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Justicia Ciega.

December 12th, 2006 | Filed under Descategorizados.

Quiero pero no puedo. Deseo seguir publicando algo pero no tengo tiempo de escribir. Así que hice la opción obvia: desempolvé algunos cuentos. Durante todo el tiempo que su seguro servidor no esté, aparecerá un cuentecillo al día.

Justicia Ciega.

Mientras tanto, en el tribunal…
–Su alegato fina, abogado.
–Sí, Señora.
–Señoría.
–Lo que sea. Damas y caballeros del jurado, todos hemos visto cómo la fiscalía ha atacado a esta revista y a su dueño, tachándola de pornográfica y antimoralista, únicamente porque aparecen perros de raza gran danés lastimados de las patas delanteras, los cuales son ayudados por hombres con genes femeninos, que en un acto de amor desinteresado por los animales les dijeron “Pobrecito, ven súbete, te llevo al veterinario…” ¿Es que acaso no les importa a ustedes la salud y la felicidad de los gran daneses ni de los trans… *ejem* benefactores que aparecen retratados? ¿Es eso justo? ¿Es que acaso son ustedes tan insensibles como para no ver q ue la publicación de esta revista permite ayudar a que más gran daneses puedan recuperar la salud y a que más locas… perdón, voluntarios ayuden a estos pobres animalitos? ¿Es que acaso es mucho pedir que cooperen suscribiéndose a la revista por hilarantes 39.95 dólares al año, 12 ejemplares llenos de historias de salvación y amor, mucho amor? Ah, pero por haber venido aquí todos ustedes recibirán tres meses gratis de la revista por sólo un dólar, y si desean continuar su suscripción por el resto del año pagarán sólo 29.95, y de regalo con su compra recibirán un consolador de 35 centímetros de largo, no espere más, haga su llamada ahora, las operadoras están esperando su llamada ¡llame ya! aceptamos todas las tarjetas de crédito, es todo por mi parte, la defensa descansa, señoría.

El jurado se retiró a deliberar y a los cinco minutos salió.
–¿Ha llegado el jurado a una conclusión?
–Sí, su señoría. Por unanimidad nos vamos a suscribir a la revista…
–Sobre el juicio…
–Ah, este… ¿pues qué dicen, muchachos?
–Yo digo que inocente.
–Yo también.
–Y yo.
–Inocente, su señoría…
–Caso cerrado –dijo el juez, dando un martillazo sobre un clavo que se había salido.
–Oye, qué buen abogado te conseguiste –le dijo alguien al acusado.
–Es que antes era vendedor de autos usados, y además estudió con los jesuitas…

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