Francisco Fernando de Habsburgo, Archiduque de Austria (cuyo nombre completo era Franz Ferdinand Karl Ludwig Josef von Habsburg-Lothringen, Erzherzog von Österreich-Este) era un dandy, un hombre muy peculiar que en estos tiempos llamarían metrosexual, y a quien no le gustaba tener nunca ni una arruga en su ropa. Tanto terror le tenía a las arrugas en su ropa, que exigía que en lugar de botones, le cosieran la casaca y el chaleco.
Corría el año de 1914. Era un domingo, un 28 de junio. Francisco Fernando transitaba por las calles de Sarajevo, pues debía presidir unas maniobras militares. Lo acompañaba Sofía Chotek, duquesa de Hohenberg, que además de ser duquesa era su esposa.
La comitiva del archiduque estaba conformada por 7 carros. En el primero, ej jefe de detectives de la policía de Sarajevo y tres oficiales. En el segundo, el Alcalde de Sarajevo, Fehim Efendi Curcic, y el Comisionado de Policía, Dr. Edmund Gerde. En el tercero, Francisco Fernando; su esposa Sofía; el Gobernador General de Bosnia, Oskar Potiorek; y el Conde Teniente Coronel Franz von Harrach, guardaespaldas particular del Archiduque. En el cuarto carro, el Barón Carl von Rumerskirch, canciller militar del Archiduque; la Condesa Wilma Lanyus von Wellenberg, dama de compañía de Sofía, el Teniente Coronel Erich Edler von Merizzi, jefe adjunto de Potiorek; y el Conde Teniente Coronel Alezander Boos-Waldeck. En el quinto carro, Adolf Egger, director de la fabrica Fiat en Viena; el Mayor Paul Höger; el Coronel Karl Darfolff; y el doctor Ferdinand Fischer. En el sexto carro viajaban el Barón Andreas von Morsey y otros miembros del gabinete de defensa de Francisco Fernando. Y en el sèptimo carro, el Mayor Erich Ritter von Hüttenbrenner; el Conde Josef von Erbach-Fürstenau; y el Teniente Robert Grein. Es decir, nadie importante, no es como si fueran a cambiar el curso de la historia…
Un poco antes de las 10 de la mañana de ese domingo, Francisco Fernando y Sofìa llegaron a Sarajevo por tren. Inmediatamente subieron a su automóvil, el cual era descapotable para permitirle a la pareja real ver y ser vistos. los siete autos se alinearon en la ruta planeada, y emprendieron el viaje. Ninguno sabía que había siete conspiradores que pretendían matar al Archiduque.
A las diez y cuarto la comitiva pasa por delante de Mehmed Mehmedbašić. Estando en una ventana del segundo piso del Banco Austro-Húngaro, Mehmedbašić no pudo atacar y permitió que el carro pasara sin problemas. Aunque se dice que no se atrevió a lanzar su bomba, Mehmed admitió después que lo hizo para no alertar a las autoridades y permitir que la conspiración continuara sin peligro; aunque tambièn se dice que no lo hizo porque había un policía detrás suyo y tenía miedo de que lo arrestaran antes de que pudiera realizar su ataque.
Un poco después Nedeljko Čabrinović lanzó una granada de mano (tal vez un cartucho de dinamita) al coche del Archiduque, pero el conductor observó el objeto que se le venía encima y aceleró, con el resultado de que la bomba explotó bajo una rueda del cuarto automóvil, hiriendo gravemente a Eric von Merizzi y al Conde Boos-Waldeck, además de a otra docena de personas. Después de que el Čabrinović hubiese fallado, los otros cinco conspiradores se quedaron sin oportunidad de actuar, ya que tanto los mirones como la alta velocidad de auto del archiduque que escapaba del lugar. Čabrinović tragó una pastilla de cianuro, y saltó a un río cercano para evitar su captura, pero daba la casualidad de que el río sólo tenía 10 centímetros de profundidad en esa época, y además vomitó el veneno. Como resultado, fue capturado por la policía.
Francisco Fernando llegó finalmente al Ayuntamiento para la recepción programada por parte del gobierno local, con muestras de un considerable estrés, nerviosismo, enojo y preocupación, interrumpiendo al Alcalde Mayor Curcic y protestando “Venimos aquí y nos arrojan bombas.” Lograron calmarlo un poco y el resto de la recepción pasó sin incidentes. Los oficiales y acompañantes del archiduque discutieron sobre cómo salvaguardar al archiduque pero no llegaron a ninguna conclusión. Se llegó a sugerir que las tropas estacionadas fuera de la ciudad formaran lìneas en las calles por las que pasaría el archiduque, pero no se realizó esa medida porque no tenían sus uniformes de gala. La seguridad, por tanto, permaneció en las manos de la policía de Sarajevo, apenas unos puñados de policías. De hecho, la única medida real de seguridad fue que uno de los acompañantes militares del archiduque tomara una posición protectora a la izquierda del automóvil.
Francisco Fernando decidió visitar a las víctimas de la bomba de Čabrinović y se dirigió al hospital. Para evitar el centro de la ciudad, el General Oskar Potiorek decidió que el auto del archiduque viajara a lo largo del muelle Appel con rumbo al Hospital de Sarajevo. Lamentablemente, Potiorek no le informó a tiempo al chofer, Franz Urban, que dio una vuelta equivocada en la calle Gebet.
Uno de los conspiradores, Gavrilo Princip, decepcionado por el pobre resultado obtenido, se dirigió a la cafetería de Moritz Schiller para comer algo, cuando observó que el automóvil del archiduque pasaba frente a él; el chofer frenó, metió reversa y comenzó a retroceder. Al hacerlo el auto pasó con lentitud frente a Princip, quien sacó su pistola y a una distancia de metro y medio del auto disparó varias veces contra los pasajeros. Francisco Fernando fue herido en el cuello y Sofía en el abdomen. Sofía, que estaba embarazada en ese momento, murió instantáneamente. Francisco Fernando sangraba profusamente y murió en cuestión de cinco minutos, mientras se dirigía al hospital. Hasta el último momento permaneció sentado correctamente y ecuánime. Sus últimas palabras fueron “No te mueras, Sofía, vive por nuestros hijos…” Su muerte sería la chispa que encendería el tonel de pólvora que era Europa y desembocaría en la Gran Guerra.
¿Por qué nadie pudo ayudar al archiduque?
Recuerden que les dije que Francisco Fernando era un dandy. Pues bien, como toda su ropa estaba cosida, nadie pudo retirarla a tiempo para contener la hemorragia, y al llegar al hospital tuvieron que cortarla con unas tijeras… pero ya era demasiado tarde.
Hay una moraleja en todo esto, estoy seguro…