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El Hombre va a la Luna (Ep. 9: Apolo 9 a la baja)

August 2nd, 2006 | Filed under La Conquista del Espacio.

En nuestro capítulo anterior, Schweickart (¡Salud!) se había encargado de utilizar por primera vez el traje espacial autónomo y hasta había logrado salir por la escotilla de la Araña para dar un paseo por el espacio. Scott y McDivitt lo habían fotografiado, y la misión podía ser ya considerada un éxito…. pero faltaba lo más peligroso de la misión…

La misión iba bien, pero con retraso. Y de pronto, tal vez por lo bien que había resultado la caminata espacial, el 7 de marzo los muchachos ya llevaban una hora de ventaja: despertaron antes. Lo primero que hicieron fue pedirle permiso a Control de Misión para entrar al módulo lunar sin los cascos y sin las mangueras de oxígeno, puesto que eso hacía mucho más difícil la verificación y y puesta a punto de los módulos para las maniobras que deberían hacer a continuación. Control de Misión llevó a cabo una miniconferencia allá en Houston hasta que finalmente dijeron: Va. Las naves estuvieron a punto con una velocidad inusitada, lo que permitió que el humor de los astronautas mejorara mucho. Tan pronto como obtuvo la autorización para continuar, Scott presionó el botón de separación y ¡Eufemismos! la Araña se atoró en un gancho de seguridad. Scott, evidentemente, hizo lo que cualquiera en su lugar hubiera hecho: volvió a presionar el botón. Esta vez, la Araña se alejó de la Gomita sin ningún inconveniente. McDivitt miraba cómo la distancia entre la Gomita y la Araña se iba incrementando, hasta que llegó la hora exacta en que la Araña dió un giro de 90 grados de inclinación y 360 grados de rotación, para que Scott pudiera ver las cuatro patas de la Araña y confirmara que estaban extendidas e intactas.
Y entonces McDivitt comenzó a moverse alrededor de la Gomita, sin alejarse más de 4 kilómetros en los primeros 45 minutos, para comprobar que estuviera en condiciones. Entonces comenzó a alejarsepara llevar a la Araña a 23 kilómetros de la Gomita. Con el 10 porciento de la potencia del motor, todo marchaba viento en popa. Pero cuando llegó al 20%, el motor comenzó a cascabelear. McDivitt dejó de acelerar y esperó hasta que el motor dejara de toser. Entonces aceleró hasta 40% de la potencia nominal antes de apagar el motor, y todo fue normal. McDivitt y Schweickart volvieron a verificar el motor y no encontraron nada anormal, así que encendieron el motor y volvieron a acelerarlo hasta 10%. Todo normal y parejo. Los muchachones estaban volando ya en una órbita circular de 23 kilómetros sobre el módulo de comando, y no tenían ningún problema en ver a la Gomita. Se alejaron a 90 kilómetros y seguían viendo a la Gomita. Incluso cuando estaban a 160 kilómetros de la Gomita, podían localizar su posición como uan piedrita brillante en el Espacio con ayuda de un sextante. Ya era muy difícil calcular la distancia, pero para eso tenían el radar y a Houston.

Ésta nueva órbita de la Araña, más alta que la Gomita, tiene asociados algunos problemas para comprenderla. Y es que es una órbita paradógica para las mentes acostumbradas a pensar en dos dimensiones y media, como nosotros. Verán ustedes: según la mecánica orbital, para frenar hay que acelerar.

Ubiquémonos en el lugar de la Araña. Estamos en una órbita más alta que la Gomita con respecto a la Tierra. Por tanto, la Araña está más alejada de la Tierra que la Gomita. Por tanto, la Araña recorre una mayor distancia con respecto a la Tierra que la Gomita. La Araña se movió gradualmente fuera del alcance de la Gomita; de hecho, estaba a 185 kilómetros de distancia. Para poder encontrarse y acoplarse, la Araña debería intvertir su posición y comenzar a acelerar en la dirección contraria a la que venía, de manera que la Gomita fuera capaz de alcanzarlos y que de hecho los rebasara. Con esto, la Araña no sólo quedaría por detrás de la Gomita, sino que de hecho pasaría por debajo de la Gomita. Recuerden que la aceleración es en línea recta siempre, a menos que cambiemos la dirección usando otro vector de aceleración. La cosa es que la Araña quedaría detrás y abajo de la Gomita, así que los papeles se invertirían. Esta vez, sería la Gomita quien fuera más rápido y recorrería mayor distancia que la Araña. Pronto ambas naves se acercarían lo suficiente como para iniciar el proceso de acoplamiento.

McDivitt y Schweickart, entonces, giraron a la Araña. Luego, iniciaron los motores en contra de la dirección de vuelo para disminuir su velocidad orbital con respecto a la Tierra. Con esto, su órbita caería ligeramente por detrás de de la órbita de la Gomita. Una vez que estuvieran por delante y por detrás de la Gomita, podrían comenzar a perseguirlo. Encendieron entonces los impulsores para separarse de la etapa de descenso (que no usarían porque no descenderían en la Luna). La pirotecnia utilizada dejó un montón de escombros flotando y ocasionó que la luz del faro guía se fundiera (la luz que parpadea en los aviones para identificarlos en el aire como aviones es un faro guía). McDivitt dijo “fue como una patada en el trasero… pero todo salió bien” (”sort of a kick in the fanny… but it went all right“). La distancia entre la Gomita y la Araña se redujo pronto a 124 km y McDivitt encendió la etapa de ascenso por unos tres segundos para circularizar su órbita, es decir, para que su órbita fuera circular. Y comenzó a cazar a la Gomita. La condenada nave no se veía por ningún lado (la distancia no permitía observarla a ojo desnudo) hasta que de pronto McDivitt la vio, a unos 75 kilómetros de distancia. Tras una hora de caza, McDivitt y Schweickart encendieron los impulsores de la Araña y se acercaron a la Gomita. McDivitt diría que se veía como el 4 de Julio, todo lleno de fuegos artificiales, y Scott dijo que podía verlos claramente desde su posición. Pero en cuanto se detuvieron, a Scott se le perdió la nave. La luz del faro guía era muy necesaria y sin ella todo el trabajo se complicaba mucho. Ya habían pasado dos horas.

Y en eso, McDivitt recordó el problema cuando se separaron de la Gomita, así que le pidió confirmación a Scott de que el módulo de comando estuviera listo para el acomplamiento. Al acercarse a la otra nave, McDivitt hizo girar a la Araña para que Scott pudiera inspeccionarla. Seis horas después de haberse separado del módulo de comando, McDivitt acopló firmemente a la Araña y la Gomita y reportó “Tengo captura” (”I have capture“). Los doce cerrojos del anillo de acoplamiento capturaron al módulo lunar con rapidez inusitada y firmesa superior. Ya se había allanado un trecho más en el camino a la Luna: el módulo lunar podía descender y regresar al módulo de comando sin peligro.

Aún no se abrían las escotillas de las naves cuando McDivitt dijo que estaba cansado y que pensaba tomarse un fin de semana de tres días para descansar. Y merecido lo tenía toda la tripulación, porque habían logrado completar el 90 por ciento de las tareas programadas y aún les quedaban 140 horas de tiempo antes de volver a la Tierra. Casi seis días. Todavía les quedaban cosas por hacer, pero eran nimiedades: había que hacer otros empujones con el módulo de comando (para un total de ocho, simulando así los empujones que habría que dar la nave para ir a la Luna y regresar a la Tierra) y lanzar la etapa de ascenso (que ya no se utilizaría una vez que el módulo Lunar se acoplase con el módulo de comando en una misión real a la Luna), y tal vez lo que era lo mas importante de toda la misión: cantar el “Happy Birthday”.

Oh, sí. El 8 de marzo de 1969 Scott, McDivitt y Schweickart cantaron “Feliz Cumpleaños” en órbita, en una transmisión. Fue la primera canción interpretada en el espacio. El nombre del cumpleañero no ha llegado hasta mí, tal vez uno de los miembros de Control de Misión (el más cercano es Alan Bean, el reemplazo de Scheickart, que cumple años el 15 de marzo), pero la cosa es que los muchachones del Apolo 9 le cantaron desde el espacio. No cualquiera puede presumir de eso.

Llegó el tiempo de despedirse de la Araña. Control de Vuelo, en Houston, se encargó de controlar la Araña para colocarla en una órbita elíptica de 6965 por 235 kilómetros, alejada de la Gomita y donde finalmente sería atrapada y consumida por la atmósfera terrestre. Un poco después de despegarse, McDivitt comentó a Control de Vuelo que esperaban no haber dejado nada en la Araña. Capcom preguntó, con tono alegre, si querían decir que esperaban no haber dejado a Schweickart a bordo. McDivitt replicó “No se me olvidó: lo dejé ahí a propósito.” (I didn’t forget him… I left him there on purpose“). Acto seguido, los tres astronautas y Houston se echaron a reir, para que luego los astronautas se pusieran a realizar las labores mundanas de checar la nave, verificar su posición, fotografiar la Tierra, y descansar hasta su reingreso a la Tierra. Tres días de adelanto con respecto al plan original, oh, sí.
Diez días, una hora, y un minuto después de haber despegado de Cabo Keneddy, el Apolo 9 cayó grácilmente en el Atlántico norte, muy cerca de Puerto Rico, tras haber completado un vuelo de seis millones de kilómetros a un costo estimado de $340 millones de dólares de aquellos tiempos. Fueron recogidos por el USS Guadalcanal, que mandó a recoger a los muchachones en helicóptero, aprovechando que el mar estaba sereno y que esta vez la cápsula quedó en posición estable uno, es decir, boca arriba. No vieran ustedes la fiesta que se armó a bordo del Guadalcanal. Quien diga que los militares no saben divertirse no los vió a bordo del Guadalcanal y no los ha visto paseando por Mazatlán.

Y no olvidemos a Carroll Bolender y Llewellynn Evans, del Manned Spacecraft Center y Grumman, respectivamente, que eran los diseñadores en jefe del Módulo Lunar, y a quien el vicepresidente Agnew les otorgó la Medalla de la NASA por Servicios Excepcionales y el Premio NASA por Servicio Público, respectivamente. Y la moral en Houston estaba tan elevada, que ya estaban listos para enviar a dos hombres a la Luna.

Pero antes, quedaban cosas por hacer.

En nuestro siguiente episodio:

Un nuevo Apolo sale desde la plataforma de lanzamiento 39B, empujado por un cohete Saturno V. Su misión, probar el módulo lunar directamente sobre la Luna, acercarse a la superficie y regresar. ¿Podrá Charlie Brown soportar el camino de ida? ¿Descubrirá Snoopy que la Luna es de queso? ¿Qué demonios hacen los personajes de Charles Schulz en el Espacio? ¡No se pierdan nuestro emocionante nuevo episodio titulado Apolo 10: el Barón Rojo vuela hacia la Luna!

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