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El Hombre en la Luna. Ep. 1: Michael Collins.

August 15th, 2006 | Filed under La Conquista del Espacio.

Hoy, por fin, tras interminables retrasos, comenzaremos a hablar de la misión Apolo 11, la primera misión tripulada que buscaba poner a un hombre en la Luna. Y como todos sabemos, logró poner a dos.

La historia del Apolo 11, y la de los Apolos subsecuentes, está llena de conflictos interesantes, detalles emocionantes, anécdotas increíbles, y teorías conspiratorias. Y en esta nueva serie, El Hombre en la Luna, exploraremos las misiones que nos permitieron conocer un poco más a la Luna que se pone redondota como una pelotota que alumbra el callejón…
Toda historia tiene un inicio, y la nuestra empieza con el sueño de un hombre, John Fitzgerald Kennedy, que prometió que antes de que la década terminara el Hombre habría llegado a la Luna. Y ni la muerte pudo detener ese sueño.

A la izquierda, Neil Armstrong. En el centro, Michael Collins. A la derecha, Buzz Aldrin. El 21 de julio de 1969, Neil y Buzz descendieron a la Luna mientras Collins, solo y su alma, los veía allá abajo, en un lugar en el que él jamás podría llegar a pisar en si vida.

Porque aunque Armstrong pasó a la historia como el primer hombre en posar sus pies sobre nuestro satélite, y Buzz Aldrin hizo lo propio como el segundo hombre en la Luna, Collins fue el gran perdedor.

Ya he hablado de Michael Collins. Él fue uno de los tres capcom del Apolo 8, cuando la misión se cambió de pruebas sobre Tierra con el módulo lunar a órbita sobre la Luna. Collins nació en Roma, Italia, el 31 de octubre de 1930, y vivió en Roma, Oklahoma, Governors Island, Puerto Rico, Alexandria (Virginia) y Washington, DC. Tanto movimiento se debìa a que don James Collins, padre de Michael, era militar. La madre de Collins quería que su hijo se convirtiera en diplomático de carrera, pero Collins decidió convertirse en militar por dos motivos: uno, que era tradición familiar (su padre, dos tíos, un hermano y un primo eran militares), y dos (y tal vez más importante), entrar al servicio armado le permitiría estudiar gratuitamente, lo que era muy importante en esos tiempos (la Segunda Guerra Mundial había dejado al mundo hecho un desastre). Collis terminó siendo compañero de Ed White (¿lo recuerdan? Una pista: hacía mucho calor) y terminó en el lugar 185 de 527 cadetes de su clase. Collins decidió unirse a la Fuerza Aérea porque estaba asombrado de lo que se había logrado en la aeronáutica, y quería ser parte de lo que le depararía esa especialidad al mundo en los siguientes 50 años.

Collins completó su entrenamiento de aviación en Columbus, Mississippi, para luego ser asignado a los destacamentos de San Marcos y Waco, en Texas. En la Base Nellis se le eligió como piloto de combate avanzado y en la base George se le asignó al Vigesimoprimer escuadrón de Cazabombarderos, donde se le enseñó cómo lanzar bombas atómicas. Cuando el 21º fue asignado a la Base Chaumont-Somuntiers, en Francia, Collins se fue con ellos. El año era 1954. En 1956, durante unas maniobras de la OTAN, Collins y su copiloto fueron forzados a salir de su avión F-86, después de que surgiera fuego de la cabina. Ambos fueron encontrados relativamente sanos y salvos, y regresados con celeridad a la base, pero tuvieorn que esperar a que el doctor llegara: lo habían asignado a uno de los grupos de salvamento y cuando el doctor regresó a la base con las manos vacías se encontró al par en enfermería, adolorido pero vivo. Debido a la Revolución Húngara, Collins fue enviado a Alemania del Oeste, y logró casarse con Patricia Finnegan en el verano de 1957, después de aplazar constantemente la boda por motivos de trabajo militar. Cuando reasignaron a Collins a los Estados Unidos, tomó un curso de oficial de mantenimiento de aeronaves en la base Chanute, de donde fue asignado a un Destacamento de Entrenamiento Móvil, enseñando a los mecánicos en el servicio y mantenimiento de los nuevos aviones que entraban en servicio.Collins logró acumular 1500 horas de vuelo gracias a su trabajo en el DEM, y se inscribió en la Escuela de Pilotos de Prueba de Vuelos Experimentales de la USAF, en la base Edwards. En 1960 se le aceptó y se convirtió en miembro de la Clase 60-C. Entre sus compañeros, Frank Borman. Después de meses de entrenamiento intensivo, Collins se convirtió en uno de los pocos elegidos para el escuadrón de Operación de Cazas.

Y entonces, en febrero de 1962, John Glenn se fue al Espacio en el Mercury Atlas 6 y orbitó la tierra por 90 minutos. Impresionado, Collins inmediatamente se inscribió a la segunda convocatoria para el Programa de Astronautas. No esperaba ser aceptado, pero aún así fue un duro golpe cuando llegó la carta de rechazo en septiembre. A pesar de ese revés, para Collins los mejores astronautas fueron los que salieron de ese segundo grupo. En ese año la Escuela de Pilotos Experimentales de la USAF se convirtió en la Escuela de Pilotos Investigación Aeroespacial de la USAF. Collins solicitó estar en el nuevo curso, y lo aceptaron. Entre otras cosas, Collins voló un F-104 Starfighter, experimentando un vuelo suborbital y la sensación de gravedad cero. Al terminar el curso, regresó a Operaciones de Cazas en 1963. En junio de ese mismo año la NASA volvió a solicitar astronautas, y Collins volvió a solicitar su ingreso. Y lo aceptaron en octubre.

El entrenamiento de Collins duró esta vez 240 horas, 58 de las cuales fueron dedicadas a geología, materia en la cual Collins no estaba realmente interesado y que de hecho no comprendió en lo absoluto. Después de su entrenamiento básico, el grupo fue dividido en especialidades, Collins escogiendo (y siendo aceptado en) Actividades Extravehiculares y Trajes Presurizados. Su trabajo incluía monitorear el desarrollo y fabricación de los trajes espaciales, como una especie de enviado especial entre la oficina de astronáutica y los contratistas de la NASA. No vieran ustedes cómo se puso cuando se enteró de que Ed White había realizado una caminata espacial en el Gemini 4 sin que él hubiera tenido participación en el asunto.
Como premio de consolación, Collins fue asignado como piloto de respaldo del Gemini 7 en junio de 1965. Fue el primero de los 14 miembros de la Escuela en recibir una asignatura, pero no el primero en volar: ese honor fue para David Scott. Si bien no era lo que podríamos llamar un superatleta como Ed White, trataba de mantenerse en forma, en especial porque si lo llamaban para participar en el Gemini 7, hubiera pasado hasta 14 días en el espacio en condiciones extenuantes. Pero no lo llamaron. Collins fue entonces asignado como piloto principal en el Gemini 10 junto con John Young mientras White era asignado al Proyecto Apolo. Collins y Young debían realizar encuentros y acoplamientos con dos vehículos objetivo tipo Agena, realizar dos paseos extravehiculares y realizar otros 13 experimentos.

El entrenamiento para la misión Gemini fue perfecto, mientras los dos hombres experimentaban las particulatidades intrínsecas de los acomplamientos orbitales, el control remoto de los Agena, y (para Collins) las caminatas espaciales. Era apenas la cuarta caminata espacial que se iba a realizar, y Collins no pudo realizar (por falta de tiempo) ningún entrenamiento bajo el agua. Para entrenarse, la NASA empleó una superficie de metal extrapulida, más o menos de cinco metros por lado. Ahí, Collins se sentó en un disco hovercraft que levitaba usando chorros de gas, y con una pistola de nitrógeno se impulsaba como lo haría en el espacio. La misión se llevó a cabo de manera casi perfecta, y a Collins le tocaron 24 dólares en su siguiente cheque, como pago por gastos de viaje. Qué espléndidos eran entonces en la NASA.

Poco después del vuelo del Gemini 10, Collins fue asignado como tripulación de respaldo en el segundo vuelo Apolo, junto con Frank Borman y Tom Stafford, con Collins en calidad de piloto del módulo lunar. Collins aprendió a manejar el módulo de comando, el módulo lunar, y hasta helicópteros, pues se suponía que era la mejor forma de simular el aterrizaje del módulo lunar. Una vez completado el programa Gemini, se decidió cancelar el segundo vuelo Apolo porque sería sólo una repetición del primero, En el proceso de reasignar a las tripulaciones a las siguientes misiones, Collins pasó de ser piloto lunar a piloto de comando, y su grupo quedó compuesto por Borman y William Anders. El argumento fue que el piloto de comando debía tener experiencia en vuelo espacial, algo que Anders no tenía. Este argumento explicaría por qué Collins se quedó en órbita mientras Armstrong y Aldrin descendían a caminar.

Y llegó el viernes 27 de enero de 1967. Todos los astronautas se reunían en la Oficina Astronáutica para sostener reuniones generales. Don Gregory era el líder en ausencia de Alan Shepard, y fue Gregory el que contestó el teléfono, para ser informado que la cabina del Apolo 1 había estallado en llamas. Collins fue el encargado de darle la noticia de la muerte de su marido a Martha Chaffee. La investigación subsecuente forzó a que el entrenamiento se aplazara, dado que Borman era parte del comité de investigación. Entonces se eligió a la tripulación de las misiones Apolo subsecuentes. A Borman, Anders y Collins se le asignó al Apolo 8. Y entonces enviaron a Collins y a David Scott a París, al Show de Aviación de 1967. Ahí conocieron a Pavel Belyayev y a Konstantin Feoktistov, cosmonautas rusos que partisiparon en las misiones Voskhod 1 y 2, muy importantes porque fueron los primeros vuelos de más de una persona que, además, no llevaban trajes espaciales. Y en el Voskhod 2 se llevó a cabo la primer caminata espacial de la historia (aunque no fue Feoktistov el que la realizó, sino Aleksei Leonov). tanto rusos como americanos se bebieorn un vodka a su mutua salud a bordo de un Tupolev Tu-134. Collins supo que los rusos también recibían entrenamiento de aterrizaje en helicópteros, como él, y que los rusos esperaban pronto poder circunnavegar la Luna.

Ya casi emprendían el camino a casa cuando Collins y su esposa recibieron instrucciones de la NASA de viajar a Metz, el lugar donde se habían casado 10 años antes. Ahí, como si de serendipias se tratara, se encontraron con una boda: la suya. A pesar de que ya habían tenido una ceremonia religiosa y civil, la NASA les regaló la tercera ceremonia.

No todo era miel sobre hojuelas. Corría 1968, y Collins empezó a tener problemas de salud. Sus piernas no le respondían como deberían. Lo notó primero jugando balonmano, y luego, al bajar escaleras, casi se le doblan las rodillas en la dirección equivocada. Su pierna izquierda también experimentaba molestias al sumergirse en agua fría o caliente. No tuvo más remedio que buscar auxilio médico y se le encontró un disco intervertebral herniado. En palabras de Cata:

Un disco intervertebral separa dos vértebras con un tejido esponjoso y flexible que las mantiene unidas. Cuando un disco se mueve hacia la cavidad espinal, el disco presiona la espina dorsal, el peso del cuerpo comprime el disco, y el disco a su vez comprime el nervio. Esto ocasiona una inflamación y un desgaste, que a su vez causa problemas médicos muy graves. En casos extremos el disco puede romperse y partir la espina dorsal, con la consecuente parálisis en la parte inferior del cuerpo debajo de ese disco. En la mayor parte de los casos basta un poco de fisioterapia y seis semanas de descanso para remediar el problema, pero existen casos en los que hace falta cirugía. En este caso se puede llegar a remover el disco intervertebral, fusionar dos vértebras y aplicar fisioterapia. Incluso puede llegarse a casos en los que hay que aplicar tracción en el cuello. Es un procedimiento con una recuperación dolorosa pero funciona. Si tienen dolor constante en la espalda o si sienten molestias en las piernas, consulten a un médico.

Gracias, Cata.

De nada, Jack.

Tras este breve aporte cultural, regresamos con Collins. Collins requirió cirugía, la cual fue realizada en el Wilford Hall Hospital de la USAF en la base aérea de Lackland. Collins se sopló tres meses con tracción en el cuello (Cata, sí le hallas a eso de la medicina) y fue necesario que Collins fuera removido del Apolo 8, por lo que su respaldo, Jim Lovel, entró al quite. La misión también fue cambiada de una prueba orbital del módulo lunar a una inyección translunar (recordarán que el módulo lunar no estaba listo cuando se organizó la misión).
Debido a que Collins contaba con todo el entrenamiento necesario para la misión, se le asignó la tarea de ser uno de los tres capcoms de la misión. Era parte del Equivo Verde, responsable desde la fase de lanzamiento hasta la Inyección translunar. Y al completarse la misión, se le asignó a Collins el Apollo 11, junto con Armstrong y Aldrin. Todavía no se sabía si esa misión descendería a la Luna o no; dependería de los resultados de los siguientes dos Apolos.

Como piloto del módulo de comando, Collins entrenó completamente para las maniobras que debería hacer en el módulo de comando, muchas veces solo. También se le tomaron medidas para su propio traje espacial, trabajo en la centrifugadora para simular las 10 ges del reingreso, y la práctica del acoplamiento en Langley, Virginia. Como su trabajo sería fundamental en el acoplamiento del módulo lunar, Collins compiló 18 posibles formas de lograr el acoplamiento, incluyendo aquellas en que el módulo lunar no aterrizara, o que despegara muy tarde o muy pronto. Su compilación se extiende a lo largo de 117 páginas.

Collins también es el diseñador del famoso parche de la misión Apolo 11.

Un día, platicando con Jim Lovell, que era el comandante de respaldo, surgió la idea de las águilas. A Collins le gustó la idea, y se puso a buscar imágenes de águilas hasta que encontró una en una revista del National Geographic. Collins dibujó esa águila, la colocó sobre un fondo lunar y puso una Tierra en el cielo nocturno. La idea de una rama de olivo surgió platicando con uno de los expertos informáticos en los simuladores. Y fue Julian Scheer, el administrador asistente de relaciones públicas de la NASA, el que sugirió el apodo del módulo de comando: Columbia. Naturalmente, el módulo lunar fue nombrado Águila.

Collins platicaba con Deke Slayton en un entrenamiento de que no quería volver a volar. Slayton le ofreció meterlo en la línea principal de la misión en calidad de comandante de respaldo del Apolo 14 y de comandante principal en el Apolo 17. Collins aceptó, pero el destino (y Richard Nixon) hizo que se separara de la NASA en 1970. Nunca más volvería al espacio.

En nuestro siguiente episodio: Collins se queda arriba, pero Buzz baja. Veremos las serendipias que hicieron que Aldrin fuera seleccionado para el Apolo 11, y el por qué fue elegido para ser el segundo hombre en la Luna. ¡No se pierdan nuestro siguiente episodio de “El Hombre en la Luna” apropiadamente denominado “Buzz Aldrin”!

5 Responses to “El Hombre en la Luna. Ep. 1: Michael Collins.”

  1. Anónimo | 16/08/06

    Siempre me dió un poco de pena el señor Collins… por eso de quedarse taaaaan cerca, y no poder bajar a la gran bola de queso.

    Pero bueno! no todo se puede conseguir! y ya daría yo lo que fuera por dar algunas vueltas alrededor de la luna.

  2. Mus | 21/08/06

    > En casos extremos el disco puede romperse y partir la espina dorsal, con la consecuente parálisis en la parte inferior del cuerpo debajo de ese disco.

    Nomás aclarar que la espina dorsal es la parte ósea (y los discos), y no debe confundirse con la médula espinal, que es el conjunto de nervios que, si se lesiona, puede dejar a alguien paralítico.

  3. cataclismica | 21/08/06

    Ay, Mus, no sé qué haría sin tí. Lo que pasa es que no quiero aburrir a todos con tanta terminología médica.
    Cuando me referìa a que si se parte la espina dorsal por culpa de un disco intervertebral defectuoso se puede ocasionar parálisis, me refería a que un disco desviado (una columna partida) puede ocasionar una parálisis de movimiento o de sensibilidad, y a veces las dos. Si la médula espinal no sufrió daños además de un (fíjate qué bonito término médico) apretón, un simple bloqueo temporal, es altamente factible la recuperación de sensibilidad y movimiento. Es, sin embargo, muy peligroso, porque podemos trozar la espina con un movimiento brusco, en cuyo caso tendremos no parálisis sino paraplejia: no hay ni movimiento ni sensibilidad. Debo destacar que una lesión espinal no neecsariamente implica un corte en la médula espinal. La médula puede estar intacta, y sin embargo, estar lesionada irremediablemente. Un trauma severo puede ocasionar una hinchazón grave en la médula, y és esta hinchazón la que ocasiona una reacción en cadena que desemboca en el bloqueo del canalis centralis, por el cual fluye el líquido cefalorraquídeo, y la falta de movimiento en este líquido puede ocasionar una infección que ataca las meninges, las cuales a su vez se hincharán, lastimando la médula y ocasionando parálisis. Si un trozo de hueso o una calcificación se insertan en la médula, tendremos una sección.
    Y ya le voy a parar porque si no me voy a hacer bolas yo sola, y ya bastantes problemas tengo con el horario que me tocó.

  4. Mus | 21/08/06

    > Si un trozo de hueso o una calcificación se insertan en la médula, tendremos una sección.

    Y si el trozo de hueso o la calcificación proceden de una señora, tendremos una sección de señoras, en la que encontraremos chones, sujetadores y este tipo de prendas que a los hombres nos resultan tan abstrusos, casi más que las compresiones medulares, las artrodesis y las discectomías.

  5. Don Pastrami | 21/08/06

    Te digo que las mujeres son peligrosas, Mus, y más las Maybrick, pero insistes e insistes…

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