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Los Tres Castigos Chinos

December 7th, 2006 | Filed under Descategorizados.

Juro que si algún día vuelvo a tener más tiempo libre, completaré la historia del Apolo. Carajo, esto lo escribí en mi agenda electrónica y lo copié al llegar a la oficina…

A mediados del siglo pasado un caballero inglés llegó a las misteriosas tierras de China, entonces bajo el férreo dominio de Mao Tse Tung (eso de Mao Zedong nunca me ha terminado de gustar…), con el objetivo de hacer alguna clase de oscuros negocios en la ciudad de Pekin (porque Beijing tampoco me termina de gustar). Hacía un clima horrible, lovía por todos lados, por arriba, por abajo, por adelante, por atrás y por los lados. Porque las calles tenían tuberías de agua con fugas, las paredes desviaban el agua y los techos tenían goteras, y por si fuera poco era la época del monzón (yo no sé si el monzón llega a Pekin, pero supondremos que había monzón para efectos de este relato). El caballero de nuestra historia llegó a un hostal  llamado “El Dragón de Oro” (o al menos supondremos que se llamaba “El dragón de Oro” dado que no hablo mandarín) y tras hacer una ligera genuflexión, que salpicó de agua un magnífico tapete chino que adornaba el suelo, le preguntó al dueño del hostal, un chino de largos bigotes, larga barba, cabeza rapada con una trenza negrísima creciendo en la coronilla, largas uñas de mandarín, que fumaba en una delgada y larga pipa de hueso, y vestía un magnífico traje de seda cruda, el viajero le preguntó al dueño, decía, si tenía disponible una habitación para poder pasar la noche. Y lo hizo en perfecto mandarín, lo que le añade una preclara inteligencia y una habilidad para los idiomas envidiable, ya que aprender mandarín es labor de 20 años de estudios para poder hablar como un niño de 10 años… Pero divago.
El chino, que se llamaba Li Po Tsuk Ziong (y que era simplemente conocido como Li), escaneó de arriba hacia abajo y viceversa al visitante. Se acarició la barba, se alisó los bigotes, y dijo: “Es usted extranjero.”

El inglés, como es natural, se cuidó de decir una palabra más allá de “Sí” ya que los chinos de ese entonces se ofendían con suma facilidad si les recalcaban lo obvio o les respondían con una ironía. Respondió, simplemente, con un “sí” y se quedó callado.

El chino Li volvió a escanearlo cuidadosamente, le dio una larga fumada a su pipa, exhaló una bocanada  de humo que pareció por un momento tomar forma de un dragón, y dijo: “Tengo una cama disponible, pero se encuentra en la misma habitación que mi hija, Li Song, utiliza para dormir. Si usted fuese chino no tendría inconveniente alguno en ofrecérsela, porque estaría usted consciente de las tradiciones milenarias de esta tierra. Pero siendo usted extranjero mucho me temo que debo negarle la permanencia en este hostal.”

El inglés, que estaba muriéndose de frío y ya había dejado hecho un asco la alfombra con el barro y el agua que le escurrían, le rogó al chino que le permitiera dormir ahí, bajo solemne promesa de caballero, y además inglés, que jamás le cruzaría por la mente hacer algo que ofendiara a su anfitrión o a su hija, y que conocía a la perfección las costumbres del país. Por toda respuesta, Li volvió a aspirar el humo de su pipa, exhaló otra bocanada con aspecto de dragón, escaneó cinco veces al empapado viajero, y dió un par de palmadas.

En el acto llegó Li Song, la hija menor del dueño del hostal. Li Song era una joven china que era una maravilla de muchacha. Inagínensela ustedes. Un metro setenta y cinco, medidas 95, 60, 92, unas piernas que ya las quisiera la selección brasileña en la delantera, piel de perla, dientes de nácar, labios de coral, ojos almendrados, pelo negro medianoche largo y suelto hasta la cintura, toda ella envuelta en un vestido de seda roja como la sangre con bordados en hilo de oro, que más que entallado parecía pintado sobre la muchacha; María Victoria jamás usó un vestido tan untado, jamás… Evidentemente el inglés se quedó con los ojos abiertos y la boca como plato (¿o era al revés?) y además paralizado ante tal visión. El chino Li escaneó otras diez veces al inglés, antes de ordenar: “Li Song, la más pequeña de mis hijas, lleva a este caballero a tu dormitorio. Se quedará aquí esta noche. Y a usted, caballero, le advierto, si le toca un sólo cabello, uno sólo, a Li Song, la más pequeña de mis hijas, pesarán sobre usted Los Tres Castigos Chinos.”

El inglés sólo alcanzó a decir “Sí” mientras seguía a Li Song por las escaleras, hasta alcanzar el cuarto piso del hostal. Apenas habían cruzado el umbral de la habitación cuando la chinita Li Song, que era bastante proclive al erotismo y la carnalidad, se lanzó sobre el inglés con lujuria extrema, desbordada libídine y lubricidad intemperante. Para describirlo en dos palabras: como conejos…

A la mañana siguiente…

El inglés despertó con el fresco de la madrugada. Se descubrió a sí mismo sobre la cama, totalmentedesnudo, y con una extraña opresión en el pecho. Cuando recuperó sus sentidos, se dió cuenta de que la opresión era en realidad una piedra de 50 kilos de peso, con un papel que decía (una vez traducido del mandarín al español) “Primer Castigo Chino: Gran Roca sobre Cuerpo.” El inglés, sin embargo, no se inmutó por la roca ni por el peso de la misma, habituado a trabajos más pesados. Levantó la roca, se levantó él mismo de la cama, y lanzó la roca por la ventana. Y una vez que hubo lanzado la roca, observó que ésta estaba atada… y en el marco de la ventana otro letrero que decía: “Segundo Castigo Chino: Gran Roca Atada a Huevo Derecho.” En menos tiempo de lo que tarda uno en decir “Por vida del Rey Clarión…” el inglés se lanzó por la ventana tras la roca, consciente de que es mucho más importante conservar las joyas de la familia intactas que un par de huesos rotos. Y al salir disparado, en un toldo en la tienda frente al hostal, otro letrero, que decía: “Tercer Castigo Chino: Huevo Izquierdo atado a las vigas del techo.”
Moraleja: Más vale pájaro en mano.

3 Responses to “Los Tres Castigos Chinos”

  1. J.P. | 10/12/06

    No, la moraleja es, de manera despectiva y vulgar: “Nunca te tires a una asiatica, cuyo padre conosca los Tres Castigos chinos…”

    O al menos a mi eso me dio a entender, muy buena historia, relato, anecdota, lo que fuese, eso da mucho de que pensar (Nunca ire a China, y empezare de una vez a estudiar Mandarin) por cierto, señor Mabryck, estaba investigando la otra ocasion, sobre un lenguaje que estan haciendolo mundial, uno que vendria siendo la segunda lengua de todo humano, despues de la nativa (Y no, no hablo de la gringa) Y me preguntaba si podria ilustrarnos con sus ideas sobre esta…lo unico malo es que olvide el nombre de ese idioma, pero fue inventado por un Ingles, creo recordar, cuyo segundo nombre era algo relacionado con Esperanza…en fin, ni idea, saludos señor Pastrami.

  2. Don Pastrami | 10/12/06

    hay varios lenguajes artificiales que prometen ser universales. Esperanto, Interlingua, Ido… Los más prometedores parecen ser Ido e Interlingua, especialmente este último, aunque ambos son legibles directamente por lectores de 8 lenguas, a saber, francés, italiano, inglés, español, rumano, portugués, alemán y ruso. Un tanto complicado para entender en el lenguaje oficial, en el lenguaje común ambos son bastante buenos. Por ejemplo, la declaración universal de los derechos humanos en ido se lee “Omna homi naskas libera ed egala relate digneso e yuri. Li es dotita per raciono e koncienco e devas agar vers l’una l’altra en spirito di frateso.
    El interlingua, en cambio, se lee: “Tote le esseres human nasce libere e equal in dignitate e in derectos. Illes son dotate de ration e de conscientia, e debe comportar se fraternalmente le unes con le alteres.
    Y en esperanto se lee: “Ni ĉiuj estas liberaj kaj egalvaloraj. Ni ĉiuj naskiĝis liberaj. Ni ĉiuj havas niajn proprajn pensojn kaj ideojn. Oni devas nin ĉiujn trakti same.”
    Prefiero, con mucho, interlingua.

  3. J.P. | 10/12/06

    Si, era aquel de Esperanto el que le mencionaba, bueno, gracias por aclararme la duda, apenas hace poco habia leido algo de ello, pero no sabia que eran varias las propuestas…en fin, conque no sea el español mexicano, todo bien, saludos Don Pastrami!

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