El Post del Gato y otras maravillas
November 1st, 2006 | Filed under Descategorizados.Generalmente, cuando un blogger se queda sin nada que decir, tiende a poner un comentario sobre sus gatos y a continuación dice que dejará de publicar porque ya no tiene tiempo ni nada que comentar. No es mi caso… mis gatos me darÃan material suficiente para otros tres años de artÃculos, como el que viene a continuación.
Guadalajara no es una ciudad particularmente frÃa, ni cálida, no húmeda, ni seca, ni nada fuera de lo normal, salvo (quizá) el hecho innegable de que en una ciudad de comprime a casi 5 millones de habitantes nuestro Ãndice de edificios altos es más bien bajo y le da a la ciudad un aspecto achaparrado.
La temperatura promedio oscila entre los 38 grados en un dÃa particularmente soleado de agosto y los 0 grados de una noche particularmente frÃa en invierno al aire libre. Las inversiones térmicas se dan pero el viento se encarga de dispersarlas con mucha rapidez, y unas pocas veces al año hay una neblina pertinaz que se quita con el primer sol matutino. Puede llover ligeramente durante 8 dÃas seguidos o caer un chaparrón grueso y concentrado en 10 minutos con toda la lluvia del año pasado y que deja las calles inundadas. Y a veces tiene cambios de temperatura a veces muy marcados… casi todos en noviembre.
Hace unos dÃas comenzó oficialmente el otoño para nosotros cuando se hizo necesario ponerse una cobija extra para dormir. Yo sé que es tiempo de colocarme esa cobija extra cuando mis gatos se duermen sobre mÃ.
Porque mis gatos son especialistas en dormirse sobre mÃ. No junto a mÃ, ni en medio de Lilith y su marido (que supondremos que soy yo para los efectos de este relato, como de costumbre), mis gatos se duermen sobre mÃ. Mis tres gatos, el Rubio, la Negra y el Abuelo.
El Rubio llega subrepticiamente en la noche, abre la puerta de la recámara sin hacer mucho ruido, otea el horizonte, identifica la posición en la que nos encontramos Lilith y yo, brinca a la cama, y encuentra la posición ideal para descansar cómodo, acurrucado y calientito (aunque no exento de peligros y accidentes) que es, para él, entre mis rodillas. Se hace ovillo, si tengo las rodillas muy juntas se estira para separarlas, y se echa a dormir. Y si intento darme vuelta, se enoja, con consecuencias dolorosas para ambos (para él, porque sale volando por los aires; para mÃ, unos arañazos bastante profundos, pero en fin…).
Si el Rubio no regresa en el tiempo establecido, es la señal para que la Negra llegue. La negra sabe perfectamente que si el Rubio encontró lugar entre mis rodillas, ella encontrará lugar sobre mi panza. Supongo que debe sentir lo mismo que uno cuando duerme en una cama de agua. Asà que llega la Negra, verifica que Lilith esté perfectamente dormida, salta a su lado de la cama, pasa olÃmpicamente sobre ella, se sube a mi barriga, se acomoda, y se echa a dormir. Si está muy cansada se acomoda sobre mi pecho y pone la cabeza en la panza a modo de almohada.
Y entonces llega el Abuelo. El Abuelo es mi gato de más edad, un gato enorme de 50 centÃmetros de largo de la nariz a la base de la cola. Es también el jefe de seguridad en casa. Hace unos cinco años él y yo tuvimos una fuerte pelea acerca de quién era el hombre de la casa, y el Abuelo perdió al mismo tiempo la discusión y los atributos viriles… No me lo ha perdonado, y desde entonces el Abuelo se coloca todas las noches de frÃo sobre mi brazo izquierdo, inmovilizándolo de hecho, con su cabeza en mi mano. Si me muevo mucho el Abuelo me muerde, y si me muevo más se levanta y salta directo sobre mis partes nobles, asà que trato de moverme lo menos posible…
En esas mañanas frÃas son Lilith y Nirvana las que tienen que liberarme de los gatos. Una vez que el último gato, no sin cierta reticencia, ha abandonado su posición, yo soy libre para moverme. Inmediatamente levantarme, el Bueno, el Malo y la Fea retoman su posición sobre las cobijas, y no hay poder humano que los haga moverse de ahà antes de medio dÃa. A medio dÃa los tres se levantan con el fresco de la madrugada y se van a buscar el desayuno, que a veces es una paloma, a veces un pajarito callejero, a veces los canarios del vecino, pero la mayor parte de las veces es Whiskas. 8 de cada 10 gatos prefieren Whiskas, 10 de cada 10 perros, también: mis tres gatos comen cada uno en su plato, y luego van a buscar a Floppy para tratar de convencerla de que se vuelva contra nosotros, pero Floppy es muy fiel a sus cuatro amos: Jay, Nirvana, Ichuel y Tobi.
Qué cosas.
Bueno, una vez que me desahogué, les informo que la serie “El Hombre en la Luna” continúa el próximo viernes.
Ahora, las otras maravillas. Sabrán ustedes que durante mucho tiempo los magufos (neologismo aplicable a aquellos que creen a pie juntillas en la magia y que creen que el origen de los ovnis es Marte y planetas similares) sostuvieron que en Marte habÃa una cara. Y que cuando se les mostró una foto en alta resolución resultó que la cara era una meseta erosionada. Bueno, pues no es necesario ir hasta Marte para ver caras. En Alberta, Canadá, hay una. De perfil. De un indio. Con un tocado en forma de hoja de arce (lo que demuestra que es canadiense). y además escucha música, presumiblemente un iPod.
¿Y cómo lo sabemos?
Bueno, las pruebas están en Google Earth:
El indio canadiense musical está AQUà y el iPod está de este LADO. ¡RAmén!
¿Quién o qué es Floppy?
La perra de mis hijos. Se llama asà porque en estos tiempos modernos no sirve para nada.
esta mañana amaneció particularmente mucha neblina, al salir de mi casa pense que habÃa entrado a Silent Hill, solo faltaba la musiquita tétrica y el radio descompuesto je jeje.
lamentablemente no tenÃa la cámara lista, el memory stick estaba dentro del PSP y ya estaba lleno de juegos y demás.
a ver si mañana…
A estas alturas ya todo el mundo debee de saber que lo de Marte no es una cara, sino una base espacial con la última nave de evacuación.
Yo por eso no tengo gatos, aunque últimamente creo que prefiero las gatas (SÃ, lo sé fue un mal comentario). La única mascota que deje en México fue una tortuga de orejas rojas, que según los últimos informes tiene ya un caparazón de 20 centÃmetros de largo. Espero que no me desconozca.
Por cierto, el indio musical es digno de una campaña publicitaria de Apple.