Decisiones, decisiones
April 30th, 2008 | Filed under La Famiglia.Ahí estábamos a la puerta de la embajada, cuando escucho una voz conocida, curiosamente conocida, que me llama por mi nombre.
Ya he dicho yo que por alguna razón me encuentro con personas raras en lugares raros e ninsospechados, y esta vez fue con Ella Alouette y su marido, Pierre Nodoyuna, y el hijo de ambos, Phillip Nodoyuna Alouette, que por alguna extraña razón debían ir a otro lado en la olla de grillos que es la ciudad de México nos encontraron el mismo día a la embajada del Canadá por asuntos completamente diferentes a los que nos llevaron a Lilith y a mí a ese antro de vicio y perdición. Me sorprendió especialmente que llevaran a Phillip, que ya está muy crecido el niño, y muy bronceado a pesar de las cantidades industriales de bronceador que su madre (la de Phillip) le pone (a Phillip) para convertirlo en el niño más blanco de México, Canadá y el Mundo Entero.
Evidentemente el niño habla mejor el español que sus padres, pero tras un año viviendo en estas tierras Ella y Pierre ahí la llevan. Después de todo el francés no es tan distinto del español como pareciera a primera vista. Aunque Ella tiene la costumbre de intercalar sus frases en español con abundantes “mon cher” y “mon cherìe” y Pierre maldice todavía en quebecoise. Aparentemente iban a cumplir algún trámite en alguna secretaría que requería la presencia de ellos, y por alguna marcha y una vuelta a la izquierda en un lugar equivocado terminaron en donde estábamos nosotros.
Quedamos de vernos en un Vips que está cerca y tras cumplir con nuestros trámites nos fuimos a desayunar. Nos pusimos al corriente de nuestra vida y obra y tras pagar la feroz cuenta Lilith y yo regresamos a la embajada mientras que Ella, Pierre y Phillip se iban a otro lado. Le regalé a Phillip un libro para que se entretuviera en el camino y los dejamos ir.
Mientras tanto, en la embajada, enfrentábamos Lilith y yo por enésima vez una entrevista para verificar las razones por las cuales migrábamos a Canadá, dado que esta vez no entráramos con permiso de trabajo. Dimos los contratos, especificamos condiciones, metí la pata como suelo meter la pata, Lilith me dijo “idiota” varias veces con esa mirada que sólo ella sabe poner tras quince años de matrimonio (en realidad menos, pero redondeamos el número para que sea más fácil recordarlo durante una década) y terminamos convenciendo al oficial de que nuestro propósito, más que conquistar Canadá un chilito serrano a la vez, era aislar a los gringos en una especie de sandwich y aplastarlos en el momento menos pensado. Eso y aprovechar las oportunidades para acercar a dos pueblos diferentes, muy diferentes.
La cosa es que eso fue hace mucho tiempo. Hoy, hoy, hoy, me confirmaron que sí, sí, sí, efectivamente, me aprobaron mi solicitud de migración. La aprobaron muy rápido, y me pregunto si los universitarios no habrán tenido nada que ver con el proceso, porque metí mi trámite a principios de febrero y apenas estamos a 30 de abril. Como sea, damas y caballeros, lectores que me quedan, amigos todos, los Maybrick Mitkas se van a conquistar Canadá. Allá los espero en las olimpiadas.
Ahora es cuestión de ver quién se queda con mi casa mientras no estoy.