El Hombre va a la Luna (ep. 6: Apolo 9 sube)
July 30th, 2006 | Filed under La Conquista del Espacio.CorrÃa (qué digo corrÃa: volaba) el mes de octubre del año de 1967. HabÃa problemas con la producción de cohetes y módulos varios y el presupuesto empezaba a agotarse, además de que el Congreso estadunidense no entendÃa a ciencia cierta cómo funcionaba la ciencia (qué ironÃa…) y amenazaba con reducir el presupuesto de la NASA. El plan original de la Misión Apolo especificaba que el Apolo 7, o Misión C, fuera el primer vuelo orbital tripulado del Módulo de Comando, y que el Apolo 8, o Misión D, fuera lanzado en dos partes; una con el Módulo de Comando en un Saturno 1B, y otro con el Orbitador en otro Saturno 1B unos dÃas más tarde, para practicar el acoplamiento en órbita. La misión E, o Apolo 9, incluirÃa ambas misiones en una sola, usando un Saturno V para lanzar ambas cosas. Pero, ¡mal rayo parta al perro de mi vecino! el Módulo Lunar no habÃa podido ser terminado a tiempo, asà que la NASA se sacó de la manga una Misión C Prima: volar con el Módulo de Comando pero sin el Módulo Lunar hacia la Luna y regresar. AsÃ, Borman, Lovell y Anders se convirtieron en los tres primeros hombres en sobrevolar la Luna. De paso, borraron del pizarrón la Misión E, y se reajustó el plan general. Ésto tuvo consecuencias inesperadas: al modificarse el tablero de dibujo, se modificó el orden de las misiones, que provocó que se moviera el orden de los astronautas, de manera que se escogió para esta misión a James McDivitt, David Scott, y Russell Schweickart (¡Salud!); lo que a su vez provocó la modificación del orden de los equipos de reemplazo, lo cual a su vez modificó el orden futuro de las misiones, de manera que la misión aterrizaje en la Luna, en lugar de estar a cargo de Pete Conrad, Richard Gordon y Alan Bean, serÃa responsabiliad de Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin. Qué cosas…
Y asà llegamos al Apolo 9.
El objetivo de la misión Apolo 9 fue entonces cambiado, y por lo tanto, el lugar de usar dos cohetes pasó a usar uno solo, que cargarÃa con todo el peso de la misión, literalmente. La misión comprenderÃa la prueba del Módulo de Comando, el Módulo de Servicio y el Módulo Lunar, usado por primera vez en la historia. Los astronautas tendrÃan 10 dÃas para ajustar los vehÃculos en orden, desacoplarlos y luego acoplarlos, justo como si estuvieran en órbita lunar, pero sobre la Tierra. Si la misión era exitosa, entonces se darÃa luz verde a la siguiente fase de la misión. Si no lo era, entonces habrÃa que volver al tablero de dibujo.
Dado que a partir de esta misión habrÃa que llamar de manera independiente a dos módulos independientes, ambos parte de la misma misión, la NASA decidió permitirles a los astronautas escoger los nombres de sus vehÃculos. El módulo lunar fue llamado “Spider” (Araña) por su aspecto patidifuso, y el módulo de comando fue llamado “Gumdrop” (Gomita) debido a que la fábrica lo entregó en envuelto en celofán azul. Para que luego no digan que los astronautas no tienen sentido del humor.
Y llegó la hora del despegue. Era un tres de marzo de 1969. McDivitt, Scott y Schweickart (¡Salud!) se prepararon para el despegue. El despegue estaba originalmente planeado para el 29 de febrero, pero los astronautas sufrieron de una molesta infección respiratoria unos dÃas antes y se les dió tiempo para que se recuperaran, ya que no habÃa espacion para que se llevaran montones de pañuelos desechables a la misión. Su misión, por cierto, no era sencilla: era bastante peligrosa. Se probarÃa por primera vez en condiciones de trabajo el Módulo Lunar y los trajes espaciales, y peor aún, serÃa la primera vez que se probarÃa una nave que no podÃa regresar a la Tierra. Si el encuentro y acoplamiento entre el Módulo Lunar y el Módulo de Comando resultaba ser un fracaso, la tripulación se quedarÃa en órbita para siempre, o tal vez más tiempo.
Los astronautas se sentaron en sus asientos a esperar a que llegara la hora programada para el despegue. La cabina del Módulo de Comando fue llenada con la atmósfera artificial preparada por la NASA, mientras que los astronautas respiraban oxÃgeno puro dentro de sus trajes espaciales. Los astronautas, por cierto, intentaron regular la temperatura del oxÃgeno a través de una válvula que, aparentemente, sólo tenÃa dos posiciones: demasiado caliente y demasiado frÃo. Fue su único problema con el traje, por fortuna. Exactamente a las 11:00:01 tiempo de Florida, el Apolo 9 despegó. más de 200 periodistas siguieron con la mirada al cohete mientras éste se perdÃa en el cielo. McDivitt y Stuart Roosa, el CapCom, iban describiendo los eventos conforme transcurrÃa el tiempo
El lanzamiento fue normal. Unos cuantos momentos en los cuales la nave vibró, cosa que se esperaba debido a los acontecimientos en el Apolo 8, pero nada fuera de lo normal. Según McDivitt, la primera etapa fue como un “paseo de anciana” (”An old’ lady’s ride“) calmado y sin sobresaltos. Y entonces las cinco toberas se apagaron, con lo cual los astronautas fueron lanzados hacia el cielo, detenidos únicamente por sus cinturones de seguridad; de hecho, sintieron como si fueran a caer a la tierra. Por fortuna, Antes de que pudieran reaccionar y abortar la misión, la primera etapa se desprendió y la segunda etapa arrancó, con una fuerza tal que lo aplastó contra el respaldo de sus asientos. A los siete minutos de iniciada la misión, la segunda etapa volvió a tener hipo, justo como en el Apolo 8; tal vez un poco mayores, pero los astronautas no expresaron ningún malestar. A los 11 minutos y 13 segundos, la tercera etapa arrancó, colocando a los astronautas en una órbita de 192 por 189 kilómetros, casi perfecta. La órbita planeada era de 190 kilómeros cerrados. Los astronautas entonces procedieron a verificar la nave, y cuando todo estuvo listo, procedieron a separar el Módulo de Comando del Saturno V, controlándolo para que se acoplara con el Módulo Lunar. A las 15:08 la Araña y la Gomita, ya acopladas, se separaron del Saturno V, que fue dirigido a las profundidades del espacio en una órbita que no afectarÃa ya a la Nave. Entonces, y sólo entonces, los astronautas lanzaron un suspiro de alivio.
La órbita de la nave estaba estabilizada, asà que comenzaron las verdaderas pruebas. Lo primero fue abandonar los asientos. Borman les habÃa advertido que no saltaran tan pronto como tuvieran la señal de que podÃan moverse; también que no giraran bruscamente la cabeza, que sus movimientos fueran deliberadamente lentos, que tomaran medicamentos contra el mareo… y que aún asà se sentirÃan extraños. Por fortuna, en esa época los astronautas estaban construidos como antes de la guerra: hechos para durar. Hicieron su trabajo, controlaron la nave, verificaron los instrumentos, extendieron la sonda de acoplamiento, y se golpearon la cabeza contra las paredes del módulo, no necesariamente en ese orden. Ya habÃan transcurrido dos horas y cuarenta y tres minutos, es decir, habÃan dado una órbita completa y algo más alrededor de la Tierra, cuando Scott encendió las cargas que separarÃan a los dos módulos del Apolo 9. Empezó ahora la etapa más crÃtica del experimento.
Scott activó los propulsores y separó al módulo de comando, giró la nave, activó los propulsores, y se acercó al “Gran Compañero” (“Big Fellow“). Y entonces notó que la nariz del módulo de comando no estaba en lÃnea con la nariz del módulo lunar. Sencillo, activemos un instante el propulsor adecuado en el módulo de servicio para corregir esa inclinación… ¡Eufemismos! ¡No funciona! La tripulación del Apolo 9 comenzó a manipular interruptores y lograron hacer que ese propulsor en particular funcionara, de manera que Scott logró que la sonda del módulo de comando se acoplara a su correspondiente contraparte en el módulo lunar; acto seguido, la sonda se retrajo y se acoplaron ambas naves, para luego ser aseguradas por las cerraduras correspondientes.
McDivitt y Schweickart (¡Salud!) se prepararon para su entrada triunfal al módulo lunar. Primero que nada, abrieron una válvula que presurizarÃa el túnel entre las dos naves. Scott leÃa la lista de pasos en voz alta y McDivitt y Schweickart (¡Salud!) removÃan la escotilla en el módulo de comando y verificaban que los doce seguros estuvieran en su lugar. A continuación conectaron el cordón umbilical que llevarÃa electricidad de una nave a la otra, mientras ambas naves estuvieran conectada. McDivitt verificó también que el cono de acoplamiento del módulo lunar no tuviera demasiadas imperfecciones por culpa de la sonda de acoplamiento. Mientras tanto, Schweickart (¡Salud!) miró por la ventana de la nave y no vió el módulo lunar en la oscuridad. Asustado, gritó “¡Oh, Dios mÃo, acabo de ver por la ventana que el módulo lunar no está ahÃ!” Scott se rió y respondió que “Es un poco difÃcil no tener un módulo lunar ahà afuera mientras Jim sigue en el túnel.” McDivitt colocó la escotilla de separación en su lugar hasta que fuera tiempo de usar el módulo lunar.
Algo asà como una hora después, un mecanismo de separación separó al Apolo 9 de la tercera etapa del Saturno V, que con un par de empujones se alejó para ocupar su lugar en el espacio en órbita alrededor del Sol. La tripulación de la nave entonces se preparó para la siguiente fase de la misión, una que el Control de Misión consideraba crÃtica: usar el sistema de propulsión del módulo de servicio. Los astronautas habÃan usado antes un vehÃculo para empujar a otro a una órbita más alta, pero nunca antes una nave tan grande como el módulo lunar. Ya habÃan transcurrido seis horas desde el despegue cuando iniciaron la primer prueba, usando el motor por 5 segundos. El empujón llegó abruptamente; tanto que Scott exclamó “¡El ML sigue ahÃ, por Dios!” La prueba habÃa sido un éxito, pero con tanta masa para empujar, los cinco segundos de propulsión apenas bastaron para añadir 11 metros por segundo a la velocidad de la nave.
Dieciséis horas después, los motores volverÃan a encenderse, esta vez por 110 segundos, que incluyeron girar a la nave sobre su propio eje de manera descontrolada, para averiguar si el sistema de piloto automático podrÃa recuperar la nave. La estabilidad se recuperó tras 5 segundos de dar de tumbos por el espacio.Un tanto mareados pero contentos, la tripulación supo que su nave podrÃa resistir bastante bien cualquier prueba que le pusieran (excepto, tal vez, chocar contra un asteroide). TodavÃa les faltaba un empujón de 280 segundos, que producirÃa un aumento en la velocidad de 782 metros por segundo. La ventaja era que, ya aligerado de 8,462 kilogramos de combustible, era mucho más fácil girar el Apolo 9 con los propulsores a reacción, y el empujón también elevarÃa a la nave de 357 a 509 kilómetros sobre la Tierra, lo que tendrÃa la ventaja de permitir mejores condiciones de iluminación durante los acoplamientos y además facilitarÃa el seguimiento en tierra. Scott dirÃa más tarde que los astrnautas tenÃan la sensación de que los vehÃculos se doblaban ligeramente en el túnel, pero que la maniobra produjo oscilaciones que resultaron ser la tercera parte o la mitad de lo que se esperaba en el entrenamiento. McDivvit comentó, al encenderse el motor principal, “SPS… is no sweat” (”Ni te hace sudar”). Los astronautas estaban ya tan acostumbrados al sistema de propulsión que por poco y no mencionan el cuarto empujón. Eso, o estaban realmente concentrados en su siguiente tarea: introducirse al módulo lunar y verificar sus sistemas. Pero para eso, primero habrÃa que dormir un poco.
En nuestro siguiente episodio:
McDivitt y Schweickart (¡Salud!) se levantan y se ponen un traje presurizado. Uno de ellos dos tendrá una reacción anómala. ¿Quedará la nave hecha un asco? ¿Alcanzarán a tiempo las bolsitas para el mareo? ¿Podrán entrar al módulo lunar a través del tunel sin atorarse?
¡No se pierdan nuestro siguiente episodio, titulado Episodio Siete: Apolo girando!
Aix! es que siempre me dejas total y absolutamenete en ascuas, parece que no esté pasando nada, pero…
Saludos anónimos
Ni te imaginas cómo nos deja a nosotros, que somos sus hermanos…
Pues si siendo sus hermanos, que al menos lo conoceis, os deja asÃ…
Esteeeee…yo sólo pasaba por aquÃ, eh? ya me iba…