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Archive for December, 1969

La Guerra Británico-Americana

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Pocas cosas son tan olvidadas en nuestros países que le rezan a la Virgen María en español (es decir, del Bravo hacia el sur) como la Guerra Británico Americana de 1812.

Ésta fue, sin temor a equivocarme, la primera vez que un país europeo invadía a una nación independiente en América: recuérdese que los Estados Unidos adquirieron su independencia en 1784 (y no en 1776, que fue cuando firmaron la declaración de independencia).

No sólo eso: no habían pasado ni siquiera treinta años desde que los estadounidenses habían adquirido la independencia y ya estaban enfrascados en una guerra contra una de las potencias más fuertes del mundo. El resultado fue obvio: los estadounidenses perdieron de una manera total y absolutamente deshonrosa. Mas no por la superioridad inglesa.
Si hemos de conocer los hechos que llevaron a ésta guerra, encontramos, además de la codicia estadunidense, a los conflictos napoleónicos. El prestigio de los múltiples triunfos de Napoleón Bonaparte hizo pensar a muchos estadounidenses que los ingleses llevaban las de perder. Y es que, a todas luces, los ingleses no quedaban muy bien parados, y se limitaban a bloquear el continente con su flota. La lucha en el mar era violenta y costosa para ambos lados. Y los americanos, apoyados en la bandera de la neutralidad, comerciaban con ambos lados y obtenían jugosas ganancias ignorando el bloqueo.

Y mientras más duraba el conflicto, los ingleses se metían en serios problemas, hasta llegar al extremo de prohibir a los yanquis ejercer ese negocio e incautar barcos estadounidenses. Esta situación arruinó a varias empresas navieras de Nueva Inglaterra. (más tarde, cuando los británicos requerían tripulantes para sus naves, abordaban en cualquier sitio buques yanquis y hacían abordar por la fuerza a los marines ingleses).

Si a eso le agregamos que los estadounidenses pensaban que expandirse era no sólo una opción, sino un deber patriótico, tendremos servido el plato para una guerra. Hemos de recordar que Estados Unidos acababa de comprar Louisiana, operación que volcó las simpatías yanquis hacia el lado de Francia, hundiendo, de paso, a los ingleses. (A causa de que la determinación de vender la Louisiana la tomó Napoleón mientras se bañaba, se dice que la guerra de EUA contra Inglaterra comenzó en una bañera). Ya S.M. Lipset lo dice: “Los estadounidenses no lo saben, pero los canadienses no olvidan que dos naciones, no una, surgieron de la revolución americana”. Thomas Jefferson, en ese entonces presidente de los Estados Unidos, cree a pie juntillas que conquistar Canadá es cosa de simplemente marchar hacia esos territorios, incluido Québec, y tomarlos. Eso, dice, les dará experiencia para poder expulsar finalmente a los ingleses de Halifax y después del continente. Es sólo cosa de iniciar la expansión hacia el Norte.

La manera en que los yanquis se deciden a expandirse comienza con los indios. Los especuladores de tierras y los comerciantes de pieles poco a poco los acorralan y ellos se rebelan a hacer más transacciones con llos norteamericanos. Entonces, al carecer de medios legales que les permitan expandir sus tierras, los yanquis recurren a trucos sucios.

De ellos, el mayor hijo de la chingada (en este caso no es sólo la Historia quien lo juzga, lo juzgo yo en persona) fue el general William Henry Harrison, en ese entonces gobernador de Indiana. Harrison trata con unos indios irresponsables y simula la compra de extensos territorios, que resultaron ser los campos de caza de un jefe indio, Tecunseh. A continuación Harrison encabeza una fuerte columna militar y marcha a tomar posesión de esas tierras. Tecumseh no era un alma de dios: era un guerrero orgulloso y valiente, que luchaba por lo que le pertenecía a él y a su pueblo. Harrison, sin embargo, tiene las armas y la fuerza de los números: en Tippecanoe Harrison se enfrenta con Tecumseh, lo vence y hace una feroz carnicería con su gente. ¿Qué hizo Harrison para justificarse? Inventó que Tecumseh se había aliado con los ingleses para despojarlo de lo que "legalmente" le pertenecía. Así, de una plumada, convirtió su crimen en un acto heróico. De este modo, se transformó en el héroe de Tippecanoe y muchos llamaban por ese nombre a Harrison.

La guerra comenzó de una manera absurda. Poco después que el barco de guerra inglés ‘Leopard’ abordó en alta mar al ‘Chesapeake’, yanqui, con intención de registrarlo (el comercio con Francia estaba ya prohibido) la crisis se agravó. Entonces el Presidente envió al Congreso un informe detallando la situación y dando cuenta de 6.057 casos de enlistamientos ilegales, hechos por los ingleses, de ciudadanos norteamericanos para servir por 3 años en la escuadra real.

Al fin, la guerra fue declarada el 18 de junio de 1812. Inglaterra se indignó, y con justa razón, sintiéndose apuñalada por la espalda, en medio de una lucha que ella consideraba sagrada: la de combatir a Napoleón. Las ‘razones’ de la guerra, oficialmente, fueron los deseos de reemplazar a los colonialistas británicos y españoles. Harrison fue el agente provocador más importante.

No sólo eso: poco tiempo después, los ‘conquistadores del Canadá’ comenzaron una serie de pequeñas batallas en las cuales, una tras otra, los impacientes, mal entrenados y peor dirigidos soldados estadounidenses, a pesar de la superioridad numérica, fueron vencidos o se retiraron desordenadamente. Ni siquiera fue una guerra en forma. James Wilkinson, el general de brigada más antiguo, carecía de capacidad para el mando (no sólo eso: fue cómplice de Aaron Burr y traicionó a los Estados Unidos vendiéndose a España). Otro general de brigada, William Hull, con experiencia en la Revolución, donde llegó a coronel, ya estaba muy viejo y achacoso. (El viejito se entregó en Detroit sin disparar un tiro). Sin ánimo para luchar, las heterogéneas e indisciplinadas tropas no pudieron conquistar Canadá. Ni siquiera pudieron entrar a ese territorio.

Así iban las cosas, derrota tras derrota, y por default, en una guerra donde todas las ventajas eran yanquis, ya que los ingleses estaban muy ocupados en Europa para darle la menor importancia al conflicto americano. Y en cuanto cayó vencido Napoleón, Gran Bretaña envió un ejército a la región de los Grandes Lagos para reforzar la defensa del Canadá. Acto seguido 5,000 soldados ingleses desembarcaron cerca de Washington sin encontrar ni la más pálida resistencia entre los militares, superiores en número. En Bladensburg, los defensores apenas perdieron 10 hombres y llevaban otros 40 heridos, cuando huyeron desordenadamente hacia la capital. Incluso hay crónicas de la época que afirman que muchos ingleses sufrieron insolación intentando alcanzarlos.

Washington ni siquiera tivo defensa. Las autoridades huyeron gritando "sálvese quien pueda", y los ingleses entraron como Pedro por su casa. Bueno, si hasta un par de locos, que la Historia consigna simplemente como Crochano y Ross, se dieron el lujo de incendiar la Casa Blanca y otros edificios públicos, sin que nadie dijera ni pío.

Así, con Washington en poder del enemigo y con sus fuerzas en una retirada sumamente vergonzosa, los norteamericanos se rindieron. El 25 de diciembre de 1814 se firma la paz en Gante, Bélgica.

Para hacerle justicia a quien justicia merece, el acto de cobardía de William Harrison se descubrió varias generaciones después, luego de que varios investigadores demostraron la verdad de su turbio negocio de tierras, aclarando de una vez por todas que los ingleses nada tuvieron que ver con el comportamiento del pobre Tecumseh. Tan tarde se zanjó esta cuestión, que el ‘héroe Tippecanoe’ alcanzó a explotar su prestigio (y sus propiedades), llegando a ser el Presidente de los Estados Unidos en 1841, siendo ya anciano. Para fortuna del mundo, Harrison murió a un mes de asumir el cargo.

Las Locuras del Emperador Norton I

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Si hay un personaje curioso en América del Norte, es nada más y nada menos que Norton I, Emperador de los Estados Unidos y Protector de México. Me refiero a Joshau A. Norton, un comerciante al que un día se le botó la canica y se le metió entre ceja y ceja que era el Emperador de los Estados Unidos. Y fue el mejor y más bueno emperador que jamás se haya visto en el Mundo entero.
Joshua Abraham Norton nació,hasta donde los registros lo muestran, en Escocia, el 4 de febrero de 1819. Se sabe muy poco de su juventud, ya que él mismo nunca comentaba mucho sobre ese tema. En cambio, se sabe que pasó algún tiempo en Algoa Bay, en el Cabo de Buena Esperanza, y que fue miembro del Grupo de carabineros local. Llegó a San Francisco en 1849, un año después de que California pasara a manos norteamericanas en la infame Guerra México-Americana.

Norton se puso a trabajar de inmediato. Pronto estaba activamente envuelto en transacciones de bienes raíces que le dejaron cuantiosas ganancias, y ya se notaba su brillante inteligencia para los negocios, su integridad a toda prueba y su claro juicio. Baste decir que Norton llegó a California con 40 000 dólares en una maleta, y para 1853 ya contaba un cuarto de millón de dólares gloriosamente libres de impuestos.

Entonces Norton se asoció con un tal Thorne, y trató de controlar el mercado de arroz en San Francisco, aprovechando la escacez del alimento. Los precios subieron, y subieron, y subieron más, y Norton no vendía. Cuando ya el precio andaba rondando los 36 centavos la libra, que venía a ser un precio al día de hoy como de 200 dólares el kilo, llegaron dos barcos cargados y Norton se fue a la quiebra. Ahogado en deudas y problemas legales, Norton se recluyó y perdió la cordura. Nunca la encontraría.

Para 1857, a Norton de le ocurrió una genial idea en medio de su mente nublada por la locura: Él era el Emperador de los Estados Unidos. Norton creía a pie juntillas que había sido nombrado en 1853 como Emperador de California. Sostenía que California no era sino uno de los Estados Unidos, y que, por tanto, lógicamente no podía ser emperador si arriba de él había un cuerpo mayor que lo gobernase. Así que un día se presentó en las oficinas del San Francisco Bulletin, y le pasó una hojita al impresor, la que decía:

"At the peremptory request of a large majority of the citizens of these United States, I, Joshua Norton, formerly of Algoa Bay, Cape of Good Hope, and now for the past nine years and ten months of San Francisco, California, declare and proclaim myself Emperor of these U.S., and in virtue of the authority thereby in me vested, do hereby order and direct the representatives of the different States of the Union to assemble in the Musical Hall of this city on the 1st day of February next, then and there to make such alterations in the existing laws of the Union as may ameliorate the evils under which the country is laboring, and thereby cause confidence to exist, both at home and abroad, in our stability and integrity. "

Traducido al español, el mensaje dice:
"Debido a la insistente solicitud de una gran mayoría de la población de los Estados Unidos, Joshua Norton, antes de Algoa Bay en el Cabpo de Buena Esperanza, y por 9 años y 10 meses de San Francisco, California, declaro y me proclamo Emperador de los Estados Unidos, en virtud de la autoridad en mí investida, y ordeno y dirijo a los representantes de los diversos Estados de la Unión que se reúnan en el Musical Hall de ésta ciudad el día primero de febredo de éste año, para discutir las alteraciones en la ley existente de la Unión que pueda paliar los males bajo los que éste país labora, causando conflictos, tanto en el interior como en el exterior, en nuestra integridad y estabilidad."

El director del San Francisco Bulletin fue el primero en enterarse. El menesteroso que le aguardaba, vestido con un uniforme azul y oro de coronel, le dijo con la mayor naturalidad: "Soy el Emperador de los Estados Unidos." La declaración divirtió al periodista, que con cara de poker aceptó publicar la declaración de su visitante en primera página. Así se inició el fabuloso reinado de Norton I, reinado que duraría veinte años, desde el 17 de Septiembre de 1859.

Una semana más tarde, un segundo decreto hacía saber que a causa de la corrupción en las altas esferas el Presidente era destituido y quedaba disuelto el Congreso. A partir de aquel momento gobernaría él personalmente.

No importaba quién viviera en San Francisco, todo mundo estaba regocijado con el buen Norton. Y es que Norton se esforzaba por hacer cumplir la Ley: cuando el gobierno hizo caso omiso de su segundo decreto, el emperador Norton ordenó al comandante en jefe del Ejército que «al mando de las fuerzas necesarias, desalojase las salas del Congreso».

No tardó en seguir a este decreto otro en el que se decía que, siendo evidentemente incapaces los mexicanos de regir sus propios asuntos, el emperador asumía el papel de "Protector de México."

Por aquel entonces, Norton I tenía su corte en un edificio gris de habitaciones de alquiler, con retratos de Napoleón y la Reina Victoria colgados de la pared. Por las tardes se paseaba por las calles, seguido de su cuerpo de guardaespaldas: dos perros mestizos muy bien educados, Lazarus y Brummel. Norton I, como buen gobernante, correspondía con toda seriedad a las reverencias de sus súbditos, inspeccionaba las alcantarillas, comprobaba los horarios de los carros de transporte, verificaba las tarifas en las tienda. Iba a una iglesia diferente cada domingo, a fin de evitar celos entre las diversas sectas. Los teatros le tenían reservada una butaca especial y el público se levantaba con respetuoso silencio cuando entraba. Norton I era un hombre respetado por la comunidad… aunque la comunidad se riera por dentro.

Durante un tiempo Norton I acarició la posibilidad de casarse, pero temeroso de que las mujeres de su ciudad incurrieran en la histeria masiva y las tasas de suicidio se elevaran en forma alarmante, el Emperador dejó que fueran ellas quienes decidieran quién debería ser emperatriz… hasta que posó sus ojos en la Reina Victoria, según se dice. La realidad es que Norton I sí llegó a cartearse con la Reina Victoria, pero el asunto no pasó a mayores.

Mas no todo era miel sobre hojuelas para Norton I. En cierta ocasión un joven policía, en un exceso de celo profesional, le detuvo por vagabundo, y Norton I fue a dar con todos sus huesos a la cárcel. Toda la ciudad se indignó. El director de policía fue personalmente a ponerle en libertad deshaciéndose en excusas. Una delegación de concejales fue a visitarle y a solicitar su real perdón, por lo que él accedió graciosamente a "borrar el incidente de la memoria". En otra ocasión «abolió» la compañía de ferrocarriles Central Pacific por haberle negado comida gratis en el vagón restaurante, y sólo se aplacó su indignación cuando se le entregó un pase vitalicio en primera clase y se le dio pública satisfacción.

Al estallar la Guerra de Secesión en 1861, Norton I siguió el curso de la contienda con "profunda preocupación". Convocó a San Francisco a Lincoln, de la Unión, y a Davis, de la Confederación, para mediar entre ellos. Viendo que no comparecía ninguno y que ni siquiera le contestaban, ordenó un alto el fuego hasta que él "tomara su imperial decisión" sobre el asunto.

Durante todo este tiempo Norton era mantenido por los vecinos de San Francisco. Se le concedió alojamiento gratuito, alimentación gratuita y transportes gratuitos, pero siempre andaba mal de dinero, y un Emperador que no tenía dinero para enfrentar los gastos de Gobierno era un mal emperador. Norton I implantó un sistema de impuestos: 25 a 50 centavos semanales los tenderos y tres dólares semanales los bancos. Y en medio de las carcajadas generales, la mayoría de los tenderos y banqueros pagó, pues eso le permitía a la ciudad más diversión con el Emperador.

Cuando su uniforme estuvo deslucido y harapiento, Norton dictó una proclama:
"Sabed que yo, Norton I, tengo varias quejas contra mis vasallos, considerando que mi imperial guardarropa constituye una desgracia nacional."
No podía quedarse así una situación semejante: al día siguiente el Ayuntamiento aprobó una subvención para equiparlo de nuevo con un traje no de coronel, sino de general. Norton I les otorgí a los concejales, a cambio, títulos de nobleza a perpetuidad.

Los habitantes de San Francisco fueron leales y fieles súbditos. Cuando murió, el 8 de enero de 1880, diez mil ciudadanos desfilaron durante dos días ante su ataúd para rendirle tributo póstumo. el San francisco Chronicle escribió:
"Le Roi es Mort"
"On the reeking pavement, in the darkness of a moonless night under the dripping rain…, Norton I, by the grace of God, Emperor of the United States and Protector of Mexico, departed this life"
"El Rey ha muerto:"
"En el duro pavimento, en la oscuridad de una noche sin luna bajo la lluvia pertinaz, Norton I, por Gracia de Dios, Emperador de los Estados Unidos y Protector de México, ha muerto."

Los primeros arreglos funerarios se hicieron en un simple ataud de madera roja destinado para los pobres, pero los miembros del Pacific Club encontraron ésto completamente inaceptable para un hombre de su categoría. Los socios rápidamente comrparin un precioso ataúd de madera de palo re rosa y le organizaron un digno adiós. Más de 30 000 personas, desde los capitalistas hasta los pobres, desde los clérigos hasta los carteristas, desde las damas de alta sociedad hasta aquellos que atentaban contra toda norma del buen vestir, le presentaron sus respetos en un funeral solemne. Norton I fue enterrado en el Cementerio Masónico, con todos los gastos pagados por el Ayunatamiento de San Francisco. Al día siguiente de su funeral, el 11 de enero de 1880, hubo un eclipse total de sol. Hasta Dios le presentó sus respetos a Norton I.

En 1934 se colocó una lápida de mármol sobre su tumba con esta simple inscripción: "Norton I, Emperador de los Estados Unidos, Protector de México, 1819-1880."

¿Por qué el pueblo de San Francisco le tuvo tanto cariño a un personaje como Norton I?
Muy sencillo: el pintoresco monarca de San Francisco supo gobernar a sus súbditos con mano suave. El Emperador Norton no mató a nadie, no robó a nadie, no se apoderó de la patria de nadie, no abusó de nadie. No se puede decir lo mismo de la mayoría de sus colegas.

Don Adolfo López Mateos.

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

En Guadalajara, una de las avenidas más importantes de la ciudad es la que lleva por nombre los apellidos de éste ilustre presidente de México.

¿Qué hizo don Adolfo López Mateos para recibir ésta avenida, vital para los tapatíos?

¿Qué hizo como Presidente que me lleva a rendirle honores el día de su natalicio, que por una casualidad del destino es hoy día 26 de mayo, la misma fecha en que publico ésto?

¿Qué hizo que este ilustre hijo de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, sea recordado con respeto por la mayor parte de los mexicanos?

La respuesta a éstas preguntas, a continuación.
La familia de López Mateos era de escasos recursos. Su educación la financió la Fundación Dondé, a través de una beca, y a pesar de ello, lasituación económica de su familia condujo al joven a trabajar en sus ratos libres como mensajero y ayudante en un despacho. López Mateos continuó sus estudios, y al mismo tiempo trabajaba, en el Instituto Científico y Literario de Toluca, donde obtuvo un empleo de bibliotecario. En la época del movimiento vasconcelista, López Mateos participó activamente, junto con miles de estudiantes, en la organización de mítines y manifestaciones a favor de Vasconcelos, cuando don José era candidato a la presidencia. Vasconcelos perdió frente a Obregón.

López Mateos logró ingresar a la Escuela Nacional de Jurisprudencia. En 1929, López Mateos fue designado agente del Ministerio Público en Tlanepantla. Dejó el Ministerio Público porque fue designado representante del Estado de México a la Convención Antirreeleccionista de Aguascalientes por el Partido Socialista del Trabajo. A don Adolfo le tocó vivir la represión contra el vasconcelismo, que se oponía al régimen en el poder.

Durante el gobierno del presidente Ruiz Cortines, López Mateos fue nombrado Secretario de Trabajo y Previsión Social. Ahí se mostró la capadidad conciliadora de López Mateos, que resolvió satisfactoriamente los conflictos obrero-patronales de la época.

López Mateos fue electo Presidente de la república, y tuvo que enfrentar la huelga de los ferrocarrileros, sindicato no oficialista dirigido por
Demetrio Vallejo. Ésta huelga fue declarada ilegal, y por tanto, inexistente. No hubo otra alternativa que cesar a miles de trabajadores. Los líderes fueron encarcelados y las instalaciones ferroviarias tomadas por el ejército. Ésto condujo a un descontento político y social en los estados de Morelos y Guerrero, que culminó con el asesinato del dirigente campesino Rubén Jaramillo y el encarcelamiento del líder Genaro Vázquez.

A pesar de ese escabroso momento, que López Mateos pudo superar, México entró al marco del crecimiento mundial logrando que crecieran los sectores de la economía, particularmente la industria y los servicios con capital nacional e importantes inversiones extranjeras. Además, López Mateos supo establecer relaciones amistosas con otros países, que colocaron a México en un importante lugar. Por si fuera poco, don Adolfo López Mateos impulsó la creación del Centro Internacional de Investigaciones del Maíz y el Trigo, la nacionalización de la Industria Eléctrica, la creación del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI), la creación de los museos Nacional de Antropología e Historia, Nacional del Virreinato, de Arte Moderno y de Ciencias Naturales, y la obtención de la sede de los XIX Juegos Olímpicos para la ciudad de México.

Tal vez lo que es considerado más importante por su relevancia en la relación México-Estados Unidos, es la reintegración del territorio del Chamizal a México, 177 hectáreas que, tras una lluvia excepcional, habían quedado del otro lado del Río Bravo desde la época de don Benito Juárez. Cuando John F. Kénnedy pretendió ofrecer una compensación económica a cambio de ése terreno, López Mateos respondió: "No soy agente de bienes raíces". Y cuando el intérprete, preocupado porque la traducción no era muy diplomática, le preguntó al presidente si los términos eran correctos, el presidente dijo: "No hay otros términos". El Chamizal fue devuelto oficialmente en 1964, y físicamente en 1967.

El sitio de Tenochtitlan.

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

De la Historia de la Conquista, se puede decir que uno de los eventos más significativos es la Toma de Tenochtitlan, capital del Imperio Mexica (pronúnciese meshica) que en ese entonces estaba al mando del Emperador Cuahutémoc.

Don Hernán Cortés era un conquistador en toda la extensión de la palabra. Llegado a Tenochtitlan, y convencido de que Moctezuma guardaba más tesoros de los que había confesado tener, Cortés planeó rodear a Tenochtitlan hasta aislarla. De esta manera, podría vencer al ejército mexica y tomar la ciudad.

¿Cómo lo hizo Hernán Cortés?
¿Qué consecuencias tuvo?
Don Hernán Cortés era un conquistador en toda la extensión de la palabra. Llegado a Tenochtitlan, y convencido de que Moctezuma guardaba más tesoros de los que había confesado tener, Cortés planeó rodear a Tenochtitlan hasta aislarla. De esta manera, podría vencer al ejército mexica y tomar la ciudad. Para llevar a cabo su plan, Cortés contó con sus propios hombres, armas, caballos, 13 bergantines, y sus ejércitos aliados, que eran de los señores guerreros de de Texcoco y Tlaxcala. Los bergantines fueron hechos específicamente para atacar Tenochtitlan por las aguas del lago que lo rodeaba, hoy desaparecido bajo esa inmensa urbe que es la ciudad de México.

La población mexica ya estaba diezmada por las enfermedades, la más mortal: la viruela. El penúltimo emperador mexica, Cuitláhuac, murió por culpa de esa horrible enfermedad. Al ascender al trono Cuahutémoc, una de sus acciones más importantes fue La Noche Triste, en donde humilló a las tropas españolas y demostró abiertamente el repudio que sentía hacia ellos.

Para cercar a la capital mexica, Cortés dispuso la ubicación de sus capitanes en puntos estratégicos. Así, Pedro de Alvarado quedó en Tlacopan; Cristóbal de Olid en Coyoacan, y Gonzalo de Sandoval en Iztapalapa. Las fuerzas de Alvarado y Olid marcharon juntas hasta llegar a Tlacopan, y a continuación, se dirigieron a Chapultepec. Ahí se efectuó una batalla que tuvo como resultado la caída del acueducto que surtía de agua a los mexicas.

En la capital, mientras tanto, Cuauhtémoc decidió defender Tenochtitlan, después de múltiples pláticas con sus consejeros. Anunció también que quien intentara abandonar la lucha sería ejecutado de inmediato.

Gonzalo de Sandoval partió hacia Iztapalapa, auxiliado por Cortés y sus bergantines, para tomar la ciudad. Los mexicas los atacaron cuando los españoles pasaban por el peñón de Tepopolco. Cortés desembarcó y tomó el peñón, acabando con los defensores del lugar. Mientras tanto, una quinientas canoas atacaban a los bergantines. El viento estuvo de parte de los españoles (la suerte favorece a una persona preparada) y las canoas fueron destrozadas en el choque con las naves enemigas.

Cuauhtémoc comprendió que sus esfuerzos por encontrar aliados eran inútiles. Se vió obligado a seguir con una táctica defensiva, pero a la menor oportunidad lanzaba a su ejército sobre Cortés, quien sin embargo no escatimaba esfuerzos en su avance de perseguir al Emperador. Cuauhtémoc sabedor de que en él estaba personificado su pueblo, acudió al Tlalocan para sujetarse a la voluntad de éste: la paz o la guerra. La decisión del Tlalocan fue rotunda: mejor morir antes que ser esclavos de los españoles.

Cuahutémoc entonces organizó una defensa cerrada en la ciudad. Entre las medidas tomadas se encontraba el sacar a las personas que no podían ayudar en la guerra, y se aprovisionaron de gran cantidad de víveres y de armas. Todo aquél que pudiera lanzar una piedra o una lanza y blandir una macana, fuera hombre, mujer o niño se aprestó a la defensa de la Gran Tenochtitlan. Sin embargo, las provisiones resultaron insuficientes, porque ninguno de los dos bandos calculó que la duración del sitio fuese tan extensa. Cortés también vivió momentos difíciles porque la pólvora y las municiones comenzaron a escasear, más llegó un barco a Veracruz que lo dotó de dichos elementos, permitiéndole continuar la lucha.

Los guerreros mexicas aprendieron a esquivar el fuego de los arcabuces y de los cañones, corriendo en zigzag o tirándose al suelo, al darse cuenta de la dirección que seguían los proyectiles disparados. Se trata de la primera vez que éstas tácticas fueroin utilizadas con éxito. Además, contra la costumbre indígena, Cuauhtémoc emprendió combates nocturnos, que si bien no tuvieron los efectos deseados sí lograron desconcertar a sus enemigos. Para evitar que los bergantines se acercaran a la ciudad, los mexicas colocaron grandes estacas debajo del agua que varaban las naves españolas. También hicieron profundas cortaduras en las calzadas que llevaban a la ciudad, lo que impedía el avance por tierra.

En los combates entre los dos ejércitos la lucha era sin cuartel. Aquí sed podía apreciar la diferencia de las corriente de pensamiento de ambos bandos: los indígenas caían en el momento de la acción; los mexicas procuraban hacer prisioneros para sacrificarlos, con la certeza de que eran observados por sus contrincantes. El mismo Cortés fue hecho prisionero por los tlatelolca, y según su costumbre, trataron de llevarlo a una canoa rumbo al teocalli (templo) de Huitzilopochtli para ser sacrificado. Para su fortuna, uno de sus hombres cortó de un tajo las manos del guerrero que lo detenía, lo que dio tiempo a que Antonio de Quiñones lo pusiera a salvo de la furia mexica.

Una de las ventajas que tenía Cortés sobre el ejército mexica era que éste, al no tener aliados, no podía reponer las huestes que perdía. A medida que la lucha avanzaba, Cortés iba cerrando el cerco destruyendo lo que encontraba a su paso e impidiendo que los mexicas pudieran abastecerse de víveres. Los mexicas ya estaban tan exhaustos que con las pocas fuerzas que les quedaban intentaban lanzar una piedra o una lanza, con el fin de ser muertos por los españoles. De esta manera cumplían la promesa de morir antes de ser esclavos de los invasores.

Cortés intentó varias veces negociar la rendición de Tenochtitlan con Cuauhtémoc pero la respuesta siempre fue la misma: "¡Naranjas! ¡Antes morir que ser esclavo!"

Cuauhtémoc consideró que era inútil seguir resistiendo y prefirió la huída a la rendición, muy posiblemente para rehacerse y buscar alianzas para enfrentar de nuevo al enemigo. Se preparó la canoa real para la fuga, sin embargo ésta fue avistada por García Holguín, cuyos arcabuceros ya estaban dispuestos a disparar cuando Cuauhtémoc poniéndose de pie dijo: "Alto. Soy el tlatoani de México, llevadme ante Malintzin."

Al encontrarse frente a frente Cuauhtémoc y Cortés, el emperador mexica dijo: "He hecho cuanto pude en defensa de mi ciudad y de mi pueblo, y vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder. Toma luego este puñal y mátame con él."

Así acabó el Imperio Mexica y comenzaría la etapa de la Colonia Española.

Un mes agitado

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Si hemos de mencionar algunas de las efemérides y otras cosillas que trataré en éste mes, agárrense, porque junio es un mes lleno de historia, tanto como los otros once meses restantes del año. Y es historia a mi manera, documentada en cientos de lugares y sepultada bajo cientos de libros, con *mis * opiniones que, a veces, se alejan de la historia *oficial*.

¿Y qué cosas veremos en este mes, mis queridos educandos? Asistiremos al nacimiento de mi general Pancho Villa, estaremos en el funeral de Moctezuma Xocoyotzin y remataremos con nada más y nada menos que con la batalla de La Noche Triste.
Pero no todo es Historia de México. No he olvidado que tengo clientes internacionales, así que para ellos les tengo la muerte de Atahualpa y Pizarro, la primer cruzada, y el inicio, nada más y nada menos, que de la Gran Guerra Mundial.

¡Éste mes está que arde!
¡Nada más y nada menos que 12 efemérides que recordar y conocer!

¡Feliz día de la Marina!

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