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Dr. Maybrick, Ph.D., Aftermath (iv)

December 30th, 2006 | Filed under La Famiglia.

Cuando regreso al aparthotel tras un arduo día de entrenamiento me encuentro con que lo que se suponía que era la sala de estar estaba llena de cachivaches. Ante la cara que puse, Lilith se vió obligada a decirme “Estaban en rebaja, tonto” y me explicó que lo más caro fue un par de zapatos de tacón que le costaron 12 euros. Mentiría si dijera que no dí un sustiro de alivio ante el hecho de que en media tonelada de cosas gastó magros 80 euros y cubrió las necesidades básicas de regalitos para toda las familias Mitkas, Maybrick, Ruiz y Palatinaikos. Me quité el saco y la corbata con la intención de acostarme un rato a descansar antes de cenar y para mi sorpresa, quince minutos después, ya eran las 8 de la mañana.

Un baño rápido y salimos raudos y veloces con rumbo a Rodilla, un lugar muy cercano al aparthotel donde me dijo mi director de tesis que podría desayunar relativamente bien. Me reservo mis comentarios sobre ese lugar. De cualquier modo, una vez que hubimos saciado el apetito y descontado una buena cantidad de euros de mi billetera, Lilith se fue con dirección contraria a donde yo iba, dijo que a visitar museos, mientras que yo me fui con dirección a la San Pablo CEU.

Una vez en la San Pablo CEU nos reunimos mi director de tesis, mis sinodales, el presidente de presidium y este humilde narrador para afinar los últimos detalles de la que me esperaba. Una reunión breve, que finalizó unos 5 minutos después, tras lo cual mi director de tesis y yo nos dirigimos a realizar más burocracia. Entreo otras cosas se arregló el asunto de mis apellidos (insistían en que me habían escuchado decir Mábrica y no Maybrick) y se arregló lo del envío de mi constancia de doctorado en caso de que aprobara, dado que me iba el martes y en España, como en México, la burocracia universitaria tiende a tener champurrado en las venas. Chocolate espeso, para mis amigos del otro lado del charco.

Finalmente terminaron las labores del día, y mi director de tesis, muy amable y solícito, me preguntó si ya sabía de dónde partía el tour con rumbo a Toledo.
–Tour..
–Sí, el tour…
–¿Cuál tour?
–¿Qué no lo recuerda? Pero si ayer lo hablamos en el almuerzo, hombre de Dios…
–Pues no lo recuerdo…
–Pero si ayer me dijo que quería llevar a su esposa a Toledo…
–Sí…
–Y le pregunté que si quería que le reservara un tour…
–Eh…
–Pero hombre, qué memoria la suya… No importa. Mañana a las 8 de la mañana iré por usted y su esposa a su hotel y lo llevaré a donde debe de tomar el autobus… le localicé un tour que lo llevará a El Escorial, al Valle de los Caídos y a Toledo, y además le incluye la comida…
–Pues no sé cómo agradecérselo… –dije, aunque en mi fuero interno sabía que el chiste me iba a costar por lo menos 150 euros, y simplemente rogaba porque no me acompañara y tuviera que pagar yo también su boleto.
–Hombre, aprobando el examen con honores será más que suficiente… Venga, vamos ya, lo llevo a su hotel para que descanse un rato, que lo veo muy estresado…
Eran las 4 de la tarde cuando nos marchamos de la calle de Isaac Peral con rumbo a la Plaza de Colón.

Estaba muy cansado, no cabe duda, y muy adolorido. Y eso que el frío madrileño no estaba tan crudo para mi gusto, pero ya no soy el polluelo que era antes. Ahora me siento como si hubiera sobrevivido dos veces a la rosticería, pero en fin… Decidí quitarme el saco y colocarme algo más cómodo para irme a caminar por el Paseo de Recoletos con dirección a la Cibeles, así que saqué de la maleta mi fiel sudadera de Firefox, bajo el argumento de que si funcionaba en el frío canadiense funcionaría muy bien en el frío madrileño, y estuve en lo cierto. Llegué a la Cibeles y, vigorizado por el frío y por el atardecer, decidí llegar hasta Atocha para ver si podía encontrar abierta alguna librería de las que están en el Jardín Botánico. Encontré siete, y en una de ellas estaba Lilith, que acababa de salir del Museo Thiessen y quería llevarme algo que de verdad apreciara. Terminé comprando 10 libros, entre ellos una historia de España en inglés y su correspondiente contraparte en castellano. Es sorprendente lo que dos autores de diferentes nacionalidades pueden decir sobre un mismo lugar. Como sea, para las 7 de la noche Lilith y yo estábamos cenando en un Vips (que no se parece en nada a un Vips de México. Si tuviera que compararlos, diría que es más bien un Sanborn’s Café pero a lo bestia). y a las ocho ya habíamos llegado al aparthotel. Como ya pasaron nuestras épocas de irnos de marcha hasta altas horas de la madrugada (y además estaba haciendo mucho frío para Lilith, que no dejaba de decir “Tengo mucho frío”) nos quedamos viendo tele un rato y a las 10 de la noche ya estábamos plácidamente dormidos. Qué bueno que no trajimos a los niños, voto a bríos.

En la mañana, a eso de las 7:30, Lilith ya había preparado el desayuno, consistente en cereal Frosties de Kellog’s con leche Pascual semidesnatada, y nos preparamos para ir al tour. Abajo, a las 8 y con puntualidad británica, nos esperaba mi director de tesis, que había aprovechado para poner gasolina en la miniestación que estaba enfrente del aparthotel. Salimso con rumbo a la Gran Vía, nos recomendó algunos lugares qué visitar al día siguiente, y se marchó, dejándome a mí con la feroz cuenta del tour, 80 euros por persona. Que una vez que me hube enterado de todo lo que veríamos, por dónde andaríamos, y lo que veríamos, decidí que no importaba tanto y saqué la tarjeta de crédito.

Llegó la hora de subir al autobús y mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que la guía era exactamente como Cruela de Ville. pero sin los dálmatas. Exacta en todo, hasta en el cabello, a la Cruela de las caricaturas. Y bueno, pues era hora de iniciar el tour… pero eso lo contaré mañana.

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