Los mininovios (ii)
June 12th, 2006 | Filed under Cataclismos.CorrÃa el año de 1994. Fue unos dÃas antes de los errores de diciembre. Holi tenÃa 19 años y yo tenÃa 13. Era un dÃa frÃo y estaba nublado cuando el mensajero timbró.
Y ahà voy yo a abrir.
El mensajero me miró, yo lo miré, y él me preguntó que si ahà vivÃa la señorita Olivia. “SÃ,” le dije, y dà un grito de “¡Holi, te buscan!”que seguramente le removió la cerilla de los oidos a más de dos. Holi dijo con voz bajita “Ahà voy” y se levantó del sillón: estaba a 4 metros de la puerta.
El mensajero vió a mi hermana mayor y se metió a la camioneta. Regresó con el arreglo frutal más grande que haya visto en mi vida. ¡Era de mi altura! Y como en esa época medÃa yo metro y medio, ya se darán ustedes cuenta de lo grande que era el arreglo. El pobre mensajero se doblaba literalmente ante el peso de tamaño regalo. Holi lo vio, miró la tarjeta que estaba encima, quitó la tarjeta, abrió la tarjeta, y se puso a leer la tarjeta mientras la cara del mensajero pasaba de color rosa oscuro a rojo bermellón. Yo tuve que decirle al pobre muchacho que bajara el arreglo al piso porque Holi siempre ha sido una desalmada de malos modales (¡Hola, Holi!).
–¿Quién te lo mandó, Holi? –dije yo, dando vueltas al arreglo frutal, calculando cuántas naranjas, fresas y duraznos podÃa comerme antes de que me empezara a doler la barriguita.
–Es de Miguel Mateos, el chico con el que salà ayer. –en realidad se llamaba como otro cantante, pero éste es el único que se me vino a la memoria.
–¿Y vas a firmar o no? –dije yo, con gula. Mis frutas preferidas, por si no lo notaron, son las naranjas, las fresas y los duraznos, y en el arreglo habÃa muchas.
–Pero si apenas salimos un par de veces… No es mi santo, tampoco mi cumpleaños…
–¡Y ya te acostaste con él? –dije yo. Siempre he metido la pata en los momentos más oportunos, como verán.
–¡Cállate, enana! –gritó Holi. Yo, para callarme, agarré un durazno. Pero no pude resistirme…
–¿Sà o no?
–¡No!
–¡Está retegrandote el arreglo! ¡ImagÃnate lo que nos dará si te acuestas con él!
En ese momento Holi me dió un cachetadón guajolotero tan fuerte que todavÃa me duele cuando hace frÃo. Justo en el momento en que Jack se estacionaba detrás del mensajero.
–Ora, parecen hermanas –nos dijo.
Yo, que a pesar de lo mucho que me dolÃa la cara no soltaba mi durazno, alcanzé a decir:
–Le trajeron esto a Holi.
El mensajero miró a Jack con una mirada que ahora sé que es de esperanza, y le preguntó que si él podÃa firmar. Jack tomó la tabla de firmas, miró el remitente, sacó su pluma, y firmó. Acto seguido sacó la cartera, sacó un billete de veinte nuevos pesos y se los dió al pobre mensajero, que se fue agradecido a seguir repartiendo flores. Yo me enjuagué una lágrima y tomé otro durazno y una fresa.
Lo primero que Jack hizo fue mirar atentamente el arreglo. Luego dijo:
–¿Por qué un arreglo frutal?
–Está bonito, ¿verdad? –dije yo.
–Y seguramente sabroso.
–Pero yo no lo quiero –dijo Holi.
–¿Por qué?
–Porque no.
–Ah… Oye –me preguntó Jack– ¿Miguel Mateos que no era un cantante?
–SÃ, pero éste es otro…
–Ah, ok… –y dirigiéndose a Holi con una sonrisa maliciosa– ¿Y ya te acostaste con él?
Holi, como era de esperar, le lanzó otro cachetadón guajolotero a Jack, pero como Jack estaba preparado lo pudo bloquear con una mano. Holi usó la otra y Jack volvió a bloquearla. Entonces Holi lanzó una patada y Jack se hizo para atrás.
–Interpreto la respuesta como un “No.” –dijo Jack, a punto de la risa.
–A mà ya me respondió lo mismo –le dije.
–Ya lo sé, tienes pintada su mano. –Acto seguido, soltó a Holi, que cruzó los brazos y puso su mejor cara de enojada. Jack levantó el arreglo (”40 kilos de fruta” fue su diagnóstico) y se metió a la casa con mucho trabajo.
–Deja afuera ese arreglo.
–No.
–Que lo dejes.
–Que no lo voy a dejar.
–¡Que lo dejes!
–¡Con una tiznada, que no lo voy a dejar! Además ya firmaste por él…
–¡YO NO FIRMÉ NADA!
–Sà lo hiciste… –dije yo– Jack falsificó tu firma…
Por fortuna Jack ya se habÃa metido a la casa, porque si no no lo salva nada de la furia de Holi. Holi se metió fúrica a su cuarto y Jack y yo examinamos el arreglo. Yo examiné dos naranjas, cinco duraznos y un montón de fresas, y Jack examinó la carta que estaba adentro.
En pocas palabras, Miguel Mateos invitaba a Holi a volver a salir con él. Miguelito no era feo, al contrario, estaba guapetón. Pero tenÃa un problema muy importante, al menos ante los ojos de Holi: era frutero. En el Mercado de Abastos. Y Holi no querÃa salir con un frutero porque no estaba a su nivel. Es más, ahora que lo pienso, creo que ninguno de nuestros novios ha estado nunca a nuestro nivel, sea eso lo que eso sea. Miguel tenÃa su propio puesto en el Mercado de Abastos, manejaba una camioneta Ford Lobo modelo 1995 (recién salida de la fábrica), y manejaba por dia cantidades de dinero exhorbitantes con las que ustedes y yo podrÃamos vivir un mes sin preocupaciones. Era moreno, ojos cafés, pulcramente afeitado, el único en el mercado que usaba guantes en ese tiempo para manipular las cajas, o sea que no tenÃa callos ni cicatrices, bien vestido… Pero también muy bruto.
Eso terminó explicándonos Holi a través de la puerta de nuestra habitación. Yo, por supuesto, seguÃa comiendo mis duraznos. Y era por lo último, por lo bruto, que no querÃa volver a saber nada de Miguel Mateos.
A mà me hubiera importado un pimiento que Miguel hubiera estado bruto o no, siempre y cuando lo hubiera podido convencer de que me regalara un coche. Pero como Holi prefiere una buena sobremesa a comer postre, y el muchacho no podÃa entender el elevado sentido del humor de mi hermana (que ni siquiera es tan alto), pues Holi salió frustrada y Miguel salió encantado de la cena de dos dÃas antes.
Yo tomé entonces una decisión radical. Descolgué el telefono del pasillo, marqué el número del teléfono de Miguel, y le hice una pregunta a bocajarro:
–¿Bueno?
–¿Miguel Mateos?
–SÃ…
–Oiga, querÃa saber por qué la bola rueda…
–¿Eh?
–SÃ, por qué la bola rueda…
– [...] No, no sé…
–Pues porque estaba sucia…
–No entiendo…
–Lo sabÃa… –y colgué.
Acto seguido, le dije a Jack:
–SÃ, es muy bruto…
Holi terminó cediendo. Salió de mi cuarto a las dos horas, y para rumiar sus penas examinó una papaya maradol de tres kilos ella solita. Comimos fruta toda la semana, y el siguiente miércoles Holi va a cenar con Miguel, le dice que aunque está muy guapo lo suyo no funcionarÃa, que ella no espera un prÃncipe en caballo blanco, y que prefiere que se queden como amigos, despidiéndose con un beso. Miguel hace como que entiende (aunque estoy seguro que nunca entendió lo del prÃncipe con caballo blanco) y al dÃa siguiente manda no un arreglo, sino seis cajones de frutas: naranjas, fresas, mangos, duraznos, jÃcamas y papayas. Mientras Jack y yo ya maquinábamos algún plan para que Holi volviera a salir con Miguel (donde se lleguen a acostar Miguel seguramente le hubiera regalado una casa), anunciaron la devaluación del peso, y nuestros planes se hicieron trizas. Miguel nunca le volvió a hablar a Holi, ni siquiera envió una cestita de fruta más… y Jack y yo nos pasamos recriminándole a Holi todo un año por no haberse hecho novia de un idiota con mucho dinero.
En fin…