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Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (ii)

December 23rd, 2006 | Filed under La Famiglia.

Pago los 22 euros que el taxista me indicó que constituían el monto total de lo adeudado por mis servicios, y desciendo del taxi, con tumbo a los apartamentos Centro Colón. Allí, tras identificarme satisfactoriamente (que más que nada consistió en presentar mi tarjeta de crédito) me indicaron mi apartamento, dónde estaban los ascensores, y dónde estaba el clima artificial. Desempacamos, y bajamos… y nos topamos con alguien que nunca en mi vida pensé que nos encontraríamos en España.

Frente a mí, jugando con un precioso perro French Poodle negro llamado Hugo, estaba nada más y nada menos que don Jacobo Zabludovsky. Conductor durante más tiempo del que me puedo acordar de “24 Horas” indiscutiblemente el noticiero con mayor audiencia en México en su tiempo, y actualmente conductor del programa “De Una a Tres” de Radio Red, y le guste o no le guste a mis compatriotas, don Jacobo Zabludovsky fue, es, ha sido, y será siempre un referente de lo que es la noticia en México.

Y allí estaba yo, frente al hombre que narró desde un teléfono móvil el paisaje de desolación y muerte en la Ciudad de México en el terremoto del 19 de septiembre de 1985, y que en 1971 entrevistó a Salvador Dalí, o que estuvo presente en Cuba cuando Fidel Castro entró a La Habana, triunfante…
¿Y qué hice yo ante tamaña figura, que jugaba con un precioso perro French Poodle de color negro llamado Hugo? ¡Ir a saludarlo, por supuesto! Me limité a exclamar “¡Don Jacobo Zabludovsky!” y él me miró brevemente mientras seguía jugando con el perro, confirmándome su identidad con un “Servidor de usted.”

El precioso perro French Poodle de color negro llamado Hugo fue a atrapar su pelota, lo que le dió tiempo a don Jacobo de estrechar mi mano, y tiempo suficiente para mí para decirle que lo seguía por televisión desde que era un mocoso y que sigo escuchándolo por radio, y leyéndolo en “Siempre!” y muchas cosas más. Don jacobo me preguntó que qué hacía yo aquí, y yo le dije, “Bueno, vengo a Madrid a cumplirle una promesa que le hice a María Félix…” Don Jacobo se me quedó viendo con cara de “¿Me quiere usted ver la cara de idiota? ¡No hay forma de que un jovenzuelo como usted haya conocido a La Doña!”, tiempo que aproveché para toser un poco y aclararme la garganta, antes de continuar: “María Félix Ruiz, una tía mía, que quería depositar una ofrenda en la catedral de la Almudena pero no pudo hacer el viaje nunca…”

El semblante de don Jacobo cambió, adoptando una expresión muy conocida para mí, mundialmente conocida como “Al principio pensé que era usted medio mamón, pero ahora veo que es usted mamón completo…” y me dijo con una sonrisa “Ah, qué bien…” Como yo sé cuándo hay que tener el tacto suficiente para retirarse (en especial cuando tienes que ir a presentarte a la universidad y no sabes ni para dónde está) me despedí de él con un apretón de manos (firme, a pesar de tantos años, o tal vez por eso) y le acaricié la cabeza a ese precioso perro French Poodle llamado Hugo. Lilith hizo lo propio, y nos fuimos con rumbo a la avenida Goya a buscar un taxi.

El taxi me cobró mis buenos 12 euros por llevarme a la sede de la Universidad San Pablo CEU donde se iba aplicar mi examen, y como es mi costumbre, tomé nota mental de las cercanías (había una estación del metro a tres cuadras de la San Pablo CEU, y en la esquina de mi aparthotel había otra, así que el regreso me costaría únicamente dos euros). Una vez me pueden ver la cara de guaje, dos no. Tras una rápida revisión del lugar (que estaba muy similar a como estaba hace seis años, con la tienda de regalos junto a la capilla, y ésta a su vez junto al salón de grados) me presentaron a los sinodales que se encargarían de dejarme ir el chilacayote el siguiente lunes, y tras revisar todo lo que se debía revisar y entregar lo que se devía entregar, y saludar a quien se debía saludar, y morderme la lengua cada vez que alguien mencionaba un asunto religioso, terminó el primer día de trabajo y dispuse de una tarde libre para visitar Madrid, ciudad en la que no había vivido desde 1982, en plena fiebre mundialista (Naranjito, where art thou?).

Regresar al aparthotel fue cosa sencilla. Tomar una línea profunda de metro y un par de transbordos. Esto es un choque cultural. Para quienes vivimos en Guadalajara, un estacionamiento subterráneo a seis metros bajo tierra es profundo. Cuando tuve que descender casi 50 metros nada más para tomar en tren en la estación de 4 Caminos casi me daba el váguido… [conspiranoia on] Seguramente fueron extraterrestres los que construyeron el metro, porque no me explico cómo los humanos pudieron llegar a tanta perfección técnica en la construcción de túneles [conspiranoia off].

Al llegar al centro, y dado que era apenas media tarde, Lilith y yo nos trepamos a un camión madrileño de 14 euros que recorría toda la ciudad. Bueno, más que toda la ciudad, la parte turística de la ciudad. Le sacamos brillo al MadridVisión, subiendo y bajando a cada rato.

Ya armado con el conocimiento de dónde estaba cada cosa en la ciudad (mi último recuerdo de Madrid era la Gran Vía y la condenada lo único que tiene igual a mis tiempos es el trazado…) el día siguiente lo destiné íntegro a pasear por museos y similares. Parada obligada era el Museo del Prado por la mañana y el Museo de Arte Moderno Reina Sofía por la tarde, donde estaban respectivamente Las Meninas y el Guernica, uno de Velázquez y el otro de Picasso. En el Reina Sofía también estaba un cuadro de Miró bastante interesante, que me hizo pensar que, cuando uno es famoso, puede llamarle arte a cualquier cosa. La obra en cuestión es un enorme lienzo pintado de blanco en el cual están dibujados nueve miserables puntos negros. Supuestamente es una rama… No entiendo el arte, definitivamente. Del Prado me traje Las Meninas, de Velazquez, y las Majas Desnuda y Vestida de Goya. Del Reina Sofía me traje un afiche del Guernica, de Picasso, de Muchacha Mirando por la Ventana y de El Gran Masturbador, estos últimos de Dalí. El último cuadro me recordó mi jumentud…

Tras comprar algunas viandas en una charcutería cercana al Reina Sofía (frente a la estación del metro Atocha, para más señas) regresamos a casa. Tenía ganas de hincarle el diente a un buen trozo de chorizo ibérico, además de comer un poco de jamón de bellota y queso manchego, y lo único que me faltó fue un chato de manzanilla. Lilith, que en su vida me había visto tan espléndido al comprar comida, me dió la razón cuando probó esas exquisiteces de la Madre Patria, que no sé si por nostalgia o por hambre estaban para llegar con la boina en la mano y de rodillas…
El día siguiente también sería bastante interesante, donde me batí en un duelo verbal con un docto doctor en historia del arte con sentido del humor y le gané… Mañana, a manera de entremés, la Real y Verdadera Historia de La Maja.

6 Responses to “Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (ii)”

  1. Mus | 23/12/06

    Yo siempre que regreso de España me traigo jamón ibérico. Cuando la gente me pregunta que si echo de menos mi país, les confieso que lo que echo de menos es el jamón ibérico. Por eso, para no echarlo de menos, me traigo siempre 3 o 4 kilos del preciado músculo grasiento. A fin de evitarme problemas con los de la aduana, suelo fajármelo alrededor del cuerpo, lo que significa que si un día me hacen un cateo personal, se va a armar la más gorda del mundo mundial, como en la película ‘El expreso de medianoche’…

    La diferencia es que ahora hay una persona a quien no conozco, Lilith, que quizá comprenda mi afición a saltarme esta pequeña norma aduanal que impide traer carnes de otro lugar y no notificarlo.

  2. Don Pastrami | 23/12/06

    Pues yo me he traído jamón ibérico al vacío y con camuflaje de calcetines sucios, que para eso tengo muchos. Si no se dieron cuenta en Atlanta, en Guadalajara menos…

  3. Angel | 24/12/06

    Vaaale, visto su buen gusto, queda usted invitado para la próxima vez que pase por este país a una degustación de productos ibéricos acompañados de sidra asturiana. Una extraña mezcla, es verdad, pero patentable. Estoy apenas a 300 km de Madrid por autopista, una ganga.

  4. Don Pastrami | 26/12/06

    No se diga mas, acepto la antedicha invitación. Tal vez para cuando deje de dar clases en Quebec, a manera de fiesta de despedida del mundo educativo histórico.

    Me pregunto si es imprescindible que me aprenda la letra de esa bonita canción que dice “Asturias, patria queridaaaaa…”

  5. Angel | 26/12/06

    No es imprescindible pero sí conveniente por aquello de la integración (”donde fueres haz lo que vieres”). Antes era la canción de los “chigres” (bares clásicos asturianos, con mostrador de madera y toneles a la vista). Luego la adoptaron por aclamación popular como himno oficial del Principado de Asturias. A pesar de este descenso de categoría sigue siendo internacional.
    Nos veremos

  6. David O | 28/12/06

    Pero mira Jack… a quien verdaderamente le vieron cara de guaje fué a mí, que pagué malditos 45 € por un taxi del aeropuerto al centro… Y que envidia, yo solo tuve un día para conocer bien Madrid y se dió la casualidad de que era Lunes y los lunes no abre el Museo del Prado… aargh

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