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El Hombre va a la Luna (Ep. 11: Comida para llevar)

August 6th, 2006 | Filed under La Conquista del Espacio.

En nuestro capítulo anterior:La tripulación viajaba por el espacio en la misión Apolo hacia la Luna más exacta hasta entonces (considerando que sólo hubo otra misión previa con ese rumbo, no es mucho decir) y con el gran honor de ser los primeros astronautas que no experimentaron el Mal del Espacio. Pero la misión apenas iba en camino, y era hora de comer…

De todos los astronautas en el Apolo 10, el único que experimentó problemas fue Gene Cernan. Y es que todos ellos ya habían volado en las misiones Gemini y conocían la particular sensación que te produce que la sangre se te agolpe en la cabeza, y no les afectó en demasía: a las 10 horas ya estaban listos. Bueno, a Cernan el cambio de gravedad 1 a caída libre lo tuvo un poco mareado los primeros dos días, y el hacer los ejercicios que habían desarrollado los médicos de la NASA lo mareaba todavía más. Según Cernan, aunque para el séptimo día pudo completar cuatro minutos de ejercicios, los “Movimientos Cardinales de Cabeza” parecían más bien diseñados para crear mareos en lugar de para remediarlos…

La tripulación durmió muy bien durante todo el viaje, aunque el primer día los impulsores tenían a Cernan a duermevela. La razón de esto fue la suerencia de McDivitt de que los astronautas se llevaran con ellos bolsas de dormir.

Bolsas de dormir. Del mismo tipo de las usadas en los campamentos al aire libre. Más ligeras y menos calientes, a decir verdad, pero que cumplían con una función básica que la NASA no había pensado antes: restringían el movimiento de los astronautas, manteniéndolo en una sola posición, y con ello impedían la sensación de caida libre que tanto los afectaba al dormir, y además los muchachos dormían calientitos y en paz, lo que era más importante. El cubrir las ventanas de la nave también era muy importante… pero en este caso salió el tiro por la culata: la nave se enfrió bastante.
Con algo tan sencillo como una buena noche de sueño, los muchachos despertaban llenos de vitalidad y listos para enfrentar lo que fuera… excepto la comida.

Porque no están ustedes para saberlo aunque yo sí para contarlo, la comida de los astronautas, y lo que es peor, la bebida de los astronautas, resultó ser bastante mala. QUé digo mala: pésima. Horrible. Se suponía que el agua debía clorarse cada noche para que los astronautas pudieran beberla, suponiendo que desarrollaran bacterias; pero como no todo se puede prever, el primer trago de agua que se tomó Stafford resultó tener el doble de cloro de lo esperado, por culpa de un error en el procedimiento que le que les había dado Control de Vuelo. Aunque el sabor no era muy agradable que digamos, no afectaba en nada, y se tomaron medidas para corregir esa situación. Lo que no se pudo corregir, sin embargo, fue –irónicamente– una corrección en el agua. Las misiones Apolo previas se quejaonn amargamente de que el agua seleccionada para la misión, tras el tratamiento de purificación, tenía mucho gas, lo que no la hacía muy agradable de beber. La solución de Houston fue una nueva bolsa para beber agua, con una agarradera en el fondo, que permitía agitar la bolsa para separar el gas del agua. Funcionaba bien y el gas se iba al fondo, pero al momento de beber, el gas se volvía a mezclar con el agua.
Y ese gas preocupaba tanto a los astronautas como a los médicos de Houston, porque podría conducir a un episodio de diarea (el episodio de Borman en el Apolo 8 aún estaba fresco en la memoria) y eso era muy difícil de controlar en un ambiente de microgravedad. Para fortuna de todos, todo terminó en eructos, calambres y uno que otro dolor en el intestino, nada más. La NASA, de cualquier manera, tomó nota de ese asunto. La tripulación, sin emgargo, no estaba muy convencida que digamos. Su apetito disminuyó bastante, y hasta se saltaban comidas. Stafford estimó que tenían comida suficiente para unos 30 días. Y es que si bien el agua ya era bastante mala, la comida hidratada con esa agua era todavía peor.

Allá en Houston, antes de que el Apolo 10 despegara, el jefe de la División de Pruebas del Programa Apolo, Donald Arabian, intentó comerse la ración estándar de cuatro días. Arabian, que tenía fama de comerse lo que le pusieran enfrente (se describía a sí mismo como “una especie de bote de basura humano”) perdió considerablemente el apetito. Las salchichas, por ejemplo, tenían la consistencia y el sabor de ligas de goma trituradas, y dejaban un agradable sabor a suela de zapato después de comer. Para el tercer día Arabian tenía dificultades para seguir comiendo. Si a eso le agregamos las dificultades en la preparación y el sabor del agua, ya se imaginarán el agradable sabor de los manjares que degustaban Young, Cernan y Stafford. El trabajo de Arabian, sin embargo, rindió frutos: los nuevos platillos de las misiones subsecuentes serían mejores. Incluso los platillos reconstituídos que podían comerse con una cuchara eran mejores que los originales que había probado Arabian. Pero la tripulación no quería reconstituir mucho los alimentos, por el gas disuelto en el agua.

Otra maravilla de las maravillas se dió cuando los tripulantes pudieron ver, con sus ojitos suyos de ellos, a la Luna. Borman y compañía no pudieron ver la Luna sino hasta el final de la misión, mientras que Stafford y sus gentes pudieron verla al segundo día. Y la observaron mejor que en la Tierra. Mientras que acá abajo la Luna estaba en cuarto creciente, allá arriba, con ayuda del brillo de la Tierra, se veía casi llena. Y aunque se veía aún más grande a 200,000 kilómetros de altura (contados desde la Tierra) todavía no se distinguían muchos detalles. Cernan preguntó a Control de Vuelo si ellos pensaban que podría reconocer la tercera etapa del Saturno V a 5,600 km, porque pensaba que eso era lo que estaba viendo. Capcom le dijo que los controladores de vuelo estaban asintiendo con la cabeza y que la distancia entre el Apolo y el Saturno era de unos 7,400 km.

Llegó el 21 de mayo. El Apolo 10 se encontraba ya bajo el dominio de la gravedad lunar, y Control de Misión les informó que aproximadamente mil millones de personas habían visto sus transmisiones de una forma u otra. El interés más grande en ese momento no eran los ratings sino el momento en que comenzaría la inyección lunar. Recordemos que el Apolo 8 perdió comunicación con Houston antes de iniciar esa maniobra, debido a que se interponía la Luna. Pues esta vez tampoco sería una excepción, y era necesario dejar todo en orden antes de que la comunicación se cortara. Habían pasado ya 74 horas con 45 minutos desde el despegue cuando Control de Vuelo predijo que se perdería la señal a las 75 horas, 48 minutos y 24 segundos. También se determinó que la nave tenía un retraso en su trayectoria de 11 minutos, debido a que de las dos correcciones de curso preparadas, sólo fue necesario ejecutar una. También se predijo que su órbita lunar los llevaría a sólo 110 kilómetros sobre la Luna.

Houston observó impotente cómo la señal de telemetría desaparecía de sus pantallas. El Apolo 10 estaba detrás de la Luna, y los astronautas debían ejecutar una maniobra de seis minutos, retrógrada, para inyectarse en la órbita lunar y convertirse en un satélite de un satélite de un planeta.

¿Habrían podido inyectarse en la órbita lunar? ¿Se habrían estrellado en el Lado Oscuro de la Luna? ¿Habrían salido disparados con rumbo al infinito y más allá? Vamos a una pausa comercial y continuamos.

Decir que la tripulación estaba impresionada por lo que veían por la ventanilla era decir poco. “Fascinados” describiría un poco más fielmente lo que sentían los astronautas. Para ellos, el que alguien en la Tierra los hubiera podido guiar a tan sólo cien kilómetros de la Luna, era prácticamente increíble –y sin embargo ahí estaban. Stafford, entonces, se vio en la obligación de dejar de mirar por la ventana y decir por radio:

Houston, díganle a la Tierra que ya llegamos

(Houston, tell the Earth that we arrived).

La tripulación había estado mirando el impresionante paisaje lunar. Stafford lo comparó (igual que Jim Lovell en su momento) con una enorme bola de yeso fino. Pero apenas habian mirado un minuto cuando tuvieron que regresar a su trabajo: prepararse para encender los motores del Modulo de Servicio en sentido retrógrado, lo que le permitiría al Apolo 10 realizar la maniobra de Inyección en Órbita Lunar. Seis breves minutos que a los astronautas les parecieron eternos, pero mientras los motores seguían trabajando, su confianza en el éxito de la maniobra se incrementaba. Cuando por fin terminó la maniobra, todos se abalanzaron hacia la ventana. Stafford y Cernan compararon parte del paisaje lunar con una zona volcánica de Arizona. Fue entonces cuando Cernan realizó la llamada a la Tierra.

Stafford, Young y Cernan estaban realmente fascinados por el lento viaje del Apolo 10 alrededor de la Luna. Era mucho más lento de lo que habían sido sus órbitas alrededor de la Tierra. Y estaban aún más fascinados por el hecho de que volarían encima de la zona designada para el aterrizaje (no me gusta el término alunizaje) del Apolo 11, que llegaría un par de meses después. Cernan y Stafford describian la “Autopista U.S. 1” (así le llamaban a la órbita) mientras la televisaban al mundo en glorioso technicolor. Los televidentes podían ver los hermosos tonos grises, negros, blancos y marrones del Mar de la Tranquilidad, que se veía limpio, terso, listo para recibir a un módulo lunar.

Seis horas despés de esa histórica transmisión, Cernan y Stafford se prepararon para entrar a Snoopy. Retiraron la escotilla, la sonda, la guía, y la otra escotilla con gran facilidad. Y al entrar al módulo lunar, Cernan observó que estaba nevando.

¿Nevando?

Dirán ustedes…

¡Nevando!

Responderé yo. Una nevada de aislante de mylar triturado, que seguramente fue absorbido por el sistema de ventilación de la nave. Y la ventilación ocasionó que el aislante se fuera por el tunel con dirección a Charlie Brown, así que la tripulación tuvo que limpiar primero el módulo de comando antes de que la nevada arruinara los instrumentos. Y a continuación, a limpiar a Snoopy.

Cernan flotó cabeza abajo (según su marco de referencia) con rumbo a Snoopy, por lo que se sorprendió al encontrar que todo estaba de cabeza. Como las dos naves estaban colocadas cabeza con cabeza, pasar de una a otra era una desorientación muy grande. Para Cernan, la mejor forma de lidiar con ese problema, psicológicamente hablando, era deslizarse por la escotilla, mirar a su alrededor, y asignar, arbitrariamente un Arriba y un Abajo. Una vez que ya aceptaba la nueva orientación, subir, bajar, mover, quitar, transportar, verificar, cargar, y poner todo en orden, era sencillísimo. Lo que no era tan sencillísimo era dejar abierto el túnel. La tripulación quería acomodar las escotillas, la sonda y la guía para que no estorbaran, pero esos adminículos se las arreglaban para estorbar bastante. Tanto, que la tripulación terminó acomodando todo en su lugar y ya. Y así terminó el día. Era hora de irse a dormir.

Control de Vuelo había planeado dejar descansar a la tripulación hasta el último momento del 22 de mayo. El plan de trabajo consistía en que Cernan y Stafford se metieran a Snoopy y que Young se quedara a cargo de Charlie Brown. Para despertar a la tripulación, como sorpresa, Control de Misión tocó “The Best is Yet to Come” y llamaron a Carga de Caballería. La sorpresa fue cuando Houston se enteró que la tripulación ya estaba despierta, había desayunado, y había empezado a trabajar en el plan de vuelo. Cernan removió lo que tenía que removerse, movió lo que tenía que moverse, conectó lo que debía conectarse, activó lo que tenía que activarse, desconectó lo que debía desconectarse, y cerró lo que debía cerrarse. Young ayudaba a Stafford a colocarse el traje (una labor que duraba por lo menos cinco minutos con todo y ayudantes). Luego le tocó el turno a Cernan mientras Stafford se metía en Snoopy. De hecho, cuando Houston se comunicó con los muchachos, Stafford y Cernan ya iban por el paso 10 de la lista de verificación y habían cerrado las escotillas de Snoopy y Charlie Brown. Y surgió el primer problema. Cuando Stafford y Cernan estaban listos para separar a Snoopy de Charlie Brown y convertirlo en el Barón Rojo, se dieron cuenta de que el módulo lunar estaba desalineado por tres y medio grados.
Las causas pueden haber sido varias. Posiblemente el aislante de mylar ayudó a esa inclinación, o pudo haber pasado cuando Young, al realizar el acoplamiento inicial, haya olvidado apagar los impulsores de giro del módulo lunar (control de vuelo tardó un poco en recordarle que debía apagarlos). Cualquiera que haya sido la causa, la tripulación tenía miedo de que la separación rompiera algunas o todas las puntas de la junta de acoplamiento, y con eso, impediría que ambas naves se volvieran a acoplar. En ese caso, la única forma de que ambos pudieran regresar a Charlie Brown sería si abrían la escotilla de Snoopy y flotaban con rumbo a la escotilla de Charlie Brown. Esto sería peligroso, por ponerlo en términos suaves. Prácticamente imposible sería una definición más acertada.
En Houston se realizó una de las famosas juntas entre los miembros del equipo de Control de Vuelo y los diseñadores. George Low confirmó que no habría ningún problema siemtre y cuando la desalineación no superara en ningún caso los seis grados. Tres y medio estaba dentro del rango de tolerancia, así que el director de vuelo Glynn Lunney le dió “Va” a la misión. Y entonces el Apolo 10 se ocultó detrás de la Luna.

En Houston la tensión era tan grande que podía cortarse con un cuchillo. ¿Se habrían podido separar? ¿Habría la nave sobrevivido a esa experiencia? ¿Se habrían convertido los astronautas en bólidos que se estrellarían sobre la Luna? ¡No se pierdan nuestro siguiente emocionante episodio: “El Hombre va a la Luna, Episodio 12: Sólo para adultos”!

2 Responses to “El Hombre va a la Luna (Ep. 11: Comida para llevar)”

  1. Terminus | 7/08/06

    Ya lo has vuelto a conseguir, estoy mordiendome las uñas esperando el próximo capítulo.

    Un Saludo

    Edu

  2. Anónimo | 7/08/06

    Bueno…después de unos anónimos días de descanso llego aquí y me encuentro un montón de emocionantes capitolios de la conquista del queso de bola más grande a esta parte de Rio Bravo (o es la otra parte?)

    Una vez más, me tienes anónimamente en ascuas!

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