Traumas de la niñez… (i)
January 11th, 2007 | Filed under Descategorizados.Platicaba yo con un amigo ayer, sobre cosas sin importancia, cuando por alguna razón surgió el tema de las gallinas. Y recordé un suceso muy interesante que sucedió allá por los ochentas, cuando la menor de mis hermanas tenÃa como 5 años de edad.
A Catalina, que en ese tiempo era Caty a secas, le habÃan regalado un pollito amarillo cuando tenÃa 4 años de edad. Lo tenÃamos en la casa, pero se volvió todo muy peligroso cuando un gato intentó comérselo. La solución obvia era llevárselo al rancho que tenemos en Tecalitlán, donde mi abuela tenÃa una huerta con gallinero. Y allá va el pollito, que de ser una bolita amarilla llena de plumas pasó a convertirse en una gallina blanca grande y gorda.
La gallina adoraba subirse a los árboles, y mi abuelo y yo habÃamos estado construyendo un intrincado sistema de pasajes entre los árboles para que las gallinas se subieran al follaje y se durmieran ahà (la verdad es que habÃamos clavado tablas sobrantes y a las gallinas les gustó). La gallina blanca gustaba se subirse al árbol más grande, que era un aguacate, y ahà se dormÃa. Pero la gallina no sabÃa bajar. Más de una vez se habÃa quedado allá arriba, sin comer, porque no se atrevÃa a bajar por la escalera que le habÃamos preparado, y mira que la subÃa con toda facilidad. Asà que mi abuela acostumbraba bajar a la gallina de un palazo (no con un palo, no, con una pala) y la gallina, asustada, volaba con toda la gracia que es capaz de volar una gallina y aterrizaba casi siempre dándose un porrazo de padre y señor mÃo. Lo cual no impedÃa que a continuación se lanzara en dirección al resto del gineceo con la intención de comer.
Un dÃa estábamos muy a gusto en casa. Caty tendrÃa ya 5 años. Sonó el teléfono y Cata contestó. Era mi abuela (lo cual deduje cuando Caty gritó “¡Abuelita!”). Levanté otra extensión para enterarme de lo que decÃan (pues no puedes confiar en la memoria de una niña de 5 años. Caray, no confÃo en la memoria de Cata ahora…) y la conversación la puedo resumir más o menos como sigue:
–¡Abuelita!
–¡Mijita! Contigo querÃa hablar. ¿Te acuerdas de tu gallinita la Blanca?
–SÃ.
–Te tengo malas noticias. La Blanca se murió.
A Caty se le humedecieron los ojos y estaba a punto de soltar en llanto, cuando mi abuela continuó:
–Pero también te tengo buenas noticias. Quiero que vengas a comer con nosotros.
Y Caty, que era (y sigue siendo) muy tragona, preguntó:
–¿Y qué vamos a comer, abuelita?
–Pollo frito…
El duelo fue muy breve. Blanca era una gallina muy buena… y lo digo de manera tanto literal como metafóricamente…
Mi gallinita era una gallina muy buena, y sabÃa muy buena. Para qué lo niego, el sentimiento se me pasó cuando me llamaron a comer.