Dr. Maybrick, Ph.D., Aftermath (v)
December 31st, 2006 | Filed under La Famiglia.Cruela De Ville nos indicó cuál era nuestro troncobús y nos volvió a dar una muestra de que España no es México, ya que para pasar de la Calle de San Bernardo número 5 a la Calle de San Bernardo número 6, que estaba justo enfrente, tuvimos que ir hasta la esquina, esperar a que el semáforo para peatones se pusiera en verde, cruzar la calle y dirigirnos al troncobús. En México simplemente nos hubiéramos atravesado. Pero bueno, en Europa hay que hacer como los europeos, asà que solté un “Joder…†y subà al segundo piso guiado por Lilith.
Cruela De Ville hablaba el inglés tan bien como yo hablo ruso, y más de una vez tuve que traducirle a un británico que estaba adelante lo que la guÃa querÃa decir. Un corto viaje de una hora y, tras ver un par de tiendas “Gigante†en el camino, llegamos a El Escorial. Por un momento me sentà en otro mundo, hasta que me hicieron quitarme todo menos las botas para poder entrar al dichoso lugar. Como de cualquier manera pitaba (las botas Caterpillar tienen una amplia cantidad de metal para proteger los pies del usuario) hube que pasar a revisión manual. El guardia vió las botas y la cara de malencarado que puse y me dejó pasar. Adentro, y tras pegarnos unas etiquetas de color verde dizque para identificar al grupo, Cruela nos introdujo por los aposentos reales y nos enseñó por dónde entraban los chiflones de aire, mientras nos destacaba que al contrario de muchos otros palacios europeos, los españoles se destacaban por no pretender destacar (o algo asÃ). Nos hizo descender al Panteón Real y tras hacer unas cuantas cuentas, deduje que su majestad el Rey Don Juan Carlos ya no cabe ahÃ, de manera que la monarquÃa española moderna tendrá que hacer su propio panteón. A continuación pasamos a los panteones de prÃncipes, consortes e infantes, que son muchos. Atribuyo tal elevada tasa de fecundidad a que no habÃa televisión y a que las noches eran frÃas, lo que implicaba que las reales personas gustaban de quedarse más tiempo debajo de las cobijas… Ejem… Pronto llegamos a la pequeña capilla del Rey, que el resto de los mortales llamamos BasÃlica. Una rauda pero adecuada inspección reveló que el Rey, cómodamente instalado en su lecho, podÃa escuchar misa. Me abstendré de hacer comentarios al rspecto. Cruela nos indicó el lugar donde hasta el más hombre se baja los pantalones, por si querÃamos hacer una escala técnica, y tras satisfacer dicha necesidad fisiológica, es decir, a continuación, el grupo fue guiado hacia el autobús de dos pisos para continuar nuestra visita.
De El Escorial nos dirigimos hacia el Valle de Los CaÃdos, en el lugar que de manera oficial se conoce como Cuelgamuros. Es todo menos un valle, y donde está no es precisamente una montaña, pero no soy yo el que deba arruinarle la ilusión a muchos otros. Tras cruzar un rÃo a través de una curiosa construcción que los locales denominan “puente†llegamos al lugar de descenso. Una pequeña caminata bajo la sombra de una enorme cruz de hormigón armado y concreto reforzado (que aunque se parecen no son lo mismo, y a las pruebas me remito: basta con seguir los enlaces) y llegamos a una magnÃfica construcción de piedra excavada en la montaña (lo que se aprecia porque hay goteras que están formando estalactitas y estalagmitas allá adentro). La montaña alberga en su interior una basÃlica, en la que están enterrados tanto Francisco Franco como los mártires de la Guerra Civil Española. La basÃlica tiene forma de cruz latina, y aparentemente hay un pasaje (que sólo pude ver de reojo) que atraviesa el resto de la montaña y se conecta con la VÃa Dolorosa que sigue el contorno de otras colinas cercanas. Tras visitar la tienda de regalos y llegar a la conclusión de que algo raro le pasaba a Lilith, que lo único que llevaba comprado ese dÃa era un frasquito con azafrán para paella, subimos al troncobús, cansados pero contentos, para dirigirnos con rumbo a Madrid con intención de comer en un restaurante denominado “La Sirena†ubicado en plena Gran VÃa y donde se come bastante bien.
Un rato después abordábamos de nueva cuenta el troncobús y dirigimos proa a Toledo. En el camino dormitamos un rato, ya que la carretera que comunica a Madrid con Toledo estaba extrañamente despejada y sin tráfico ni baches. Cuando yo vivà ahà allá por el 82 esa carretera estaba perennemente “en obras.†Toledo, antigua capital de España, es ahora un sitio pintoresco que parece más bien diseñado para desplumar incautos –dio– atraer turistas que para gobernar la provincia de Castilla-La Mancha, a menos que se fije uno muy bien en lo que hay tras bambalinas. Visitamos una mezquita que era sinagoga y se convirtió en iglesia pero que ahora es museo, llamada Santa MarÃa la Blanca, y tras tomar fotografÃas prohibidas (usamos flash) fuimos a darle una visitada Doménikos Theotokópoulos, mejor conocido como el Greco, con la intención de ver sus pinturas: tanto las que estaban en su casa como la que tiene en la Iglesia de Santo Tomé. Por el camino de regreso atravesamos el Monasterio de San Juan de los Reyes (creo, porque la noche se nos venÃa encima con alarmante rapidez y yo ya no me acordaba de las cosas) llegamos a una fábrica toledana de espadas y similares. Cruela De Ville dijo que era la mejor, pero yo sospecho que las excursiones Trapsatur tienen trato con ellos para desplu–ejem… Mi carro, me lo robaaaaroooonnnn…
Del desplumadero –digo– fábrica me traje un precioso par de espadas, la de Conan el Bárbaro y la de Robin Hood, que se ven muy bien acompañando a la Colada y la Tizoña, del Cid, que tengo en la sala de televisión. Pronto nos regresamos a Madrid, y ante la perspectiva de pasar una noche de hambre o de ir a comer a algún lado, optamos por hacerle caso a Cruela y descender en la Catedral de la Almudena, para escuchar a las bandas de gaiteros gallegos y ver las antorchas encendidas frente al Palacio Real y a la ópera. Evidentemente las antorchas eran todo un éxito (hacÃa frÃo) y tras recuperar un poco el color fuimos a una charcuterÃa que estaba a pocos pasos de la estación ópera del metro, donde nos avituallamos con una buena cantidad de jamón serrano, chorizo ibérico, queso manchego, aceitunas, tres baguettes y una salsa mayonesa (que el patrón insistÃa en llamar mahonesa a pesar de lo que dijera la etiqueta) que me guiñó el ojo por estar preparada con aceite de oliva virgen extra. Me agencié también una botella de vino y procedimos a retirarnos a la comodidad de nuestros aposentos, no sin antes pasar por apretones en el metro (donde, por cierto, la entrada era libre. Me supongo que obedecÃa a la enorme cantidad de gente que se dejaba ir por esa vÃa subterránea con rumbo a la superficie céntrica de la zona. Básteme decir que en mi vida habÃa visto tal aglomeración de gente como no fuera en el Zócalo del Distrito Federal el 15 de septiembre en la noche, pero aquà hacÃa más frÃo, lo que sin duda hubiera impedido que mis compatriotas se acercaran sin traer puestos una cantidad de abrigos que hubieran cocinado a un pavo. Aquà la muchachada usaba minifaldas, lo que no deja de ser un espectáculo agradable…
Al dÃa siguiente, El Juicio Final. La que me esperaba… pero eso lo contaré el año que entra.
¿Qué enlaces? Que yo recuerde, la diferencia es que uno se encuentra en los libros escritos o traducidos en América y el otro en los de España.
Admito que se me habÃa olvidado poner los dichosos enlaces, aunque las imágenes ya llevaban un tiempo ahÃ… mea culpa.
Probemos de nuevo: concreto reforzado.
y Hormigón Armado, no me lo hagas de menos… Por cierto, el Hormigón Armado aquà presentado recibe el nombre de Mike y su origen está explicado en este sitio.
No, no. Mike estaba correctamente enlazado, al contrario que el concreto. Sólo era eso.
Hablando de cosas para anormales, el borde derecho de la caja de la columna central coincide exactamente con el borde izquierdo del indicador de carga de mi navegador.
Serendipias, les dicen ahora…