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El Hombre va a la Luna (Ep. 8: Apolo 9 dando vueltas)

August 1st, 2006 | Filed under Uncategorized.

En nuestro capítulo anterior Schweickart (¡Salud!) tenía todos los síntomas de la Enfermedad del Espacio, pero en mucha menor escala que Borman. Esto se volvió un problema cuando Schweickart (¡Salud!) y McDivitt se preparaban para trabajar en la Araña. Si Schweickart (¡Salud!) lograba no vomitar dentro de su traje, la misión sería un éxito…

McDivitt tenía el control total de la Araña. Comenzó a operar entonces los pequeños impulsores del vehículo para colocar a los vehículos acoplados en la posición adecuada, exacta y óptima, no necesariamente en ese orden, que permitirían encender el motor principal de descenso del módulo lunar. Y entonces encendió el motor.

Los registros indican que McDivitt estaba real y genuinamente asombrado a escasos segundos de encender el motor principal. Su grito de “Look at that ball; my God, we hardly have any errors.” (¡Mira esa esfera! ¡Dios mío, casi no tenemos errores!). apenas habían pasado 26 segundos y los errores eran tan pequeños que podían ser despreciados. Sí, los errores eran despreciables. Las cosas iban tan bien, que a casi tres minutos desde el inicio del ejercicio (con duración total de 371.5 segundos) a McDivitt le dió hambre. Oh, sí: mientras que Schweickart no podía ver comida porque se le revolvía el estómago, McDivitt buscaba algo para comer. Al terminar el ejercicio McDivitt se comió un ligero tentempié y luego se arrastró a la Gomita a través del tunel de acceso. Schweickart se quedó un poco más en la Araña para apagar todo y acomodar la cabina antes de unirse a los otros dos en la Gomita. Quedaba confirmado que el Módulo Lunar era una máquina confiable. Muy confiable.

Uno de los nuevos aparatos que tenían que probar los astronautas eran los trajes espaciales autónomos que se usarían para explorar la Luna. El elegido en Houston para probarlos en un paseo espacial era Schweickart, en su calidad de piloto del módulo lunar, pero tras haber vomitado dos veces, McDivitt tenía sus dudas sobre su capacidad de cumplir la misión. Si vomitaba dentro de su traje fuera de la nave sería muy difícil recuperarlo a tiempo para ayudarle, podría incluso ahogarse. McDivitt recomendó a Control de Misión que modificaran el ejercicio: se despresurizaría la cabina y se probaría el traje en el interior de la nave, de esta manera, en caso de problemas la cabina podría presurizarse rápidamente y el traje podría ser removido con rapidez. Control de Misión aceptó la sugerencia: la actividad extravehicular se limitaría a media órbita (la que tuviera luz), con el bueno de Schweickart usando el sistema de soporte de vida portátil y firmemente amarrado al módulo lunar a través de un conjunto de cuerdas apodado el Cordón Umbilical. Por si fuera poco, las escotillas del Módulo de Servicio y del Módulo Lunar deberían permanecer abiertas.

Ya era el cuarto día de trabajo, y Schweickart se sentía mucho mejor, justo como Borman. Ya se estaba acostumbrando al ambiente de microgravedad, así que colocarse el traje fue cosa de niños comparado con los tres dias previos. Para cuando terminó de ponerse la escafandra, McDivitt ya estaba pensando seriamente dejarlo hacer más que simplemente quedarse flotando dentro del módulo lunar: dejarlo que se asomara por la escotilla. McDivitt recibió autorización para hacer lo que considerara correcto, así que McDivitt le dió una patada en el trasero a Schweickart y lo sacó del módulo lunar.

Okey, okey, no pasó exactamente así. McDivitt amarró a Schweickart con la cuerda de nylon que haría las veces de cordón umbilical. Ya con Schweickart convertido en una tercera nave espacial independiente, Control de Vuelo le asignó un nombre: PLSS. Así que comenzamos una preciosa conversación entre cuatro partes: Houston, Araña, Gomita y PLSS. Y digo preciosa porque fue bastante sencilla de seguir. La despresurización del módulo lunar también fue sencillísima. Schweickart estaba bastante cómodo, pues escuchaba cómo el agua circulaba por la mochila mientras miraba el indicador de presión. McDivitt tuvo que usar un poco más de fuerza de la que creía necesaria para sellar la puerta entre el módulo lunar y el módulo de comando, y hasta tuvo miedo de que no pudiera volver a abrirla, dejando por tanto a Schweickart afuera. Por su parte, Scott también se había puesto su traje espacal, esta vez conectado al sistema de supervivencia de la nave, de manera que una vez que la escotilla de la Araña estuvo abierta, Scott abrió la escotilla del módulo de comando. Schweickart, que ahora se hacía llamar El “Explorador Rojo” (Red Rover) a causa del color de su cabello, disfrutaba de la vista sin marearse, y lo hizo tan bien que McDivitt lo autorizó a que se aventurara más lejos. Schweickart se aventuró por la escotilla y se agarró firmemente del barandal con una mano mientras se movía por fuera de la Araña, mientras tomaba fotografías con la otra mano. La microgravedad y los asideros y barandales hacía más fácil trabajar, mucho más que en las simulaciones en el aire y en el agua. Aunque no se alejó de la Araña para visitar a Scott en la Gomita, ambos pilotos recogieron algunas muestras experimentales que estaban en el casco de las naves, y se tomaron fotos uno del otro como si estuvieran de vacaciones y no en plan de trabajo.

Aquí tenemos a Scott, asomado por la escotilla de la Gomita, fotografiado por Schweickart . En cambio, acá tenemos a Schweickart fotografiado por McDivitt, desde el interior de la Araña:

El experimento se suponía que iba a durar un par de horas, pero terminó en una; en parte porque el objetivo de la misión ya estaba completado, en parte porque no querían que Schweickart se descompusiera una vez mas, dejando al traje hecho un asco, y en parte porque tenían mucho trabajo para la misión del día siguiente. Así que Scott y Schweickart se metieron a la nave, cerraron las escotillas que debían cerrar, activaron los controles que debían activar, empezaron a rellenar de aire la cabina de sus respectivos módulos, abrieron las escotillas que debían abrir, se quitaron lo que se debían quitar, recargaron lo que tenían que recargar, y se colocaron donde tenían que estar; en el caso de Schweickart y McDivitt, en el módulo de comando.

Faltaban menos de 24 horas para que el Apolo 9 terminara su misión. Todo era un éxito total y rotundo hasta ahora, pero…

¿Funcionarían los motores especiales de ascenso y descenso del Módulo Lunar? ¿McDivitt y Schweickart podrían maniobrar la Araña lejos de la Gomita y regresar en una pieza? ¿Podrían volver a acoplarse la Araña y la Gomita? ¿Qué pasó en la Gomita el 8 de marzo de 1969? ¡No se pierdan el siguiente y emocionante capítulo de su telenovela “El hombre va a la Luna Episodio 9: Apolo 9 a la baja.”!

3 Responses to “El Hombre va a la Luna (Ep. 8: Apolo 9 dando vueltas)”

  1. Darth Tradd | 2/08/06

    Mi hermano, me has tenido enganchado a este serie del Apolo desde que empezaste con ella. Lo malo es que me has tenido explicándole a Lalo Cota el por qué de los escudos térmicos y cómo funcionan las barreras de calor. Es lo malo de los químicos, no estudian cosas interesantes y luego quieren entenderlo todo.

    Un abrazo!

  2. Kiddy the Bill | 2/08/06

    Yo soy abogado y Jack me tiene más intrigado que cuando vi la serie \”De la Tierra a la Luna.\”

    Lo peor es que estoy recién operado de los ojos y este desgraciado me tiene leyendo todo el día.

    __________________________________

    EDITADO POR EL SUPREMO COMANDANTE:

    Lord Ed,  la proxima vez que quieras dejar un comentario, USA TU PROPIA CUENTA.

    Nunca termina uno de educarlos, caray…

  3. Don Pastrami | 2/08/06

    Podría ser peor, Tradd. Podrían acribillarte a base de non sequiturs…

    Ya verán cuando lleguemos al Apolo 11, voy a acabar con todas las teorías conspiratorias de una vez por todas… Y usando ciencia que puedas repetir en casa si no me crees.

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