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Archive for December 31st, 1969

Maximiliano de Habsburgo

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Fernando Maximiliano José de Habsburgo, Archiduque de Austria, Emperador de México, nació el 6 de julio de 1832 en el palacio de Schonbrunn, Viena. Hijo de los Archiduques Francisco Carlos y Sofía, y hermano de Francisco José, Emperador de Austria-Hungría. Su mayor distinción fue, además de su poblada barba, su integridad y coraje, que demostró al morir como un hombre valiente el 14 de junio de 1867.
Cuando Maximiliano tenía 25 años de edad, se casó con Carlota Amalia Victoria Clementina Leopoldina, princesa de Bélgica, cuando la chica contaba con apenas 16 años. Es lo que ahora se conoce como estupro, pero que en aquellos días estaba aprobado por la Iglesia y la costumbre..

Las ambiciones imperialistas de Napoleón III lo llevaron a intervenir en la política de México, y se le ofreció el trono del Imperio mexicano a Maximiliano. Sin posibilidad de acceder al trono del Imperio Austro-Húngaro, y creyendo contar con el apoyo del pueblo, Maximiliano aceptó el trono de México. Fueron los conservadores quienes convencieron a Maximiliano de la factibilidad de la propuesta; entre ellos se encontraba el general Juan Nepomuceno Almonte, hijo del generalísimo José María Morelos y Pavón. (Dado que Morelos era cura, se sospecha que para iniciar el procedimiento para hacer al muchacho en cuestión, lo primero que hizo fue levantarse la sotana. Eso se verá a su debido tiempo).

Fue en París, durante la primera semana de marzo de 1864, que Maximiliano aceptó los compromisos estipulados en el Convenio de Miramar. Entre otros, renunciaba expresamente a sus derechos a la corona de Austria. Igualmente, para contar con el apoyo del ejército francés, firmó con Napoleón III una obligación equivalente a 500 millones de pesos mexicanos de la época: México pagaría a Francia la cantidad de doscientos setenta millones de francos por concepto de gastos de guerra, más setenta y seis millones con un rédito del tres por ciento anual, dinero prestado en efectivo para gastos del gobierno imperial; además se tendría que pagar a la tropa todos los viajes de abastecimiento y la liquidación de la deuda. Napoleón III se comprometía a mantener en México un ejército de 25,000 hombres para apoyar al Imperio durante seis años, número de soldados que iría reduciéndose a medida que fueran organizadas las fuerzas mexicanas. La llamada Junta de Notables o Regencia de México, por unanimidad, había ofrecido la corona a Maximiliano, asegurándole que contaba con el apoyo del pueblo. Uno de los compromisos del tratado era que el gobierno imperial de México seguiría una política liberal. Sin embargo, México no estaba en condiciones de pagar la enorme suma que se le pedía (lo cual fue en realidad la excusa para la Intervención Francesa) y con la política liberal los conservadores se convertirían en enemigos.

El 10 de abril de 1864 tuvo lugar la firma del convenio. Maximiliano, con una numerosa comitiva, arribó a Veracruz el 28 de mayo de 1864. Increíblemente, no había nadie esperándole: Maximiliano y Carlota habían llegado con un mes de adelanto. Como nadie le había avisado nada a la población, el recibimiento fue frío. Ésto provocó una decepción inicial en la pareja imperial.

Para el 12 de junio, Maximiliano inició su gobierno, mientras Carlota se encargaba de decorar y dirigir las obras en el Castillo de Chapultepec. Maximiliano no pudo gobernar a su antojo y albedrio. Esto se nota porque su gobierno osciló, presionado por los intereses franceses, de un criterio liberal a otro conservador; tratando incluso de reunirse con Benito Juárez, presidente legal de México que había sido desplazado por los franceses. Maximiniano trató de mejorar al país, al que le demostraba un verdadero amor; reorganizó la Academia de San Carlos, fundó los museos de Historia Natural y de Arqueología y la Academia Imperial de Ciencias y Literatura, construyó caminos, instaló telégrafos, reconstruyó ciudades. Pero no hizo gran cosa en asuntos verdaderamente importantes, y por tanto, nunca llegó a ejercer un verdadero dominio sobre México, ya que su gobierno funcionaba solamente donde había guarniciones francesas.
Muchas veces tomó decisiones graves, que acabarían con el escaso apoyo que tenía en México: aunque declaró a la religión católica e del Estado, mantuvo los principios de la reforma liberal, redujo al clero a su función y lo alejó de la política y de la administración. Dispuso que se prestaran gratuítamente los servicios religiosos, que los sacerdotes quedasen a sueldo del gobierno y que toda comunicación con Roma pasara por la censura gubernamental antes de ser enviada a su destino. El clero mexicano comenzó una verdadera campaña contra el emperador, al que llamaban el "empeorador," aunque no le serviría de nada: Benito Juárez realizaría medidas similares en la Reforma.

Sus dificultades con el mariscal francés Aquiles Bazaine fueron evidentes desde un principio: acusando Bazaine a Maximiliano de no poder organizar la hacienda pública, mientras el emperador lo tildaba de negligente y descuidado para sofocar el estado de rebelión existente.

Y para Napoleón III las cosas no iban mejor en Europa. Todo esto trajo como consecuencia que las tropas de Napoleón se retiraran dos años antes de lo previsto en el Convenio de Miramar, lo que sería el principio de su caída.

Maximiliano quiso conjurar el peligro. Mientras trataba de ganarse a los mexicanos, Carlota partió con rumbo a Europa para solicitar ayuda a las monarquías. Napoleón III rechazó todo tipo de apoyo y la emperatriz se dirigió a Roma, donde fue la única mujer no religiosa que ha sido hospedada en el Vaticano. Ahí, la desesperación en que vivía le ocasionó los primeros síntomas visibles de locura, aunque ya desde Veracruz se mostraba muy rara.

En México, mientras tanto, los liberales se habían levantado en armas, y aunque habían estado a punto de ser aprehendidos por Miramón en Zacatecas, Juárez logró escapar aa Jerez, desde donde se organizó una ofensiva tan eficas que el imperio quedó reduido a las ciudades de México, Veracruz, Puebla y Querétaro. El 4 de marzo de 1867 dio comienzo el sitio de Querétaro por fuerzas comandadas por el general liberal Mariano Escobedo. el 2 de abril caería Puebla a manos de Porfirio Díaz. El 15 de mayo fue tomada la ciudad, después de que Maximiliano decidiera rendir la plaza, en la creencia de que se le permitiría regresar a Europa. Pero Juárez no acepta otra cosa que una rendición incondicional. Maximiliano entrega su espada al general Escobedo, y se consuma la toma de Querétaro.

Maximiliano fue aprehendido junto con los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía. Tras el la corte marcial a que fue sometido, fue condenado, junto con Miramón y Mejía, a morir fusilado, por el cargos de alta traición a la Patria. Maximiliano fue conducido a las faldas del Cerro de las Campanas el 14 de junio de 1867.

Maximiliano pidió como último deseo que le trajeran un mariachi para que le tocaran "Las Golondrinas", la canción favorita de Carlota. También pidió que no se le vendaran los ojos y que no le dispararan a la cabeza para que su madre pudiera reconocerlo. Dos balas penetraron su corazón. Su muerte fue instantánea. Dos meses después, su cadáver partió rumpo a Europa, para ser llevad a Austria, su morada final.

La Emperatriz Carlota

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Allá por los tiempos del Segundo Imperio de México, cuando Maximiliano de Habsburgo llegó para ser investido como Emperador, trajo consigo a su esposa, la Emperatriz Carlota. Maximiliano no salió vivo de la aventura… pero ¿qué pasó con Carlota?
Carlota es la hija del rey Leopoldo I de Bélgica y María Luisa de Orleans. Su nombre completo es Carlota Amalia Victoria Clementina Leopoldina, nacida el 7 de junio de 1840 en la ciudad de Bruselas.

Leopoldo I necesitaba un hijo para que heredara el trono, ya que según la Ley se Suceción sólo el primer varón nacido del linaje del Rey podría aspirar al poder. Carlota, por tanto, creció mimada y cuidada hasta el exceso por su madre, bajo la indiferencia y, de cierta manera, el resentimiento de su progenitor.
Como correspondía a una princesa, su educación fue esmerada y rigurosa, rodeada del formalismo y estiramiento de una Corte.

La reina consorte Maria Luisa murió cuando Carlota tenía apenas 8 años de edad, y la princesa sólo encontró como defensa ante el mundo su fortaleza de carácter: se volvió seria, firme, decidida, ambiciosa y dominante, todo dentro de la gracia que sólo los miembros de la realeza adquieren.

No puede caber la menor duda acerca de su gracia y belleza: Carlota atrajo las miradas de muchos hombres de sangre noble que la pretendieron desde corta edad, pero Carlota, una romántica incurable, tenía por convicción que debía casarse por amor. Se negó terminantemente a obedecer a su padre, que quería un matrimonio por conveniencia para asegurarle su futuro.

Y de pronto apareció en su vida el archiduque Fernando Maximiliano José, príncipe de Habsburgo y archiduque del Imperio Austro-Húngaro. Maximiliano no estaba en línea directa de sucesión (su hermano mayor, Francisco José, era el Emperador Austro-Húngaro) por lo que Leopoldo I no solamente se opuso al matrimonio, sino que le negó a Carlota la dote que le correspondía. Ésto le importó un soberano comino a Carlota, que se casó con Maximiliano el 27 de julio de 1857, cuando Carlota apenas contaba 16 primaveras, y Maximiliano 25 veranos.

Los enamorados vivían en el Castillo de Miramar, sin trono ni corona, sin intrigas y en santa paz, es decir, aburridos, hasta que a Maximiliano le ofrecieron la corona imperial de México. A los 24 años de edad, Carlota viajó al lado de Maximiliano hacia la tierra desconocida de la que lo único que conocían era que hablaban en español y se escribía con equis en vez de jota.

El recibimiento no fue el esperado, porque los tórtolos llegaron con un mes de adelanto; los mexicanos pronto subsanarían ese error, y para el 12 de junio de 1864, la feliz pareja se estableció en Chapultepec, que se convirtió en la morada de Sus Majestades los Emperadores Maximiliano I y Carlota. Carlota se entusiasmó tanto en la tarea de decorar su hogar a su gusto y organizar las más deliciosas fiestas y veladas, que poco se interesó por el rechazo de los liberales.Eso sí, convirtió una austera escuela militar en un castillo impresionante y digno de cualquier Rey.

Sin embargo, poco le duró el gusto a los Emperadores. El pueblo de México, encabezado por el presidente Benito Juárez, estaba decidido a acabar con la intervención francesa. Además, el propio Napoleón III, que les había ofrecido la corona, abandonó a los emperadores de México cuando sus problemas en Francia se tornaron difíciles.Y lo peor: en México las cosas sólo se pueden hacer a la mexicana.

En este punto, Carlota inició una procesión dura y determinante en su vida. Decidió ser ella misma quien viajara a Francia a reclamar el apoyo que se les negaba, pero en sus entrevistas con Napoleón III y con el papa Pío IX, comenzó a manifestar sus más notables y alarmantes señales de que la locura la amenazaba. Ya no regresó a México.Entre prolongados delirios de grandeza y prolongación de su imperio, y sólo muy contados momentos de lucidez, Carlota fue enclaustrada en el Castillo de Miramar y más tarde en el de Laeken. Pronto llegó incluso a pensar que Maximiliano quería envenenarla. Quizá su más doloroso contacto con la realidad fue cuando se enteró de la ejecución de Maximiliano en el Cerro de las Campanas. Carlota tenía apenas 27 años.

La Emperatriz Carlota murió en el castillo de Bouchout, el 19 de enero de 1927.

La Reina Victoria

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Entre otras cosas de similar importancia, un día como hoy llegó al mundo la Reina Victoria, Emperatriz del Reino Unido y Madre del Canadá.

La Reina sabía hablar inglés, francés y alemán. De hecho, el conocimiento del francés y las costumbres francesas le fue impresindible para controlar a Canadá.

Pero comencemos por el principio.
La reina Victoria de Inglaterra es hija del duque de Kent y de la princesa María Luisa de Sajonia-Coburgo. Por el lado de su padre está emparentada con la dinastía de los Hannover, procedentes de Alemania.
En la época de su nacimiento, la Corte tenía unas costumbres poco respetables. Por ello, la princesa Victoria fue alejada de ésta y educada en una apartada quinta rural bajo la más severa y estricta disciplina, de la que se encargó personalmente su madre, con el fin de convertirla en una digna heredera al trono. Además, fue cuidada hasta el exceso, con el cuidado de los mejroes médicos de la época; médicos que ya comenzaban a comprender el papel de las enfermedades no como castigo divino sino como producto de entes ambientales, como microbios. De hecho, la proncesa Victoria se contó entre los primeros infantes beneficiados con la vacuna antivariolosa, es decir, la temible viruela, hoy por fortuna erradicada. (Entre otras cosas, la viruela provoca erupciones en la piel y en los pulmones; algunas veces incluso en los ojos. Muchos supervivientes de viruela quedaron marcados por las cicatries, algunos también ciegos, y los más desafortunados le agregaban problemas pulmonares. Fueron malos tiempos.)

La Princesa Victoria se convirtió en Reina a los 11 años de edad. Esto porque su padre murió. Dado que ella aún no tenía la edad legal (ni la capacidad) para gobernar, el poder lo ejercía, en calidad de tutor, su tío Leopoldo. (¿les suena este nombre? Es nuestro viejo conocido Leopoldo I, posteriormente Rey de Bélgica, y padre de Carlota, emperatriz de México).

Cuando llegó a la edad adulta, es decir, a los 18 años de edad, Victoria ascendió al trono e inmediatamente, y de acuerdo con su educación, puso a todo el mundo de cabeza: religión, familia y trabajo dentro de la más severa austeridad fue su meta. No por nada Inglaterra llegó a ser la nación más rica del mundo.

La reina Victoria contrajo matrimonio con su primo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. En un principio, Victoria mantuvo alejado al príncipe Alberto de los asuntos del reino, en calidad de Primer Caballero del reino. Mas el buen Alberto se rebeló contra el aislamiento político, y se hizo cargo de la Casa Real. En poco tiempo Alberto había reorganizado el Reino y acabado con privilegios de la aristocracia, lo que le hizo ganarse el favor del pueblo a ambas partes. El príncipe Alberto hizo de la reina Victoria ejemplo de respetabilidad y dignidad.

Mas Alberto se volvió tan metiche, que a través de la reina le propuso al Parlamento que se le llamara rey consorte. El Parlamento, lleno de personas finas y educadas (y de algunos aristócratas resentidos) se negó. Como premio de consolación, el Parlamento le confirió el nombramiento de príncipe regente, en caso de que la reina muriera. En uno de esos giros de la vida, fue Alberto quien murió, y a partir de esa fecha la reina Victoria siempre vistió de negro y nunca volvió a reír, guardando un luto perpetuo por la muerte de su esposo. Se volvió una amargada, y se convirtió en una reina autoritaria cuyas relaciones con el Parlamento se tornaron difíciles.

A tal grado llegaba la cólera de la Reina cuando su gabinete no le informaba algo, que arremetía contra ellos a gritos y sombrerazos. Nadie lo ha podido confirmar, pero se rumora que una vez le partió un paraguas en la cabeza al Ministro de Asuntos Exteriores, que por la naturaleza de los asuntos políticos y diplomáticos, no le consultaba las medidas que había tenido que tomar.

Pero eso era sólo dentro del Palacio. Dar buen ejemplo fue la característica de la etapa victoriana, no sólo dentro de su reino sino también en las demás casas reinantes de Europa con las que tenía lazos familiares. La reina Victoria de Inglaterra gobernó durante 64 años poniendo al Reino Unido de la Gran Bretaña a la cabeza del mundo. Su rígido código moral que regía la conducta individual y pública de esa época se basaba en el miedo, la reglamentación, la disciplina y el autocontrol. Se le llamó "victoriano" en honor de la reina.

Su estricta moralidad y rigidez la llevó en todos los ámbitos de modo que cuando el káiser alemán se propasó en una carta, la reina de Inglaterra le contestó con otra escrita de su puño y letra lo siguiente: "Dudo que un soberano haya escrito jamás en ese tono a otro soberano, especialmente cuando este soberano es su propia abuela."

Por si eso fuera poco, Victoria es considerada la Reina Madre del Canadá. Cuando los canadienses quisieron la independencia, le ofrecieron la corona a Victoria. Ésta graciosamente (así se dice) aceptó, y a cambio puso de cabeza todo lo que los canadienses habían planeado. Consciente de que los franceses del Canadá querían liberarse del yugo inglés (y hasta ahora, no lo han logrado) designó a Ottawa la capital del Dominio del Canadá. De esa manera, los ingleses tendrían dominados a los franceses, con la capital muy cercana al grupo a dominar. No, si tonta no era la Reina…

El Primer Imperio

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Desde que México es independiente, sólo ha habido dos intentos por adoptar una forma de gobierno monárquica. El Primer Imperio de Agustín de Iturbide, y el Segundo Imperio de Maximiliano de Habsburgo. Ambos fueron breves y llevaron a los europeos a la conclusión de que América no estaba hecha para ser gobernada por un rey.

Pero, ¿por qué se implantó el Primer Imperio?
Agustín de Iturbide y Arámburu es un militar criollo, hijo de un rico español llamado Joaquín de Iturbide, y de la michoacana María Josefa de Arámburu. Itubide estudió en el seminario de su ciudad natal y posteriormente ingresó al ejército virreinal como alférez del regimiento de la provincia. Cuando estalló el movimiento armado de 1810, don Miguel Hidalgo y Costilla lo invitó a unirse a la causa con el cargo de teniente coronel, sin embargo Iturbide optó por ponerse a las órdenes del virrey; después de todo, era un criollo que le debía mucho a la Corona.

Desde la posición de las fuerzas realistas, Iturbide combatió a los instigadores del movimiento insurgente, muy especialmente a José María Morelos y a Vicente Guerrero. Pronto Iturbide se dió cuenta la causa se inclinaba a favor de la insurgencia; así que buscando una manera de adherirse al movimiento, invitó a Guerrero a declarar la Independencia de México. Guerreno no aceptó al inicio, mas fue convencido después. Ésa reunión se conoce como "El abrazo de Acatempan". En 1821 ambos firmaron el Plan de Iguala y el día 27 de septiembre de ese mismo año el Ejército Trigarante entró triunfante en la ciudad de México, con lo que de declaró la consumación de la Independencia con el visto bueno de Juan O’Donojú, el último virrey, quien sabía perfectamente que la causa española estaba perdida.

Un día después de este acontecimiento se integró la Junta Provisional Gubernativa. Se eligió por unanimidad a Agustín de Iturbide como su presidente. Acto seguido y por acuerdo de Iturbide y del virrey Juan O’Donojú el organismo constituyó la Regencia de México integrada por cinco personas: Iturbide como presidente, Juan O’Donojú, Manuel de la Bárcena, José Isidro Yáñez y Manuel Velázquez de León.

El 18 de mayo de 1822 hubo una revuelta callejera. A Iturbide se lo veía preocupado y nervioso, y sólo se la pasaba diciendo "Pío". Las personas que lo conocían no sabían la razón de ese comportamiento, hasta que de pronto, en la calle, el sargento Pío Marcha se trepó a un poste de alumbrado público y con el apoyo del coronel Epitacio Sánchez, al frente de Regimiento de Celaya, proclamó a Iturbide como emperador de México. Iturbide salió feliz a un balcón, para agradecer a la multitud que ya se juntaba, momento que aprovechó Pío para bajarse del poste.

El Congreso ratificó la proclamación el 19 de mayo. El Emperador Agustín I y su esposa, Ana María Huarte y Muñiz, fueron coronados el 21 de julio de 1822 en la Catedral de México.

Los republicanos y liberales expresaron de inmediato su inconformidad, creándose dificultades en el Congreso, motivo por el cual Iturbide lo disolvió. De los congresistas, unos fueron hechos prisioneros y otros fueron perseguidos. Iturbide no logró reestablecer la paz en el país.

Por ello, el general Antonio López de Santa Anna encabezó un movimiento que se plasmó en el Plan de Casa Mata, en el que se pedía la reinstalación del Congreso, la soberanía de la nación mexicana y el desconocimiento de Iturbide como emperador. Iturbide no tuvo más opción que ceder.

Iturbide reinstaló al Congreso el 19 de marzo de 1823, y acto seguido, abdicó.

Iturbide partió rumbo a Europa con su familia, donde se estableció primero en Florencia y más tarde en Inglaterra. Los partidarios de Agustín de Iturbide y del imperio no cejaron en su empeño hasta lograr su regreso.

Iturbide desembarcó el 14 de julio Soto la Marina, sin conocer que había una orden de aprehensión en su contra pues había sido declarado traidor a la Patria. Iturbide fue prontamente capturado y conducido a Padilla, Tamaulipas. Fue juzgado, sentenciado a la pena de muerte y fusilado el 19 de julio de 1824.

Así acabó la vida de ese héroe de la independencia que se pasó al Lado Oscuro de la Fuerza (perdón, acabo de llegar de ver Star Wars episodio III)

La Paradoja de Bell

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

La paradoja de Bell es un problema clásico de relatividad especial, que fue planteado originalmente en el bar del CERN y que John Stewart Bell describe en el artículo "Cómo enseñar la relatividad especial." El planteamiento simple del problema es el siguiente:
El planteamiento simple del problema es el siguiente: Supongamos la existencia de tres pequeñas naves, a las que llamaremos A, B, y C, que se desplazan libremente por una región del espacio alejada de la influencia de cualquier otra materia, sin ningún tipo de rotación y sin ningún movimiento relativo, con A equidistante a B y C. Tras la recepción de una señal de A, los motores de B y C aceleran con suavidad. Si las naves son idénticas y tienen los mismos programas de aceleración, entonces el observador en A advertirá que las naves B y C tendrán la misma velocidad en todo momento y que distancia entre ellas permanecerá constante. Suponiendo que hay un hilo frágil atado a salientes de B y C, cuya longitud es apenas necesaria para cubrir la distancia L requerida: ¿se romperá el hilo en algún momento?

Según Bell sí. La manera obvia de responder es pensar en que el hilo estará sometido a la contracción de Lorentz y, por tanto, no será capaz de cubrir la distancia necesaria, con el tiempo y el aumento de velocidad. Pero la respuesta no deja claro quién ve la contracción, es decir, qué sistema inercial se debe tener en cuenta. La existencia de aceleración pone difícil la elección.

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