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El Hombre va a la Luna (ep. 2: Apolo 8 ha despegado)

July 25th, 2006 | Filed under La Conquista del Espacio.

En nuestro capítulo anterior…

La carrera a la Luna había sufrido tres importantes bajas en el Apolo 1, pero eso no impidió que la Misión Apolo continuara su curso. El Apolo 7 había demostrado que tres hombres podían vivir en el espacio durante el tiempo planeado para la misión de alunizaje, y el Apolo 8 había despegado sin problemas con rumbo a nuestro satélite natural.
Borman, Lovell y Anders, a bordo del Apolo 8, habían cumplido con todas las labores que les habían sido encargadas, y a las siete horas de haber despegado de Cabo Keneddy habian colocado a la nave en Modo de Rosticería…

Nombres curiosos donde los haya, el Modo de Rosticería (Barbecue Mode en inglés) era llamado de manera oficial como Control Termal Pasivo. en éste modo, el calentamiento de la nave provendría directamente del Sol, y para que el calentamiento fuera distribuido por toda la superficie del Apolo 8 de manera uniforme, la nave giraría sobre su eje longitudinal a la pasmosa velocidad de una revoluciòn por hora. Tomemos en cuenta que el Sol, en el espacio, calentaba las partes expuestas a una temperatura que excedía los 200 grados Celcius mientras que la parte en la sombra tenía unos agradables cien grados bajo cero. Estas temperaturas podrían causar que el cono de calor (es decir, el escudo termal para el retorno) se rompiera, o los tanques de propelente explotaran. En ese tiempo era imposible obtener un giro perfecto, y más con tres hombres moviéndose en su interior, así que el Modo de Rosticería terminaba describiendo un cono en cada rotación. Este cono debía ser ajustado a través de los cohetes del Sistema de Control de Reacción cada media hora para no perder el rumbo.

Porque el rumbo se perdía, no cabía la menor duda de ello. Estaba el hecho innegable de que la Tierra se movía, la Luna se movía y la nave se movía, y en Tierra también la hierva se movía, pero por causas diferentes (ejem…). La primera corrección de rumbo llegó a las 11 horas de iniciado el viaje. Según las pruebas hechas en tierra, en teoría había una pequeña posibilidad de que el sistema de propulsión de servicio explotara si se utilizaba por demasiado tiempo de manera continua. Para evitarlo, la cámara de combustión debía primero ser preparada, lo que se hacía trabajando el motor por poco tiempo, para que éste se cubriera con una capa de desechos de combustible y se ajustara al régimen de trabajo. Lo mismo que hacemos en tierracon un carro nuevo: lo tratamos como si fuera nuevo por mil kilómetros y vamos ajustando el motor a nuestros hábitos de manejo, a menos que el mismo motor haga variar nuestros hábitos de manejo. Lo mismo allá, sólo que con un motor más rápido y sin una gasolinera cercana a la vista.
La primer maniobra de corrección duró sólo 2.4 segundos y añadió unos 6.2 metros por segundo a la velocidad de vanguardia del Apolo 8. Aquí es donde se apreció el hecho de que fue bueno probar el motor: se esperaba que se agregaran 7.5 m/s en lugar de los 6.2 m/s obtenidos; un análisis posterior indicó que muy probablemente una burbuja de helio en la línea del oxidante causó una menor presión de combustible de lo esperado, por lo que para añadir ese 1.3 m/s requerido la tripulación utilizó los pequeños propulsores del Sistema de Control de Reacción. Para fortuna de los astronautas, la trayectoria y la velocidad fueron perfectas de ahí en mas, por lo que las otras dos correcciones planeadas fueron canceladas. Once horas habían pasado desde el despegue, con 16 horas de trabajo ininterrumpido por parte de los astronautas. Así que le tocaba el turno de dormir al bueno de Frank Borman. Siete deliciosas horas le tocaban… o eso creía.

Uno pensaría que en el espacio todo sería paz y tranquilidad. Pero (ponga su imprecación favorita aquí) los astronautas no estaban en el espacio. Estaban en una nave que viajaba con rumbo al espacio, rodeado de sonidos de ventiladores, crujidos del sistema de control de reacción, sonidos de la computadora y la imposibilidad de descansar la cabeza en una almohada. Y como la Nasa había decidido que por lo menos uno de lso astronautas permaneciera siempre despierto para controlar cualquier eventualidad, a esto se debía agregar el constante parloteo con Control de Misión en Houston. Anders llegó a comentar que se despertaba alarmado cada vez que movía la cabeza, porque sentía que iba a caer al vacío… cosa que en realidad estaba pasando. Una hora de algo que no se puede calificar como sueño después, y Borman pidió permiso para tomarse una píldora para dormir. Y ¡(su imprecación favorita)! no tuvo gran efecto. Peor aún, cuando acabó el martirio de ese primer descanso, Borman se sentía enfermo y vomitó dos veces. Hasta tuvo un poco de diarrea. Y eso no era lo peor: llenó la nave de globulitos de vómito y cosas peores (en palabras de Cata: ¡Yuk!). La tripulación limpió lo mejor que pudo. Borman no quería que el mundo supiera lo que había pasado allá arriba, pero Lovell y Anders de cualquier manera debían informar a Control de Misión. Decir por el canal capcom lo que le había sucedido a Borman implicaba que la transmisión fuera escuchada por los cientos (tal vez miles) de radioaficionados que podían sintonizar ese canal de comunicaciones en particular. Así que se les ocurrió que podían usar el Equipo de Almacenamiento de Datos, el cual servía para que la nave enviara telemetría y comentarios de voz, que era entonces enviada a la Tierra a gran velocidad (para aquellos tiempos, claro). Después de grabar una descripción de lo sucedido a Borman, solicitaron a Control de Misión que analizaran la grabación y que solicitaban una evaluación de los comentarios de audio.

El personal médico se reunió en el segundo piso del Control de Misión en Houston para poder hablar con los tripulantes. El control de misión estaba duplicado para evitar cualquier fallo, y en esa misión el del tercer piso era el utilizado por los controladores de vuelo, mientras el del segundo piso funcionaba como espejo. Así que se realizó una comunicación privada con los astronautas en el control espejo, en el cual se llegó a la conclusión de que no había gran cosa por qué preocuparse: la causa era seguramente una gripita pasajera o una reacción a la píldora para dormir. Un análisis posterior reveló que en realidad Bowman sufría del Síndrome de Adaptación al Espacio, que afecta a uno de cada tres astronautas por unos días, mientras el sistema de orientación del oído interno se acostumbraba a estar en un ambiente de gravedad cero (donde no tienes peso, pero sí toda tu masa, y el arriba y abajo son meros puntos de referencia). Nunca antes se había notado ese síndrome porque ninguna misión había tenido tanta libertad de movimiento.

¡Y aquí tenemos al afortunado ganador de la semana! Frank Borman, al centro, demostrando que en casa él es el que lleva los pantalones… a la tintorería.

¿Qué pasó después?

¡No se pierdan el siguiente baticapítulo, a la misma batihora y por el mismo baticanal, para que vean a Bowman haciendo un batidillo!

3 Responses to “El Hombre va a la Luna (ep. 2: Apolo 8 ha despegado)”

  1. Anónimo | 26/07/06

    Con esto de los posts por etapas, me tienes anónimamente enganchado…

    Espero que no sea como con la droga, que te dan las primeras dosis gratis y luego te hacen pagar un montón cuando no lo puedes dejar!!!

    Saludos anónimos…

  2. maybrick | 26/07/06

    ¿me crees tan malvado?
    Son 5 euros, por favor…

  3. Anónimo | 26/07/06

    Ein? tambien tienen leuros al otro lado del charco?

    Bueno, menos mal que ya he visto que tengo la tercera parte colgada…así que por ahora me abstendré de realizar ningún pago… (anónimamente, por supuesto…)

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