Sorpresas te da la vida (ii)
September 22nd, 2006 | Filed under Descategorizados.Jack se acababa de cambiar de casa, bajo el argumento de que ya eramos muchos y parió la abuela.
Corrió con suerte y encontró rápido un departamento, podÃa pagar la renta, le quedaba en una situación lo bastante cercana como para poder irse caminando al trabajo en caso de una emergencia monetaria, era una zona tranquila, pasaban varias rutas de camión cerca, y podÃa llegar a la universidad en dos patadas para dar clases. Y aunque el departamento no era muy grande, para él solo (excepto cuando lo visitaba Lilith) estaba bastante bien.
Un dÃa le instalaron un teléfono, por cortesÃa de uno de sus alumnos que trabajaba en Telmex y se lo instaló de manera un tanto subrepticia. De hecho, el teléfono quedó a nombre de un tal Esteban Dido. Jack pagaba la renta puntual y casi religiosamente, para que no digan nada. La cosa es que todo marchó bien durante 6 meses, y un dÃa en que Jack andaba mal (porque se habÃa lastimado un tobillo y estaba incapacitado) sonó el teléfono. Yo no estuve ahÃ, pero como Jack lo cuenta es como si hubiera estado escuchando la conversación a través de otra extensión.
–¿SÃ? –contestó Jack. Siempre contesta con un “¿SÃ?” independientemente del humor que traiga.
–¡TÃo! –gritó una voz.
–¿Quién habla?
–Soy Juan, tÃo, el de los Estados Unidos. — En México raro es quien no tiene un pariente en los Estados Unidos. Adivinen quiénes no lo tienen…
–¡Sobrino! –contestó Jack, que se las olÃa desde el principio– ¡Qué milagro, con lo mucho que te queremos y tú que nunca nos hablas, huerquillo!
–¡Cómo está, tÃo!
–¡Muy bien, sobrino! ¿Cómo marchan las cosas en el otro lado?
–Muy bien, tÃo, mucho trabajo y muchos dólares, pero ya estamos aquà en Guadalajara.
–Ah, qué bueno, sobrino, qué bueno, me da mucho gusto aunque me hubiera dado más gusto si nos hubieras avisado para ir a recogerte al aeropuerto. Si te redejabas, claro…
–No querÃamos causarle molestias, tÃo…
–No, no, qué molestias ni qué ocho cuartos, orita mismo se me vienen a comer a la casa, sirve que en lo que llegan, tu tÃa y yo les preparamos una carne asada como las que hacÃamos en el norte…
–Pos es que fÃjese que tengo un problema, tÃo…
–A ver, sobrino, usté dirá…
–Pos es que fÃjese que les trajimos un chorro de cosas del otro lado, aprovechando, y pos a la hora de pasar por la aduana nos salió el semáforo rojo y pos nos pasamos de la raya… y querÃa saber si me puede usté depositar un bitllete en una cuenta para pagar los derechos de importación, y en cuanto pueda sacar dinero de la tarjeta yo se lo pago…
–¿Ah, nomás por eso? ¡Qué güeno que me hablas, sobrino! Casualmente ahà en Aduanas trabaja mi compadre Pascasio. ¿Te acuerdas de Pascasio? El de la tienda, que diario le daba una paleta de dulce a todos los huerquillos cuando tu tÃa iba a hacer las compras, allá en el rancho. Pos cuando me vine pa’cá, pos que le consigo chamba en aduanas y me lo traje, y me la debe. Orita me lo localizas y vas a ver como no nomás te traes tus cosas sino hasta otras que se quedaron embodegadas criando polvo…
–No, tÃo, no quiero molestar tan gacho, mejor me presta el dinero y nos quitamos de problemas, más rápido… Me los deposita en Bital [bueno, en realidad en HSBC, pero Bital se llamaba el banco entonces] los tres mil pesos de los derechos y listo…
–¡Qué! ¿Tres mil pesos? ¡Estás pendejo, huerco! Tres mil pesos es mucho dinero, con mi compadre sacas todo gratis y hasta te va a dar cosas de sobra, de verdad. Es más: ¡Vieja! ¿Tienes el número del celular de mi compadre Pascasio?
–No tÃo, de veras, no quiero molestar a su compadre…
–¿Qué molestias ni qué ocho cuartos, que asà somos todos los de Cadereyta, bien unidos, verdáedióskesÃ. Orita lo localizo y le digo que te voceén y vas a ver cómo sales rapidito desto…
–Pero tÃo…
–Ya que te encuentres con mi compadre le dices que me eche un telefonazo, que hace que no lo veo. Es más, orita mismo vaya juntando sus petacas, sobrino, y me cae de madre que mi compadre se lo trae orita a la casa, sirve que platicamos un buen rato.
–Pero tÃo…
–Sin peros, sin peros, orita mismo yo le hablo a mi compadre. Acá lo espero, huerco…
–Pero tÃo…
–Ya te dije que sin peros, sobrino, que no son molestias. Orita que veas a mi compadre le dices que se traiga una botella de tequila del que él ya sabe, jejejé, jejeje…
Y el tipo del otro lado de la lÃnea colgó.
Y es que en ese entonces las estafas telefónicas más frecuentes eran esas del sobrino atrapado en la aduana del aeropuerto…
Luego llegaron la del Sobrino Accidentado, la del Carro Del Año y la Donación para el Teletón… que les contaré después.
Me encanta.
En dos palabras: MÃtico!!!!
La verdad es que yo siempre he tenido la increible habilidad de improvisación de conversaciones a 10 minutos pasados. Es decir, que siempre se me ocurre lo que habrÃa sido perfecto contestar 10 minutos después de que la conversación acabe…
Bueno, saludos anónimos!
A mà me sucede eso, Anón, pero con las mujeres. Siempre se me ocurre algo que decirles, pero para entonces ellas ya llevan diez minutos besándose (y cosas más jugosas) con otro.
Lo peor es que tengo la sospecha de que ese otro no les dice nada tampoco: simplemente se poner a besarlas (o lo otro más jugoso) y ya.
Exacto… pero yo quedo mucho peor por que se me ocurren frases mÃticas como:
-”Ein?”
-”Estooo…pues…decia…yo…”
-”Lo siento no tengo reloj…”
Y muchas otras…
Eso si…10 minutos después tengo la respuesta perfecta que habrÃa hecho que ahora se estuviera besando conmigo en lugar de con el otro…
*ay* hombres…
“Hombres” no, Mademoiselle Cata: “hombres torpes”.
Y a mucha honra! (honra totalmente anónima…eso si…)