¿tiene tiempo para comentar algo con usted?
April 18th, 2007 | Filed under La Famiglia.Largo tÃtulo, pero igualmente largo fue el complejo tema que abordé en esta ocasión en mis clases. Aprovechando que acabo de llegar a casa, voy a explicar brevemente las razones por las que no he escrito como es usual en este mi abandonado blog.
Cuando uno es estudiante y no tiene nada qué hacer, uno se puede dar el lujo de escribir toneladas de idioteces sin que a nadie le importe un pepino. Mas cuando uno es profesor, hay que preparar la clase del siguiente dÃa a alumnos que generalmente no han oÃdo hablar de Hernán Colón y mucho menos de Cristóbal Cortés. Hay que buscar los nombres franceses de algunos de esos ilustres personajes, ya que hace mucho tiempo se tenÃa la sana costumbre de hispanizar los nombres de los personajes que no eran hispanos (asÃ, yo conocà a Fernando de Magallanes en lugar de a Fernão de Magalhães o a Ferdinand Magellan, o a Ferdand de Magellan). En cambio, mis alumnos conocerán siempre quién cuernos fue Fernando Cortés Monroy Pizarro Altamirano y su feroz consorte, Catalina Xuárez Marcayda, a quien Cortés más que miedo le tenÃa pánico. Ya contaré esa historia cuando tenga oportunidad. Mientras tanto, en Québec-ville, bajo un aguanieve que cala hasta los huesos, un alumno me detiene al finalizar la última clase y me pregunta si sé cuál es el punto más probable en el que Cortés hubiera podido fallar en su proyecto de conquistar México.
Hay una enorme cantidad de puntos en los que Cortés pudo haber metido la pata ( o en que la metió, pero alguien oportunamente logró salvarlo) y fallar en su proyecto. Puedo citar no menos de seis ejemplos que hubieran cambiado el curso de la historia (probablemente en lugar de escribir en español escribiera en nahuatl, o en lugar de estar em México estuviera en Inglaterra, o multitud de cosas asÃ) y al momento de citarlos (porque los cité) se congregó a mi alrededor una muchedumnde de alumnos de otras clases anteriores que vieron que discutÃa al respecto.
Sólo un historiador puede decirles la clase de conversaciones que un historiador sostiene con un historiador. Como ya no estoy yo para esos trotes, que lo diga otro. En mi caso básteme decir que dos horas después yo seguÃa exponiendo ejemplos de las diferentes historias alternativas que hubieran podido surgir y la mayor parte de los alumnos estaban tomando notas.
SÃ. Dije tomando notas.
Cuando me dà cuenta de lo que pasaba se me cortó la inspiración, dije que tenÃa mucha hambre, que estaba cansado, que tenÃa frÃo y que por si fuera poco esto no iba a venir en el examen, de manera que era hora de marcharnos a casa. Para los muchachos la cosa era sencilla: viven en el campus. Yo no, vivo más bien lejos y aunque el sistema de transporte quebecuá es mucho mejor que el mexicano, no me gusta usarlo. Prefiero caminar, pero tan tarde y con tanto frÃo ya no podÃa hacerlo. Asà que me marché. Los muchachos se quedaron discutiendo un poco más y me parece que fueron por un café pero yo me dirigà directo a la sala de profesores, dejé mis cosas y me puse en camino a mi departamento.
En el camino vine haciendo esta anotación en mi fiel portátil, y la envÃo justo al conectarme a internet para descargar las noticias del dÃa. Me enteré de la masacre de ayer en Virginia hasta hoy, para que se den una idea de lo atareado que estoy. Sean felices, y descansen. Yo tengo que revisar ensayos en francés macarrónico.
La verdad es que hay que encomiar el pensamiento lateral de sus alumnos, Jack. Generalmente, cuando uno se plantea esas preguntas se las plantea desde la óptica del otro (es decir, qué podrÃan haber hecho los mexicas y el resto de los pueblos que poblaban la Nueva España) para expulsar a los invasores, o dónde se equivocaron. El análisis de “qué pudo hacer para equivocarse” es interminable: desde beber un agua podre hasta quitarse los fierros en un mal momento (es decir, cuando un local estaba a punto de enviarle una lanza a la panza) o cualquier otra cosa –incluidos, cómo no, los aspectos estratégicos con los locales y con su propia tropa, que le daba más disgustos casi que los locales.
En fin, que no me extraña que se quedara dos horas. ¡PodÃa haberse quedado mil!
Es una fase muy interesante, la famosa pregunta “What If?” que me tiene a mà cautivado hasta la médula. Generalmente uno piensa en lo que los indios americanos pudieron hacer para defenderse, pero uno no piensa en las posibilidades infinitamente mayores de los conquistadores españoles para fallar. Por ejemplo, el 30 de junio de 1520. ¿qué pasó ese dÃa? Tendrás que verlo en Cuarentaydos.com.mx, donde terminé copiando la respuesta que iba a poner en este lugar y que resultó ser tan larga como un artÃculo completo.
Lo mejor es que te estás divirtiendo en tus clases y fuera de ellas, Jack. Ya habrá tiempo para actualizar el blog. Me imagino a todos tus estudiantes escuchando atentamente tu afamado análisis ‘What if?’.
Por otro lado, era de esperarse que te encontraras con esos pequeños detalles en los nombres de los personajes históricos. A mà me pasó, como te conté alguna vez, con los nombres de las pinzas de presión, el producto cruz y el punto y cuando traté de recordar cómo carajos se llamaba una maldita esprea. Pero he mejorado, creo. Al menos en este semestre todavÃa nadie me dice Ventresco Carlo Francis.
Un abrazo desde Manchester.
Ventresco… ¿qué cuernos pasaba por la mente de la persona que te colocó tal apelativo? Ni idea, pero fue divertido en su tiempo. Qué carajo, todavÃa es divertido…