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Small flat is small

September 3rd, 2008 | Filed under Life in Vancouver.

Damas y caballeros, les informo que ya tengo casa. Y les informo que decirle casa es decir mucho.

Vivo en el West End. Esto es, el centro financiero de la ciudad de Vancouver. Vivo aquí porque no encontré un lugar más accesible; hubiera preferido vivir en Kitsilano o en las University Endowment Lands pero no podía pagar el precio pedido, al menos no de inmediato por el depósito que pedían. Vivo en el West, End, pued, a un tiro de piedra del Stanley Park. Vivo en un departamento de 32 metros cuadrados.

Escucharon bien. 32 metros cuadrados. Vivo en una mierda de departamento llamada loft, que mide 4 por 8 metros, que no cuenta con habitaciones separadas, y por el cual pago 1700 dólares al mes, que son 400 dólares más de lo que cobraría una persona que trabajara por salario mínimo aquí. Incluso yo me vería en problemas para pagarlo si me quedara sin ahorros con una familia tan grande. Hay una cama matrimonial donde, evidentemente, dormimos Lilith y yo. Hay un sofá cama que tuve que ir a comprar a un lugar llamado Sofa So Good en Cambie Street, donde duermen los gemelos. Ellos no se quejan de que les toca dormir en ese lugar porque tienen la televisión enfrente, un LCD de 22 pulgadas que compré en The Source en oferta porque era el único que les quedaba, pero la oferta dejó de serlo cuando me cobraron las cuotas de reciclaje, provincia, ciudad, federal y no me acuerdo qué mas. Creo que en lugar de costar 200 morlacos me saló en 300 el desgraciado; por lo menos pude pagarlo con mi tarjeta de débito sin problemas. La cocina está unida al comedor que está unida a la sala que está unida a la habitación y lo único que no está unido es el cuarto de baño, que más bien parece octavo de baño. El plato de la ducha es pentagonal, como si del escudo de Superman se trata, unido al lavabo, que está ubicado en una esquina, junto al excusado, que a su vez está colocado de manera tal que se puede uno lavar los dientes sentado y con los pies en la ducha. Según mi confiable cinta métrica, el baño íntegro mide un metro y medio por un metro y medio, 5 pies por 5 pies.

En mi cocina sólo hay espacio para un horno de microondas, un horno tostador, una licuadora y cuantro hornillas eléctricas. No tengo horno, por lo cual me veré obligado a buscar un proveedor de mis confiables ollas marca Classica por aquí si quiero cocinar alguna vez algo similar a un pastel o un roast beef. Me puedo olvidar del pollo al horno. Me hubiera olvidado de él de cualquier forma por los infames precios que existen en Safeways, el supermercado que me queda más cerca, en la calle Davie, en pleno barrio gay. Dado que no tengo auto y no lo tendré en un buen tiempo, a juzgar por el alto costo de la gasolina en estos lados, estoy considerando seriamente adquirir una membresía para unos vehículos compartidos que renta la empresa Zipcar, al menos para poder ir de compras de vez en cuando al Walmart y al Costco sin tener que preocuparme por pagar un taxi (de precios infames) o subir las cosas al transporte público.

Sin embargo, en cuanto pueda voy a buscar un lugar más ad hoc, aunque me quede un poco más lejos tanto de la universidad como de la escuela de los niños, que están muy contentos en un ambiente anglófono. Lo admito, compadre, tenías razón. A este paso, y apenas llevan tres días ahí, van a terminar aprendiendo coreano, mandarín y japonés. Presiento que la historia de mi familia se va a repetir. Por si fuera poco, en el hospital universitario aceptaron a Lilith, en calidad de interna. No está muy contenta teniendo que volver a repetir todo lo que ya hizo, pero por otro lado eso el garantiza que obtendrá un título válido para ejercer su profesión en Canadá. 

Ésta ciudad cosmopolita es fantástica, aunque un tanto húmeda para mi gusto y mis huesos. Hoy cayó un sol a plomo *aunque templado, irónicamente) sobre mi departamento, pero s mirabas hacia el Norte había nubes que le daban punto y raya a las de Londres.  Hablando de Londres, necesito ir mañana al departamento de transporte para renovar mi licencia de conductor. No precisamente renovarla, sino aprovecharme de un agujero en la legislatura por la cual, aparentemente, el poseedor de una licencia de conducir británica puede obtener una licencia de conducir canadiense, debido a que en ambos lugares reina su majestad Isabel II. Y yo tengo una licencia de conducir británica, que voy a renovar puntualmente a Londres cada 4 años. En cualquier caso, siempre tengo los 90 días de la legislación internacional para conducir sin problemas y pasado ese tiempo puedo solicitar una licencia canadiense como residente no permanente. 

Lo que más me preocupaba era el transporte para llegar a tiempo a la universidad. Por fortuna no está mul alejado y el transporte aquí es bastante bueno. Puedo tomar un par de autobuses. Para no verme en problemas no cambié mi reloj. De esta manera conservo dos horas de adelanto y no hubo necesidad de aclimatarme. Aquí son las ocho de la noche, pero en Guadalajara serían las 10, lo cual me permite irme a acostar, como siempre, a la medianoche de allá (las 10 de aquí) aunque me tarde dos horas en dormir, porque sé que si me levanto a las 9 horas de allá son apenas las 7 de aquí y a mí me da una hora para llegar a clases (entro a las 8 de acá). También me permite comer a las dos y cenar a las ocho, con el mismo horario de 12 y 6 de aquí.  Así no hay descompensación. Lilith, en cambio, mandó la descompensación al cuerno y se acostumbró de inmediato al horaro nuevo. A veces quisiera ser como ella.

Por otro lado, estoy escribiendo esto desde la conexión de internet abierta de un vecino. No sé cuánto tiempo dure abierta una red llamada linksys, pero la aprovecharé, y ya veré si contrato o no alguna conexión de Rogers, Telus o Bell. Si consigo una antena externa para mi punto de acceso, encuentro una red de pago llamada boingo, que si bien no es de alta velocidad sí es ecuménica, digo, económica. Está en un hotel cercano, pero no lo puedo identificar con certeza. No tengo teléfono de ningún tipo, ni siquiera celular, a menos que contemos el de México que me traje. Pero aquí son carísimos los desgraciados teléfonos, cobran por todo: llamada entrante, llamada saliente, mensaje entrante, mensaje saliente, aceso a la red, llamadas al 911, mejora de red, portabilidad de número, cuota de reciclaje, plan con 50 minutos mensuales, tax y vat. En total, un plan de 22 dólares termina costando 44. Sí cuento, en cambio, con skype y similares, y la red de mi desconocido benefactor es de velocidad suficiente como para que no se corte la llamada. Estoy pensando seriamente en la conveniencia de adquirir un número virtual que se redirigirá a un teléfono voip.  Es mucho más económico. Además aún no conocemos a nadie, ni siquiera a los vecinos de piso, y eso que hemos tratado de presentarnos. Bueno, de cualquier modo no creo durar mucho aquí: si lo hiciera probablemente me volvería loco (dejo 150 metros cuadrados en Guanatos y llego a 32 aquí, por favor).

Así pues, una vez que me he desahogado, procedo a apagar mi laptop y leer un libro. Mañana será otro día.

Caluros saludosos.

Jack.

3 Responses to “Small flat is small”

  1. madmax | 4/09/08

    http://xkcd.com/466/

    Y recordemos que en xkcd los dibujos tienen el atributo title.

  2. Quoth, The Raven | 4/09/08

    Vivir en el West End. Qué envidia.

    Tener todos esos dólares para gastar en un loft en el West End. Qué envidia.

    Tener que vivir junto al barrio gay y tener que ir de compras al barrio gay. Se me quitó la envidia.

    Alabados sean todos esos anónimos donadores de ancho de banda proporcionados por Linksys y Belkin.

  3. kalepsheel | 22/09/08

    32mc, eso es vivir compactado.

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