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Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (y ix)

January 24th, 2007 | Filed under La Famiglia.

Apenas haberme sentado en el shuttle desde el Best western hasta el aeropuerto, miré hacia mi izquierda… y me encontré con una sorpresa.

Una gorra. Una gorra de un concierto de Toto. Igualita a la que había usado yo la noche anterior. Incluso tenía una marca en forma de JM estilizada igual a la que yo dejo en mis gorras. Y es que, claro, era la misma gorra que había usado la noche anterior.

Carajo…

Me pregunto cuántos pasajeros pudieron haber tomado la gorra y no lo hicieron simplemente porque estaba en el asiento de hasta atrás y ellos no se suben a esos lugares.

En fin. Me bajé, deposité un par de billetes a manera de propina para el conductor (no todos los días un chofer negro me lleva al aeropuerto; les digo que me salió el racista que todos llevamos dentro), y en lugar de dirigirme a la terminal internacional, como ya se encaminaba Lilith, me dirigí a la estación del MARTA. Lilith me siguió con esa docilidad que sólo tiene cuando no sabe dónde está, mientras yo compraba un par de boletos del MARTA de ida y vuelta. Llegamos a la terminal, me trepé al primer tren que vi y Lilith me siguió. Acto seguido me preguntó si sabía hacia dónde íbamos.

No es que hubiera mucho problema. El MARTA, el metro de Atlanta, sólo tiene dos ramales y medio: este-oeste, y norte-sur A y B, y todos llegan al centro, que es a donde yo quería llegar. Así que el tren se movió a su debido tiempo y en cosa de 6 estaciones ya estábamos en el downtown de Atlanta. Con toda la autoridad que me fue posible obtener, dije: “Vamos por aquí” y salimos de la estación con rumbo a un centro comercial subterráneo muy interesante y lleno de negros donde, maravilla de las maravillas, encontré por fin a dos blancos, una latina y a un chino. Ya esperaba yo que tales cosas no existieran en Atlanta pero por fortuna estaba yo equivocado. Siguiendo el mapa mental que me había trazado gracias al internet, me dirigí hacia lo que yo esperaba que fuera el Museo de la Coca Cola, en el número 55 de la avenida Martin Luther King. Y afortunadamente lo era. Ahí estaba el símbolo del imperialismo yanqui en todo su esplendor, y allá fuimos raudos y veloces Lilith y yo, cual chiquillos (por eso no habíamos llevado a nuestras crías, caramba…). Pagué la admisión, cuando el tipo de la entrada se enteró de que éramos mexicanos nos felicitó efusivamente, diciéndonos que gracias a nosotros la Coca Cola era lo que era (no en vano México es el primer lugar en consumo de dicho brebaje en el mundo, con los EUA en tercer lugar. Curiosamente, el segundo lugar lo ocupa Islandia…). No tuve el valor para decirle que yo soy bebedor habitual de Pepsi…

La cosa es que entramos y, como chiquillos que éramos, Lilith y y nos pasamos visitando todo el museo. Yo traducía al español en tiempo real (o algo así) mientras veíamos películas, anuncios, afiches y propaganda varia. Hasta me dí el lujo de traducirle a otros compatriotas en la reproducción auténtica de una fuente de sodas en la cual se preparaba Coca Cola a la manera tradicional de los inicios del siglo XX. Eso sí, me temo que fallé una pregunta. Cuando el tipo me preguntó si sabía cuál era el sabor preferido por los americanos para agregarle a sus bebidas, dije yo que vainilla… y el tipo se me quedó viendo con cara de “Carambolas, usted no es americano ni de casualidad.” Entonces dije “Ah, usted se refiere a los americanos de los Estados Unidos” y movió la cabeza en sentido afirmativo, como diciendo “Duh…” tras lo cual dije “Cereza” y al tipo se le iluminó el rostro. Procedió a mostrar cómo se preparaba la cocacola con extracto de cereza (un sabor al que no creo poder acostumbrarme) y nos dijo que lo mejor era probar la cocacola envasada en cristal, como en México. Yo estuve de acuerdo.
Un rato después ya estábamos en el siguiente piso, donde nos informaron que podríamos catar todas y cada una de las variedades de cocacola existentes en Estados Unidos y además, una selección de los mejores sabores de bebidas fabricadas por The Coca Cola Company o sus subsidiarias en el mundo. México está orgullosamente representada por la Manzana Lift.

Lo diré de esta manera. Si alguien me hubiera apretado la panza, la espuma me hubiera salido por las orejas.

Descendimos a la panta baja, donde aprovechamos para pasar por la tienda de regalos (porque no había forma de no pasar por la tienda de regalos). Lilith compró una enorme cantidad de chucherías y varios objetos navideños que, por fortuna, tenían descuento. Ya estaba pensando yo en el sobrepeso que iba a pagar en el avión. Terminé comprándome (para no dejar) un mousepad en forma de corcholata, un paquete de cartas, una pluma y un llavero. Si Hugo Chávez me viera…

Vi entonces el reloj. Ya era peligrosamente tarde (la una de la tarde, y el vuelo salía a las 5, por lo que habría que estar en el aeropuerto a las 2:30 a mas tardar) así que nos fuimos al MARTA y tomamos rumbo al aeropuerto. Retiramos las maletas del portaequipaje y fuimos a Delta a documentar (y caray, me alegré de haber llegado tan temprano, porque había una cola tan grande que parecían tres).

Y esperamos.

Y esperamos.

Y luego esperamos un poco más.

A las 4:25 de la tarde pudimos documentar las cuatro maletas, por fortuna sin pagar sobrepeso. También nos indicaron que el avión saldría a tiempo. No pudimos entrar al food court a comer algo porque no teníamos tiempo, así que entramosdirectamente a migración y aduanas. Pasamos sin problemas, aunque yo me tuve que quitar los zapatos, el chaleco, la gorra, los lentes, el reloj, la cartera, el fajo y si no me hicieon quitarme los pantalones fue porque no querían ver miserias. Para cuando llegamos a la sala que nos tocó (la última sala de la última sección, hasta el fondo) faltaban 5 minutos para que saliera el vuelo. Pero todo estaba muy calmado…

–¿Ya salió el vuelo? –pregunté en mi mejor inglés británico.
–Acaba de partir uno. ¿cuál era el suyo?
–El número tantos con destino a Guadalajara.
–El que salió fue el número equis con rumbo a México. El suyo tiene una hora de retraso.

Albricias. Dejamos las maletas en un asiento disponible y literalmente corrimos hasta el food court, donde la cola más breve y rápida era la que estaba en un Wendy’s. Terminamos comiendo esas hamburguesas de carne cuadrada. Regresamos a las 5:30 a la sala. Apenas poner un pie en ella y anunciaron que el avión iba a salir. Perfecto. Tomamos las cosas, nos subimos al avión, y disfrutamos de la comodidad del sillón… cuando el piloto anunció que el despegue se retrasaría porque, caray, porque alguien había subido las maletas equivocadas.

Esperamos una hora hasta que el piloto por fin nos dijo que íbamos a despegar. A las 6:30 tomábamos posición de espera… y (carajo) nos avisaron que tendríamos que esperar a que la torre nos diera permiso de acercarnos a la pista. A las 7:12 el avión por fin despegaba las ruedas del suelo.

Seguramente el piloto tenía ganas de llegar a Guadalajara, poque llegamos a las 9:15 hora local, cuando el vuelo duraba 3:45 horas. Se vino en línea recta el avión, caray… Total que desembarcamos con un mínimo de problemas y pasamos migración con menos problemas aún. Al pasar aduanas nos tocó semáforo verde, por lo que pasamos como Pedro por su casa. Evidentemente, con tantos problemas, no esperaba que nadie fuera por nosotros al aeropuerto (en especial porque les había dicho que llegábamos hasta el día siguiente) y contraté una camioneta para que nos llevara a la casa.

Llegamos a las 10:30, y me sorprendió un tanto ver la luz de la cocina prendida. Entré dando un grito de “¡Pónganse todos los pantalones que ya vine!” y para mi sorpresa se me aventó encima Holi entre gritos de alegría. Tanto grito terminó por despertar a los gemelos y a atraer a Jay y a Nirvana, que ya estaban cabeceando. El sueño se les espantó, evidentemente, y tuve que entregarles sus regalos.

Tras todo eso, me acosté para quitarme los zapatos en posición más cómoda… y me quedé dormido. Lilith hizo lo mismo, a juzgar por el hecho de que ambos nos levantamos al día siguiente con la misma ropa con la que llegamos. Para nuestra sorpresa, de la cocina llegaba un olor muy agradable. Conociendo que las habilidades culinarias de Holy y de Cata son más bien nulas por falta de práctica, supuse que en la cocina debía estar la troupé Ruiz cocinando. Y sí, efectivamente, estaban cocinando mis tías, mi madre y mi prima la Manzana algo que en otras latitudes podría pasar como buffet mientras que en casa era sólo el desayuno. Era para atender a los dos doctores que habían llegado de conquistar tierras extrañas, uno como historiador y otra como médico.
Así terminan mis andanzas por aquellas risueñas tierras madrileñas, pero, como siempre en las grandes narraciones, ésta historia continuará. De una u otra forma, pero continuará.

17 Responses to “Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (y ix)”

  1. David O. | 25/01/07

    Pfffft… eso de la gorra es increible. Bien Dr. Maybrick, lo felicito por su viaje, pero le tengo una pregunta: ¿Por qué Pepsi?

  2. Holocáustica | 25/01/07

    Esa respuesta me la sé. Porque junto a nuestra casa había un depósito de la Pepsi y mis hermanos se hicieron amigos de los empleados, mientras que Katzi y yo le coqueteábamos a otros. El resultado es que nos daban las rejas de refrescos con descuento y a veces hasta gratis. Es más, el día de la boda de Jack él invitó a todos los empleados y el jefe de la bodega le llevó rejas y rejas de refrescos como regalo de bodas.

  3. Darth Tradd | 25/01/07

    Y así terminó tu aventura en pos del doctorado en historia. Nuevamente, felicitaciones por el grado y por las anécdotas que nos has compartido. Ya me estoy ubicando en Manchester y ahora debería estar más activo, tanto en línea como fuera de ella.

  4. Mus | 25/01/07

    Enhorabuena de nuevo, Jack. ¿Sabes? Yo me haría otro doctorado en la San Pablo, esta vez en técnicas fotográficas, nomás por darme el gusto de escribir ‘obscuro’ sin parar. :)

  5. Don Pastrami | 25/01/07

    Pudiera ser, pudiera ser… me gustaría hacer un polidoctorado en ciencias ocultas, muy ocultas… en especial de esas que son oscuras, obscuras, o como se diga…

  6. Mus | 26/01/07

    Espero que tengas más suerte con esas ciencias que ésta… :)

  7. Don Pastrami | 26/01/07

    Hombre, pues el requisito básico para ser brujo ya lo tengo. Feo estoy, en especial cuando me levanto crudo por la mañana…

  8. madmax | 26/01/07

    Para los pobres que rechazan flash, no disponen de suficiente ancho de banda o simplemente quieren obtener el archivo aparte:
    http://www.pepproductions.com/radio.blog/sounds/12 - Ciencias Ocultas.rbs

    Aunque la extensión sea rbs, es un mp3.

  9. madmax | 26/01/07

    A WordPress no le ha gustado el enlace. El nombre del archivo va desde el “12″ hasta “rbs” y tiene espacios tras “12″, “-” y “Ciencias”.

  10. Don Pastrami | 26/01/07

    Pecata minuta. Es por no estar en medio de códigos embed.

  11. madmax | 26/01/07

    No tendría que haber ningún embed. El problema es que WordPress es muy tiquismiquis y que yo además le ayudo a rechazarlo no codificando los espacios.

    Y ahora que me fijo: embed no está en la lista de etiquetas permitidas. ¡Embed malo! ¡Todos contra embed!


    Comité de la Campaña Contraembed.

  12. Don Pastrami | 26/01/07

    precisamente…

  13. Holocáustica | 26/01/07

    Y seré curiosa… pero ésto de los códigos y etiquetas ¿para qué sirve?

  14. Mus | 27/01/07

    Los códigos sirven para que te pongan más minutos en el celular, y las etiquetas sirven para muchas cosas, desde saber si te entrará el suéter o te sobrará/rebosará el sostén, hasta saber si las papas fritas con las que te atracas te llevarán a la tumba por la vía de la acumulación grasa intravascular, vulgo tapón de sebo.

    Como se ha demostrado, los códigos también sirven para vender libros a millones. Jack, ¿para cuando El código tapatío? Bastará con que introduzcas un mariachi acostándose con una Magdalena y te inflarás a ganar lana. Por supuesto, yo quisiera el 15% en concepto de regalías por la idea.

  15. Don Pastrami | 27/01/07

    “El Código Maybrick” ya está en preparación. Es una historia inédita, por cierto:

    En las cumbres del Himalaya yace el más fascinante descubrimiento de la historia… pero revelar toda la verdad exige un precio demasiado alto. La atribulada Susan Presley y el doctor Andrew Hayek forman parte del equipo enviado por el gobierno provisional de Groenlandia a un remoto lugar del desierto del Sahara, con la misión de autentificar un fabuloso hallazgo de la NASA. Un descubrimiento que cambiará el curso de la historia y, de paso, asegurará al presidente su reelección: el secreto del General Menthe. Sin embargo, una vez allí, aislados en el entorno más hostil del planeta y perseguidos por La Orden del Templo Oriental, que son unos implacables asesinos equipados con los últimos adelantos tecnológicos, lucharán por salvar la vida y averiguar la verdad. Mientras tanto, en los despachos de la Atlántida se libra otra oscura batalla, puesto que el equipo Ferrari de Fórmula-1 peligra claramente, en un juego de traiciones y mentiras donde nadie es lo que parece…

  16. Holocáustica | 27/01/07

    *snarf* ¿por qué copiaste una de las novelas de Dan Brown, hermanote?

  17. Cataclísmica | 27/01/07

    Porque le encanta, por eso. Me encanta la canción que pusiste, Mus…

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