y la actual ConstituciÃ³n de 1917, modelo de solidaridad y justicia que ha servido como ejemplo para otras naciones. Muchas gracias por escucharme, seÃ±or presidente.</p></blockquote>
<p>Si pensaba yo que iba a durar sÃ³lo 10 minutos, me equivoquÃ©. DurÃ© exactamente 6 minutos con 45 segundos, con voz clara y pausada y un tanto dura, como si estuviera yo dando clase en lugar de defender mi tesis. El doctor presidente del jurado tomÃ³ la palabra y, para no hacer grande el cuento, resumirÃ© lo que dijo diciendo que me fuera bajando los pantalones porque me la iban a dejar ir. Y le cediÃ³ la palabra al primer sinodal.</p>
<p>Ã‰ste primer sinodal comenzÃ³ describiendo mi trabajo como algo muy bien estructurado pero que incluÃ­a numerosas faltas de ortografÃ­a y estilo (58 en total), lo cual, en un trabajo tan grande como el que hice, era de esperarse que existieran, mas que debÃ­an ser corregidas si deseaba publicar la tesis en mi paÃ­s. Me ofreciÃ³ tambiÃ©n una copia de los errores existentes, de los cuales en su mayor parte los presuntos errores resultaron ser palabras con otrografÃ­a diferente en MÃ©xico. AsÃ­, en lugar de obscuro uso oscuro, que es una falta en EspaÃ±a pero en MÃ©xico es hortografÃ½a correcta y vÃ¡lida. Me indicÃ³ tambiÃ©n lugares donde me contradecÃ­a, que aunque no afectaban el valor del pÃ¡rrafo o frase sÃ­ parecÃ­a fuera de lugar, hasta que me dÃ­ cuenta que ahÃ­ faltaban comillas para indicar que era una cita que yo refutaba. Puras cositas asÃ­, mÃ¡s que nada estilo y desvelo. La primera prueba estaba superada.</p>
<p>El siguiente doctor me informÃ³ que a su parecer la tesis trataba de abarcar demasiado. SegÃºn Ã©l, hubiera podido prescindir de los primeros capÃ­tulos para centrarme en la etapa posterior al Porfiriato que desembocÃ³ en la ConstituciÃ³n de 1917, y trataba de atacar eso bajo el argumento de que intentaba abarcar demasiado. Aunque dijo que el estilo que utilicÃ©, poco ampuloso y rebuscado, facilitaba mucho la lectura y comprensiÃ³n del mismo. Segunda prueba superada.</p>
<p>El tercer doctor me regaÃ±Ã³por no haberme extendido mÃ¡s. A su parecer, la investigaciÃ³n histÃ³rica que hice merecÃ­a estar mejor documentada y amplia, al grado tal de que el hubiera prescindido de los capÃ­tulos finales para centrarse mÃ¡s en la investigaciÃ³n de las circunstancias que conllevaron a la creaciÃ³n de la ConstituciÃ³n de 1857. Me indicÃ³, ademÃ¡s, que no le hiciera caso ni a Ã©l ni al segundo doctor, que al ser Ã©l especialista en Historia Americana del siglo XIX y el segundo doctor en historia de EspaÃ±a Moderna, sus puntos de vista iban a ser radicalemnte diferentes. Tercera prueba superada.</p>
<p>La cuarta doctora me indicÃ³ que, despuÃ©s de todo, sis tres compaÃ±eros de la facultad no tenÃ­an idea de lo que hablaban. Para la cuarta doctora, faltaba un capÃ­tulo que explicara de una manera mÃ¡s amplia las circunstancias que llevaron a MÃ©xico a perder el Norte, para detenerme en el Imperio de Maximiliano. Eso lo explicaba ella porque, como habÃ­a reemplazado a un docto doctor que habÃ­a fallecido recientemente y de quien guardo gratos recuerdos (y que ademÃ¡s era su padre), no habÃ­a estado involucrada en el desarrollo de la tesis sino hasta las etapas finales. Me indicÃ³ que debido a esa falta de profundidad en algunos aspectos no estaba totalmente convencida del valor de esa tesis per se, no asÃ­ de la calidad de la investigaciÃ³n, que era muy buena. Y tambiÃ©n me rogÃ³ que, cuando reescribiera la tesis y la convirtiera en libro, le enviara una copia. Cuarta prueba superada.</p>
<p>Quedaba el presidente del jurado. Entre otras cosas, me dijo que no estaba de acuerdo con algunas de las interpretaciones en que descansaban los cimientos de mi obra (plagiÃ¡ndose de paso una frase que yo me plagiÃ© de algÃºn lado)  pero que, sorprendentemente, aÃºn si quitÃ¡bamos esas interpretaciones, el resultado seguÃ­a siendo firme y completo, lo cual era muy raro en una tesis de doctorado. TambiÃ©n me informÃ³ que le sorprendÃ­a la diferencia de opiniones sobre la tesis, y que ninguno de sus colegas habÃ­a estado nunca involucrado en una situaciÃ³n en la que todos gustaran de la tesis  en su conjunto mas no por completo en especÃ­fico, motivos que en otras circunstancias, en otro tema y en manos de otros doctores posiblemente hubieran terminado por rechazar una tesis muy interesante. Y me cediÃ³ la palabra.</p>
<p>Le agradecÃ­ a los doctos doctores que le seÃ±alaran dÃ³nde se encuentran  los puntos dÃ©biles de mi tesis, y me cuidÃ© mucho de llevarles la contraria. PrometÃ­ mejorar en todos los aspectos y ser un niÃ±o bueno que no harÃ¡ travesuras (y tuve que morderme la lengua para no decir en realidad esta Ãºltima frase). Acto seguido, el presidente nos informÃ³ que el jurado deliberarÃ­a a puerta cerrada, al tÃ©rmino de la cual me informarÃ­an el resultado.</p>
<p>Como era de esperarse, Lilith, mi director de tesis, el doctor Fulano de Tal, la coordinadora del doctorado y un par de colados que llegaron quiÃ©n sabe de dÃ³nde y a quienes no habÃ­a visto nunca (y que sin embargo, me saludaron por mi nombre al entrar y me felicitaron por mi examen) salimos al pasillo a esperar. Yo no fumo, y sentÃ­a necesidad de fumarme un cigarro, de preferencia un Cohiba cubano de esos que le hacen a mano a Fidel (aunque Fidel ya no los pueda fumar). ImagÃ­nense cÃ³mo estaba yo de nervios, no tanto por el resultado del examen (que sabÃ­a yo que habÃ­a aprobado) sino porque el restaurante que habÃ­a elegido la Universidad San Pablo CEU para celebrar el resultado, aprobado o no aprobado, se veÃ­a de mucho lujo y postÃ­n y mi saco negro no parecÃ­a apropiado para la ocasiÃ³n. Como sea, a los 10 minutos, que aprovechÃ© para calcular lo que me iba a salir la feroz cuenta, la puerta del salÃ³n se abriÃ³ y nos indicaron que pasÃ¡ramos. RetomÃ© mi lugar, mirÃ© fijamente a los ojos al Rey y le roguÃ© al Monstruo de Espagueti Volador que no me salieran ronchas en el Cuatro Estaciones.</p>
<p>Eldoctor me informÃ³ que la deliberaciÃ³n habÃ­a sido ardua y difÃ­cil, por diversos motivos, y que al final se habÃ­a logrado un consenso.  Que consistÃ­a en lo siguiente.</p>
<blockquote><p>Este jurado ha determinado que se le otorgue a James Maybrick Ruiz el grado de Doctor en Historia, y se le inscriba <em>cum laude</em> en el libro correspondiente. Enhorabuena, colega.</p></blockquote>
<p>Por dentro estaba rebosante de alegrÃ­a y si no saltÃ© es porque temÃ­a que se me rompiera la columna vertebral. Con toda la ecuanimidad que me fue posible, dije simplemente:</p>
<blockquote><p>Gracias, seÃ±or presidente.</p></blockquote>
<p>Y abandonÃ© el estrado para estrechar las manos de mis nuevos colegas.</p>
<p>Se sintiÃ³ bien. Muy bien.</p>
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		<title>PropÃ³sitos de aÃ±o nuevo.</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jan 2007 07:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
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		<description><![CDATA[EncontrÃ© tus propÃ³sitos, morena&#8230;

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			<content:encoded><![CDATA[<p>EncontrÃ© tus propÃ³sitos, morena&#8230;<br />
<object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.jbnightology.com/christmascard/playerXmas.swf?id=1592653476"></param><embed src="http://www.jbnightology.com/christmascard/playerXmas.swf?id=1592653476" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="355"></embed></object></p>
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		<title>Una breve para iniciar el aÃ±o&#8230;</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Jan 2007 19:24:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Primero de enero de 2007. Cuatro de la tarde. Casa de los Maybrick Mitkas.
&#8211;Papi &#8211;dice Nirvana&#8211;, Â¿quÃ© ha sido lo mÃ¡s romÃ¡ntico que le has dicho a mi mami?
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Primero de enero de 2007. Cuatro de la tarde. Casa de los Maybrick Mitkas.<br />
&#8211;Papi &#8211;dice Nirvana&#8211;, Â¿quÃ© ha sido lo mÃ¡s romÃ¡ntico que le has dicho a mi mami?<br />
&#8211;Pues verÃ¡s &#8211;dice el padre, a quien parece que le acaba de pasar un tren por encima&#8211;, creo que fue la vez que fui por ella al hospital despuÃ©s de su primera noche como interna, y la abracÃ©, juntamos nuestras frentes, nos miramos fijamente y le dije &#8220;desde aquÃ­ parece que tienes un solo ojo&#8230;&#8221;</p>
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		<title>Otra noche de estas y me va a dar un choque hepÃ¡tico&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Jan 2007 21:35:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ayer fue fin de aÃ±o (por si alguno de ustedes estuvo debajo de una piedra y no se uniÃ³ a la celebraciÃ³n mundial, lo que implica que deben revisar su calendario y su reloj) y a base de libaciones constantes de tequila marca Casa Vieja celebramos cada huso horario en el cual los Maybrick hemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer fue fin de aÃ±o (por si alguno de ustedes estuvo debajo de una piedra y no se uniÃ³ a la celebraciÃ³n mundial, lo que implica que deben revisar su calendario y su reloj) y a base de libaciones constantes de tequila marca Casa Vieja celebramos cada huso horario en el cual los Maybrick hemos vivido por lo menos un mes y tuvimos casa propia.</p>
<p><span id="more-849"></span>Â </p>
<p>AsÃ­ que celebramos el aÃ±o nuevo enÂ GMT +1 (Italia, Alemania, EspaÃ±a),Â GMT (Inglaterra, Irlanda), GMT-3 (Brasilia, SÃ£o Paulo), GMT-4 (La Paz, Lima), GMT-5 (Nueva York, Washington DC, MontrÃ©al, QuÃ©bec [Hola, Katzi]), GMT-6 (Mexico DF, San Antonio, Guadalajara [of course], Monterrey)Â GMT-7 (Phoenix) y GMT-8Â (Los Angeles, Seattle, Vancouver BC). Por cada ciudad, un trago. TerminÃ© cual araÃ±a fumigada y deseando que esta celebraciÃ³n llegue sÃ³lo una vez al aÃ±o la prÃ³xima vez. Eso sÃ­, moderadamente, nada de un caballito de tequila por cada celebraciÃ³n, no: un trago a la bebida, que de cualquier manera, como me gusta beberla de altura, da un buen patadÃ³n.</p>
<p>Â Al rato contarÃ© mÃ¡s aventuras y desventuras. Cata ya me ha pasado un informe completo de la situaciÃ³n, y las mentes suspicaces habrÃ¡n podido advertir que hay una capsulita llamada &#8220;CATAstrofes&#8221; donde Catalina reporta en pildoritas (que fue la manera mÃ¡s prÃ¡ctica de poner un sideblog, visto el poco tiempo libre que le va a quedar en aquellos lares). Queda pendiente un artÃ­culo <em>in extenso</em> en el cual ella nos informe de la situaciÃ³n.</p>
<p>AsÃ­ que, en vista del Ã©xito obtenido, los saludo:</p>
<p>Â¡Feliz Ano Novo! Â¡Tchesti nova godina! Â¡feliÃ§ any nou! Happy New Year! Bonne AnnÃ©e !Â Â¡Feliz AÃ±o Nuevo! Â¡Bon Ano Novo! KalÃ¡ Kenourios Chronos!Â Bien niev onn! Â </p>
]]></content:encoded>
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		<title>Dr. Maybrick, Ph.D., Aftermath (v)</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2006 20:30:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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		<description><![CDATA[Cruela De Ville nos indicÃ³ cuÃ¡l era nuestro troncobÃºs y nos volviÃ³ a dar una muestra de que EspaÃ±a no es MÃ©xico, ya que para pasar de la Calle de San Bernardo nÃºmero 5 a la Calle de San Bernardo nÃºmero 6, que estaba justo enfrente, tuvimos que ir hasta la esquina, esperar a que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cruela De Ville nos indicÃ³ cuÃ¡l era nuestro troncobÃºs y nos volviÃ³ a dar una muestra de que EspaÃ±a no es MÃ©xico, ya que para pasar de la Calle de San Bernardo nÃºmero 5 a la Calle de San Bernardo nÃºmero 6, que estaba justo enfrente, tuvimos que ir hasta la esquina, esperar a que el semÃ¡foro para peatones se pusiera en verde, cruzar la calle y dirigirnos al troncobÃºs. En MÃ©xico simplemente nos hubiÃ©ramos atravesado. Pero bueno, en Europa hay que hacer como los europeos, asÃ­ que soltÃ© un â€œJoder&#8230;â€ y subÃ­ al segundo piso guiado por Lilith.<br />
<span id="more-845"></span><br />
Cruela De Ville hablaba el inglÃ©s tan bien como yo hablo ruso, y mÃ¡s de una vez tuve que traducirle a un britÃ¡nico que estaba adelante lo que la guÃ­a querÃ­a decir. Un corto viaje de una hora y, tras ver un par de tiendas â€œGiganteâ€ en el camino, llegamos a El Escorial. Por un momento me sentÃ­ en otro mundo, hasta que me hicieron quitarme todo menos las botas para poder entrar al dichoso lugar. Como de cualquier manera pitaba (las botas Caterpillar tienen una amplia cantidad de metal para proteger los pies del usuario) hube que pasar a revisiÃ³n manual. El guardia viÃ³ las botas y la cara de malencarado que puse y me dejÃ³ pasar. Adentro, y tras pegarnos unas etiquetas de color verde dizque para identificar al grupo, Cruela nos introdujo por los aposentos reales y nos enseÃ±Ã³ por dÃ³nde entraban los chiflones de aire, mientras nos destacaba que al contrario de muchos otros palacios europeos, los espaÃ±oles se destacaban por no pretender destacar (o algo asÃ­). Nos hizo descender al PanteÃ³n Real y tras hacer unas cuantas cuentas, deduje que su majestad el Rey Don Juan Carlos ya no cabe ahÃ­, de manera que la monarquÃ­a espaÃ±ola moderna tendrÃ¡ que hacer su propio panteÃ³n. A continuaciÃ³n pasamos a los panteones de prÃ­ncipes, consortes e infantes, que son muchos. Atribuyo tal elevada tasa de fecundidad a que no habÃ­a televisiÃ³n y a que las noches eran frÃ­as, lo que implicaba que las reales personas gustaban de quedarse mÃ¡s tiempo debajo de las cobijas&#8230;  Ejem&#8230; Pronto llegamos a la pequeÃ±a capilla del Rey, que el resto de los mortales llamamos BasÃ­lica. Una rauda pero adecuada inspecciÃ³n revelÃ³ que el Rey, cÃ³modamente instalado en su lecho, podÃ­a escuchar misa. Me abstendrÃ© de hacer comentarios al rspecto. Cruela nos indicÃ³ el lugar donde hasta el mÃ¡s hombre se baja los pantalones, por si querÃ­amos hacer una escala tÃ©cnica, y tras satisfacer dicha necesidad fisiolÃ³gica, es decir, a continuaciÃ³n, el grupo fue guiado hacia el autobÃºs de dos pisos para continuar nuestra visita.</p>
<p>De El Escorial nos dirigimos hacia el Valle de Los CaÃ­dos, en el lugar que de manera oficial se conoce como Cuelgamuros. Es todo menos un valle, y donde estÃ¡ no es precisamente una montaÃ±a, pero no soy yo el que deba arruinarle la ilusiÃ³n a muchos otros. Tras cruzar un rÃ­o a travÃ©s de una curiosa construcciÃ³n que los locales denominan â€œpuenteâ€ llegamos al lugar de descenso. Una pequeÃ±a caminata bajo la sombra de una enorme cruz de <a title="Mike, el HormigÃ³n Armado." href="http://lidercorp.com/hormigonarmado.jpg">hormigÃ³n armado</a> y <a title="Concreto Reforzado" href="http://lidercorp.com/concretoreforzado.jpg">concreto reforzado</a> (que aunque se parecen no son lo mismo, y a las pruebas me remito: basta con seguir los enlaces)  y llegamos a una magnÃ­fica construcciÃ³n de piedra excavada en la montaÃ±a (lo que se aprecia porque hay goteras que estÃ¡n formando estalactitas y estalagmitas allÃ¡ adentro). La montaÃ±a alberga en su interior una basÃ­lica, en la que estÃ¡n enterrados tanto Francisco Franco como los mÃ¡rtires de la Guerra Civil EspaÃ±ola. La basÃ­lica tiene forma de cruz latina, y aparentemente hay un pasaje (que sÃ³lo pude ver de reojo) que atraviesa el resto de la montaÃ±a y se conecta con la VÃ­a Dolorosa que sigue el contorno de otras colinas cercanas. Tras visitar la tienda de regalos y llegar a la conclusiÃ³n de que algo raro le pasaba a Lilith, que lo Ãºnico que llevaba comprado ese dÃ­a era un frasquito con azafrÃ¡n para paella, subimos al troncobÃºs, cansados pero contentos, para dirigirnos con rumbo a Madrid con intenciÃ³n de comer en un restaurante denominado â€œLa Sirenaâ€ ubicado en plena Gran VÃ­a y donde se come bastante bien.</p>
<p>Un rato despuÃ©s abordÃ¡bamos de nueva cuenta el troncobÃºs y dirigimos proa a Toledo. En el camino dormitamos un rato, ya que la carretera que comunica a Madrid con Toledo estaba extraÃ±amente despejada y sin trÃ¡fico ni baches. Cuando yo vivÃ­ ahÃ­ allÃ¡ por el 82 esa carretera estaba perennemente â€œen obras.â€ Toledo, antigua capital de EspaÃ±a, es ahora un sitio pintoresco que parece mÃ¡s bien diseÃ±ado para desplumar incautos &#8211;dio&#8211; atraer turistas que para gobernar la provincia de Castilla-La Mancha, a menos que se fije uno muy bien en lo que hay tras bambalinas. Visitamos una mezquita que era sinagoga y se convirtiÃ³ en iglesia pero que ahora es museo, llamada Santa MarÃ­a la Blanca, y tras tomar fotografÃ­as prohibidas (usamos flash) fuimos a darle una visitada DomÃ©nikos TheotokÃ³poulos, mejor conocido como el Greco, con la intenciÃ³n de ver sus pinturas: tanto las que estaban en su casa como la que tiene en la Iglesia de Santo TomÃ©. Por el camino de regreso atravesamos el Monasterio de San Juan de los Reyes (creo, porque la noche se nos venÃ­a encima con alarmante rapidez y yo ya no me acordaba de las cosas) llegamos a una fÃ¡brica toledana de espadas y similares. Cruela De Ville dijo que era la mejor, pero yo sospecho que las excursiones Trapsatur tienen trato con ellos para desplu&#8211;ejem&#8230; Mi carro, me lo robaaaaroooonnnn&#8230;</p>
<p>Del desplumadero &#8211;digo&#8211; fÃ¡brica me traje un precioso par de espadas, la de Conan el BÃ¡rbaro y la de Robin Hood, que se ven muy bien acompaÃ±ando a la Colada y la TizoÃ±a, del Cid, que tengo en la sala de televisiÃ³n. Pronto nos regresamos a Madrid, y ante la perspectiva de pasar una noche de hambre o de ir a comer a algÃºn lado, optamos por hacerle caso a Cruela y descender en la Catedral de la Almudena, para escuchar a las bandas de gaiteros gallegos y ver las antorchas encendidas frente al Palacio Real y a la Ã³pera. Evidentemente las antorchas eran todo un Ã©xito (hacÃ­a frÃ­o) y tras recuperar un poco el color fuimos a una charcuterÃ­a que estaba a pocos pasos de la estaciÃ³n Ã³pera del metro, donde nos avituallamos con una buena cantidad de jamÃ³n serrano, chorizo ibÃ©rico, queso manchego, aceitunas, tres baguettes y una salsa mayonesa (que el patrÃ³n insistÃ­a en llamar mahonesa a pesar de lo que dijera la etiqueta) que me guiÃ±Ã³ el ojo por estar preparada con aceite de oliva virgen extra. Me agenciÃ© tambiÃ©n una botella de vino y procedimos a retirarnos a la comodidad de nuestros aposentos, no sin antes pasar por apretones en el metro (donde, por cierto, la entrada era libre. Me supongo que obedecÃ­a a la enorme cantidad de gente que se dejaba ir por esa vÃ­a subterrÃ¡nea con rumbo a la superficie cÃ©ntrica de la zona. BÃ¡steme decir que en mi vida habÃ­a visto tal aglomeraciÃ³n de gente como no fuera en el ZÃ³calo del Distrito Federal el 15 de septiembre en la noche, pero aquÃ­ hacÃ­a mÃ¡s frÃ­o, lo que sin duda hubiera impedido que mis compatriotas se acercaran sin traer puestos una cantidad de abrigos que hubieran cocinado a un pavo. AquÃ­ la muchachada usaba minifaldas, lo que no deja de ser un espectÃ¡culo agradable&#8230;</p>
<p>Al dÃ­a siguiente, El Juicio Final. La que me esperaba&#8230; pero eso lo contarÃ© el aÃ±o que entra.</p>
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		<title>Dr. Maybrick, Ph.D., Aftermath (iv)</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Dec 2006 20:54:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Don Pastrami</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Famiglia]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando regreso al aparthotel tras un arduo dÃ­a de entrenamiento me encuentro con que lo que se suponÃ­a que era la sala de estar estaba llena de cachivaches. Ante la cara que puse, Lilith se viÃ³ obligada a decirme â€œEstaban en rebaja, tontoâ€ y me explicÃ³ que lo mÃ¡s caro fue un par de zapatos de tacÃ³n que le costaron 12 euros. MentirÃ­a si dijera que no dÃ­ un sustiro de alivio ante el hecho de que en media tonelada de cosas gastÃ³ magros 80 euros y cubriÃ³ las necesidades bÃ¡sicas de regalitos para toda las familias Mitkas, Maybrick, Ruiz y Palatinaikos. Me quitÃ© el saco y la corbata con la intenciÃ³n de acostarme un rato a descansar antes de cenar y para mi sorpresa, quince minutos despuÃ©s, ya eran las 8 de la maÃ±ana.</p>
<p><span id="more-843"></span></p>
<p>Un baÃ±o rÃ¡pido y salimos raudos y veloces con rumbo a Rodilla, un lugar muy cercano al aparthotel donde me dijo mi director de tesis que podrÃ­a desayunar relativamente bien. Me reservo mis comentarios sobre ese lugar. De cualquier modo, una vez que hubimos saciado el apetito y descontado una buena cantidad de euros de mi billetera, Lilith se fue con direcciÃ³n contraria a donde yo iba, dijo que a visitar museos, mientras que yo me fui con direcciÃ³n a la San Pablo CEU.</p>
<p>Una vez en la San Pablo CEU nos reunimos mi director de tesis, mis sinodales, el presidente de presidium y este humilde narrador para afinar los Ãºltimos detalles de la que me esperaba. Una reuniÃ³n breve, que finalizÃ³ unos 5 minutos despuÃ©s, tras lo cual mi director de tesis y yo nos dirigimos a realizar mÃ¡s burocracia. Entreo otras cosas se arreglÃ³ el asunto de mis apellidos (insistÃ­an en que me habÃ­an escuchado decir MÃ¡brica y no Maybrick) y se arreglÃ³ lo del envÃ­o de mi constancia de doctorado en caso de que aprobara, dado que me iba el martes y en EspaÃ±a, como en MÃ©xico, la burocracia universitaria tiende a tener champurrado en las venas. Chocolate espeso, para mis amigos del otro lado del charco. </p>
<p>Finalmente terminaron las labores del dÃ­a, y mi director de tesis, muy amable y solÃ­cito, me preguntÃ³ si ya sabÃ­a de dÃ³nde partÃ­a el tour con rumbo a Toledo.<br />
&#8211;Tour..<br />
&#8211;SÃ­, el tour&#8230;<br />
&#8211;Â¿CuÃ¡l tour?<br />
&#8211;Â¿QuÃ© no lo recuerda? Pero si ayer lo hablamos en el almuerzo, hombre de Dios&#8230;<br />
&#8211;Pues no lo recuerdo&#8230;<br />
&#8211;Pero si ayer me dijo que querÃ­a llevar a su esposa a Toledo&#8230;<br />
&#8211;SÃ­&#8230;<br />
&#8211;Y le preguntÃ© que si querÃ­a que le reservara un tour&#8230;<br />
&#8211;Eh&#8230;<br />
&#8211;Pero hombre, quÃ© memoria la suya&#8230; No importa. MaÃ±ana a las 8 de la maÃ±ana irÃ© por usted y su esposa a su hotel y lo llevarÃ© a donde debe de tomar el autobus&#8230; le localicÃ© un tour que lo llevarÃ¡ a El Escorial, al Valle de los CaÃ­dos y a Toledo, y ademÃ¡s le incluye la comida&#8230;<br />
&#8211;Pues no sÃ© cÃ³mo agradecÃ©rselo&#8230; &#8211;dije, aunque en mi fuero interno sabÃ­a que el chiste me iba a costar por lo menos 150 euros, y simplemente rogaba porque no me acompaÃ±ara y tuviera que pagar yo tambiÃ©n su boleto.<br />
&#8211;Hombre, aprobando el examen con honores serÃ¡ mÃ¡s que suficiente&#8230; Venga, vamos ya, lo llevo a su hotel para que descanse un rato, que lo veo muy estresado&#8230;<br />
Eran las 4 de la tarde cuando nos marchamos de la calle de Isaac Peral con rumbo a la Plaza de ColÃ³n.</p>
<p>Estaba muy cansado, no cabe duda, y muy adolorido. Y eso que el frÃ­o madrileÃ±o no estaba tan crudo para mi gusto, pero ya no soy el polluelo que era antes. Ahora me siento como si hubiera sobrevivido dos veces a la rosticerÃ­a, pero en fin&#8230; DecidÃ­ quitarme el saco y colocarme algo mÃ¡s cÃ³modo para irme a caminar por el Paseo de Recoletos con direcciÃ³n a la Cibeles, asÃ­ que saquÃ© de la maleta mi fiel sudadera de Firefox, bajo el argumento de que si funcionaba en el frÃ­o canadiense funcionarÃ­a muy bien en el frÃ­o madrileÃ±o, y estuve en lo cierto.  LleguÃ© a la Cibeles y, vigorizado por el frÃ­o y por el atardecer, decidÃ­ llegar hasta Atocha para ver si podÃ­a encontrar abierta alguna librerÃ­a de las que estÃ¡n en el JardÃ­n BotÃ¡nico. EncontrÃ© siete, y en una de ellas estaba Lilith, que acababa de salir del Museo Thiessen y querÃ­a llevarme algo que de verdad apreciara. TerminÃ© comprando 10 libros, entre ellos una historia de EspaÃ±a en inglÃ©s y su correspondiente contraparte en castellano. Es sorprendente lo que dos autores de diferentes nacionalidades pueden decir sobre un mismo lugar. Como sea, para las 7 de la noche Lilith y yo estÃ¡bamos cenando en un Vips (que no se parece en nada a un Vips de MÃ©xico. Si tuviera que compararlos, dirÃ­a que es mÃ¡s bien un Sanbornâ€™s CafÃ© pero a lo bestia). y a las ocho ya habÃ­amos llegado al aparthotel. Como ya pasaron nuestras Ã©pocas de irnos de marcha hasta altas horas de la madrugada (y ademÃ¡s estaba haciendo mucho frÃ­o para Lilith, que no dejaba de decir â€œTengo mucho frÃ­oâ€) nos quedamos viendo tele un rato y a las 10 de la noche ya estÃ¡bamos plÃ¡cidamente dormidos. QuÃ© bueno que no trajimos a los niÃ±os, voto a brÃ­os. </p>
<p>En la maÃ±ana, a eso de las 7:30, Lilith ya habÃ­a preparado el desayuno, consistente en cereal Frosties de Kellogâ€™s con leche Pascual semidesnatada, y nos preparamos para ir al tour. Abajo, a las 8 y con puntualidad britÃ¡nica, nos esperaba mi director de tesis, que habÃ­a aprovechado para poner gasolina en la miniestaciÃ³n que estaba enfrente del aparthotel. Salimso con rumbo a la Gran VÃ­a, nos recomendÃ³ algunos lugares quÃ© visitar al dÃ­a siguiente, y se marchÃ³, dejÃ¡ndome a mÃ­ con la feroz cuenta del tour, 80 euros por persona. Que una vez que me hube enterado de todo lo que verÃ­amos, por dÃ³nde andarÃ­amos, y lo que verÃ­amos, decidÃ­ que no importaba tanto y saquÃ© la tarjeta de crÃ©dito.</p>
<p>LlegÃ³ la hora de subir al autobÃºs y mi sorpresa fue mayÃºscula cuando vi que la guÃ­a era exactamente como Cruela de Ville. pero sin los dÃ¡lmatas. Exacta en todo, hasta en el cabello, a la Cruela de las caricaturas. Y bueno, pues era hora de iniciar el tour&#8230; pero eso lo contarÃ© maÃ±ana.</p>
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