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Archive for August 18th, 2005

Turismo Extremo

August 18th, 2005 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Tal vez será porque este mes no se me dió la gana de enseñar Historia, o porque simplemente he estado recuperándome de las vacaciones (y un accidente) que este día lo voy a dedicar a quienes practican Turismo Extremo.

(In Memoriam: para Cataclísmica, que sigue estacionada en Barajas y no tiene para cuando regresarse…)

Cuando yo aún era feliz e indocumentado, es decir, cuando aún no tenía 18 años y no era ciudadano mexicano en pleno uso de sus facultades, derechos, atribuciones y obligaciones, recuerdo claramente que las vacaciones eran época de jolgorio, porque nos íbamos todos en una camioneta a visitar exóticos destinos nacionales. A veces montaña, a veces selva, a veces playa, a veces bosque, y a veces desierto. Íbamos en camioneta porque éramos una familia acomodada: 7 en total. Éramos (en orden de aparición y de acuerdo con los seudónimos oficiales) mis sufridos padres, un servidor de ustedes (Pastrami), Holocáustica, Will Matraca, Mister Ed, y Cataclísmica. Viajar en avión hubiera sido extremadamente caro. Por ello, cuando cada uno de los Hermanos Caradura tuvo edad suficiente para irse por su propia cuenta, lo primero que hizo fue obtener un boleto de avión con destino a su país de nacimiento.

Aquí debo hacer un paréntesis (Como éste).
Si bien todos en mi familia somos mexicanos, da la casualidad de que ninguno nacimos en México. Yo nací en Sicilia, Holocáustica en Berlín, Will Matraca en Londres, Cataclísmica en España, y Mister Ed en Nueva York. Ésto se debe a que mi padre era miembro del Servicio Exterior Mexicano, y se la pasaba de consulado en consulado, seguido fiel aunque renuentemente por mi madre. Obvio es que mi madre ya estaba harta de viajar, en especial con cinco chamacos qué educar, así que en cuanto nació Caty decidió estacionarse en Guadalajara, y no salir de la ciudad excepto en plan de vacaciones. Mi padre tuvo que doblar las manos.

Regreso entonces a mi narración.
Para poder visitar nuestro país de origen, cada uno de nosotros (me refiero, por supuesto, a mis hermanos y a mí) se dedicó a ahorrar un buen billete, para comprar un billete de avión que, a la brevedad posible, nos trasladara a la tierra que nos vio nacer y a la que le dimos la espalda involuntariamente. Casi siempre eso se lograba a base de comprar un boleto abierto, es decir, sujeto a que se encuentre un asiento cuyo pasajero no se encuentre en la nave o el aeropuerto.

Los boletos son muy económicos, frecuentemente de apenas el 45% del valor del boleto normal, pero como desventaja corres el riesgo de quedarte varado. Lo cual, cuando tienes 17 años, te importa un cuerno.

Así que yo me lancé antes que nada a la aventura, en un vuelo compuesto Guadalajara-Houston-Nueva York-Barajas-Roma-Palermo. Regresé por una ruta un tanto diferente: Palermo-Roma-Berlín-Londres-México-Guadalajara.
De ésta manera, soy el único de mis hermanos que ha estado en todas las ciudades al menos dos veces. Por algo soy el mayor. Como sea, aprendí algo sobre mi aventura: cuando se pida el permiso para entrar a otro país, hay que pedirlo para el mayor tiempo posible; hay que llevar mucho dinero en efectivo, y en el aeropuerto es muy difícil poder dormir. Yo realicé mi viaje de ida en tres días, mas el de regreso me tomó 9.

Cuando Holocáustica (apodada así porque era muy aficionada a destruir cosas con ayuda de cosas indestructibles) viajó a Alemania, tardó dos días en llegar, pero 10 en regresarse tras una visita de 5 días. Conoció todo Berlín, de eso no hay duda.

Cuando Mister Ed viajó a Nueva York, tardó 1 día en ir, 14 en visitar y 5 en volver. Y lo andaban fichando porque su permiso de visita expiró y no lo renovó (cosa difícil de hacer cuando llevas 4 días esperando en el Aeropuerto).

Cuando Will visitó Londres, tardó 10 días en regresar tras 12 días de viaje y 1 de ida. Venía desesperado, pues la cocina inglesa dista mucho de ser algo más que combustible para el cuerpo (si lo sabré yo) y no había forma de conseguir chiles jalapeños en el aeropuerto.

Pero de quien no sabemos nada es de mi hermana Cataclísmica. Caty se largó hace 35 días con rumbo a Madrid, para visitar todo el país en 20 días con la mochila al hombro y la tarjeta de crédito en el bolsillo, y regresar a tiempo para la escuela. Lleva 15 días en Barajas. Es la número 44 en la lista de pasajeros, si mi memoria no me es infiel, y apenas van en el pasajero 15 que subió al avión. Va a llegar con un acento español tan cerrado que lo vamos a tener que abrir con llave inglesa. Lo peor es que las clases comienzan la próxima semana, y mucho me temo que si no se resuelve esta situación en una semana más, tendremos que pagarle entre todos un viaje a Londres o a París para que se venga vía Nueva York a México.

Mi padre está muy poco contento ante la perspectiva de tener que desembolsar más billetes, y prefiere hacer el viaje con mi madre para dirigirse a Baviera, a pasar su 30 aniversario de bodas, mientras Caty sigue varada en Barajas.

Mientras tanto, mi mujer (que no conoce los dudosos placeres del Turismo Extremo) apenas puede contener la risa al mencionar la frase “te lo dije”. Jura y perjura que ninguno de nuestros 4 hijos hará lo mismo que mis hermanos y yo. Ya veremos en 10 años…

Así que, Caty, cuando leas esto, Lilith y yo estaremos riéndonos de tí, pero echándote ánimos para que regreses sana y salva. Te espera una torta ahogada a tu regreso.

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