Mi abuela perdió una mano…
July 18th, 2006 | Filed under La Famiglia.Éste es un tÃtulo que lleva a equivocaciones. A muchas equivocaciones. Pero es que da la casualidad de que en mi familia, los equÃvocos son el pan de cada dÃa. Me explico.
Era una tranquila noche de viernes en mi casa. Nirvana dormÃa plácidamente en medio de sus 39 grados de fiebre mientras este humilde narrador de ustedes cantaba con voz aguardentosa “Fly me to the moon / And let me play among the stars / Let me see what spring is like / On Jupiter and Mars / In other words / hold my hand / In other words darling kiss me / Fill my life with song / And let me sing forevermore / You are all I hope for / All I worship and adore / In other words please be true / In other words I love you” que es la canción que le cantaba a la bolita rosada que era Ana cuando nació y querÃa que se calmara. Claro que entonces yo tenÃa mejor voz. Mientras Lilith preparaba sus medicamentos, el teléfono sonó.
–¿Güenu? –contesté, con marcado acento de indio de la Sierra del Tigre.
–Jack, tu mamá está en el hospital porque mi mamá perdió una mano y rompió una fuente cuando se levantó. –dijo la voz de mi tÃa Rosita por el otro extremo de la lÃnea.
Con esa seriedad que me caracteriza en los momentos difÃciles, levanté una ceja (que no se vió al otro lado de la lÃnea, pero lo pongo aquà para que quede constancia de que levanté una ceja y no las dos, o ninguna) levanté una ceja, decÃa, encendà el modo de manos libres y pregunté:
–¿Eh?
–Que tu mamá está en el hospital porque mi mamá perdió una mano y rompió una fuente cuando se levantó. –repitió la voz de mi tÃa Rosita por el otro extremo de la lÃnea.
Lilith y su seguro servidor (por esta ocación, y sin que siente precedente, yo) nos miramos a los ojos, y nos preguntamos lo mismo: “¿Qué dijo?”
–Ah, ya entendÃ, yo ahorita me comunico al hospital…
–Bye…
Y cortamos la comunicación. En realidad no entendÃa nada, pero me imaginaba que el Parkinson de mi abuela le habrá jugado una mala pasada.
Dado que para entender a una fémina Ruiz es necesario que te lo traduzca otra fémina Ruiz, llamé a Cata, que estaba con Jay y los gemelos viendo una pelÃcula, muy quitada de la pena.
–Cata, necesito tus invaluables servicios de traducción.
–Ah, caray…
–Cito textualmente: “Jack tu mamá está en el hospital porque mi mamá perdió una mano y rompió una fuente cuando se levantó.”
–Ah, muy sencillo. Mi abuela se lastimó cuando rompió algo y Mamá la llevó al hospital.
–No, si eso ya me lo podÃa imaginar, lo que quiero es que le hables a Mamá y le preguntes qué pasó…
Una llamada después, ya tenÃa un informe pormenorizado de la situación.
Las Ruiz jugaban “Mano y pie” allá en Casa Surrealismo cuando a mi abuela se le antojó una pera. Aprovechando que habÃa perdido una mano y que estaban otra vez barajando las cartas, se levantó con la loable intención de tomar una pera, pero se tropezó con sus pantuflas, empujó la mesa, perdió el equilibrio, se quiso detener del mantel, se fue al suelo con todo y mesa, y de paso la fuente de fruta, le cayó encima, rompiéndose en el proceso tanto la fuente como la cadera.
Mis tÃas, mujeres de recursos, hicieron lo único que les pareció apropiado… llamaron a mi mamá para preguntar qué debÃan hacer. Mi mamá, que conoce perfectamente a sus hermanas y su incapacidad de tomar la iniciativa cuando están en grupo, impartió instrucciones y les indicó que llevaran a mi abuela a Urgencias, que para eso la Torre de Especialidades del Centro Médico General de Occidente del Instituto Mexicano del Seguro Social está a cuatro cuadras de Casa Surrealismo. Dado que Holy estaba trabajando, y Lilith no querÃa separarse de su querubÃn (o sea, de Nirvana), Cata y yo nos trepamos al Terciopelo Negro y emprendimos el camino rumbo al Centro Médico.
Llegamos justo a tiempo. No sé ustedes si puedan ser capaces de imaginarse a seis hembras Ruiz alrededor de un médico recién graduado en la sala de Urgencias, acribillado por preguntas incoherentes e inconexas (me pareció escuchar algo sobre si no habÃa alguna medicina que quitara lo aguado del ánimo… no pregunten). En ese mismo instante tomé el control de la situación palmeando tres veces y diciendo en voz alta “¡Hey, hey, hey, silencio!” Tomé al doctor del brazo y me lo llevé a otra parte mientras Cata era ahora la acribillada a base de preguntas inconexas e incoherentes.
–Doc, dÃgamelo en términos médicos si quiere. ¿Qué pasó?
–La señora tuvo una fisura en la cabeza del fémur y requiere inmovilidad total por seis semanas como mÃnimo. No vamos a enyesar, no es mas que una fractura en tallo verde pero la señora necesita reposo absoluto.
–Se le hará la lucha…
El sábado mi abuela ya estaba otra vez en Casa Surrealismo. No bien acababan de acomodarla los camilleros en la cama, cuando mi abuela comenzó a moverse como chinicuil. Y es que ninguna de las Ruiz conoce el significado de la frase “estarse quieta.” Son hiperactivas todas, y todavÃa no se encuentra la excepción que confirma la regla. Debe ser algo en los cromosomas X. Como sea, la cuestión es que la noche del domingo recibà otra llamada telefónica.
–Mi mamá tumbó la cama… –dijo mi madre.
Yo me limité a taparme los ojos con una mano y a recordar si alguno de mis conocidos tenÃa una cama hospitalaria disponible. Recordé súbitamente a mi tÃa Maruchan Maybrick, famosa por sus sopas, y dueña de una cama hospitalaria de cuando tuvo que soplarse seis meses en casa por culpa de una serie de fracturas en la columna vertebral y las costillas, cortesÃa de un accidente de tránsito. Rápidamente me comuniqué con ella, pregunté si nos podrÃa rentar la cama, a lo cual se negó (”¡Ni un peso, mijo, ni un peso!”) y pronto llamé a mi buen amigo Santiago, dueño de una camioneta de sitio, que accedió a ir por la cama y llevarla a Casa Surrealismo en ese mismo dÃa, por la módica cantidad de 200 pesos. Tomando en cuenta que el sitio está en el Norte, la cama estaba en el Sur, y Casa Surrealismo en el Este, 200 pesos fue una cuota simbólica que apenas cubre la gasolina.
Es lunes, y la cama sigue intacta. Allá, en Casa Surrealismo, ya descubrieron que si ponen la cama en medio de la habitación y sillas alrededor, pueden seguir jugando “Mano y Pie” sin ningún problema…
Al leer esta historia me ha venido una pregunta a la cabeza…
Qué ceja levantaste?
Saludos anónimos!
La derecha. Carezco de la habilidad para levantar la ceja izquierda, no por gusto, sino por un trauma craneoencefálico o algo asÃ, y hasta la fecha me tengo que concentrar mucho para poder levantar la ceja izquierda unos pocos milÃmetros. Curiosamente, puedo levantar las dos cejas al mismo tiempo, la ceja derecha, o ninguna. Pero la ceja izquierda se niega a moverse si no es acompañada…
Interesante… en mi caso o las muevo las dos a la vez, o se me queda una cara como de haber chupado un limón…
Uhmmm… no sé si estaré desvelando demasiada información personal sobre mi misma persona que pueda causar mi identificación…
Anónimamente suyo.
Señor Maybrick.
Ademas de la familiaridad adquirida hacia su no tan familiar apellido, tambien quiero expresarle mi admiración por su prosa tan inteligente y viva.
Hace un par de meses me tope con su pagina y quede , sinceramente, asombrado por el hecho de que el internet aun tiene espacios que valen la pena.
Considérome ( y espero me considere) alumno y lector suyo (de usted).
Mira nada más, Jack, nuevos alumnos. Y tú que ya no querÃas ser maestro de nadie…
Nah, ya estoy acostumbrado. Ahora lo que me interesa es organizar un libro colectivo con los escribidores que pululan por estos lados. SerÃa un experimento interesante ver qué tantos estilos narrativos son capaces de escribir algo con una misma frase como tÃtulo…
¿Y no habÃa? Medicinas que le quiten lo aguado al ánimo…
Porque con todo y que me arrancó un par de carcajadas tu post, últimamente mi ánimo parece gelatina mal hecha.
Saludos
pd. Me acabo de contestar sólo. Me voy a echar un vodkita reparador.
Iba yo casualmente a sugerir un buen desarmador para el ánimo, mi estimado Héctor.
Ya lo decÃa Boris Yeltsin: el vodka es el agua de la vida…