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Back in black

February 21st, 2007 | Filed under La Famiglia.

El sábado pasado fui a que me revisara mi veterinario–digo– traumatólogo de cabecera, con el propósito de que me examinara para saber si es cierto que mi cadera va en buen camino o si más bien voy preparando una silla de ruedas. Y también para que me revisara un molesto dolor en la parte baja de la espalda que se propagaba por toda la zona. Nada más entrar, tuve el siguiente intercambio cultural con mi compadre:
–Doctod, ¿qué padezco?
–Puedquito…
Y pasamos a su consultorio ante la mirada divertida de la concurrencia.

Apenas entrar mi compadre me dio una paleta de cajeta Coronado.
–Se supone que éstas se dan al final de la consulta…
–Sí, pero tengo muchas, así que te chingas… ¿Qué no te duele esta semana?
–La cartera, pero presiento que dentro de una hora me vas a extirpar una tarjeta de crédito…
–Ya vas aprendiendo, compadre… pero ya en serio, ¿Alguna molestia?
–Un dolor molesto entre la cuarta y la quinta lumbares.
–A la altura del clavo, supongo…
–Supones bien..
Rápidamente me tendió sobre la mesa de autopsias que hace las veces de camilla en su consultorio y me revisó concienzudamente el área comprendida entre la primera vértebra cervical y el coccis. Nada de problemas nuevos aunque sigo teniendo desviado ligeramente un disco intervertebral en la tercera cervical, la sexta y séptima dorsales me siguen haciendo “Snap”, la cadera izquierda me sigue haciendo “Crackle” y la rodilla derecha me sigue haciendo “Pop” en los mismos tonos y con la misma intensidad, lo cual significa que no he empeorado aunque tampoco mejorado. Un rápido escaneo de las extremidades indicó que las fisuras en los cuatro huesos de mis antebrazos están ya sanas y que el dedo medio del pie izquierdo soldó satisfactoriamente. Mis dedos de las manos siguen igual de chuecos. Pero cuando comenzó con el análisis detallado del sacro me quejé de un dolor tan grande que parecían dos. Mi compadre sacó su ultrasonido y revisó el área lumbar. Y entonces dijo esa frase que ningún paciente quiere escuchar pronunciar a su médico:
–Ah, chingá…
Y luego confirmó que había un problema bastante grave, porque dijo:
–Ah, chingá chingá…
Ahí yo sí me asusté. Pregunté qué pasaba y me dijo que para estar totalmente seguro me iba a tomar un par de placas radiográficas, ya que si me sometía a una resonancia magnética lo más seguro es que no pudiera contar la historia en este momento. Por fortuna en la clínica mi compadre y sus socios tienen su propia máquina de rayos equis, así que me desplacé en boxers y calcetines a la cámara de torturas esa y un par de placas después regresé en calcetines y boxers al consultorio de mi compadre. Y mi compadre dijo:
–Nevermore…
No, perdón, ése fue el cuervo de Edgar Allan Poe. Mi compadre dijo:
–Ah, chingá…
Y yo pensaba ya en qué podría vender para pagar la feroz cuenta… Y mi compadre dijo:
–Ah, chingá… Oye, compadre, se movió el remache…
–¿Y?
–Que ahora sí vamos a tener que sacarlo a güevo… está presionando el nervio y acercándose peligrosamente a la médula espinal…
–No succiones…
–Lo único bueno es que está en una posición óptima para sacarlo por endoscopio para no tener que abrirte en canal. Voy a reservarte quirófano el lunes…
–No chingues… exijo una segunda opinión…
–Okey. También estás muy feo… ¿cómo sientes la espalda?
–Como si me estuvieras encajando tu dedo…
–¿Dónde está tu domadora?
–En el hospital.
–Pos de aquí no te me mueves hasta que venga por tí…

Y allí me quedé hasta que, una hora después, llegó Lilith, que con cara de preocupación miró las radiografías, repasó el ultrasonido, me dijo que efectivamente necesitaba la operación (y si lo dice una ginecóloga debe de ser muy obvio) y me llevó a casa, bastante molesta porque ese diagnóstico se le pasó.

********

Quien más o menos conozca mi historia médica sabrá que este humilde narrador y servidor de ustedes solía tener una pieza de metal encajada entre la cuarta y la quinta lumbar, que no valía la pena ser extirpada aunque se encontraba muy cerca de la médula espinal. Es un recuerdito que me quedó de la explosión de una caldera, donde su seguro servidor recibió la fuerza de la explosión y además una enorme esquirla de metal que me dejó un profundo corte en la pierna derecha, a una altura tal que por un momento temí haber perdido las joyas de la familia, que por fortuna permanecieron en su lugar e intactas. Por fortuna la esquirla era relativamente pequeña, pues no tocó ningún órgano vital en el perineo. Pues bien, la fuerza de la explosión me mandó a volar un par de metros por los aires y aterricé sobre un regulador de presión, más esquirlas y algunas otras cosas.Esa noche, en el hospital, conocí a quien se habría de convertir en mi compadre, que en ese momento era un simple interno. Me dijo que la operación para cerrar la herida de la pierna había sido un todo un éxito y que habían retirado un clavo de mi espalda sin mayor complicación. En ese momento yo no tenía ni la más pálida idea de qué clavo estaba hablando y me limité a decir algo así como “el pueblinsky minsky se está morrinsky de hambrinsky” gracias a la anestesia y me volví a quedar dormido.

A los tres meses fui a que me checaran la cicatrización y similares. El doctor que me atendió encontró un quiste sebáceo donde se suponía que había estado un clavo, me sacó una placa radiográfica, y yo identifiqué el objeto que apareció como la cabeza del clavo que había retirado mi compadre. Evidentemente, no había sido retirado completo, pero como no había ningún peligro inmediato, y el clavo ya estaba encapsulado, no había necesidad de retirarlo en ese momento, y ahí se quedó mi pieza de metal. De vez en cuando producía algún diagnóstico equivocado (Lilith, en un momento de debilidad, pensó que tenía una hernia una vez que me estaba dando un masaje en la espalda) pero no mayores problemas, hasta que, hace unas semanas, sentí un dolor agudo al tratar de mover un coche recién chocado, pretendiendo moverlo para que dejara de estorbar. El coche, por cierto, sí se movió. Cuando llegué de la ciudad de México el dolor era prácticamente insoportable, así que decidí hacer cita con mi compadre para que me examinara.

********

Resultó que era tiempo de operar para retirar de una vez por todas la esquirla de marras. El procedimiento elegido fue el endoscopio, lo que me garantiza la menor cicatriz y el menor tiempo de hospitalización. De hecho, ya estoy en casa, desde ayer, todavía medio apendejado aunque dudo que eso tenga algo que ver con los medicamentos. Según mi compadre, la operación fue todo un éxito: sólo tuvo que hacer un par de cortes, para meter el endoscopio y sacar la pieza, el sangrado fue mínimo, y el corte fue tan breve que sólo necesité una puntada y eso por seguridad. Como además cuento con mi factor de recuperación mutante, para cuando llegue a Québec ya estaré sano, o por lo menos eso espero. La piececilla de metal, que sigue viéndose sospechosamente similar a la cabeza de un clavo, pero con más años, no es la cabeza de un clavo.Es un remache. Pequeño, pero un remache al fin y al cabo.

Debió encajarse junto con el clavo de marras que retiró mi compadre, y como nadie pensó en que un remache pudiera haberse colado por la misma herida, nadie se preocupó por revisar a mayor profundidad. Pero ahí se coló el remache. Lo tengo guardado en un frasquito y probablemente lo mande encapsular en resina para mi colección de objetos aliengígenas implantados por medios artificiales. Con un poco de suerte logro colárselo a Maussán y me hago millonario.

Como es de esperar, en este momento cuento con vigilancia médica constante, cortesía de Lilith, mi madre, mi hermana Holi y mi hija Nirvana, que ha reforzado su decisión de estudiar medicina para curar al inútil de su padre cuando se accidente. Jay, que ya sabe que si no me preocupo yo por mí menos se debe preocupar él, se limitó a conectar una extensión para mi Axim, que es donde he estado tecleando esto con el reconocimiento de caracteres, letra a letra. Ichuel y Tobi se limitan a jugar con los gatos.

Espero que cuando llegue a Québec no la armen de pedo, no hagan escándalo y no me digan nada por no hacer mención de esto en el examen médico…

15 Responses to “Back in black”

  1. Javier | 22/02/07

    Muy querido y lastimado Sr. Maybrick:

    Llevo ya un tiempo leyendo sus peripecias y comentando cada vez que muere un judío, aunque por la frecuencia igual y he puesto nombres distintos (cosas de humor, usted comprenderá). He sido iluminado por usted en los misterios del pastafarismo, me he divertido mucho y he aprendido más, de usted y de su singular famiglia, y admiro grandemente su singular sentido del humor, salpicado con sus sorprendentes conocimientos y su capacidad de conservar intacto (e incluso actualizado a versión 2.0) niño interno. Incluso me atrevería a decir que a excepción de su historial médico es usted mi ejemplo a seguir, como profesionista, padre y hombre en toda la extensión de la palabra.

    Usted dirá: ¿Ah chingá, y a que debo tanta flor si no me he muerto ni es mi santo? Pues precisamente porque al leer el post previo en que usted anunciaba su apertura en canal me preocupé bastante, aunque inmediata y sorpresivamente en un comment dió noticias suyas. Y aunque al principio pensé que podría ser un truco como el de Fidel, de la lectura de este post se desprende indudablemente su gran personalidad.

    Me dí cuenta de que no quería esperar para hacerle saber que su ejemplo me inspira a tratar de ser mejor, prepararme más,y demostrar que una persona puede ser seria sin dejar de divertirse. Gracias por compartir sus vivencias y peripecias en este sitio.

    Le deseo una pronta recuperación, y que su factor mutante no le deje nunca, porque no creo que usted llegue a quedarse quieto en algún momento y va a necesitarlo aún más tiempo :mrgreen:

  2. cataclismica | 22/02/07

    Jié, yo también me preocupé, hermano.
    Un abrazo.

  3. Don Pastrami | 22/02/07

    Jié, se agradece la flor, mi estimado.

    Un abrazo.

    Gracias al par.

  4. control_zape | 22/02/07

    Celebro que hayas salido, aunque dolorido, con el mismo humor de siempre de tu operación.

  5. magdalene | 22/02/07

    uff! qué bien! yo también estaba preocupada.

    Pero ¿sabe algo Doctor Don Pastrami? su relato no me tranquilizó lo suficiente… ahora estoy preocupada por la historia de la explosión de la caldera :shock:

    Qué bueno que anda de regreso y comentando en mi blog :wink:

  6. Don Pastrami | 22/02/07

    Puedo perder hasta la honra pero nunca el sentido del humor.

    Y Magdalene querida, el episodio de la caldera es apenas una de las muchas cosas que me han pasado. Faltan el camión, el ducto de aire, los cuatro choques, la grúa, la presa y el árbol. Sigo vivo por pura casualidad.

    Si hay un dios, no dudo que el cabrón haya estado tratando de matarme desde hace años…

  7. Grillermo | 22/02/07

    Compadre, déjeme ser el primero en decir que la madre esta de la Axim es una cosa esplendorosa… Te la compro…

  8. Holocáustica | 22/02/07

    Nein, spatzi, yo la pedi primero. Deja terminar de escribir esto y tu te tomas tu pastilla de chiquitolina.

  9. Don Pastrami | 22/02/07

    montoneros, dejen descansar a este pobre moribundo…

  10. kalepsheel | 22/02/07

    Que bien que todavia resuella…

    En fin las malas hierbas tardan en morir, que se mejore!!!

  11. Don Pastrami | 22/02/07

    Si hierba mala nunca muere yo debo de ser inmortal…

  12. Mus | 22/02/07

    Qué bueno que te quitaron la ferralla. :)

  13. laura | 22/02/07

    vaya…mejorate rapidito y ponte weno prontito.
    Shaluditos

  14. Darth Tradd | 22/02/07

    Que bueno que ya te encuentras mejor. En caso necesario, puedes fingir locura diciendo que te falta no un tornillo sino un remache. Y si lo encapsulas, todavía puedes mostrarlo para que no quede duda alguna.

    Que te recuperes pronto, un abrazo.

  15. David O | 23/02/07

    Qué bueno que te fue bien, es todo lo que se me ocurre…

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