Posted by Don Pastrami on the 7th of April, 2006 at 4:15 am under no category.    This post has no comments.

La casa quedó en silencio, pero no a oscuras. La red inalámbrica, mezclada con la computadora portátil y la falta de sueño de Cata lograron que se metiera todas las noches a 42 Metros Bajo Tierra y que actualizara, por fin, su antivirus. Y mientras ambos tratábamos de conciliar el sueño a eso de la una de la mañana, ella dió su segunda lección de japonés por internet. El resto de la casa continuaba en silencio.

El domingo amaneció igual que todos los demás día, pero con una hora de adelanto. Manzana, como de costumbre, se levantó temprano (honestamente, no sé cómo le hace) y preparó el desayuno para toda la troupe. Entre hot cake y waffle nos contó que el imbécil de su novio la había dejado porque no le gustaba la comida que ella preparaba. Creo que el muchacho está realmente mal de sus facultades mentales: Manzana no prepara alta cocina francesa, pero su comida es la más sabrosa de todas las de mi familia, y dado que hay estupendas cocineras, eso les puede dar una ligera idea de lo que es caer víctima de su encanto culinario. (read more)

Posted by Don Pastrami on the 6th of April, 2006 at 5:45 am under no category.    This post has no comments.

La cosa era como en los exámenes de lógica matemática: tiene usted trece personas y dos baños. ¿Cómo dividir la carga de trabajo de manera que la fila se vacíe lo más rápido posible con un máximo de eficiencia?

Solución: que no vayan todos al mismo tiempo.

Sábado en la mañana. Manzana, que ha sido muy madrugadora desde que me acuerdo, se levantó a las seis de la mañana a bañarse y acicalarse. Le siguieron Lilith, Holocáustica, Cataclísmica y Charo, con diferencia de quince minutos cada una. Luego se levantaron las niñas, a continuación Kiddy the Bill, luego los niños, a continuación un servidor, y al final Lord Ed, que se veía como si le hubiera pasado un tren por encima.

Por fortuna ese era un día en el que no habría qué hacer nada. La población masculina se ubicaría alrededor del televisor para ver deportes todo el día, así como nuestros antepasados los cazadores se reunían alrededor de una hoguera para narrar sus encuentros con peligrosos animales, como aquél tigre dientes de sable al que mataron con una sola flecha que le pegó en la cabeza y la pata trasera.

Manzana preparó el desayuno, aprovechando la peculiar circunstancia de que las niñas querían aprender a cocinar como ella. Hasta Kari colaboró, cosa que, tomando en cuenta su corta edad, es impresionante. Lord Ed fue obligado a regresar a la cama a pesar de sus intentos por no hacerlo, lo que es señal de que sí estaba bastante mal. Manzana se llevó a las niñas al mercado, para que aprendieran a escoger los mejores alimentos, y Lilith y Holocáustica se pusieron a discutir nuevamente, enteradas de que el pequeño paciente de Holi sudaba azul pero presentaba una notable mejoría, y tratando de averiguar de dónde demonios podría haber salido el talio que envenenó al pobrecito niño. Cata sugirió que los padres, al ser químicos, pudieron haber tenido algo que ver en el asunto de manera involuntaria, y yo recordé que el sulfato de talio, que es inodoro, blanco, insípido y muy venenoso, se usa para matar roedores e insectos rastreros. Seguramente el niño estuvo en contacto con el veneno de manera prolongada hasta que alcanzó el máximo de exposición y presentó los síntomas de intoxicación. Me miraron como si yo fuera un idiota y siguieron con su discusión.

Para medio día yo ya había instalado toda una red inalámbrica en mi casa. Esto no es una tarea tan sencilla como puede parecer, dado que las paredes son tan gruesas que la señal no puede penetrar mucho. Tuve que poner cuatro puntos de acceso para tener cobertura total, y no necesité proteger la red porque no sale nada de señal de la casa. Los afortunados poseedores de una computadora portátil recibieron una tarjeta de red inalámbrica y se pusieron a navegar; los que no, deberían esperar su turno para usar una de las computadoras de escritorio. Yo terminé ensamblando una a base de piezas viejas para mi uso personal. A continuación Manzana y las niñas, que ya habían regresado del mercado cargadas de cosas (y me recordó a la manera en que mi abuela se llevaba a Cata, Holy y Manzana al mercado) se pusieron a preparar la comida. Esta vez Kari dio su gran paso al graduarse de ser quien les pasaba los ingredientes a quienes cocinaban a ser quien se encargaba de machacar el puré de papas.

Para las cuatro de la tarde, todos bien comidos, los hombres nos reunimos a efectuar ese gran ritual que es ver el futbol en el sillón de la sala mientras que Holy y Lilith, que se preparaban para volver al hospital, se echaron una merecida siesta de dos horas. Manzana horneaba un strüdel mientras las niñas preparaban un pastel de chocolate a la Pepsi, acompañadas por Charo que siente una particular afición por el antedicho postre extravagante. Éste pastel, receta de Manzana, se diferencia de los demás pasteles por el hecho de que no lleva levadura sino una lata de pepsi cola. Curiosamente el pan queda muy esponjadito, húmedo y sabroso.

Las seis y media. El pastel y el strüdel estaban horneados y en su punto, Lilith y Holi se preparaban mentalmente para las siguientes 24 horas, Manzana les preparaba algo ligero para que comieran rico en el turno sin tener que salir del hospital, y además les preparó un termo de café moka, bebida por la que ambas sienten una debilidad rayana en la adicción. Cata prefiere el capuchino helado. A veces creo que debí aceptar como inquilina a Manzana en lugar de a Charo, pero Charo hace cosas que Manzana no hace, como actuar como mi secretaria, pagar mis cuentas a tiempo, cobrar a mis clientes y llevar el control de mi chequera. Y eso que decidió estudiar ciencias de la comunicación…

Para las ocho de la noche Holy y Lilith ya estaban en el hospital. Lo sé porque yo las llevé. Su turno terminaría el domingo a las 8 de la noche y ahí estaría yo de vuelta para transportarlas de vuelta a casa.

Cata estaba muy ocupada mientras tanto en enseñarles a los niños a hablar en japonés. Aferrada, la niña. Nosotros pasamos del futbol al beisbol, mientras hacíamos apuestas sobre quiénes conformarían la selección nacional de manos del Jefe Lavolpe. Jefe, estamos en sus manos. Los niños se retiraron a dormir a eso de las diez y media de la noche y yo adelantaba todos los relojes de la casa una hora para acoplarnos al horario de verano.

Eran las once de la noche cuando Holi llamó. Los padres del pitufito que sudaba azul de Prusia habían fumigado la casa con un insecticida que tenía nicotina y colocado trampas con un polvo que resultó ser sulfato de talio. A veces me canso de tener la razón. Una hora más tarde la casa quedaba en silencio…

Esta historia continuará…

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