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Archive for December 31st, 1969

Ha terminado el Mundial

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

La edición número XVIII de la Copa Mundial de Futbol organizada por la Federación Internacional de Futbol Asociación ha terminado. Millones de quinielas en todo el mundo se echaron a perder cuando Brasil y Alemania quedaron eliminados. Nadie se esperaba una final Francia - Italia, en la cual Francia anotó un gol por la vía de la pena máxima gracias a una falta fantasma, e Italia respondió con un excelente gol y otro anulado por fuera de lugar. Tiempos extras en que ambos equipos no lograron hacerse daño, y Zinedine Zidane salió expulsado por una falta muy, muy idiota e innecesaria. Y en la tanda de penales, cinco tiró italia, anotando cinco, cuatro tiró Francia, anotando tres.

Se ha acabado el Mundial. Italia es el campeón. ¡Larga vida al Rey!

Y ahora es tiempo de retomar nuestra programación habitual. Ya basta de tener tanta gente en mi casa todas las mañanas. Es tiempo –al menos para mí– de descansar.

Nos vemos mañana.

Me voy, pero los dejo con el comercial de la Coca Cola apoyando a México:
http://www.youtube.com/watch?v=n4OXItHCgi0

Peligro en internet

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Se solicita al propietario de la siguiente IP que arregle los huecos de seguridad en su servidor…

Sorpresa, sorpresa… Parece ser tu propia dirección… ¿Casualidad? ¡No, serendipias!

El sitio original es http://www.orkspace.net/owned/.

Misterios de la vida

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Durante toda la semana pasada me la he pasado con el pelo morado y sin ver mucho a Cata, que extrañamente no se ha parado en la casa más que para dormir, lo que lanz{o multitud de teorías conspiratorias sobre un supuesto novio.

En la mañana llegó Cata, cabizbaja. Traté de preguntarle qué se traía entre manos ahora, y como respuesta, me miró a los ojos, se lanzó a mis brazos y se puso a llorar.
Cata se la pasó toda la semana pasada con la Flaca, una hermana de mi padre, que por esas visicitudes de la genética es mi tía. Y es muy querida por todos mis hermanos.

La Flaca tiene cancer.

Tiene cancer desde hace cinco años, y nunca ha perdido la alegría de vivir. La Flaca se ha sometido a multitud de operaciones y a quimioterapia. Ha perdido el pelo casi tanto como yo, y lo resolvió comprándose veinte pelucas.

Ayer, a la Flaca le confirmaron sus temores. Tiene metástasis. A la Flaca le quedan no más de dos años de vida.

La Flaca llamó a todos sus hermanos y a todos sus sobrinos adultos más queridos y cercanos. Y luego me llamó a mí aparte. A mí y a Lilith.

La Flaca tiene una hija. Mi prima tiene apenas 8 años, la edad de mi hijo mayor. Maya ya sabe que su madre está enferma. No comprende por qué, pero sabe que ella no estará allí con ella cuando salga de la escuela. La Flaca es viuda. El Barbas murió hace tres años en un accidente automovilístico. La Flaca se nos va, y Maya se queda sola.

No, Maya no se queda sola. La Flaca no se queda sola. Cata ayuda en lo que puede a la Flaca, la ha acompañado a los análisis, le ha sostenido la mano cuando le inyectaban los marcadores, lloró con ella cuando no soportaba más el dolor. Desde la semana pasada, Cata ha sido la enfermera privada de la Flaca. la Flaca sabe que va a morir. No sabe cuándo, ni como, pero no se va a rendir. Pero es inevitable, y tiene que dejar las cosas claras desde ahora.

El camino se nos hizo largo. Mucho. No son ni siquiera diez kilómetros entre su casa y la mía, pero me parece que fuimos a la Luna. Maya nos abre la puerta. Cata, Lilith y yo estamos frente a la Flaca. Si no lo supiéramos, cualquiera diría que está sana. A la Flaca le duele el cuerpo. Lo disimula lo mejor que puede. Se sienta con un rictus de dolor. La Flaca va directo al grano.
–Quiero que mi hija viva con ustedes –nos dice la Flaca. Sus ojos aún están llenos de vida, aún arrasados por las lágrimas. Maya me ve, no sabe cómo interpretar lo que pasa. Es muy joven, y su vida ya está muy complicada.
–Quiero que siempre tenga una familia. –me dice la Flaca. Le duele moverse. Le duele hablar. Le duele respirar. Cata lo sabe, y le ordena a Maya que vaya por una jeringa. Las lágrimas arrasan los ojos de la Flaca, de Lilith, de Cata. Lilith me estrecha la mano. Me limito a decir:
–Siempre. –Apenas pronuncio la palabra. Mi garganta está cerrada. Maya llega con la jeringa, Cata saca un frasquito con morfina, Lilith aprueba, la Flaca recibe la inyección. La Flaca se relaja un poco. El dolor es más llevadero, pero sigue presente. La Flaca sigue:
–Ustedes son los únicos en quienes confío para criar a mi hija. –dice la Flaca. Lilith y Cata la acuestan en el sillón. Maya llora, no sabe lo que pasa. Las cuatro están llorando en silencio. Es duro verlas. Me pregunto por qué no he llorado.
–Prométeme que te harás cargo de ella.
–Lo prometo –digo en voz baja. Mi garganta sigue cerrada. Le estrecho la mano a la Flaca, es más fuerte de lo que parece. Me mira a los ojos. le devuelvo la mirada. Ambos hablamos en serio.

La Flaca duerme. Lilith y yo regresamos a casa. Cata se queda con Maya y la Flaca. La Flaca no quiere que Cata sea su enfermera. Está enferma, pero sabe hacer valer su voluntad. La Flaca viajará por el mundo mientras pueda. La Flaca va a ser feliz. La Flaca no se dará nunca por vencida. La Flaca sabe que va a morir, pero que la vida sigue. Y se asegurará de que su hija tenga lo mismo que ella tuvo: una familia que la quiera y una infancia feliz.

Maya, aún eres muy joven para comprender lo que sucede. Algún día sabrás que todo lo que ha hecho tu madre lo ha hecho por tí.

Descansa, Flaca. Duerme y recupera tus fuerzas. No te rindas.

Te queremos, Flaca.

Te amamos.

Sarajevo

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

Francisco Fernando de Habsburgo, Archiduque de Austria (cuyo nombre completo era Franz Ferdinand Karl Ludwig Josef von Habsburg-Lothringen, Erzherzog von Österreich-Este) era un dandy, un hombre muy peculiar que en estos tiempos llamarían metrosexual, y a quien no le gustaba tener nunca ni una arruga en su ropa. Tanto terror le tenía a las arrugas en su ropa, que exigía que en lugar de botones, le cosieran la casaca y el chaleco.

Corría el año de 1914. Era un domingo, un 28 de junio. Francisco Fernando transitaba por las calles de Sarajevo, pues debía presidir unas maniobras militares. Lo acompañaba Sofía Chotek, duquesa de Hohenberg, que además de ser duquesa era su esposa.

La comitiva del archiduque estaba conformada por 7 carros. En el primero, ej jefe de detectives de la policía de Sarajevo y tres oficiales. En el segundo, el Alcalde de Sarajevo, Fehim Efendi Curcic, y el Comisionado de Policía, Dr. Edmund Gerde. En el tercero, Francisco Fernando; su esposa Sofía; el Gobernador General de Bosnia, Oskar Potiorek; y el Conde Teniente Coronel Franz von Harrach, guardaespaldas particular del Archiduque. En el cuarto carro, el Barón Carl von Rumerskirch, canciller militar del Archiduque; la Condesa Wilma Lanyus von Wellenberg, dama de compañía de Sofía, el Teniente Coronel Erich Edler von Merizzi, jefe adjunto de Potiorek; y el Conde Teniente Coronel Alezander Boos-Waldeck. En el quinto carro, Adolf Egger, director de la fabrica Fiat en Viena; el Mayor Paul Höger; el Coronel Karl Darfolff; y el doctor Ferdinand Fischer. En el sexto carro viajaban el Barón Andreas von Morsey y otros miembros del gabinete de defensa de Francisco Fernando. Y en el sèptimo carro, el Mayor Erich Ritter von Hüttenbrenner; el Conde Josef von Erbach-Fürstenau; y el Teniente Robert Grein. Es decir, nadie importante, no es como si fueran a cambiar el curso de la historia…

Un poco antes de las 10 de la mañana de ese domingo, Francisco Fernando y Sofìa llegaron a Sarajevo por tren. Inmediatamente subieron a su automóvil, el cual era descapotable para permitirle a la pareja real ver y ser vistos. los siete autos se alinearon en la ruta planeada, y emprendieron el viaje. Ninguno sabía que había siete conspiradores que pretendían matar al Archiduque.

A las diez y cuarto la comitiva pasa por delante de Mehmed Mehmedbašić. Estando en una ventana del segundo piso del Banco Austro-Húngaro, Mehmedbašić no pudo atacar y permitió que el carro pasara sin problemas. Aunque se dice que no se atrevió a lanzar su bomba, Mehmed admitió después que lo hizo para no alertar a las autoridades y permitir que la conspiración continuara sin peligro; aunque tambièn se dice que no lo hizo porque había un policía detrás suyo y tenía miedo de que lo arrestaran antes de que pudiera realizar su ataque.

Un poco después Nedeljko Čabrinović lanzó una granada de mano (tal vez un cartucho de dinamita) al coche del Archiduque, pero el conductor observó el objeto que se le venía encima y aceleró, con el resultado de que la bomba explotó bajo una rueda del cuarto automóvil, hiriendo gravemente a Eric von Merizzi y al Conde Boos-Waldeck, además de a otra docena de personas. Después de que el Čabrinović hubiese fallado, los otros cinco conspiradores se quedaron sin oportunidad de actuar, ya que tanto los mirones como la alta velocidad de auto del archiduque que escapaba del lugar. Čabrinović tragó una pastilla de cianuro, y saltó a un río cercano para evitar su captura, pero daba la casualidad de que el río sólo tenía 10 centímetros de profundidad en esa época, y además vomitó el veneno. Como resultado, fue capturado por la policía.

Francisco Fernando llegó finalmente al Ayuntamiento para la recepción programada por parte del gobierno local, con muestras de un considerable estrés, nerviosismo, enojo y preocupación, interrumpiendo al Alcalde Mayor Curcic y protestando “Venimos aquí y nos arrojan bombas.” Lograron calmarlo un poco y el resto de la recepción pasó sin incidentes. Los oficiales y acompañantes del archiduque discutieron sobre cómo salvaguardar al archiduque pero no llegaron a ninguna conclusión. Se llegó a sugerir que las tropas estacionadas fuera de la ciudad formaran lìneas en las calles por las que pasaría el archiduque, pero no se realizó esa medida porque no tenían sus uniformes de gala. La seguridad, por tanto, permaneció en las manos de la policía de Sarajevo, apenas unos puñados de policías. De hecho, la única medida real de seguridad fue que uno de los acompañantes militares del archiduque tomara una posición protectora a la izquierda del automóvil.

Francisco Fernando decidió visitar a las víctimas de la bomba de Čabrinović y se dirigió al hospital. Para evitar el centro de la ciudad, el General Oskar Potiorek decidió que el auto del archiduque viajara a lo largo del muelle Appel con rumbo al Hospital de Sarajevo. Lamentablemente, Potiorek no le informó a tiempo al chofer, Franz Urban, que dio una vuelta equivocada en la calle Gebet.

Uno de los conspiradores, Gavrilo Princip, decepcionado por el pobre resultado obtenido, se dirigió a la cafetería de Moritz Schiller para comer algo, cuando observó que el automóvil del archiduque pasaba frente a él; el chofer frenó, metió reversa y comenzó a retroceder. Al hacerlo el auto pasó con lentitud frente a Princip, quien sacó su pistola y a una distancia de metro y medio del auto disparó varias veces contra los pasajeros. Francisco Fernando fue herido en el cuello y Sofía en el abdomen. Sofía, que estaba embarazada en ese momento, murió instantáneamente. Francisco Fernando sangraba profusamente y murió en cuestión de cinco minutos, mientras se dirigía al hospital. Hasta el último momento permaneció sentado correctamente y ecuánime. Sus últimas palabras fueron “No te mueras, Sofía, vive por nuestros hijos…” Su muerte sería la chispa que encendería el tonel de pólvora que era Europa y desembocaría en la Gran Guerra.

¿Por qué nadie pudo ayudar al archiduque?

Recuerden que les dije que Francisco Fernando era un dandy. Pues bien, como toda su ropa estaba cosida, nadie pudo retirarla a tiempo para contener la hemorragia, y al llegar al hospital tuvieron que cortarla con unas tijeras… pero ya era demasiado tarde.

Hay una moraleja en todo esto, estoy seguro…

Cosas veredes, mio cid…

December 31st, 1969 | Comments Off | Filed in Uncategorized

El día comenzó como de costumbre. Me fui a trabajar, también como de costumbre. Mis empleados me vieron, yo ladré algunas instrucciones, mis empleados hicieron su cara de "Mi jefe es un idiota, pero por lo menos es como los dinosaurios" y regresaron al trabajo.

En eso estaba yo cuando me avisan que el Gran Quesote quiere verme para discutir algunos aspectos de la iluminación en el restaurante del último piso.

Y allá va el James…
–Güenos días, arquitecto –saludo al abrir la puerta de la oficina provisional.
–Buenos días, ingeniero, tengo ya aquí los planos de la ilumi…
–De la ilumi… –repetí…
–Su pelo está violeta…
–Sí…
–¡Su pelo está violeta!
–¡Sí!
–¿Qué le pasó en el pelo?
–Me lo teñí…
–¿Por qué?
–Porque perdí una apuesta…
–¿Pero por qué?
–Aposté que México le ganaba a Argentina…
–Se ve usted muy raro…
–Lo sé…
–Caray…
–Ya ve…
–Y las luces hacen que se vea más violeta aún…
–Lo sé, yo las instalo así…
–¿Pero por qué se pintó el pelo?
–Porque perdí y soy hombre de palabra…
–Se ve usted muy extraño…
–Lo sé, me lo ha dicho medio mundo…
–Nunca creí que usted llegara a esos extremos, oiga…
–Bueno, pero no vine a que me viera solamente el pelo, me decía usted algo sobre la ilumi…
–Ah, sí… aquí están los planos de la iluminación, necesito que las luces iluminen su pelo se ve bastante raro…
–¿Necesita que las luces iluminen mi pelo?
–Perdone, no me puedo acostumbrar… ¿Sabe qué? Lo invito a comer para que pueda explicarle lo que quiero que haga, y de paso me acostumbro a verlo así…

Bueno, por lo menos mi nuevo color de pelo me ha ganado una comida gratis…

Oh, Cata, Where art thou?
Te me has perdido, creo que no quieres que te fotografíe…

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