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El Hombre va a la Luna (Ep. 10: Apolo 10 se va de viaje)

August 4th, 2006 | Filed under La Conquista del Espacio.

En nuestro capítulo anterior: El Apolo 9 fue una misión exitosa que probó que el módulo lunar funcionaba en condiciones de operación… pero sólo alrededor de la Tierra. Era necesario probar el módulo en condiciones de operación reales, ante una menor influencia gravitacional por parte de otro cuerpo celeste y sin el menor rastro de atmósfera que agregara fricción y problemas varios, como el efecto rebote al acercarse a demasiada velocidad. Era entonces necesario enviar a un nuevo equipo a las cercanías de la Luna, y esta vez no había gomitas ni arañas que valieran: era necesario enviar a Charly Brown y a Snoopy.

Sí, escucharon bien. No hay lugar para Gomitas y tampoco para Arañas:

Es tiempo de Charlie Brown y Snoopy.

18 de Mayo de 1969. Apenas han pasado seis semanas desde que se lanzó la misión Apolo 9, y la Nasa ya está preparándose para lanzar a otros tres hombres al espacio. Los elegidos fueron Thomas Stafford, Eugene Cernan y John Young, quienes abordaron el módulo de comando del Apolo 10 en la Plataforma de Lanzamiento 39B con la misión de probar por primera vez el rendimiento de una nave categoría Apolo completa, sobrevolando la Luna. Observando a los hombres en Cabo Keneddy (a quien todavía no le llegaba su ascenso a Sargento) se encontraban casi cien mil personas, entre los que se encontraban un rey y varios congresistas. A las 12:49 PM Rocco Petrone y su equipo de lanzamiento presionaron los botones adecuados y movieron las palancas precisas a su posición exacta, y mandaron a Stafford, Cernan y Young a la… Órbita Estacionaria Terrestre. Con ellos, iban Charlie Brown, el Módulo de Comando, y Snoopy, el Módulo Lunar.
Era apenas la segunda ocasión en la historia de la Humanidad que se enviaba a una misión tripulada con dirección a la Luna, y no era tiempo aún de pisarla. Y no porque no pudieran hacerlo, sino porque primero había que probar la maquinaria.
Observen ustedes el inmenso tamaño del saturno V con todo y Charlie Brown y Snoopy. Es enorme. Más aún. Vean a Hanz. Hanz, y su gemelo, Franz, son los vehículos utilizados para transportar a los cohetes Saturno V. Hanz y Franz miden 40 metros de largo, 34.5 de ancho, y 12 metros de altura. Pesa poco más de 2 millones de kilos, sin carga. Pueden mover 6 millones de kilos sin esfuerzo. Se mueven a la pasmosa velocidad de mil cien metros por hora con carga y a tres mil metros por hora sin carga. Y tal vez lo más importante de todo: su kilometraje. Hanz y Franz ofrecen un rendimiento de 1.76056338 metros por litro de diesel.

La tripulación estaba aplastada contra sus asientos escuchando gemir a la primera etapa del Saturno V (sonaba igual que un Titán II, según la tripulación, veteranos del programa Gemini) cuando la última gota de combustible se quemó. Así, los astronautas se vieron súbitamente empujados hacia el cielo y luego fueron súbitamente aplastados contra los asientos cuando la segunda etapa empezó a quemar combustible. Tanto y tan duro fue el movimiento hacia adelante y atrás que los pobres astronautas veían borrososo los controles de la nave. Stafford trató de decirle a Control de Vuelo que acababan de perder la primera etapa, pero lo único que logró balbucear fue algo así como “eo ke as li” (que podemos traducir libremente como “Es mi deber informarles que la primera etapa del Saturno V ha sido separada con éxito y la segunda etapa comienza a encenderse en este instante”). Y luego, ¡eufemismos! una vez más el Saturno V comenzó a tener hipo, justo como en las misiones previas. Esta vez el Saturno Vs se movía tanto que los astronautas empezaron a temer que las naves se cayeran a pedazos antes de salir de la influencia de la Tierra. Y entonces se soltó la segunda etapa. y comenzó a trabajar la tercera, colocándolos en la Órbita Estacionaria Terrestre, órbita de 189.90 por 184.40 kilómetros, casi perfecta.

El primer período de revisión de sistemas transcurrió sin incidentes. Allá abajo, en Houston, Lunney solicitó aprobación de todos los controladores para inyectar a los astronautas a la Luna, y por unanimidad se dijo “Va.” Allá arriba Stafford y compañía consideraban seriamente la posibilidad de no usar guantes y cascos para operar el Apolo 10, pero, según Young, “les entró mello” (theychickened out,” es decir, se acobardaron) y terminaron poniéndose todo el traje. Lo cual seguramente agradecieron cuando, a las 3:19 PM, lo que quedaba del Saturno V colocó a nuestros héroes en camino a la Luna, pero a trompicones y moviéndose de fea manera. Tan feo se movía la nave que Cernan llegó a preguntarse si podría abortarse la misión a estas alturas (literalmente). Sin embargo, el sistema de Guía Automática funcionó a la perfección, manteniendo a nuestros héroes en línea recta, y a eso de las 3:50 la tercera etapa del Saturno V se separó del Apolo 10 y se alejó a descansar para siempre en el espacio, en órbita alrededor del Sol, con nuestros héroes ya en camino a la Luna.

Cuando Young desacopló el Módulo de Comando del Saturno V, la tripulación en pleno observó que los paneles que habían protegido al módulo lunar salían disparados por el espacio, y cuando el módulo de comando giró, estaba a unos 45 metros del Saturno V, tres veces más lejos de lo esperado. La maniobra de acoplamiento entre el módulo lunar y el módulo de control fue exitosa, y mientras tanto, allá en Houston, Control de Misión veía todo el procedimiento a todo color.

La televisión había funcionado tan bien en las misiones previas que la NASA decidió invertir dinero para poner un sistema a color en el Apolo 10. El sistema, que pesaba apenas 5.5 kilogramos, lo que para las normas de la época era una cámara miniatura, era una auténtica joyita de la tecnología, digna de un auténtico geek de pura cepa: una cámara Westinghouse modificada, con un monitor de 7.5 centímetros a manera de visor que los astroautas usarían para ver lo que filmaban. Gracias a esto, Houston pudo ver en vivo y en directo cómo Charlie Brown, impasible, le ponía la correa a Snoopy, que permanecía perfectamente ecuánime, y lo sacaba a dar un paseo. Y un poco después, Houston pudo ver el hemisferio occidental visto desde el espacio. Que bárbaros… sólo por esa toma valia la pena correr esos riesgos, caray.
Era tiempo de checar túneles, cerrojos, sondas, parches, escotillas, palancas, botones y luces. Todo estaba como debía estar y en la posición en la que debían estar, así que los muchachones tuvieron mucho tiempo libre mientras navegaban con rumbo a extraños, nuevos mundos… Y entonces se dieron cuenta de que llevaban el rumbo ligeramente equivocado, así que trazaron un nuevo curso con rumbo al Infinito y más allá, y posteriormente a la tercera estrella a la derecha y de frente hacia el amanecer. En resumen, que los astronautas estaban muy aburridos y agradecían con toda su alma cualquier carga de trabajo. Evidentemente, no sabían lo que les esperaba. De cualquier forma, las correcciones de curso eran tan breves que todos se preguntaban si realmente era necesario corregir el curso. Y la nave viajaba tan tranquilamente que se preguntaban si realmente funcionaban los impulsores.

Como era de esperarse, si algo puede malir sal, saldrá mal. No muy mal, por fortuna. Sería más bien como un bache en el camino. Sin deberla ni temerla, el Apolo 10 comenzó a mecerse. Bambolearse podría ser una palabra más precisa. Un análisis posterior sugirió que la causa fue el combustible que se movió dentro de los tanques, posiblemente un efecto de chapoteo. De cualquier manera, la experiencia no afectó la navegación. La falta de estrellas tampoco.

Escucharon bien. Dije falta de estrellas. Para confirmar su posición en el espacio, la tripulación del Apolo 10 dependía de ubicar estrellas con los sextantes integrados… pero no podía ubicarlas. Resulta ser que los muchachones perdieron temporalmente la óptica en la nave, de manera que para ellos era imposible ver las estrellas. Para cuando Stafford logró observar unos cuantos puntitos, ya habían viajado 190,000 kilómetros. La corrección de curso: a las 26 horas de vuelo el Apolo 10 encendió su sistema de propulsión principal para agregar 15 metros por segundo. Tan bien calculada estaba la órbita y tan precisa era su dirección, que el Apolo 10 estaba en camino al punto exacto donde se podría realizar el primer alunizaje. El resto del viaje hasta la inyección lunar, la tripulación estudiaba, dormía, comía, y realizaba cinco transmisiones de televisión, a color. En total, transmitieron 72 minutos desde el espacio.

Los registros demuestran que Stafford, Cernan y Young fueron los primeros astronautas del programa espacial Apolo que estuvieron libres del Mal del Espacio. Pero eso de libres es un decir.

En nuestro próximo episodio: Analizaremos por qué nuestros héroes no se enfermaron allá arriba; veremos lo apetitoso de las comidas en el espacio, y conoceremos lo que McDivitt sugirió que los muchachos utilizaran entre jornadas… ¡No se pierdan nuestro siguiente emocionante episodio: Apolo 10 se acerca a su objetivo!

2 Responses to “El Hombre va a la Luna (Ep. 10: Apolo 10 se va de viaje)”

  1. Otro anonimo | 6/08/06

    en la madre, Don Pastrami!!!!

    …Se mueven a la pasmosa velocidad de mil cien metros por hora con carga y a TRES MIL Kilómetros por hora sin carga…

  2. Don Pastrami | 6/08/06

    Hombre, es que sin carga se puede alcanzar mayor velocidad… (gracias por hacerme notar esa pequeña inconsistencia, pero te apuesto lo que quieras a que ya no la puedes ver…)

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