Tal vez será porque este mes no se me dió la gana de enseñar Historia, o porque simplemente he estado recuperándome de las vacaciones (y un accidente) que este dÃa lo voy a dedicar a quienes practican Turismo Extremo.
(In Memoriam: para CataclÃsmica, que sigue estacionada en Barajas y no tiene para cuando regresarse…)
Cuando yo aún era feliz e indocumentado, es decir, cuando aún no tenÃa 18 años y no era ciudadano mexicano en pleno uso de sus facultades, derechos, atribuciones y obligaciones, recuerdo claramente que las vacaciones eran época de jolgorio, porque nos Ãbamos todos en una camioneta a visitar exóticos destinos nacionales. A veces montaña, a veces selva, a veces playa, a veces bosque, y a veces desierto. Ãbamos en camioneta porque éramos una familia acomodada: 7 en total. Éramos (en orden de aparición y de acuerdo con los seudónimos oficiales) mis sufridos padres, un servidor de ustedes (Pastrami), Holocáustica, Will Matraca, Mister Ed, y CataclÃsmica. Viajar en avión hubiera sido extremadamente caro. Por ello, cuando cada uno de los Hermanos Caradura tuvo edad suficiente para irse por su propia cuenta, lo primero que hizo fue obtener un boleto de avión con destino a su paÃs de nacimiento.
Aquà debo hacer un paréntesis (Como éste).
Si bien todos en mi familia somos mexicanos, da la casualidad de que ninguno nacimos en México. Yo nacà en Sicilia, Holocáustica en BerlÃn, Will Matraca en Londres, CataclÃsmica en España, y Mister Ed en Nueva York. Ésto se debe a que mi padre era miembro del Servicio Exterior Mexicano, y se la pasaba de consulado en consulado, seguido fiel aunque renuentemente por mi madre. Obvio es que mi madre ya estaba harta de viajar, en especial con cinco chamacos qué educar, asà que en cuanto nació Caty decidió estacionarse en Guadalajara, y no salir de la ciudad excepto en plan de vacaciones. Mi padre tuvo que doblar las manos.
Regreso entonces a mi narración.
Para poder visitar nuestro paÃs de origen, cada uno de nosotros (me refiero, por supuesto, a mis hermanos y a mÃ) se dedicó a ahorrar un buen billete, para comprar un billete de avión que, a la brevedad posible, nos trasladara a la tierra que nos vio nacer y a la que le dimos la espalda involuntariamente. Casi siempre eso se lograba a base de comprar un boleto abierto, es decir, sujeto a que se encuentre un asiento cuyo pasajero no se encuentre en la nave o el aeropuerto.
Los boletos son muy económicos, frecuentemente de apenas el 45% del valor del boleto normal, pero como desventaja corres el riesgo de quedarte varado. Lo cual, cuando tienes 17 años, te importa un cuerno.
Asà que yo me lancé antes que nada a la aventura, en un vuelo compuesto Guadalajara-Houston-Nueva York-Barajas-Roma-Palermo. Regresé por una ruta un tanto diferente: Palermo-Roma-BerlÃn-Londres-México-Guadalajara.
De ésta manera, soy el único de mis hermanos que ha estado en todas las ciudades al menos dos veces. Por algo soy el mayor. Como sea, aprendà algo sobre mi aventura: cuando se pida el permiso para entrar a otro paÃs, hay que pedirlo para el mayor tiempo posible; hay que llevar mucho dinero en efectivo, y en el aeropuerto es muy difÃcil poder dormir. Yo realicé mi viaje de ida en tres dÃas, mas el de regreso me tomó 9.
Cuando Holocáustica (apodada asà porque era muy aficionada a destruir cosas con ayuda de cosas indestructibles) viajó a Alemania, tardó dos dÃas en llegar, pero 10 en regresarse tras una visita de 5 dÃas. Conoció todo BerlÃn, de eso no hay duda.
Cuando Mister Ed viajó a Nueva York, tardó 1 dÃa en ir, 14 en visitar y 5 en volver. Y lo andaban fichando porque su permiso de visita expiró y no lo renovó (cosa difÃcil de hacer cuando llevas 4 dÃas esperando en el Aeropuerto).
Cuando Will visitó Londres, tardó 10 dÃas en regresar tras 12 dÃas de viaje y 1 de ida. VenÃa desesperado, pues la cocina inglesa dista mucho de ser algo más que combustible para el cuerpo (si lo sabré yo) y no habÃa forma de conseguir chiles jalapeños en el aeropuerto.
Pero de quien no sabemos nada es de mi hermana CataclÃsmica. Caty se largó hace 35 dÃas con rumbo a Madrid, para visitar todo el paÃs en 20 dÃas con la mochila al hombro y la tarjeta de crédito en el bolsillo, y regresar a tiempo para la escuela. Lleva 15 dÃas en Barajas. Es la número 44 en la lista de pasajeros, si mi memoria no me es infiel, y apenas van en el pasajero 15 que subió al avión. Va a llegar con un acento español tan cerrado que lo vamos a tener que abrir con llave inglesa. Lo peor es que las clases comienzan la próxima semana, y mucho me temo que si no se resuelve esta situación en una semana más, tendremos que pagarle entre todos un viaje a Londres o a ParÃs para que se venga vÃa Nueva York a México.
Mi padre está muy poco contento ante la perspectiva de tener que desembolsar más billetes, y prefiere hacer el viaje con mi madre para dirigirse a Baviera, a pasar su 30 aniversario de bodas, mientras Caty sigue varada en Barajas.
Mientras tanto, mi mujer (que no conoce los dudosos placeres del Turismo Extremo) apenas puede contener la risa al mencionar la frase “te lo dije”. Jura y perjura que ninguno de nuestros 4 hijos hará lo mismo que mis hermanos y yo. Ya veremos en 10 años…
Asà que, Caty, cuando leas esto, Lilith y yo estaremos riéndonos de tÃ, pero echándote ánimos para que regreses sana y salva. Te espera una torta ahogada a tu regreso.