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Dr. Maybrick, Ph. D. Aftermath (i)

December 22nd, 2006 | Filed under La Famiglia.

Evidentemente no todo iba a ser miel sobre hojuelas. La visita a Madrid comenzó mucho tiempo antes, en Guadalajara, en septiembre para ser precisos, cuando se me informó que me examinarían para obtener el doctorado el 18 de diciembre de 2006, estuviera yo presente o no.

Lo primero fue buscar a mi elefagente de viajes, a quien le informé con suma amabilidad que el viaje de fin de año a Québec, debía ser borrada del itinerario. La conversación fue algo así como:
–Caborón, cancélame el viaje a los Territorios Ocupados Franceses y destácame en Madrid para el 18 de diciembre…
–Pues me llamas justo a tiempo porque estaba por ejecutar tu reserva permanente… ¿Quieres llegar el 18 a España?
–No, hombre, el 18 me doctoro, tengo que estar allí sin falta todo ese día.
–Veamos… Iberia, Aeroméxico, Mexicana, Continental, Delta, American, United, PanAm…
–¿Todavía opera PanAm?
–No, pero me gusta recitarla… ¿Va tu señora?
–Abuelita de Batman…
–Te sale en un chingamadral de euros por persona sin hotel…
–En la móder… ¿Y más barato no se puede?
–Si te vas antes te baja el precio… pero…
–¿Pero?
–Pero te vas el 12 vía México Nueva York…
–Don’t mame…
–Oh, bueno, lo quieres barato…
–¿Y llegar a España un día después…?
–Te aumenta 500 machacantes.
–Me voy el doce… ¿Cuándo regreso?
–El 19… porque no creo que te quieras regresar el 18…
–Evidentemente… ¿qué pasa si regreso el 20?
–Te aumenta 600 morlacos.
–Me regreso el 19, no faltaba más…
–El 20.
–Dime que me quieres cobrar más y listo…
–No, hombre, es que te vas a regresar vía Atlanta y como la conexión queda muy cerrada prefiero hacerte regresar un día después. Te quedas una noche en Atlanta, visitas el museo de la Coca Cola y el Acuario, y te regresas en la tarde.
–¿Por qué no hacer el viaje de corrido?
–Porque llegas de Uruapan a las 5:30 y el otro vuelo sale a las 5:50.
–O sea que de una forma u otra me quedo en Atlanta…
–Con la ventaja de que estando en Atlanta te puedo mandar traer directo a Guanatos.
–Me sacrificaré y visitaré el museo del imperialismo yanqui…
–Y si pagas antes de quince minutos no te subo el precio…
–Como si tuviera otra opción…

Y así se concretó el viaje a España. Si el viaje no fue precisamente barato, el hotel tampoco fue precisamente económico. Tuve que hospedarme en los Apartamentos Centro Colón a razón de 120 euros diarios, justo al lado de la Embajada de Francia en España. Me descontaron 20 euros sobre la tarifa normal, los espléndidos… en fin. Un departamentito tamaño junior, de un baño con una habitación supuestamente con cama matrimonial (que resultaría ser dos camas individuales juntas) y una especie de sala comedor cocina estancia cuarto de tele donde lo más grande fue la tele, que resultó ser de 21 pulgadas y capaz de sintonizar las estaciones nacionales de la Primera a la Sexta y además Eurovisión. Si aquí teniendo 83 canales a veces no tengo nada que ver, allá decir que estaba frustrado es emplear un lenguaje elegante. La única ventaja fue que, dado que mis hijos se tuvieron que quedar en casa, porque no estaba el horno para bollos y la capacidad de gastarme 900 euros por cabeza (con 4 cabezas extra), fue como volver a vivir en mi época de recién casado.

Los viajes ilustran, dicen. Gracias a ello mis conocimientos son enciclopédicos. El viaje a España comenzó el 12 de diciembre, de madrugada, cuando nos revisaron en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara Don Miguel Hidalgo y Costilla y documentaron nuestro equipaje con destino a España, mas sin embargo nosotros debíamos viajar con rumbo al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México Don Benito Juárez García, donde transbordaríamos de Aeroméxico con rumbo a Delta. Como creo que mi elefagente de viajes me tiene inquina, desembarcamos en la sala 22 de la terminal nacional y debíamos ir hasta la terminal 36 de la terminal internacional, lo que equivalía a recorrer íntegro todo el aeropuerto. Carajo…

El vuelo en Delta con rumbo al John Fitzgerald Kennedy International Airport evolucionó más o menos bien. Un bache aéreo (”turbulencia” le dicen ahora) logró que mi bebida se lanzara alegremente con rumbo a mi cara y sólo el hecho de que la azafata estaba cerca impidió un desastre mayor (las servilletas de papel ayudaron bastante). Aterrizamos, y fue en el aeropuerto donde comenzaron los problemas. Nos tocó pasar migración y aduana (si me fuera a quedar dos días o tres semanas tendría sentido, pero si mi vuelo sale en 3 horas ¿por qué darme un permiso de visita por seis meses?) con un chino apellidado Dang a quien le dió por creer que yo trataba de hacerle su trabajo más difícil. No contento con tener que poner lo que queda de mis dedos índice izquierdo y derecho, y no satisfacerle el resultado, Dang insistió en colocar él mismo los dedos en posición de captura idónea, gritando algo que sonaba como “Don’t try to help me!” mientras destrozaba mis pobres falanges, hasta que tuve que gritarle a mi vez “I’m not fucking helping you, my fingers are broken and twisted, goddamnit! You’re hurting me!” tras lo cual Dang desistió de obtener una huella perfecta y aceptó su derrota, ante la perspectiva de un regaño por parte de su jefe inmediato superior, un negro descomunal de dos metros noventaycinco (en mis historias, todos los negros descomunales miden 2.95 m, así que no se extrañen si parece que me he encontrado con el mismo negro descomunal en todos mis viajes). Lilith, por su parte, tuvo que engrasar sus dedos para que el escaner de Dang funcionara bien. Y aún así Dang se nos quedó viendo como si fuéramos potenciales terroristas. Ganas no me faltaban, a decir verdad.

Salimos de la terminal 1 del aeropuerto con rumbo a la terminal 3, que está a 100 metros de distancia de donde salimos pero nos hizo hacer un bonito rodeo de medio kilómetro, porque los gringos nos hicieron volver a pasar los controles de seguridad. Con una cola impresionante que parecían dos, tuve que quitarme los zapatos, a pesar del frío que estaba haciendo, supongo que para que no se repita lo del atarantado de Richard Colvin Reid (feo como él solo). A veces creo que sí tengo cara de talibán…

Como sea subimos al avión a eso de las 7 de la noche y comenzamos a cruzar el charco describiendo un gracioso arco parabólico que nos llevó bordeando la costa canadiense, Groenlandia, Islandia y las Islas Británicas hasta llegar a España. Yo creo que el viaje debió de haberme afectado bastante el cerebro porque cuando el capitán dijo que estábamos a punto de aterrizar en Barajas yo dije “¡Pero no vamos a caber! ¡Son apenas 52 cartas! ¡Y si es baraja española son apenas 40!” Lilith, más práctica, se limitó a darme un par de bofetadas.
Descendimos, recogimos equipaje, pasamos migración, pasamos aduana, salimos al frío madrileño y nos trepamos a un taxi. Migración fue una cosa sencillísima. Velachaquez, el “vista,” se limitó a decir “¿Mexicanos, eh?” y “Adelante, y que disfruten su viaje.” Ni siquiera pidió ver el boleto de regreso. Qué diferencia…

Al salir del aeropuerto el frío nos dió una bofetada. 12 grados. Y era medio día. Bueno, faltaban 10 días para el invierno, era de esperarse. La ciudad estaba muy cambiada. Evidentemente, porque la última vez que estuve allí para realmente visitarla fue cuando vivíamos allí, hace ya un titipuchal de años, allá cuando Cata nació. Tenía yo como 10 años si mal no recuerdo, y era yo un chaval de pantalones cortos y con churretes, y estaba yo más majo… ejem… bueno…

Era tiempo de llegar al aparthotel y registrarme.

Mexicanos y mexicanas… ¿A que no adivinan a quién me encontré en los Apartamentos Centro Colón? La respuesta, cuando regresemos…

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