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El Hombre en la Luna (ep. 6: Despegue)

September 11th, 2006 | Filed under La Conquista del Espacio.

Plataforma de lanzamiento A, complejo de lanzamiento 39, Kennedy Space Center, 9:31 A.M. Tiempo Estándar del Atlántico, 13:31 Tiempo Universal Coordinado, 16 de julio de 1969. Tres hombres se encuentran dentro de la nave espacial más compleja construida hasta entonces. La cuenta regresiva entra en sus últimos sesenta segundos. Se llevan a cabo las últimas revisiones. El lanzamiento puede detenerse en el último segundo si hay necesidad de hacerlo.

En la misión Apolo 11 viajan tres astronautas experimentados. Es apenas la segunda ocasión en la historia de los viajes espaciales que eso sucede, siendo la primera el Apolo 10, y ésta excepcional situación no volverá a ocurrir hasta el 29 de septiembre de 1988.

El reloj avanza segundo a segundo, hasta que dan las 9:32:00.00. Entonces se escucha un “Ignition sequence starts, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0, all engines running. Liftoff. We Have A Liftoff, 32 minutes past the hour…

La NASA llevaba ya dos años buscando un lugar apropiado para intentar el primer aterrizaje en la Luna. Era necesario encontrar un lugar que fuera relativamente parejo, con pocos cráteres, sin pendientes pronunciadas ni enormes pedruzcos, cantos rodados, bloques o grietas. Tampoco debía haber colinas, acantilados, inclinaciones pronunciadas ni mesetas que confundieran al radar de aproximaciòn. Debía tener una inclinación muy baja, de manera que en ningùn lugar su pendiente general fuera mayor a dos grados. También era obligatorio que fuera lo bastante grande como para poder ejecutar un aterrizaje en cualquier lugar cercano, de manera que no se malgastara el combustible tratando de llegar a un punto en especìfico. Debía permitirse su llegada a ese mismo lugar desde la órbita si se perdía la ventana de aproximación, y estar lo suficientemente libre de puntos problemáticos para regresar libremente a la Tierra. Y por si fuera poco, debía tener las condiciones de iluminación adecuadas y estar en puntos acordes a la geometría aeroespacial. La NASA había seleccionado trinta posibles lugares, de los cuales sólo 3 cumplían con las condiciones adecuadas. Había que tomar en consideración que el lugar elegido debía ser alcanzable con el menor gasto posible de combustible; para calcular las ventanas de lanzamiento y las inyecciones translutares y transterrestres debían ser tomadas en cuenta la posición de la plataforma de lanzamiento, la órbita terrestre, la òrbita lunar, ysu física mecánica, al igual que el ángulo de lanzamiento del Saturno V, la trayectoria sugerida y la posición del Sol para permitir una iluminación adecuada sin que ésta fuera excesiva. De ellos, uno fue el elegido final: el Mare Tranquilitatis, el Mar de la Tranquilidad.

El nombre de la zona es bastante apropiado. No hay nada. Es ua vasta planicie, lisa y constante, llena de pedruzcos y micrometeoritos. Hay pocos cráteres y poco para ver. No es el lugar que cualquiera hubiera considerado ideal para realizar una exploración científica y concientudinaria de la Luna, pero no tiene por qué serlo. Estábamos hablando, por supuesto, de la primera misión que aterrizaría en la Luna, y por tanto, había que minimizar, en la medida de lo posible, los riesgos. El Mare Tranquilitatis era ideal para esa misión. Así que todas las variables de la misión se calcularon bajo el supuesto de que el Apolo 11 llegaría a esa zona lunar. Todo lo que Armstrong y Aldrin recorrerían cabía perfectamente dentro de una cancha de futbol y sobraba espacio. Si analizamos el recorrido que hizo, veremos claramente que Armstrong intentó descolgarse por una banda burlando a la defensiva para hacer un tiro de tres puntos, pero estaba en fuera de lugar y se vió obligado a retroceder varias yardas para intentar un nuevo home run que le permitiera ganar el set:
Comparando la zona de aterrizaje con un campo de futbol
El video que pueden ver (si siguieron el enlace en rojo chillón de arriba) es exclusivamente el lanzamiento, tal y como pudieron seguirlo millones de personas alrededor del mundo y otros millones de personas alrededor de Cabo Kennedy, que abarrotaban las playas y las carreteras de esa zona de la Florida. Pero el momento del despegue, aunque espectacular, era sólo una parte del proceso. Todo el proceso del despegue había iniciado en realidad a las 21:00:00.00 UTC del 14 de julio de 1969. A ese instante se le llamó T-28 horas. Era, efectivamente, la cuenta regresiva, cuando el Saturno V estaba ya colocado en su plataforma de lanzamiento. El Saturno V, designado como SA-506 y como Eastern Test Range 5307, llevaba en su punta al módulo de comando, designado como CSM-107 y apodado “Columbia,” y al módulo lunar designado como LM-5 y apodado “Águila.” La cuenta regresiva continuaba, pero fue detenida en la cuenta T-09:00 por once horas, y después en la cuenta T-03:30 por una hora treintaydos minutos. Estas interrupciones estaban programadas y no alteraron para nada el horario de trabajo. Hubo, sin embargo, un problema cuando se realizaba la carga de la segunda etapa del Saturno V, que se retrasó por 25 minutos debdo a problemas de comunicación con el Cuarto de Control de la Plataforma. El tiempo perdido fue recuperado durante la pausa programada de T-03:30.

El tiempo se esperaba perfecto, pero una combinación de altra presión en el Norte y baja presión en el Sur ocasionaron que un viento húmedo del Golfo trajera consigo humedad y nubosidad, que contribuyeron a que se vieran numerosas nubes de tormenta y a que se temiera que se cancelaría la misión. Por fortuna las variables atmosféricas estuvieron dentro de los límites de seguridad permitidos y la misión siguió adelante.

Los astronautas entraron al módulo de comando ataviados con sus trajes espaciales autónomos. Fueron ajustados con firmeza en sus asientos (incluso bajo el procedimiento de pisar el hombro de sus trajes para ajustar con mayor firmeza los cinturones de seguridad). Una bolsa agregada en el último minuto a una pierna del traje de Armstrong tenía muy nerviosos a los astronautas: estaba ubicada justo al lado de la palanca “Abortar” y un movimiento involuntario hubiera causado que la cápsula con los astronautas hubiera salido disparada, dando al traste con la misión. Armstrong acomodó la bolsa apuntando para el interior y no para el exterior, disminuyendo un tanto la tensión, pero no lo suficiente.

T-0:00:01 se acercaba inexorablemente. Aún si se paraba la cuenta antes de que dieran las 13:32:00 UTC, la ventana de lanzamiento se extendía hasta las 15:54:00 UTC. Esto les permitía tomar ventaja de la posición del Sol en la Tierra y especialmente en la Luna, que sería de 10.8º al llegar: los astronautas llegarían en pleno amanecer, con iluminación adecuada y sin mucho calor reflejado, de manera que los riesgos de sobreexposición de los astronautas fueran minimizados.

Y llegó T-0:00:12. Los encendedores entraron en acción. Se veía un chorro de chispas debajo de las toberas del Saturno V. No era que se necesitaran: el combustible hipergólico se encendía al simple contacto entre sus dos componentes. Era, entonces como ahora, una simple medida de seguridad que asegurara que no se acumulara combustible no quemado en la plataforma de lanzamiento. Los motores comenzaron a soltar combustible en T-0:00:06. Comenzó a salir una enorme cantidad de gases encendidos, cuyo volumen era tan enorme que obligó a dezplanzarse a la enorme mole del Saturno V en dirección contraria. Llegó T-0:00:00. En menos de treinta microsegundos tres poderosos cerrojos liberaron al no menos poderoso cohete. El Saturno V comenzó a desplazarse venciendo la fuerza de gravedad terrestre. Las indas de choque podían sentirse a setenta kilómetros de distancia. T+0:00:10 y el Saturno V ya había sobrepasado la altura de la torre de lanzamiento. En T+0:00:13.2, a una altura ya considerable, el Saturno V comenzó el cambio de ángulo, tomando un azimuth de 72.058º en su vuelo. Esta maniobra se extendió hasta T+0:00:31.1. La primera etapa terminó su combustible en T+0:2:41.63, en medio de un estruendo considerable. Los astronautas se vieron empujados con violencia hacia adelante y pronto, cuando la segunda etapa inició su trabajo, de nueva cuenta aplastados contra su asiento. En T+0:09:08.22, la segunda etapa terminó su trabajo, y se separó de lo que quedaba del Saturno V. La tercera etapa inició su trabajo en T+0:09:12.2. Esta etapa se apagó a en T+0:11:39.33. La desviación sobre la trayectoria había sido mínima. Apenas de 0.658 kilómetros por hora respecto a la velocidad ideal y a magros 0.185 kilómetros respecto a la altitud ideal.

El impacto de la primera etapa fue registrado en T+0:09:03.70 en el Océano Atlántico, a 660 kilómetros de Cabo Cañaveral. La segunda etapa impactó el Atlántico en T+0:20:13.7, a 4405 kilómetros de la plataforma de lanzamiento. Allá arriba, mientras tanto, 1969-059 (el Apolo) estaba en órbita, con un apogeo de 185.5 kilómetros y un perigeo de 183.1 kilómetros, una inclinación de 32.521º, un periodo orbital de 88.18 minutos, y una velocidad de 28055 km/h. Es decir, iba rapidísimo.

Armstroong, Collinz y Aldrin verificaron todos los sistemas, mientras Houston confirmaba los datos de telemetría. El motor del S-IVB se encendió en T+2:44:16.20 y se aagó en T+2:50:03.03, es decir, un empujón de 346.83 segundos. Esto permitió que el Apolo 11 se inyectara en órbita de tránsito lunar, apenas una órbita y media después de haber salido de la plataforma de lanzamiento. Su velocidad era de 39000 km/h, 10.83 km/s.

¿Llegarán nuestros héroes a la Luna a tiempo? ¿Las computadoras de vuelo habrían hecho correctamente su trabajo? ¿Soportarían los sistemas de la nave el viaje? ¿Qué es esa cosa que vuela a la derecha y abajo del Apolo 11? ¿Es cierto que para ir al baño en el espacio primero se debe comer algo? ¡No se pierdan nuestro siguiente y emocionante episodio de “El Hombre en la Luna” apropiadamente denominado “Episodio 7: Luna, vamos en camino”!

5 Responses to “El Hombre en la Luna (ep. 6: Despegue)”

  1. Sentoki | 11/09/06

    ¡¡¡Qué emoción!!! ¡¡¡Qué nervios!!! espero con impaciencia el siguiente capítulo, a ver que pasa entonces ¿¿llegan?? ¡¡¡NO, no me desveles el final!!!

  2. Darth Tradd | 12/09/06

    ¡Finalmente, el despegue! Siempre me pregunté para qué se necesitaban esas chispas abajo del cohete, si el combustible se prendía sólo al contacto. Evidentemente las cuestiones de seguridad escapan a mi entendimiento. Tengo mis múltiples accidentadas en las fábricas como testigas.

    Seguimos leyendo la historia del Apollo con singular interés y alegría. De todo esto podrías hacer un buen libro, mon ami. Luego le pides al buen Axel que te lo ilustre y vendería bien. Creo.

  3. Don Pastrami | 12/09/06

    De hecho, esa es la idea. Lo que quiero es, haciendo uso de la extrapolación, seguir la carrera espacial en unos años, de neuva cuenta en plan de palpitante actualidad y con firmes bases científicas. Axel la ilustraría, si consigo el dinero para pagarle (porque tengo planeado pagarle, no espero que lo haga de gratis). Ya verán… entre las cosas en el tintero está el proyecto Orión, paralelo al Apolo (un proyecto muy interesante: usar bombas atómicas para impulsar una nave espacial interestelar y no sólo interplanetaria).

  4. tonyx# | 13/09/06

    Una vez mas un magnifico articulo, que es eso de programa orion…? parece que tiene todo lo que me gusta, cohetes y armas de destruccion masivas. mmmm… coheeeetes… ^_^U

  5. Don Pastrami | 13/09/06

    El programa Orión, del que hablaré brevemente si Armstrong, Aldrin y Collins regresan sanos y salvos de la Luna, consistía fundamentalmente de una serie de bombas atómicas que impulsarían a un cohete a velocidades mayores que las alcanzadas por un medio químico. Y era viable, salvo por un detalle…

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