Desayuno con amigos (ii)
August 23rd, 2006 | Filed under Cataclismos.Desayunar con mis amigos no siempre es como el relato que escribà el lunes pasado. Cuando estoy deprimida hago cosas asÃ, pero hoy ya se me pasó. Hoy les voy a narrar el desayuno de mi primer dÃa de clases en EnfermerÃa, breve porque ya me voy.
El primer dÃa de clases en enfermerÃa fue como de costumbre: un dÃa largo y aburrido. A las 9 de la mañana ya era hora de desayunar, y para eso un grupito de niñas y yo nos fuimos a desayunar a un puesto de tacos al vapor que estaba muy cerca de la escuela (lo cual no es de extrañar, alrededor del CUCS hay millones de puestos). Los pocos chicos que habÃa en mi grupo (sÃpi, también hay enfermeros) se fueron por su lado. A punto de salir del CUCS, dije que se me habÃa olvidado mi monedero y regresé al salón. En el camino de regreso fui diciéndole a cualquiera que pasara que si me podÃa prestar un peso para hablar por teléfono, y la mayor parte de quienes les pregunté me prestó el dinero. Cuando llegué al salón ya habÃa juntado 20 pesos, y me fui a alcanzar a mis compañeras. Los tacos estaban muy ricos, y con los 20 pesos pude comprarme cuatro tacos y un jugo de naranja. Me estaba riendo de alguna tonterÃa cuando una niña se me acercó y me dijo que si ya habÃa hablado por teléfono. TenÃa una cara de enojo que no vieran, hasta Jack estaba más lindo que ella (perdóname, Jack, pero es la verdad). Y yo, dándole mi último trago al jugo, dije “SÃ, gracias, ya me dijeron mi número secreto. Ten.” Y le devolvà su peso. La niña abrió los ojos como platos, y luego se enojó durÃsimo, me arrebató el peso y se fue muy digna, mientras mis compañeras se quedaban viendo con cara de “what?”
Desde entonces, cuando no llevaba dinero o estaba muy escasa de ese bien, me bastaba con pedir dinero para hablar por teléfono y poder irme a desayunar…
¿Alguna vez hicieron ustedes lo mismo?
Sisterna mÃa, serÃas la vergüenza de la familia si no fuera porque yo fui el que te enseñó ese truco (y a mà me lo enseñó La Nana, saludos donde quiera que estés…)
Yo lo que no entiendo es eso de que haya pocos protoenfermeros y encima se vayan por su lado. ¿Sigue asà la cosa?
No me gustan los tacos al vapor, pero me encantan los tamales que tienen salsa verde adentro. ¿HabÃa tamales?
Ese sistema me recuerda uno que leà hace tiempo, ni pajolera de quién es ni si es verÃdico.
La historia es que un tipo compra un burro por 500 pesetas (hace tiempo que en España no se compra un burro por ese precio) y aunque lo paga no puede llevarselo. Cuando pasa a recogerlo le dan la mala noticia de que se ha muerto. - “No hay problema, me lo llevo”,
- “Pero, ¿¿para qué quieres un burro muerto??”
- “Yo me apaño”
Pasados unos dÃas, se vuelven a encontrar y el vendedor le vuelve a preguntar.
-”¿qué hiciste con el burro muerto?”
-”Lo rifé”
-”¿Y cómo se rifa un burro muerto?”
-”Pues vendiendo boletas de 5 pesetas por el burro, y vendà 200 boletos, casi todos los del pueblo”
-”¡¡¡Pero si estaba muerto!!!”
-”Pero ellos no lo sabÃan”
-”¿Y qué dijo el ganador cuando se lo diste?”
-”Que le habÃa estafado, y como no soy ningún estafador, le devolvà su dinero”
No hay nada mejor que la Universidad para aprender esas mañas. Confieso que nunca pedà dinero de esa forma para irme a desayunar, comer o cenar.
Lo que sà hice es tener buenas amistades con taqueros, perreros (de hot-dogs, pues) y tamaleras. Asà podÃa llegar con ellos y ser invitado a comer y hasta la trastienda (bueno, atrás del carrito para ser más exacto) pues era casi de la familia.
Cada quien tiene su estilo y sus mañas.
Mus, debes entender que era el primer dÃa de clases y nadie se conocÃa. Además, el hecho de ser hombre en una profesión que tradicionalmente, desde Florence Nightingale, ha sido femenina, tiene sus bemoles. Hasta la fecha a los enfermeros en el Viejo Hospital Civil los pacientes les dicen \”doctores\” y a las doctoras nos dicen \”señoritas\” (a menos que traigamos tocado de enfermera, en cuyo caso nos dicen \”enfermera\”), y no es que los enoje. Por cierto que a los enfermeros les dejamos las labores pesadas, como cambiar y rotar a los pacientes y (jeje) bañarlos con esponja.
Ah, por cierto, Paco, yo también me hice amiga de algunos vendedores. Pago una vez a la semana cuando se me olvida el monedero. Porque eso sÃ, siempre pago para poder seguir desayunando.
Me pregunto cómo le voy a hacer ahora que me vaya a Québec.
Ustedes mexicanos (y americanos en general, incluidos los gringos, que a esos sà que les encanta acumular acrónimos tras su nombre) me van a perdonar, pero es que esa adoración a los tÃtulos me parece una antigualla. Ingeniero, doctriz, licenciada, actuario, maestro, quÃmica… A mà me gustan más las cosas sencillas: Juan, Ana, Pepito o RosalÃa (particularmente me gustan Ana y RosalÃa), y cuando me dicen doctor no me termina de gustar –aparte de que, como sabes, no lo soy–.
Cuando llegues a Quebec, sigue haciendo lo mismo y nomás paga en dólares canadienses. Lo que no creo que encuentres son tacos al vapor, asà que mércate un anafrecito y llévatelo para allá, que además harás patria.
Hombre, lo que pasa es que aquà están prohibidos los tÃtulos nobiliarios. Asà que ya que no puedo ser Vizconde de Cuatro Ciénegas ni Duque de Hillisboriugh, a ver quién es el guapo que me quita el Ing. Frustracio Melcocha, (Ingeniero Postal, vulgo cartero) o el Lic. Astratrasio Barrenillo (Licenciado en AlcohologÃa, vulgo cantinero).
Diz el respetadérrimo Don:
> Hombre, lo que pasa es que aquà están prohibidos los tÃtulos nobiliarios. Asà que ya que no puedo ser Vizconde de Cuatro Ciénegas ni Duque de Hillisboriugh
Y dijo hoy, también:
> Aquà el rey soy yo y tengo un edicto real en el cual se puede hablar de cualquier cosa
A ver en qué quedamos…
Oigan por cierto, tenÃa yo la duda de si en su ciudad también pasa el vendedor de tamales por las colonias con el casete ese de “tamales… calientitos… oaxaqueños… tamales…” o es nomás figura artÃstica capitalina. Lo digo por si hay que exportarla a Quebec para que la dama no pase hambre.
También aqui hay vendedores callejeros, sólo que aquà no dicen que los tamales son oaxaqueños, sino “verdes, rojos, y de dulce.”
Y uno quiere pegar su chicle conmigo y diario me regala un tamal de dulce. Yo creo que me quiere engordar para comerme, como la bruja del cuento. Ya no se puede confiar en nadie.
Ah, por cierto, Mus, aquà yo soy la princesa. Aquà en la web, porque en la vida real soy “esa muchachita que se pinta el pelo de colores”
Muy cierto Mus, esa adoración a los tÃtulos es terrible en México. Sin embargo, es muy útil cuando llegas a hacer cualquier trámite a una oficina de gobierno y en general cuando estás en cuestiones de negocio. Si trae traje dile Licenciado (casi nunca falle). Si trae zapatos de seguridad o un flexómetro o radio colgado del cinturón, es Ingeniero.
La ventaja es que te lo agradecen sin decirlo, a través de sus acciones. Y a veces eso acelera un poco el trámite.
Personalmente, no me gusta mucho que se dirijan a mà usando mi tÃtulo. Tuve un maestro, mejor dicho un Maestro, que me enseñó que es uno el que le tiene que dar valor al tÃtulo y no al revés.
Asà que estoy de acuerdo contigo, las cosas sencillas son mejores.
Por cierto, creo que tengo un tÃtulo aquà o en el foro… ¿Quedé como prÃncipe finalmente, Jack?
Todo depende… ¿vas a pagar tu cuota?
Ahh, ¿habÃa que pagar membresÃa? Ahora entiendo muchas cosas. Seguiré como un humilde labriego…
Nada, nada, a pagar impuestos. Se paga en conversiones al pastafarismo. Yo convertà a Cata, a Will, y a Lord Ed. Si no he convertido a Holi es porque cada vez veo menos a la mayor de mis hermanas, pero no se me va a escapar, la atea…