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El número de Amadeus

November 18th, 2006 | Filed under Descategorizados.

Este sábado salió en la sección de negocios del periódico Público (parte del grupo Milenio) una noticia que me impactó. De hecho, aparece en la primera plana. Dice, literalmente: “La homeopatía, una alternativa para el maíz”. Obviando el hecho de que la homeopatía tiene la misma efectividad que la Carabina de Ambrosio hoy deseo hablar un poco sobre la causa por la cual la homeopatía es tan inocua. El número de Avogadro.

¿Pero qué este artículo no se titula “El número de Amadeus”?

Amadeus, sí. Lorenzo Romano Amedeo Carlo Avogadro. Tocayo de Wolfgang Amadeus Mozart. Por si fuera poco, este abogado, físico, químico y matemático era Conde de Quaregna e Cerretto, nacido en Turín y muerto en Turín (serendipias…), el 6 de agosto de 1776 y el 9 de julio de 1856, respectivamente. Avogadro fue un genio, sin lugar a dudas, un genio casi tan grande como Yo (Si el Maestro Paulino puede echarse porras solo, yo también puedo, déjenme soñar…), ya que obtuvo su licencia de derecho en 1795 y se inscribió al Colegio de Abogados de Turín (serendipias…). Sabemos que su esposa, Felicita Mazzé, tenía un gran físico (igual que la esposa de Einstein, serendipias…), y que tuvo seis hijos (la televisión no se había inventado aún), pero no sabemos gran cosa de su vida privada.

Avogadro estaba más interesado en resolver el caos que en crearlo, así que comenzó a estudiar física y matemáticas por su cuenta, hasta que se decidió a completar sus estudios científicos de manera un tanto tardía, pero con tanto éxito que en 1809 ya era profesor de Filosofía Positiva en el Colegio Real de Vercelli.

Sólo unos pocos años después, en 1811, Avogadro formula una hipótesis revolucionaria. Tomando como base la Ley de Gay-Lussac (el volumen y la temperatura de un gas ideal sometido a una presión constante puede ser calculado por una constante de proporcionalidad directa) Avogadro descubrió que dos volúmenes iguales de moléculas diferentes, en las mismas condiciones, contendrán el mismo número de moléculas. Ésto es muy importante, pues si conocemos la proporción de uno de los componentes, podremos conocer la proporción del otro. Y podemos calcular el número de moléculas presentes en un volumen determinado. Emocionado por su descubrimiento, Avogadro escribe un artículo presentanto esta hipótesis y lo envía al Journal de Physique, de Chimie et d’Histoire naturelle, revista que lo publica el 14 de julio de 1811 bajo el título de “Essai d’une façon de déterminer les masses relatives des molécules élémentaires des corps, et les proportions selon lesquelles ils entrent dans ces combinaisons” que traducido al español significa “Ensayo de una forma de determinar las masas relativas de las moléculas elementales de los cuerpos, y las proporciones según las cuales entran en estas combinaciones.”

Como es natural, sus ideas revolucionarias no tuvieron un impacto inmediato, entre otras cosas porque nadie conocía exactamente la forma de pesar una molécula, y que nadie conocía exactamente qué diferenciaba a un átomo de una molécula, y a un elemento de un compuesto, y a la masa del peso. Pero una de sus más importantes contribuciones en aquella época era la de clarificar la distinción entre átomos y moléculas, admitiendo que las moléculas estaban formadas por átomos. Timothy Dalton — perdón– John Dalton no hacía esa distinción, y el propio Avogadro tampoco la hacía propiamente ya que no utilizó el término átomo en sus escritos. Avogadro pensaba que existían tres tipos de moléculas, de la cual una era una molécula elemental que no podía ser dividida (un átomo).

Que Avogadro estaba en lo correcto fue comprobado por André-Marie Ampère, quien obtenía los mismos resultados por otros métodos (explicados en el artículo “Sobre la determinación de las proporciones en las cuales los cuerpos se combinan según el número y la disposición respectiva de las moléculas por la que sus partículas integrantes están compuestas“) a pesar de lo cual la comunidad científica no estaba muy convencida de que ambos estuvieran en lo correcto. Ampère es el mismo que haría un gran trabajo en la teoría eléctrica. La comunidad científica finalmente dio su brazo a torcer con los trabajos de Gerhardt, Laurent y Williamson sobre moléculas orgánicas, ya que la Ley de Avogadro era indispensable para explicar por qué cantidades iguales de moléculas ocupan el mismo volumen en estado gaseoso.

A pesar de ello, había algunas incómodas excepciones a la regla. En 1860 Stanislao Cannizzaro sugirió que estas presuntas excepciones se explicarían por la disociación de las moléculas durante el calentamiento, con lo cual se aumentaría el volumen del gas, lo cual a su vez comprobaba la teoría de Avogadro. Avogadro no estuvo presente para ver que su Ley era finalmente aceptada sin reparos. Había muerto 4 años antes.

Pero la cereza del pastel fueron la teoría cinética de gases de Rudolf Clasius, que no sólo confirmaba, sino que dependía de la ley de Avogadro para funcionar; y los trabajos de soluciones diluídas de Jacobus Henricus van ‘t Hoff.

Bien. Ahora a la parte complicada. El número de moléculas que hay en un volumen molar se denomina Número de Avogadro, y por tanto, contiene NA moléculas. El volumen molar de un sólido lo obtenemos multiplicando un metro cúbico por un mol (m³ · mol-1). En el caso de sustancias gaseosas moleculares un mol contiene NA moléculas. Regresando al punto de partida, y teniendo en cuenta la Ley de Avogadro, un mol de cualquier sustancia gaseosa ocupará siempre el mismo volumen (medido en las mismas condiciones de presión y temperatura). Okey, hasta aquí todo muy bien (sé que únicamente los físicos me habrán entendido, y de seguro encontrarán dos o tres errores en mi pseudoexplicación), pero ¿cuánto mide el mol de un gas en condiciones normales de manera que hasta Jaime Maussán pueda entenderlo? Bueno, que lo entienda Jimmy Maussán es bastante difícil pero haré el intento.

A nivel del mar, a una atmósfera de presión, a una temperatura de 273 grados Kelvin (o sea, 0 Celcius), un mol mide 22.4 litros. Esto sólo si tenemos un gas ideal, pero como las cosas no funcionan igual en el mundo real, los valores se apartan un tanto de ese valor. El monóxido de carbono mide 22.4 litros, el dióxido de carbono 22.3 L, el amoniaco 22.1 L, el dióxido de azufre 21.9 L, etcétera y demás. Para sólidos y líquidos el volumen es mucho menor y distinto para cada sustancia. En el caso del agua pura, el volumen molar es de 34.6 cm3 a cuatro grados Celcius, que es cuando tiene su menor volumen en estado líquido. El nitrógeno líquido mide exactamente lo mismo, excepto que debe estar a 210 grados Celcius bajo cero (de otra manera empieza a hervir, y estamos hablando de una molécula realmente estable y hasta noble: cuando uno trabaja con nitrógeno líquido uno puede servirse una generosa porción en un termo común y corriente y transportarla de un lado a otro del laboratorio o incluso del campus sin problemas).

Ahora bien, ¿cuántas partículas tiene un mol? Podemos intentar calcularlo de diversas formas: estudio de láminas delgadas, viscosidad de los gases, luz emitida por un cuerpo negro incandescente, electrólisis, radiactividad, conductividad eléctrica de los gases, movimiento browniano, difracción de rayos X, dactilitis frenóbrica sinistrésica, etcétera y demás, obteniendo en todos los casos valores del número de Avogadro muy concordantes (excepto en la dactilitis frenóbrica sinistrésica, que es el estudio del dedo gordo del pie izquierdo y no es muy consistente con nada que digamos, ni siquiera con el mismo dedo gordo). La definición oficial es “la cantidad de átomos de carbono−12 contenidos en 12 gramos de este elemento». El valor recomendado para NA por el Grupo de trabajo CODATA (Comité de Información para Ciencia y Tecnología) en Constantes Fundamentales es:

NA = (6.0221415 ± 0,0000010) × 1023 mol−1.

En español, a la cantidad de un elemento igual a NA se la denomina mol. El número de Avogadro también es el factor de conversión entre el gramo y la unidad de masa atómica (uma): 1 g = NA uma. Es bastante complicado tratar de imaginarse al número de Avogadro. Por ejemplo, si repartiéramos un volumen molar de gas ideal en condiciones normales, y cada molécula fuera equivalente a un milímetro de radio, tendríamos el volumen de la Luna.

¿A qué viene todo esto? ¿Qué relación tiene con respecto a la homeopatía?

La importancia no es poca. Pero eso será motivo de estudio para el siguiente artículo, dedicado a la homeopatía y al atarantado de Samuel Hahnemann. No, no me he olvidado de la serie Apolo, que continúa en días hábiles…

12 Responses to “El número de Amadeus”

  1. Mus | 18/11/06

    Es curioso que redondeemos a 6,023·10^23 en lugar de 6,022, ¿no?

    No sé, son un chingo de átomos o moléculas. Yo una vez comencé a contar, como quien cuenta habichuelas, pero lo dejé por aburrimiento cuando me di cuenta de que perdía fácilmente la ídem al llega a ochenta.

  2. madmax | 19/11/06

    de seguro encontrarán dos o tres errores en mi pseudoexplicación

    Podemos empezar con lo básico: ¿qué hay que hacer con m³ y mol para obtener m³ · mol^-1? ¡Que se nos despistan los niños, Maestro!

    Para contar, el método de las habichuelas de Mus es bastante problemático, como bien indica. Sin embargo, yo usé una vez uno derivado mucho más sencillo. Lo primero que hace falta son 12 gramos de C-12 (el isótopo de Carbono, no el avión). ¿Conocen esas tablas con agujeros donde se meten las bolas en los bingos caseros cuando se cantan para que estén ordenadas y pueda verse fácilmente cuáles han salido y cuáles no? Pues se fabrica uno un tablero parecido, pero en lugar de una tabla con 9 agujeros en una dirección y 10 en la otra, que sea un hipercubo 20-dimensional con 10 agujeros por dirección. Y los agujeros poco más grandes que el átomo de C-12, claro. Luego se machaca el Carbono hasta obtener un polvo muy fino, tanto que cada átomo vaya por su cuenta. Se espolvorea un poco en el hipercubo mientras se mueve éste, hasta que más o menos todos los huecos estén ocupados, no pasa nada por que se queden uno o dos vacíos. Se hace una marca en un cuaderno, se vacía el hipercubo y se repite el proceso hasta que nos quedemos sin C-12. Así llené 6022 hipercubos. Todavía me quedaba un poco de C-12, pero no daba ni para medio hipercubo, por lo que lo dejé ahí. Aplicando mis conocmientos de matemática avanzada (no tengo sitio para explicar este paso aquí, pero seguro que en cualquier buen libro de cálculo lo encuentran) deduje que en un mol había unos 6.022*10^23 átomos.

    En otra ocasión usé el método de la proporción. Medí un cubo (hexaedro, no canasto) de un mol de cloruro sódico cristalizado. Luego me acerqué y medí las distancias entre los centros de los átomos. Una simple división tras un poco de geometría y obtuve 6.023*10^23 átomos/mol, resultado que no se aleja mucho del anterior.

  3. Cataclísmica | 19/11/06

    Yo hubiera jurado que se necesitaba una vaca esférica, pero la explicación de Max me parece más sencilla.

  4. Mus | 19/11/06

    ¿Y cómo se hace para medir la distancia entre los centros de los átomos? ¿No molesta Heisenberg al acercarse?

    Prefiero la vaca esférica de Cata. Cómo te va, Cata, ¿yastás en el Norte?

  5. cataclismica | 19/11/06

    No, Mus querido, pero ya casi. Me voy el 15 de diciembre y me llevo a Holi de vacaciones, que mi hermana mayor necesita mucho descansar (aquí entre nos bajó ocho kilos, y cuando tu peso normal es de 54 kilos estamos hablando de muchos kilos). Holi regresa el 2 de enero y se viene con Ella, Pierre y Phillip.

    Ya veremos qué pasa. Si no he tenido tiempo de nada y sigo en México, yo creo que desde Canadá ni siquiera voy a poder comentar en el blog…

  6. Pereque | 19/11/06

    Hoy precisamente leí la carta que envió al Público-Milenio. Muy buena, excepto que hubiera sido lindo poner el URL del reto Randi. Para que vean que va en serio.

  7. madmax | 20/11/06

    ¿Y cómo se hace para medir la distancia entre los centros de los átomos?

    Con una lupa y una regla, ¿cómo si no? Si se tiene buena vista, ni siquiera hace falta la lupa.

    ¿No molesta Heisenberg al acercarse?

    Sí es un chico molesto ese Heisenberg, pero aproveché un día que había salido al parque.

  8. Mus | 20/11/06

    Joer, madmax, eres un artista diseñando el taimin de los experimentos. :)

    Adorada Cata: es posible que en Canadá no tengas tiempo para comentar, no, pero a cambio aprenderás mucho sobre quitar nieve del draigüey (o su equivalente en franchute) y cuando regreses a Guadalajara tendrás millones de personas esperando a que les desatasques el blanco elemento acumulado en el cajón de estacionamiento. ¡Supernegocio! :D

  9. Don Pastrami | 20/11/06

    A los de Público les mandé el URL pero lo editaron ligeramente por razones de espacio. Ni siquiera respetaron mi título de ingeniero, y eso que me lo gané a pulso. Aquí mi texto original:

    Como lector y suscriptor de Público, me ha llenado de vergüenza que haya salido mencionado en portada el artículo “La Homeopatía, una alternativa para el maíz” que se encuentra en la página 31 de la edición del 18 de noviembre de 2006. Que un artículo de esta naturaleza haya aparecido en un periódico, cuya función principal es informar, es preocupante.

    Los productos homeopáticos no han probado su eficacia ni en humanos ni con nadie más: su misma eficacia pondría en duda todo lo que la ciencia moderna sabe sobre química y física. La homeopatía es una pseudociencia basada en el supuesto de que los síntomas que provoca una sustancia en una persona sana pueden ser curados por un remedio preparado con la misma sustancia (‘lo similar se cura con lo similar’). Si usted tiene insomnio busque una sustancia que produzca insomnio, como la cafeína. Como sabemos que esa sustancia tiene efectos adversos, dilúyala. En el mundo real una sustancia diluida pierde su efectividad, pero para los homeópatas la dilución transfiere parte de la ‘esencia espiritual’ de la sustancia al agua. Se supone que mientras más diluído, mejor. En algunos preparados no queda una molécula de la sustancia original.

    Quisiera proponerle al Sr. Cristóbal Reyes Arellano un reto. Si la homeopatía es capaz de comprobar que funciona, y en realidad hace aumentar la productividad de un cultivo determinado en una prueba controlada, la Fundación Educativa James Randi estará feliz en otorgarle un millón de dólares: http://randi.org/research/index.html

    Quedo a sus órdenes para cualquier aclaración.
    Ing. James Maybrick Ruiz.
    XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
    Guadalajara, Jalisco, México.
    tel. XXXX XXXX
    http://www.cuarentaydos.org

    De cualquier manera dudo mucho que don Cristobalón o el reportebrio repliquen, no digamos ya que se animen a aplicar al reto.

  10. David O | 20/11/06

    Uno de mis más descabellados sueños es hallar a algún magufo dispuesto a tomar el reto Randi, caray, es que hay que ser afortunado.

  11. Darth Tradd | 22/11/06

    Muy bueno tu post sobre el número de Amadeo Avogadro, por supuesto que espero con singular alborozo la continuación y la dilución del concepto en la homeopatía. O la dilución de la homeopatía en el concepto del número de Avogadro. Bueno, la idea era esa.

    PS: Mensclub! Luego te quejas de que te sale titanium en mi blog.

  12. Don Pastrami | 22/11/06

    Ah, mi amigo, aquí también aparecen otros tabledances… los mejores años de mi juventud los desperdicié tomándome unas frías con las calientes…

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