En algunos lugares los reglamentos son muy duros…
Ayer nos invitaron a jugar golf. Más que golf, minigolf. Y “nos” significa Lilith y yo, junto con un compañero máistro y señora. El lugar elegido fue Stanley Park, que tiene una cancha de golfito junto al jardín de rododendros. También hay varios ‘greens’ pero esos sólo están abiertos en verano.
Total, Bob y Jack llevaron a Jane y Lilith a jugar golfito. Conociendo Lilith mis habilidades en este juego, al que me resisto a llamar deporte, ella hizo equipo con Jane (que no se llama Jane) con el pretexto de conocerse mejor, y Bob (que no se llama Bob) discutía conmigo algunos aspectos culturales del 5 de noviembre, aquí llamado Bonfire Night.
Tras 16 hoyos íbamos parejos, con un punto bajo par ellas y en par nosotros. Fue entonces cuando metí la pata. Más bien me tropecé con mi palo (de golf). Caí, y como suele ser normal en mí, se escuchó un ¡pop!
Con calma, tranquilidad y parsimonia Lilith murmuró “otra vez,” y dejó su palo, ante la mirada cuasi histérica de Jane. Yo me apoyé en Bob para tenderme sobre el césped, impidiéndole que sacara su celular para llamar a emergencias. Lilith decía “I’m a doctor, I’m a doctor!” mientras me acomodaba la pierna izquierda y volvía a colocar mi cadera en su lugar con un ¡snap! Acto seguido me puse de pie, moví la pierna, me encogí en hombros mientras mascullaba “Fine enough,” y retomé mi palo. Terminamos 1 sobre par y ellas también.
Salimos de ahí y para que se les olvidara el susto los invité a the Fish House a almorzar. Les expliqué el problema con mi articulación mientras bebíamos unas cervezas y ordenábamos de comer. Debo mencionar que es sumamente raro el hecho de que haya accedido yo a comer en un lugar especializado en mariscos, siendo yo alérgico, pero es que hacen unas hamburguesas de prime rib maravillosas. Lilith, que no es alérgica, se deleitó comiendo unas ostras Motoyaki. Mi compañero prefirió un simple fish and chips, pero su señora eligió un pad thai, que no estoy seguro si son camarones o langostinos, pero sí son a la tailandesa.
Terminamos la jornada en medio de risas, contándoles yo mis aventuras como ingeniero en Guadalajara y enseñándoles a pronunciar Guadalajara, Lilith sus casos más extraños en el hospital, y lo absurdamente altos que eran los precios de las casas aquí. Pero, eso sí, ya podemos decir que somos más amigos que antes.
Nos estamos viengo.
Jack.
Tags: accidentes, brunch, minigolf, Stanley Park
Yo que creía que los canadienses eran tan propios y formales…
No desde que hay un alófono por cada anglófono.