Casa llena, tres bolas y dos strikes (y iv, espero)
April 7th, 2006 | Filed under Uncategorized.La casa quedó en silencio, pero no a oscuras. La red inalámbrica, mezclada con la computadora portátil y la falta de sueño de Cata lograron que se metiera todas las noches a 42 Metros Bajo Tierra y que actualizara, por fin, su antivirus. Y mientras ambos tratábamos de conciliar el sueño a eso de la una de la mañana, ella dió su segunda lección de japonés por internet. El resto de la casa continuaba en silencio.
El domingo amaneció igual que todos los demás dÃa, pero con una hora de adelanto. Manzana, como de costumbre, se levantó temprano (honestamente, no sé cómo le hace) y preparó el desayuno para toda la troupe. Entre hot cake y waffle nos contó que el imbécil de su novio la habÃa dejado porque no le gustaba la comida que ella preparaba. Creo que el muchacho está realmente mal de sus facultades mentales: Manzana no prepara alta cocina francesa, pero su comida es la más sabrosa de todas las de mi familia, y dado que hay estupendas cocineras, eso les puede dar una ligera idea de lo que es caer vÃctima de su encanto culinario.
Para medio dÃa todas las féminas de la casa abandonaron el nido en dirección al tianguis de Santa Tere, peculiar institución que adoran todas las mujeres de la ciudad excepto las que tienen la mala suerte de vivir en la zona en que los puestos se localizan. Los hombres nos quedamos solos, y lo primero que hicimos fue prender la tele y continuar con la discusión del dÃa anterior sobre si El Jorobado de Notre Dame, alias Cuahutémoc Blanco, serÃa convocado o recibirÃa una patada en la zona que las personas finas y educadas llamamos glútea. Ed ya estaba bastante repuesto, asà que se sumó a la discusión. Nunca supimos a ciencia cierta cómo terminó la discusión, porque para ese momento las 7 féminas que nos habÃan abandonado previamente regresaron sin dinero en el bolsillo pero cargadas de cosas que no necesitaban. Inmediatamente la preparación de la comida comenzó, de nueva cuenta sin intervención masculina, hecho que he de agradecer profundamente.
La discusión de sobremesa giró sobre la conveniencia de mudarme a una casa más grande y obligar a Manzana para que viviera con nosotros, pero dado que vivÃamos en una situación excepcional para la cual se requerÃa tomar medidas excepcionales, la idea se votó y desechó por unanimidad, aunque no pude dejar de notar una cierta melancolÃa en la Manzana. Después de todo, el fin de semana parecÃa haberse convertido en unas minivacaciones.
Para las cuatro de la tarde todos estábamos digiriendo la comida. Los niños jugaban en la azotea con la perra y los tres gatos, los adultos veÃamos una pelÃcula del inolvidable Peter Sellers, y entonces el teléfono sonó. Era la señora Fuego, que ya habÃa regresado a su casa y me preguntaba si no habÃa ningún inconveniente para que fuera a recoger a sus hijas a mi casa. La escuché bastante cansada, y como escuché unos ronquidos del otro lado de la lÃnea, deduje que el viajecito habÃa sido muy cansado. Por tanto, le sugerà que las niñas se quedaran y que mañana yo las llevarÃa a la escuela, para que tuviera oportunidad de descansar un poco. La señora Fuego me lo agradeció y prometió hacer gestiones para aumentar mi lÃnea de crédito en el banco.
A eso de las ocho de la noche salà con rumbo al hospital a recoger a Lilith y a Holocáustica. Holocáustica salió casi llorando, y cuando intenté averiguar por qué, descubrà que se acababa de torcer el tobillo a la salida del hospital. TenÃa que ser. Una vez en casa, Cata se encargó de descartar una fractura y aplicó una venda. Aparentemente la traumatologÃa se le da muy bien y está pensando en estudiar esa especialidad dándole mayor preferencia que a la cirugÃa reconstructiva. A las once de la noche, con los niños acostados en contra de su voluntad (una hora de retraso en su reloj biológico) el Jefe Lavolpe anunció que seleccionó a 26 jugadores para concentrarlos, y que tres de ellos no tenÃan el lugar asegurado: Oswaldo Sánchez, Jesús Corona, Guillermo Ochoa, Mario Méndez, José Antonio Castro, Rafael Márquez, Francisco “Maza” RodrÃguez, Carlos Salcido, Ricardo Osorio, Joel Huiqui, Claudio Suárez, Gonzalo Pineda, Andrés Guardado, Pável Pardo, Gerardo Torrado, Antonio Naelson “Zinha”, Jesús Arellano, Ramón Morales, Luis Pérez, Rafael “Chiquis” GarcÃa, Jaime Lozano, Israel López, Jared Borgetti, Francisco “KikÃn” Fonseca, Guillermo Franco, y Omar Bravo.
Como predije, a Cuahutémoc Blanco le dieron una patada en salva sea la parte.
A eso de las doce de la noche nos retiramos a descansar, aunque de nueva cuenta Cata y yo nos quedamos despiertos hasta las tres de la mañana en internet. Tomando en cuenta que Cata entra a la escuela a las 7 de la mañana, esa desición era un riesgo, pero no le importó.
A las seis de la mañana mi reloj tocó a generala, asustando a todos quienes no estaban acostumbrados a semejante exhibición. Cata se fue a la escuela, Manzana preparó un desayuno ligero antes de irse a trabajar, y mientras llevaba a los niños a la escuela Jay y yo notamos algo que no habÃamos notado antes.
–Tienes el pelo azul, Nirva…
–Me lo pintó mi tÃa Cata anoche…
Jay y yo nos encogimos en hombros. Ya me mandarÃa llamar el director un dÃa de éstos…