Misterios de la vida
December 31st, 1969 | Filed under Uncategorized.Durante toda la semana pasada me la he pasado con el pelo morado y sin ver mucho a Cata, que extrañamente no se ha parado en la casa más que para dormir, lo que lanz{o multitud de teorías conspiratorias sobre un supuesto novio.
En la mañana llegó Cata, cabizbaja. Traté de preguntarle qué se traía entre manos ahora, y como respuesta, me miró a los ojos, se lanzó a mis brazos y se puso a llorar.
Cata se la pasó toda la semana pasada con la Flaca, una hermana de mi padre, que por esas visicitudes de la genética es mi tía. Y es muy querida por todos mis hermanos.
La Flaca tiene cancer.
Tiene cancer desde hace cinco años, y nunca ha perdido la alegría de vivir. La Flaca se ha sometido a multitud de operaciones y a quimioterapia. Ha perdido el pelo casi tanto como yo, y lo resolvió comprándose veinte pelucas.
Ayer, a la Flaca le confirmaron sus temores. Tiene metástasis. A la Flaca le quedan no más de dos años de vida.
La Flaca llamó a todos sus hermanos y a todos sus sobrinos adultos más queridos y cercanos. Y luego me llamó a mí aparte. A mí y a Lilith.
La Flaca tiene una hija. Mi prima tiene apenas 8 años, la edad de mi hijo mayor. Maya ya sabe que su madre está enferma. No comprende por qué, pero sabe que ella no estará allí con ella cuando salga de la escuela. La Flaca es viuda. El Barbas murió hace tres años en un accidente automovilístico. La Flaca se nos va, y Maya se queda sola.
No, Maya no se queda sola. La Flaca no se queda sola. Cata ayuda en lo que puede a la Flaca, la ha acompañado a los análisis, le ha sostenido la mano cuando le inyectaban los marcadores, lloró con ella cuando no soportaba más el dolor. Desde la semana pasada, Cata ha sido la enfermera privada de la Flaca. la Flaca sabe que va a morir. No sabe cuándo, ni como, pero no se va a rendir. Pero es inevitable, y tiene que dejar las cosas claras desde ahora.
El camino se nos hizo largo. Mucho. No son ni siquiera diez kilómetros entre su casa y la mía, pero me parece que fuimos a la Luna. Maya nos abre la puerta. Cata, Lilith y yo estamos frente a la Flaca. Si no lo supiéramos, cualquiera diría que está sana. A la Flaca le duele el cuerpo. Lo disimula lo mejor que puede. Se sienta con un rictus de dolor. La Flaca va directo al grano.
–Quiero que mi hija viva con ustedes –nos dice la Flaca. Sus ojos aún están llenos de vida, aún arrasados por las lágrimas. Maya me ve, no sabe cómo interpretar lo que pasa. Es muy joven, y su vida ya está muy complicada.
–Quiero que siempre tenga una familia. –me dice la Flaca. Le duele moverse. Le duele hablar. Le duele respirar. Cata lo sabe, y le ordena a Maya que vaya por una jeringa. Las lágrimas arrasan los ojos de la Flaca, de Lilith, de Cata. Lilith me estrecha la mano. Me limito a decir:
–Siempre. –Apenas pronuncio la palabra. Mi garganta está cerrada. Maya llega con la jeringa, Cata saca un frasquito con morfina, Lilith aprueba, la Flaca recibe la inyección. La Flaca se relaja un poco. El dolor es más llevadero, pero sigue presente. La Flaca sigue:
–Ustedes son los únicos en quienes confío para criar a mi hija. –dice la Flaca. Lilith y Cata la acuestan en el sillón. Maya llora, no sabe lo que pasa. Las cuatro están llorando en silencio. Es duro verlas. Me pregunto por qué no he llorado.
–Prométeme que te harás cargo de ella.
–Lo prometo –digo en voz baja. Mi garganta sigue cerrada. Le estrecho la mano a la Flaca, es más fuerte de lo que parece. Me mira a los ojos. le devuelvo la mirada. Ambos hablamos en serio.
La Flaca duerme. Lilith y yo regresamos a casa. Cata se queda con Maya y la Flaca. La Flaca no quiere que Cata sea su enfermera. Está enferma, pero sabe hacer valer su voluntad. La Flaca viajará por el mundo mientras pueda. La Flaca va a ser feliz. La Flaca no se dará nunca por vencida. La Flaca sabe que va a morir, pero que la vida sigue. Y se asegurará de que su hija tenga lo mismo que ella tuvo: una familia que la quiera y una infancia feliz.
Maya, aún eres muy joven para comprender lo que sucede. Algún día sabrás que todo lo que ha hecho tu madre lo ha hecho por tí.
Descansa, Flaca. Duerme y recupera tus fuerzas. No te rindas.
Te queremos, Flaca.
Te amamos.